Genius Squared by Ottavia Rizzi at Inkitt
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GENIUS SQUARED

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Summary

Amelia Keller es una joven adolescente que apenas estaba comenzando su camino por la secundaria. Vive en una ciudad de Inglaterra bajo la tutela de unos padres que no están en casa prácticamente nunca debido a sus viajes de trabajo. Para este mundo, Amelia, una niña que prácticamente salió de la nada, es una joven con un intelecto superior al promedio y con grandes capacidades para el futuro. Para los Celadores del Tiempo, la madre del Rebelde causante de la Rebelión.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

CAPÍTULO I: Una Mañana Anormal

Las vacaciones de verano se habían despedido con una refrescante lluvia la noche anterior. Varios estudiantes pensaron que esta sería una oportunidad para faltar el primer día de clases, pero para Amelia era todo lo contrario, tenía que ir siempre fuese como fuese, aunque estuviera enferma... Cualquier cosa era mejor que estar sola en su casa todo el día.

Los padres de Amelia eran los Keller, ejecutivos de una importante empresa en el extranjero que no tenían más opción que viajar frecuentemente.

Mientras los demás chicos habían pasado sus vacaciones en familia yendo a lugares turísticos como Acapulco, París, Miami, Londres para los que no les alcanzaban demasiado... La pequeña Keller tuvo que cuidar la casa mientras sus padres se "habían olvidado" de ella en casa, simplemente habrían olvidado que tenían una hija y no tenían un boleto de avión para ella. Pero, ¿Cómo es que una familia tan descuidada tiene un hijo sin tener en cuenta estas cosas en el futuro? Bueno, es más complicado que eso...

Sus padres nunca se lo dijeron, pero ella simplemente apareció en la puerta de su casa, sin nota ni nada, solo un canasto polvoriento y a la pequeña mirando todo cuanto tenía a su alrededor.

No habló hasta que fue algo mayor, unos 4 años de edad, pero claro, a ellos no les importaba. Tampoco lloraba, era raro, no se comportaba como un bebé normal.

Pero, a pesar de todo, terminó matriculándose en una preparatoria privado, de los más caros, lo cual la hizo sospechar de que lo habían hecho pues y exclusivamente para mantener un estatus con los demás padres.

La adolescencia siempre es difícil, en especial cuando tus padres están constantemente ausentes y, aún así, esperan que seas la mejor versión de ti mismo.

La noche antes del primer día de clases, sus padres llegaron con un "regalo".


—Amelia —dijo el padre—, ven aquí un momento.

—¿Sí, padre? ¿Qué necesita?

—Mañana vas a ir a la escuela llueva o truene, aquí está tu uniforme, plancha bien. Tu mochila nueva y tus útiles, no los vayas a prestar por nada del mundo.


La mochila era negra, tenía muchos bolsillos internos, algo que a ella le gustaba bastante. Los útiles, por supuesto, de la mayor calidad posible, como si mandar a su hija a la escuela con lo mejor contribuiría a aumentar su propio estatus y ego.

El uniforme era una playera blanca con los bordes de color bordó, al igual que el abrigo.

De alguna manera, Amelia esperaba al menos un "Espero que te vaya bien en tu primer día, sé que es un paso muy importante y estoy seguro de que tendrás miedo, pero todo saldrá bien"... Lo único que recibió fueron instrucciones de cómo debía comportarse y un manual, un gran manual que debía leer, contenía las reglas de la preparatoria, eventos, el calendario, horarios, clases...


—Mañana temprano —siguió él— te despertará la mucama, el chófer te estará esperando afuera.

—¿Y vas a estar para despedirte?

—No, tu madre y yo debemos irnos temprano al aeropuerto, tenemos una importante cena con nuestros colegas japoneses, vamos a cerrar un gran negocio.

—Pero al menos-


Antes de que pudiera terminar su frase, él simplemente se fue. Se sentía ignorada pero al menos no pasaba necesidad, ¿No?...

En la mañana, las calles estaban mojadas, las hojas se iban tiñendo de a poco señalando que faltaban pocas semanas para que empiece el otoño. El frío la deprimía.

Despertar en las mañanas siempre es difícil para cualquier persona, sea grande o sea chica, sea hombre o sea mujer, estudiante o empleado...

Amelia estaba durmiendo plácidamente hasta que las cortinas se abrieron de repente de par en par. En un vago intento por seguir durmiendo, ocultó su cara contra la almohada pero quedó desconcertada al sentir que le quitaban las sábanas de encima


—Señorita Keller —dijo la mucama—, es hora de levantarse y empezar el día.

—Refunfuñando un poco— No me digas que tengo que levantarme, jod-

—Debería tener más cuidado con ese lenguaje, jovencita —advirtió con bastante énfasis—, su padre no estaría feliz de escucharla hablando como marinero.

—Como sea... Solo ve a prepararme el desayuno, bajaré en un rato.


Tardaría más de lo esperado tratando de quitar las arrugas de su pantalón, tenía la mala costumbre de tirarlos por ahí cuando se cambiaba.

Amelia miró su reflejo en el espejo tratando de averiguar por qué rayos le había tocado la vida que tiene, si había por ahí alguien que la estuviera pasando peor. La gente pobre al menos tenía a su familia, y otros niños ricos parecían tener la vida perfecta a pesar de que sus padres también trabajaban. En fin, el césped es más verde del lado del vecino.

Una hora más tarde, se encontraba en el auto yendo hacia la preparatoria. Estaba aburrida y se entretenía mordisqueando el botón de su abrigo


—Señorita Keller —dijo el chófer mientras la miraba por el retrovisor del auto—, ¿sería tan amable de bajar los pies del asiento?

—Agh, está bien... —bajando los pies.

—Me imagino que su padre ya le habrá dado el manual que tenía que leer.

—Seh, algo así —vuelve a subir los pies.

—La estaré esperando a la salida, no vaya a tardar.

—Como sea...

—Señorita Keller —reclamó el chófer—, por última vez, baje los pies del asiento y deje de patear el mío.

—¿Y qué va a hacer si no quiero? ¿Dejarme caminar el resto del camino?


Efectivamente, la dejó unas cuantas cuadras antes de la preparatoria, por lo que tuvo que caminar sola el resto del trayecto.

Al llegar vio a muchos otros estudiantes llegando en autos de lujo, con uniformes impecables. Los profesores tenían su propio estacionamiento en el complejo. Los más afortunados (o desafortunados, como lo quieras ver) vivían en una especie de residencia en frente de la prepa.

Lo que más parecía envidiar Amelia era ver a algunos despidiéndose de sus padres con abrazos y besos, solo la hacían sentir más sola de lo que ya estaba.

Hacer amigos siempre fue un acontecimiento que prefería evitar, a su parecer nadie estaba a su altura. Se graduó de la primaria con calificaciones perfectas, algunos decían que era porque la obligaban a tenerlas.

El comedor a la hora del almuerzo era un caos, pero seguía siendo el medio principal para hacer amigos (además de las horas destinadas al receso y la recreación, para los más grandes eran las llamadas horas estudio).

Amelia pasaba su bandeja tratando de ver cuál era la mejor comida para su gusto cuando un chico mayor la empujó fuera del camino haciendo que se caiga en el proceso


—Ay, discúlpame —dijo el chico con claro sarcasmo—, ¿te lastimé?

—Ese era mí lugar, imbécil.

—Correcto, era, ahora es mío.

—Como no te quites voy a darte una paliza.

—¿Tú qué? ¿Golpearme a mí? Eres una chica, no puedes hacer nada.

—Voy a hacer que te arrepientas de lo que acabas de decir.


Tal vez olvidé mencionar que... bueno, ella quería llamar la atención de esa forma, causando problemas en la escuela. Pero en lugar de asistir a las llamadas de la escuela, sus padres simplemente mandaban un jugoso cheque con tal de que el problema se solucionara solo.

Amelia fue llevada inmediatamente a la oficina del director y se ganó una suspensión directa por una semana por causar disturbios el primer día de clases.

No todas eran cosas malas en la vida de Amelia Keller, pero eso lo veremos en otro capítulo.

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