Prólogo.
En el alba de Eversun, mientras la luz apenas despuntaba y las sombras danzaban sobre tierras aún recién forjadas, latía una fuerza primigenia: la Spark. Desde el origen de las razas, ese fuego interno arde en el espíritu de cada ser, vestigio del mar caótico que dio vida a las sustancias de este mundo, esencia pura tejida con pasiones y vivencias.
Hace más de mil años, Eversun se ufanaba de su perfección tecno-mágica: una utopía de autómatas y engranajes que parecía haber borrado cualquier atisbo de carencia. Aunque nunca faltaron las tensiones ideológicas y sociales, nadie pudo prever el alzamiento de Das Reich, el gran imperio que ensombrecería la gloria de la era dorada.
Llegaron entonces los días oscuros del Milenio Decadente, cuando los Caóticos, enfurecidos por las profanaciones de Das Reich, lanzaron su maldición sobre los mortales: la energía Spark se envenenó con el proliferar del factor Micónida y la magia arcana —las enigmáticas “Siete Ecuaciones Primigenias”—. Aquellos que osaron canalizar este oscuro conjuro se transformaron en caminantes fúngicos: inmortales sin voluntad que extienden su podredumbre donde pisan. Sus mentes permanecen intactas, pero sus cuerpos se convierten en cárceles eternas.
Los grandes reinos, soberbios en su poderío, sabiduría o riqueza, permanecen hoy aislados, víctimas de una trama oculta. Los Enmascarados, titiriteros del destino, influyen en cada gobierno, decretan el destino de los hijos y deciden el grano que mañana alimentará a las multitudes.
Frente a esta amenaza surgieron los Héroes: mortales elegidos por los Caóticos para imponer un equilibrio imposible. Escorpius Asphodel y su hija Astaria fueron los primeros miembros de la misma familia en heredar, uno tras otro, el título de Campeón de Bugal, sólo para desaparecer en la búsqueda de los Enmascarados.
La tercer generación de los Asphodel, Orion
Hoy, Leto de los Dragones, el actual Campeón de Bugal, vigila el porvenir de quienes ansían suceder al título. Sin embargo, esta misma tarde, él espera una catástrofe a punto de desatarse.