Baile
Aiko se miró al espejo, pero no se encontró.
Donde debería estar su rostro, solo había un cristal vacío.
El aire del baño olía a alcohol, a sudor, a sangre vieja.
Aiko bajó la vista y mojó un algodón. Pasó el algodón por su mejilla izquierda: ardió.
Lo volvió a mirar.
Y esta vez sí vio algo.
No era él. Era ese otro.
El falso yo.
El que había aprendido a callar.
El que caminaba como le enseñaron.
El que reía para no llorar.
Y ahora sangraba por las heridas de los que juzgan en este mundo.
Aiko apartó la mirada.
No por miedo. Por vergüenza.
...
...
...
THE RUMOR OF THE SHEEP
~aTiSkHo
"¿La felicidad es algo que todo el mundo puede tener?"
Un día soleado con un par de nubes decorando el cielo, los pájaros formaban figuras en el aire mientras otros vigilaban de cerca a los humanos, que poco a poco, entraban en un edificio muy grande, con cuatro pisos, lleno de ventanas que dejaban a la vista los pupitres distribuidos de manera muy irregular y la suciedad que llenaban las aulas mientras el conserje se desesperaba. Por otro lado, otros pájaros observaban la entrada a un edificio más pequeño con menos ventanas, pero por las cuales se podían ver un suelo más brillante y repleto de líneas.
Pisadas y pisadas, algunas dolían en los oídos. Vaya zapatillas llevas tío. Dejad de hacer esos ruiditos. Un pito ensordecedor que hacía suplicar a los tímpanos de los presentes y un simple "Venid aquí ahora mismo u os casco un parte". Todo el mundo, acojonado, obedecía. El profesor gordito y mal vestido con su camisa blanca sudada y sus pantaloncitos cortos rojos solo sabe dar órdenes tal y cómo "Haced parejas para crear la coreografía para el examen". Joder, cállate ya.
Evidentemente, no todo el mundo tenía una pareja. A un lado, un chico con pelo corto y un semblante serio y aburrido, mientras que por otro, un chico con pelo largo y negro y ligeras mechas blancas que crecían desde la raíz del medio del pelo, además de su increíble cara de pasota. Qué maravilloso contraste.
El profesor de educación física señala a ambos, "Vosotros juntos". Joder, qué pesado. Ambos resoplaron, sin poder rechistar. Se dirigieron a una esquina del gimnasio y se sentaron. Ninguno parece querer hablar. No se aprecia a simple vista si es porque no se llevan o porque no saben qué decir. Sin embargo -O nos movemos, o suspendemos -dice el de pelo marrón, que se levanta suspirando y moviendo ligeramente sus hombros. Sin embargo, el de pelo largo y negro no parece tener ganas ni de mirarle.
-Tío, te mato como suspenda por tu culpa, eh.
Alzó la vista-Perdón -dijo mientras comenzaba a incorporarse-Sé mucho de baile, pero... Me da demasiada vergüenza.
-Joder, a la mierda la vergüenza, haz algo. Yo con un 5 estoy que bailo, pero no con un 4.
-Está bien, está bien... A ver... Colócate por allí. Vamos a improvisar algo y a anotar lo que nos guste.
Pese a que al chico de pelo marrón no le guste recibir órdenes, no vio más opción que hacer justo lo que le decía. Se colocó donde pidió y el chico de pelo largo se acercó y le tomó de una mano para levantarla mientras tomaba con su otra mano su cintura. Ambos comenzaron a bailar, aunque al principio de manera muy torpe, lograban acostumbrarse.
-Hagámoslo ahora con un poco de música -dijo el chico de pelo largo más animado.
-Reggaeton
-Ni de coña
Al final, pusieron una canción random para practicar el ritmo. Iban bien, lo sabían mantener y no se tropezaban mucho. Mientras bailaban, el chico de pelo marrón se atrevió a preguntar-¿Cómo te llamas? -Y el chico de pelo largo que mantenía sus ojos cerrados, los abrió y le miró fijamente -Aiko y me ofende muchísimo que no lo sepas aún habiendo estado en la misma clase tanto tiempo. Oféndete tú también porque no me sé el tuyo ja, ja, ja, ja -El chico de pelo marrón sonrió y con más confianza respondió -Mauricio, me llamo Mauricio -A Aiko se le escapó una pequeña risita -¿Cómo el de Madagascar? -Preguntó, y Mauricio, avergonzado, respondió -Casi que mejor si me llamas Mauri. Así me llaman mis amigos. -Sorprendido, Aiko dijo -¿Entonces...? -Respondió Mauri rápidamente -No.
Durante las siguientes 2 semanas ambos quedaron en la casa de Mauri para practicar el baile. Pasaron horas juntos y juntos, incluso cuando no había que bailar. Ambos solían tomarse más descansos de lo que deberían.
-¿Y Aiko de dónde coño viene?
-Es un nombre japonés
-Pero no lo eres
-Ya. Me lo cambié.
-Ya veo... ¿Pero Aiko no suena muy femenino?
-Lo es, pero al igual que el nombre "Miyuki". También lo usan hombres, aunque más mujeres.
-Ya veo. Es un nombre bonito.
-Más que Mauricio sí.
-Dios... cállate.
...
Las tardes continuaban pasando y pasando y por fin se terminó el último ensayo. Ambos salieron de la casa de Mauri.
-Mañana es el día -dice Mauri exhausto
-Me va a entrar cagalera solo por este examen
-No me obligues a acarrearte, eh
-Pero si he sido yo el pobre desgraciado que ha tenido que enseñarte TODO.
Mauri ríe ligeramente y mira hacia un lado. Sus ojos se abren.
-Dios, tío, mira a Sofía -Dice Mauri casi babeando
-¿Esa no es del B? -Pregunta Aiko -¿Qué le ves?
-¿Estás de coña? -dice Mauri -¡Es Brad Pitt en mujer! Si no te gusta ella es porque definitivamente no eres heterosexual, porque lo eres, ¿cierto?
-Obvio -responde Aiko mientras de arrasca su antebrazo izquierdo.
Después, de esto, cada mochuelo a su olivo. Aiko regresó a su casa para simplemente encerrarse en su habitación para hacer vete tú a saber qué, mientras que Mauri se sentó a cenar con su familia. Qué coñazo de cena, otra cena escuchando a sus padres bendiciendo la mesa y apoyando a los partidos de extrema derecha. Solo les falta alzar la mano y decir «Hai, Hitler» o cantarme el Cara al Sol. Sin embargo, Mauri no podía hablar, simplemente obedecer como una oveja a un perro en un rebaño.