RELICTO

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Summary

Sandra Lovelock, arqueóloga y experta en lenguas semíticas, junto a Carlo Adriano, agente doble de la Orden de Malta, intentan descubrir un antiguo manuscrito que Balduino IV, el rey leproso del Reino Latino de Jerusalén y Saladino, sultán de Egipto y Siria, intentaban ocultar. Siendo enemigos acérrimos no dudaron en colaborar para que el manuscrito no saliera a la luz ya que pondría en cuestión pilares de ambas religiones. Una investigación trufada de continuas pistas falsas, secuestros, robos, asesinatos, se suceden en los túneles secretos del Coliseo romano, el bosque de columnas de la mezquita de Córdoba o el monasterio del Monte Sinaí, poniendo en peligro no solo la misión sino la propia vida de los dos investigadores. Intereses inconfesables pretenden hacerse con el manuscrito ya que encierra algo sorprendente. Los líderes de las tres religiones monoteístas, cristiana, judía y musulmana, deben decidir que hacer.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

Wilson

Relicto: en arameo, š’ārā , lo que queda, lo que ha sido dejado o lo que ha quedado para ser recibido por otros.


El sol se pone por el horizonte pintando un abanico de colores desde el rojo sangre al naranja mandarino mientras desaparece lentamente. Los colores del atardecer son siempre diferentes: desde nubes brillantes hasta sombras violáceas en la distancia. Mientras tanto, la luz del ocaso crea un ambiente relajante para disfrutar al aire libre o contemplar sin más su belleza natural. Lawrence Wilson, con los brazos cruzados a la espalda y los pies ligeramente abiertos, es lo que está haciendo con una mezcla de éxtasis cuasi religioso y lejanía física. Se encuentra en la terraza de la tercera planta de su casa, una mansión colonial del siglo xvii en las afueras de San Luis.

Contemplar las puestas de sol es uno de sus entretenimientos siempre que puede. Se siente privilegiado por poder hacerlo. De los ocho mil millones de seres que habitan el planeta, solo un puñado de millones puede acceder al espectáculo solar. Constreñidos en las grandes urbes, no tienen visión del horizonte. Él, sí. Sabe a la perfección que es un fenómeno físico resultante de la incidencia de los rayos del sol sobre las partículas en suspensión en la atmósfera. Pero reducir de ese modo una puesta de sol sería banalizar el poder de Dios, que ordena el universo a su antojo para recreo y conocimiento de sus fieles. No le gusta el poder terrenal de la Iglesia, en el trascurrir de los tiempos se ha convertido en una institución muy alejada de la religión que preconiza: boato, hipocresías, guerras entre fieles, corrupción económica, abusos sexuales. Dios transita por caminos muy distintos de los de la Iglesia y él quiere seguir los pasos de la divinidad.

Su casa, situada en un lateral de la finca de veinte hectáreas, le permite disfrutar de una visión placentera del huerto y del horizonte. Lo que él llama de forma coloquial su huerto es un espacio de viñas que le proporciona una pequeña bodega que produce unas escasas mil botellas de su cosecha Alma Mater. La producción se consume a diario en la vivienda, en los distintos eventos que organiza, y las cajas regalo, que contienen una botella numerada y dos copas de vino labradas por los artesanos de la centenaria casa Baccarat, son exclusivas para él. Toda la élite financiera, cultural y política mundial espera ansiosa recibir una caja, no solo por la calidad del regalo, sino porque recibir la caja significa que uno de los hombres más poderosos del planeta se ha acordado de ellos

Tres hectáreas se dedican al cultivo de olivos que producen un aceite de alta calidad que no tiene nada que envidiar a los españoles. De hecho, para la recogida de la aceituna y su tratamiento, se trae de España un equipo de expertos jornaleros y técnicos de producción de aceite que se hace en su pequeña almazara. Y al lado de su hogar tiene media docena de naranjos para sus zumos en el desayuno.

A sus cincuenta y seis años se encuentra en perfecto estado físico; no solo depende del ejercicio diario, sino de la placidez que respira en su finca. No es muy alto, de aspecto agradable, un rostro en forma de diamante, con unos ojos almendrados bajo unas cejas descendentes bien depiladas. Los labios carnosos y firmes, con un atisbo de dureza. Su voz es susurrante y acerada al mismo tiempo. En definitiva, un rostro muy cuidado y curtido al mismo tiempo. Muy bien peinada su canosa cabellera, adusto, siempre con traje de Hardy Amie o camisas de Dolti; vienen expresamente desde la city londinense a tomarle medidas. En la solapa de la chaqueta, un búho de oro con dos diamantes como ojos. Su enorme fortuna, que lo sitúa entre los diez más ricos del planeta, le permite dedicarse a ciertas actividades más placenteras que los negocios. Para ello, tiene un buen equipo de economistas, brokers y abogados que ejecutan con prontitud y acierto las órdenes que imparte.

Nadie le ha regalado nada aunque, a fuer de la verdad, no ha partido de cero. A pesar de que su padre era abogado en un bufete reconocido de New York, y su madre, profesora en la N. Y. City Board of Education, estuvo hasta sexto grado en una escuela pública distinta de la de su madre por aquello de no tener privilegios. Sus reflejos, flexibilidad y rapidez, así como su fuerza para llevar el equipamiento especial, le hicieron destacar en el hockey sobre hielo jugando como goalie1. Ello le dio acceso a una beca en la Universidad de Columbia –lo que agradecieron sus padres, que se ahorraron los setenta y cinco mil dólares que cuesta estudiar en ella–, y cursó la carrera de Ciencias Biológicas. Con apenas diecinueve primaveras consiguió desarrollar una técnica para ahorrar nutrientes en las plantaciones de algodón a través de la nitrogenización de las hojas –que, gracias a la rápida intervención de su padre, pudo patentarla y ganó así su primer millón de dólares–. Posteriores inversiones en laboratorios, agricultura, biogenética y bioinformática lo han llevado hasta la tercera planta de su casa de California.

En 1990 la revistaGood Housekeeping lo incluyó en la lista de los cincuenta solteros más deseados: a finales de 1991 dejó de serlo. Su boda con Joselyn Couvert fue el acontecimiento social neoyorquino del año, al igual que el entierro de la joven esposa, que se estrelló con una lancha náutica en Miami doce meses más tarde. Dónde enterrarla fue un problema: a los veinticinco o treinta años nadie reserva espacio en un cementerio, queda el asunto muy lejos; tuvo que usar sus mejores habilidades negociadoras, entre ellas, el uso de unos cuantos billetes verdes.

Tres décadas de viudedad, sin hijos, no han sido de total soledad, aunque ninguna mujer ha podido llenar el vacío que dejó Joselyn en su corazón. ¡Cómo le hubiera gustado a ella contemplar estas puestas de sol! Amante de los espacios abiertos, de la naturaleza, hubieran compartido ambos la belleza que Dios nos ha regalado.

―¿Señor?

Lawrence no necesita volverse para identificar a la persona que le ha hablado: Carlo Adriano Esposito, su ayudante, el hombre más cercano al magnate, el único que puede entrar sin necesidad de anunciarse, el que realiza los encargos más delicados. Su casi imperceptible acento veneciano no se le oculta a Lawrence, lo delata. Se trata de un joven de treinta y cinco años, de mediana estatura, vestido con pulcritud, bien afeitado, con un rostro afable que, de manera habitual, luce una sonrisa deslumbrante y luminosa. No desentona en el ambiente de los negocios de Wall Street.

Máster en Filosofía, licenciado en Derecho e Historia en la exclusiva universidad católica de Notre Dame en Indiana, campeón universitario de esquí de fondo, soltero con mucho éxito entre los hombres y mujeres de la alta sociedad estadounidense. Claro representante de la tradición veneciana de usar indistintamente el halago y la presión para alcanzar los deseos de su jefe.

―Dime, Carlo ―inquiere el magnate sin mover un centímetro su cuerpo.

―Ha llegado un mensaje de Petra...

Wilson se vuelve, sin premura, con decisión. El solo hecho de oír el nombre de Petra lo devuelve a la realidad. Petra, la milenaria Raqmu nabatea, una de las siete maravillas del mundo, con sus impresionantes hemispeos labrados directamente en las rocas del valle Aravá, desaparecida de la historia y redescubierta para el mundo a principios del siglo xix.

Financia una excavación arqueológica desde hace dos años en Petra en busca de libros y manuscritos históricos de la época de Jesús de Nazaret, sobre los primeros cristianos, los Evangelios apócrifos, cualquier pista que ilumine esa época tan poco conocida, la relación de Jesús con sus discípulos, de estos entre sí y con la sociedad hebrea, el papel en la historia de María madre de Jesús, Marta la samaritana o María de Magdala, así como las distintas Iglesias que se fueron creando.

Para llevar a cabo este objetivo, ha tenido que contratar a un equipo de arqueólogos expertos capaz de viajar a Petra para sondear el lugar, con la capacidad de identificar y recuperar cualquier manuscrito relevante. Antes, durante más de un año, se ha realizado una investigación exhaustiva: rebuscar en los registros y archivos locales, hablar con discreción con otros expertos. Sin mencionar los archivos históricos de las grandes bibliotecas mundiales, entre ellas la del Congreso de los EE. UU. Se han realizado catas de exploración de la zona para buscar indicios concluyentes. Asimismo, los ha dotado del equipo necesario para desarrollar su trabajo con las mejores y actuales herramientas que les facilite trabajar bajo condiciones climáticas y de seguridad adversas.

Por Petra han pasado un sinnúmero de pueblos y culturas. Fundada en el siglo viii a. n. e. por el pueblo semita de los edomitas, fue ocupada dos siglos más tarde por los nabateos. Su ubicación en el paso de las caravanas permitió a los nabateos situarla como una de las ciudades más prósperas de la época. La ruta del incienso que partía de Yemen se dividía en Petra en dos ramas, una hacia Damasco y otra hacia Gaza, que junto con la abundante agua y la seguridad la hacían ser ambicionada por otros pueblos. A pesar de ello, pudo mantener su independencia dentro del reinado de la dinastía ptolemaica. Uno de los edificios emblemáticos de Petra es el Dier, esculpido en la piedra en honor de Obodas I, que derrotó a los seléucidas.

Gracias a su fortuna, Wilson no ha tenido que batallar –bueno, sus abogados– con el Gobierno jordano para conseguir autorización para la excavación sin ofrecer muchos detalles de lo que se pretende encontrar. Lo fácil que es para algunos, pocos, acceder a las personas adecuadas si se cumplen dos condiciones: a) tu posición social es lo suficientemente alta, y b) no tener escrúpulos para aprovecharte de ello. Y en su caso se cumplen con creces ambas condiciones.

Algunos indicios bien hilvanados orientan a que en Petra hay documentos importantes para la cristiandad. La tradición árabe sitúa a Moisés en ella golpeando una roca para crear una fuente. Durante las perforaciones para construir iglesias por parte del obispo Asterius en el siglo iv, se encontraron tumbas con una cruz tallada, lo que indica que los primeros cristianos ya enterraban a sus muertos en Petra.

―Dame ―le dice a Carlo al tiempo que alarga la mano. Comienza a leerlo mientras hace un gesto a su ayudante para que no se vaya. Cuando termina de leerlo hay un pequeño movimiento en la comisura de los labios que no deja saber si está sonriendo. Le dice a Carlo que llame a Marcus.

Marcus La Fontaine, francés, sesenta años, barba blanca y gafas redondas, bastante obeso. Máster en Biblioteconomía por la universidad de la Sorbonne, doctor en Arqueología por la École Polytechnique de París. Su padre fue un célebre arqueólogo que excavó en Grecia y Egipto.

Se incorporó con una mezcla de entusiasmo y escepticismo al proyecto: entusiasmo por trabajar en Petra con fondos ilimitados, escepticismo por el objeto de lo que hay que buscar. Su agnosticismo le previene sobre las ilusiones milenaristas, los Evangelios apócrifos y todo lo que gira en torno a Jesús de Nazaret. Aunque profundizar en el suelo de Petra con los permisos adecuados y sin límite de gastos y tiempo, es el sueño húmedo de cualquier arqueólogo. Ya han pasado varios meses desde que comenzó la aventura petrera; lo peor es soportar el calor agobiante de mayo a octubre: hay que excavar, bueno, él no mucho, tiene a la gente indicada para ello. Tampoco entiende la obsesión de su patrón por la seguridad, que al ser un lugar propenso a posibles incursiones de terroristas, se está pasando con el pequeño ejército privado que tiene desplegado en torno al campamento. En fin, son gajes del oficio.

Hasta ahora no se ha descubierto nada importante: algunas vasijas –la cerámica de Petra era famosa en los primeros siglos de su existencia–, armas nabateas, alguna tumba cristiana... Poca cosa, comparado con lo que Wilson quiere que encuentre.

―Marcus, ¿cómo está? ―le habla afable de usted por deferencia no a la edad, sino a los títulos que posee.

―Señor Wilson, un placer oírle. Bien, aunque no soporto el calor que hace...

―Si tiene unas magníficas instalaciones apropiadamente climatizadas ―lo interrumpe―. Peor lo pasarán los obreros que están a pleno sol, ¿no? ―le dice con ironía.

―Sin duda, sin duda, señor, cuando pongo un pie fuera de la tienda me arde el cuerpo. En fin, dígame ―le dice con retranca.

―No, dígame usted, Marcus. Vamos, no me dé vueltas a la noria.

―Ja, ja, ja. No, ja, ja, ja, es broma. Bueno, señor Wilson, creo que he... hemos encontrado algo interesante. Un manuscrito escrito en un idioma extraño, parece arameo primitivo, que no somos capaces de entender. Haría falta algún especialista.

―¡Bien, muy bien, estupenda noticia! ―exclama Wilson―. ¿Sin embargo, por qué es interesante? ¿Solo porque es antiguo? ―inquiere. Sin aparentarlo, un escalofrío le recorre el cuerpo, no quiere hacerse ilusiones, quizás veintiún siglos después se puedan aclarar los misterios que rodean a Jesús de Nazaret.

―Aún no puedo ofrecerle una explicación más detallada, aunque uno de los obreros cree, vagamente por decirlo de alguna manera, que el encabezamiento del manuscrito dice: «De los acontecimientos que rodearon a Jesús, mi hermano» y lo firma un tal «Judas Antipas».

1 Portero.