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Corazón De Narco

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Summary

Él nació con un apellido marcado. Ella con uno limpio. En una ciudad donde el apellido pesa más que los hechos, Cristian, un chico fiestero de 16 años, vive bajo el ala de su hermano mayor, un narco conocido y temido. Aunque él no ha tocado un arma ni vendido una sola gota de nada, todos lo ven como "otro más del cartel". Taylor, en cambio, viene de una familia tranquila, padres tranquilos, hermanos con sus actividades. La familia de Taylor era conocida por ser familia de Militares siendo su padre un Coronel. Aunque desconoce a que se dedica su padre ahora que esta de "vacaciones". Pero un accidente, un error o simplemente el destino los pone frente a frente. Y ahí empieza todo. AVISO: La razón de IA es más relacionado a temas de reglamentos militares como por ejemplo: "como funciona una base militar" o "vehículos militares" o "significado de Tango, Alfa, Romeo en idioma militar) y relacionados a uso de palabras y correcciones de palabras como "haci, así" disculpen eso, es más que nada para que la historia no posea "horrores" gramaticales ya que apenas puedo escribir bien y mi celular no quiere ayudar a corregir en la aplicación de Word. Eso no quiere decir que no e escrito nada de esto, la ia no es tu enemiga, es una herramienta que sirve para ayuda de correcciones y ayuda de idea de como poder mejorar en aspectos que eres débil en la escritura.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

01

Los Ángeles, lugar conocido por ser el punto central del entretenimiento, un sitio fijo en todo lo extravagante y la farándula. Pero, a su vez, es uno de los lugares más peligrosos cuando tienes ciertos lazos con el crimen.


Los narcos se movían mucho por esa zona al estar cerca de la frontera con México. Se podría decir que en el bajo mundo ellos mandaban; eran los principales y siempre estaban en la mira, pero no lo suficiente como para tener que esconderse.


La noche no era precisamente silenciosa. Sus clubes nocturnos y actividades apenas comenzaban a calentarse. Aunque no todos podían darse el lujo de desvelarse...


—¡Cristian, por un carajo, ya nos vamos! Mañana tengo que ir a estudiar -gritó una pelinegra al chico que bebía trago tras trago.- ¡Deja de meterte mierda y agarra formalidad!


Estaba claro que eran menores, pero cuando tienes dinero y prácticamente el club es de la familia, nadie puede decirte nada para detenerte.


Cristian estaba sentado en un sillón con una chica al lado. Solo se rio de Rose mientras le servía otro trago a ella.


—Ya, ya... cómo friegas con esa mierda -dijo entre risas, ya algo borracho, mientras le tendía el trago a la pelinegra.-


Rose se sintió insultada. Suspiró, se pasó una mano por el cabello y respiró hondo para no llevarse a Cristian amarrado como puerco (palabras de ella).


—¿Por qué eres tan difícil?... -murmuró, molesta, ante el comportamiento del chico, que seguía bebiendo y actuando como un imbécil.-


Cristian no se inmutó. Simplemente amaba hacer lo que quería, cuando quería. Fue criado por su hermano mayor, dueño del club. No es que Valentino fuera un ejemplo a seguir, pero intentaba mantener vivo a su hermano. Le daba libertad para experimentar con el alcohol, pero tenía un límite: si se enteraba que se drogaba, lo enderezaría a puñetazos.


Cristian se dedicaba a disfrutar su vida. Al menos sacaba buenas notas. Ya había aprendido a las malas lo que pasaba al llevar una F a casa. No le dolió el golpe... lo que dolió fue la ley del hielo que le aplicó Valentino.


Valentino no le gritaba a Cristian porque temía convertirse en su padre. Pero cada silencio, cada mirada dura, era un castigo en sí mismo. A veces se preguntaba si estaba criando a su hermano… o empujándolo más al abismo.


—Si no sacas tu culo de ahí, le voy a hablar a Valentino para que él mismo venga por ti -advirtió Rose, sacando su celular.-


Cristian se detuvo a medio trago y la miró con cara de susto. Suspiró, derrotado, y se terminó el trago.


—Tsk... estúpida... -murmuró entre dientes, levantándose para ir a pagar. Valentino no le daba tragos gratis ni a su hermano.-


Se acercó a la barra y pagó lo consumido. Dejó a la chica tirada en el sillón, sin importarle. Solo fue diversión pasajera. Ni siquiera se despidió. Caminó hacia la salida donde Rose y otro chico lo esperaban.


Rose y Cristian iban tomados, así que el otro chico iba a manejar por ellos.


—Amorrr, ¿pero por qué no? -cuestiono Rose en tono suplicante, haciendo un puchero mientras iba agarrada del brazo del pelirojo-


—Rose, ¿de dónde rayos quieres que consiga unos panqueques a esta hora? -rió el pelirrojo. Le causaba gracia y preocupación verla así. No le gustaba verla tomar.-


Cristian soltó una risa nasal y se subió al vehículo. Jackson, el pelirrojo, se sentó al volante y puso la radio baja para que los tres pudieran escucharla.


—Primero te voy a dejar a ti, y después a Rose -dijo con firmeza. No era una sugerencia. Valentino había puesto horario a Cristian, aunque él dijera que no tenía ganas de ir a la escuela.-


El pelinegro suspiró, irritado con la idea de pasar horas sentado escuchando a sus compañeros debatir si el resultado del examen de matemáticas era 7 u 8. No era fan de debatir respuestas.


Miró por la ventana, perdido en sus pensamientos. Aunque actuara como un idiota, en momentos serios Cristian mostraba su valía. Pero esa parte suya era opacada por su imagen fiestera.


Jackson conducía tranquilo, asegurándose de que sus pasajeros no hicieran estupideces.


El ambiente nocturno seguía en las calles: música de clubes, luces. Poco a poco se alejaron hacia un barrio residencial donde vivía Cristian con su hermano. Finalmente llegaron a una casa de dos pisos, de diseño mediterráneo moderno, elegante y pulido.


Cristian bajó y se despidió en silencio. Caminó hacia la casa, sacó sus llaves y entró con paso lento.


El interior era igual de refinado: colores crema y beige, acabados en piedra. La decoración incluía cuadros bíblicos y uno enorme de La Última Cena. En la misma pared, fotos familiares del pelinegro.


Cada cuadro tenía un toque único. Cerca de las fotos familiares estaban las de su hermano y su esposa. Él, impecable con traje y esa maldita sonrisa que enamoraría a cualquiera. Ella, con un vestido que Valentino insistió en que eligiera por sí misma. No le importó el precio, solo quería que se sintiera hermosa. Incluso discutió con su madre, quien exigía que la novia usara el viejo vestido familiar.


Valentino fue claro: no permitiría que su mujer usara un vestido manchado por la tragedia.


Cristian aún recordaba aquellas discusiones. El vestido, una obra de arte estilo sirena, se ajustaba ceñido hasta las caderas y luego se abría en una cola amplia de tul y encaje. Cada paso que daba su cuñada lo hacía brillar.


Se quedó ahí un momento… hasta que un ruido lo sobresaltó. Al voltear, se topó de frente con su hermano, aún despierto. Valentino, imponente, tenía su teléfono en una mano y en la otra cargaba un pequeño bulto envuelto en manta, que contrastaba con su oscura apariencia.


—No sabía que ya habías llegado -fue Valentino quien rompió el silencio. Lo único que le importaba era que su hermano ya estuviera en casa.-


—Quería quedarme un rato más, pero… -Cristian se aclaró la garganta al ver a su hermano.- Bueno… ¿y ese milagro de que estás despierto? —sonrió torpemente al mirar a su sobrina dormida.


—No tengo sueño. Tengo trabajo por hacer aún -respondió Valentino, alejándose mientras la pequeña empezaba a moverse inquieta-. Verónica está durmiendo. Ha estado estresada. Mañana la mandaré a que tenga un día para ella sola -añadió, acomodando suavemente a su hija.-


Cristian asintió. El silencio volvió a adueñarse de la escena, y él se fue a su habitación.


Así eran sus interacciones: incómodas como el infierno. No es que se odiaran, solo que eran muy distintos. Cristian era esa parte de sí que a Valentino le daba vergüenza admitir que alguna vez fue. Y Cristian veía a su hermano como alguien amargado.


Cristian se dejó caer en la cama. No se quitó la ropa, solo los zapatos, y se quedó dormido casi al instante, mientras los pasos de Valentino seguían sonando por la casa.


Valentino parecía frío, con escasa interacción con su hermano. Pero lo apreciaba. Aunque no lo dijera ni muerto.


Caminaba por la casa, meciendo a su hija, que ahora estaba despierta. La amaba más que a su vida. Podía ser sanguinario y poco empático, pero no quería repetir el error de hace cuatro años, cuando su mujer aún vivía en México.


Recordaba haber dejado todo para buscar a su bebé. Recordaba cuando la encontraron… en bolsas de basura.


Recordaba el pequeño ataúd rosado. Recordaba cómo encontró a su mujer destrozada al contarle lo que pasó. Recordaba cómo él mismo mató y dejó en bolsas negras el cuerpo de aquella basura humana que se la arrebató. Recordaba cómo colgó al cómplice de un puente.


No se sintió mejor. Solo vacío. Aún recordaba los gritos de la madre de aquellos monstruos: "¡Me mataron a mis muchachitos!" Si no fuera por Verónica, Valentino habría matado también a esa mujer.


Se detuvo frente al altar de la Santa Muerte. Suspiró con un leve temblor.


—Mi santita... solo cuídame a mi familia... -murmuró en voz baja, mirando a su hija que lo observaba con esos ojos grises, enormes, como preguntando quién era él.-


Tal vez ni el propio Valentino sabía la respuesta.

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Strong Dialog

1

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