Chapter 1
No veía absolutamente nada. Sus zapatillas se hundían en la mullida moqueta del rellano.
Sintió unas repentinas ganas de quitárselas para poder sentir aquella alfombra. Podía escuchar el ascensor cerrarse en busca de otro huésped de aquel edificio situado en el centro de Los Ángeles. Se había sentido como una estrella de cine caminando por aquel barrio. Las tiendas que había solo eran de grandes marcas, los escaparates estaban perfectamente decorados siguiendo una estética que cautivara al cliente, todo era publicidad, la gente caminaba con su ropa cara sacada de boutiques, los hombres con sus trajes, sus camisas recién sacadas de la tintorería y sus chaquetas a medida y las mujerescon sus bolsos y sus tacones, aunque simplemente fueran a tomar un café. De pronto, al ver todo aquello, Nayeon se sentía muy niña. Acaba de terminar su segundo año de universidad y estaba en sus veinte, sin embargo, al estar rodeada de gente que acababa de terminar la carrera, comenzaba a trabajar y se compraba su primera casa, se sentía algo intimidada. De lo único que podía presumir es de ser propietaria de un estupendo coche, del cual no se quejaba para nada. La independencia era algo de lo que tampoco se podía quejar. En la residencia solo compartía habitación con una chica, April, muy simpática, con la que además compartía clases. Psicología era una carrera fascinante para Nayeon, sus notas eran altas y sus trabajos de sobresaliente, le iba mucho mejor que en el instituto. La noche anterior había tenido su fiesta de fin de año, y aquella misma mañana partió hacia Los Ángeles. Se había citado con su hermano en su nuevo piso. Nayeon estaba impaciente por verlo, y a su hermano también. Jimin la esperaba abajo, y sin dejarle preguntar nada, la dijo que se callara y que cerrase los ojos. Y así se mantuvo hasta que llegaron al rellano. Escuchó una llave meterse en una cerradura, la puerta se abrió, a su espalda una mano empujó a Nayeon para que atravesara la puerta. Fue de los sigilosos pasos, y de la suave moqueta, al ruidoso sonido de sus zapatos en la deslizante tarima flotante.
—Espera un momento —escuchó la voz de su hermano de pronto.
Sus pasos se alejaron, y ya no le sentía cerca.
—Vamos, Jimin, quiero ver ya el dichoso ático para poder usar tu baño —se quejó Nayeon
con los ojos cerrados, impaciente.
—Ya está —dijo a distancia.
Los ojos de Nayeon se abrieron pero su visión seguía estando en penumbras. De pronto, escuchó a su hermano al fondo pulsar un botón. Unas persianas eléctricas comenzaron a subir dejando entrar la luz del exterior, y apareciendo unas vistas espectaculares del centro de Los Ángeles. Y entonces pudo ver el apartamento por completo. Todo en él era negro, gris o blanco, de decoración minimalista, moderno, sencillo, masculino y elegante. Si Nayeon no hubiera sabido que aquel era el nuevo piso de Jimin, habría pensado que sería el perfecto para él. El rubio al fondo, la mirada con una sonrisa de par en par, orgullosa y pedante.
—¿Qué te parece? —preguntó.
—Guau —dijo Nayeon dando una vuelta sobre sí misma. Jimin soltó una risita y se apartó de las ventanas, que consistían en una enorme cristalera que llegaba del suelo al techo.
—Sí, lo sé —contestó Jimin con una sobrada sonrisa metiéndose las manos en los bolsillos de sus vaqueros—. ¿A qué es genial?
La mirada de Nayeon viajaba por todo el piso. La cocina americana, los muebles de diseño, todos los colores combinaban y cada cosa estaba ordenada cuadriculadamente.
—Es genial —admitió Nayeon, observando cada detalle—. No puedo esperar a ver el piso que papá me comprará a mí.
Jimin frunció el ceño molesto por el comentario.
—No todo lo ha comprado papá —refunfuñó.
Nayeon le miró y bufó.
—Ah no, es verdad —soltó con tono irónico. Señaló sobre una de las mesas un marco de fotos donde aparecían Nayeon, Jimin y su padre—. Este marco te lo regalé yo.
Jimin ladeó sus ojos.
—Lo hemos pagado a medias —dijo Jimin, y en cuanto lo hizo Nayeon soltó una risotada.
—Por favor, a mí no hace falta que me engañes.
—Un veinte por cierto del dinero era mío —se apresuró a decir. Nayeon alzó una ceja—.
De las becas —explicó Jimin.
Nayeon hizo un gesto con la mano para quitarle importancia al asunto, mejor dejar el tema.
Jimin se tomaba muy a pecho que la gente le llamara niño de papá.
—Si eres feliz pensando así… —dijo y se sentó en el cómodo sofá grisáceo—. ¿Venía con los muebles? —preguntó pasando las manos por el fino tapizado.
—Sí —contestó Jimin y como si se le hubiera olvidado su enfado, sonrió de oreja a oreja y se sentó junto a su hermana—. ¿Has visto lo de las persianas? —inquirió cogiendo un mando entusiasmado. Señaló con él las persianas y pulsó un botón—. Está casi todo automatizado —le explicó a Nayeon mostrando cómo con aquel mando prendía una chimenea artificial, controlaba las luces o encendía la televisión.
—Oh —dijo Nayeon fingiendo estar impresionada.
—Tiene cuatro televisores, todos de último modelo —presumió Jimin.
—¿Para qué quieres tantas teles? —preguntó Nayeon de pronto con mirada acusadora.
Jimin miraba su televisor mientras pasaba por su infinidad de canales.
—¿Y por qué iba a querer menos? —inquirió sin tan siquiera mirarla.
—Puedes donar una —sugirió Nayeon. Jimin se giró hacia ella enarcando una ceja y bufó.
—¿Para que los indigentes la usen como combustible en sus hogueras? No, gracias.
Nayeon puso los ojos en blanco.
—Qué imbécil —soltó—. Podríamos venderla para comprar comida para el comedor social.
—¿Ese sitio donde Somi y tú dais de comer a unos piojosos? —inquirió Jimin. Su hermana y Somi eran íntimas desde hacía un año. Habían encontrado cosas en común, como la fotografía, la música, o las obras de caridad, cosa que a Jimin le ponía enfermo. Somi era su amiga, no la de su hermana—. Ni lo sueñes —contestó bruscamente—. Y quítate los zapatos, no quiero que me manches el suelo —gruñó de pronto.
Nayeon frunció el ceño, infló las mejillas, resopló y se dispuso a quitarse sus zapatillas.
—Si tú no vas a limpiar —se quejó mientras las lanzaba lejos—. Apuesto a que papá también te habrá puesto una asistenta.
—No pensarás que voy a limpiar yo, ¿no? —inquirió Jimin de pronto indignado.
Nayeon se puso en pie.
—¿Dónde está el baño? —preguntó entonces.
—Tengo dos, uno con ducha hidromasaje, y otro con…
—Solo dime cuál está más cerca —le cortó Nayeon sin querer escuchar cómo Jimin sacaba su vena de vendedor inmobiliario y le soltaba todas las cualidades de aquel piso. Jimin
frunció el ceño.
—Por el pasillo, primera a la derecha —contestó en tono seco.
—Gracias —dijo Nayeon entre dientes.
Su hermana desapareció por el pasillo. Jimin apagó la televisión y se puso en pie. No podía estar más contento, por fin había acabado la carrera, tenía una doble titulación en derecho y empresariales, y un futuro brillante por delante. Ya tenía su nuevo piso en el centro, y después del verano comenzaría su master en Derecho Internacional, Comercio Exterior y Relaciones Internacionales. Pero en lo que más concentrado estaba era en la final de la liga universitaria. Había sido el quarterback todos aquellos años, y seguía siéndolo, y con ello, el capitán. No estaba nervioso, solo impaciente y deseoso de que llegara aquel día. Volvían a estar en la final. A Jimin no le gustaba demasiado presumir de ello, pero era gracias a él, claro, ¿cómo no? Sacó dos de sus nuevas copas y sirvió algo de beber para él y su hermana.
Cuando ella salió del baño le vio ahí, en su cocina, sonriendo de par en par.
—¿Harás una fiesta de inauguración esta noche o algo así? —preguntó Nayeon llevándose la copa a los labios. Jimin negó con la cabeza.
—Mañana. Por mi nuevo piso, por el fin de la carrera, y porque es el día antes del partido
—dijo con una arrogante sonrisa.
—También podríamos celebrar que yo he terminado mi segundo año en Stanford con matrícula —sugirió Nayeon.
—No, eso no —soltó Jimin de forma despectiva. Nayeon chasqueó la lengua.
—Borde.
Jimin sonrió divertido ante el enfado de Nayeon.
—Pero estás invitada, eso ya es todo un honor para ti —dijo Jimin, y a Nayeon le dio la sensación de que lo decía totalmente en serio. Si no fuera porque era su hermano, le mataría.
—Está bien, le diré a Yoongi que salga antes para… —comenzó a decir Nayeon.
—Alto, alto, alto —interrumpió Jimin de repente. Nayeon se calló—. ¿Me has oído decir que tu novio esté invitado?
—Va implícito —contestó ella. Jimin negó con la cabeza.
—El enano aquí no entra.
Nayeon abrió la boca de par en par indignada.
—Si no entra él, yo tampoco —dijo entonces.
Jimin la miró durante un segundo, y entonces suspiró. Nayeon sonrió pensando que le había derrotado.
—Tendré que prescindir de ti —dijo Jimin bebiendo de un trago su copa.
La indignación de Nayeon se agravó, por poco le tira su copa a la cara, pero pensándolo mejor, ¿para qué? Su hermano siempre sería el cabrón de siempre.
—¿Sabes que puedes llegar a ser un auténtico capullo? —inquirió ella con tono neutro.
—Oh venga, no te cabrees —dijo entonces Jimin, con un extraño tono meloso que solo delataba su buen humor—. Eres la primera a la que he enseñado mi nuevo piso.
La sorpresa se vio impresa en el rostro de Nayeon.
—¿En serio? —preguntó de pronto ilusionada.
—Pues claro —asintió Jimin.
Nayeon se pasó el pelo por detrás de la oreja algo tímida de pronto. ¿Había sido realmente la primera? ¿Incluso antes de…? Nayeon sonrió ampliamente.
—¿Y qué hacemos ahora? —preguntó entonces animada—. ¿Cenamos o…?
—¿Qué? —inquirió Jimin de pronto—. No, tú te largas ahora.
—¡¿Cómo?!
—Jungkook… —dijo entonces, con un extraño brillo en los ojos—, viene en una hora —
Nayeon resopló, cuando se trataba de Jungkook no podía enfadarse con Jimin. Asintió de acuerdo, buscó con la mirada sus zapatillas y se levantó para ponérselas—. Pero antes de que te vayas… —dijo entonces Jimin. Nayeon le miró con curiosidad—. ¿Preparas ese plato tailandés que me encanta? —preguntó Jimin con una mirada angelical.
Nayeon frunció el ceño. Levantó su dedo corazón y se lo dedicó a su hermano.
—Que te den, Jimin —dijo antes de dirigirse a la puerta.
—¡Eh! ¿A dónde…? —pero el portazo que dio su hermana ahogó sus palabras—. Tener hermana para esto… —se quejó entre dientes mirando la puerta por la que acaba de salir—.
¿Qué cocino yo ahora? —se preguntó.
Sus ojos fueron directos al teléfono. Supuso que tendría que pedir comida.
-
Paseaba observando cada animal a su paso. Ninguno le convencía, y todos lo hacían. Si pudiera se llevaría a todos aquellos animales a su casa, pero con él no estarían mejor que en aquella perrera. A veces dudaba que se pudiera cuidar incluso a sí mismo. La voz de una niña llamó su atención. Señalaba con euforia a uno de los animales, un gato anaranjado, y llamaba a su padre para que se lo llevaran. Estaba mirando la escena cuando Jungkook escuchó una voz a sus espaldas.
—¿Puedo ayudarle en algo? —preguntó la voz.
Jungkook se giró y vio a una chica vestida con un polo verde y unos pantalones color caqui.
Su pelo castaño estaba recogido en una coleta. No era muy guapa, pero tenía una bonita sonrisa que resplandecía amabilidad.
—Hola —saludó Jungkook—. Quería adoptar un animal —contestó Jungkook sin saber muy bien si era eso lo que se decía al querer llevarse uno.
La sonrisa de la chica se amplió un poco más.
—Estupendo —dijo antes de comenzar a pasearse por las jaulas—. ¿Y tiene alguna preferencia? Un perro, un gato…
—Un perro —contestó Jungkook.
—Bien, ¿pequeño, mediano o grande?
Jungkook se mordió el labio.
—Verá, sé que lo que le voy a decir va a sonar fatal con todos los perros que tienen aquí deseando un hogar —comenzó a decir, la chica le miró confundida, sin saber a dónde quería llegar—. Pero es un regalo para mi novio, y es un poco… —hizo una pausa pensando en cómo describir a Jimin—, delicado, con esto de los perros.
Con lo de los perros y en general más bien, pensó Jungkook. Había estado mucho tiempo pensando en si era el regalo adecuado. Jimin no era precisamente un amante de los animales, pero Jungkook pensó en lo bien que le vendría tener un compañero para humanizarle un poco más. Decidido, pensó en qué animal sería el más conveniente. En un primer momento pensó que un gato sería la mejor opción, eran independiente, y Jimin no tendría que ocuparse demasiado de él, además eran igual de presumidos y desagradables.
Pero luego pensó que lo que quizá necesitaba Jimin era todo lo contrario a él, un animal cariñoso y dependiente, además, los perros eran muy activos y Jimin podría hacer deporte con él, y dejar en paz a Jungkook con eso de salir a correr al parque o a la playa.
Conclusión: un perro.
—¿Qué quiere decir? —preguntó ella sin pillar aun el mensaje. Jungkook se pasó la mano por la nuca.
—Para encontrar un perro a su medida debería haber ido a una de esas tiendas que tienen perros con pedigrí de más de quinientos dólares, pero yo me niego a pagar esa cantidad de dinero cuando hay perros abandonadas a montones.
A la chica se le iluminaron los ojos al oírle. Este chico es encantador, qué lástima que tenga… ¿Ha dicho novio?, pensó la chica antes de sonreír.
—Eso es lo que mucha gente no entiende —dijo entonces.
—Sí… —asintió Jungkook estando de acuerdo—. Pero claro, tampoco quiero darle uno que no le guste, así que si pudiera encontrar aquí un cachorro de raza o… aunque sea… —decía algo avergonzado de ser tan exigente en un lugar como aquel.
Para su suerte, la chica le interrumpió.
—Precisamente hace poco una de nuestras hembras tuvo una camada de Golden retrievers —dijo ella entonces.
—¿En serio? —inquirió Jungkook sin creerse su suerte.
—Sí, de pelaje dorado —explicó ella—. Nacieron seis de ellos, pero esos perros vuelan. Cachorros y de raza… pero creo… que solo queda uno. Sígame.
La chica comenzó a caminar, Jungkook se apresuró a seguirla. Llegaron hasta un pequeño corralito.
—¡Aquí está! —exclamó ella sacando un cachorro de él—. El más pequeño —anunció.
Jungkook vio a la pequeña bolita que sujetaba la mujer. No paraba quieto en sus brazos, abría la boca y las patas intentando jugar. Ella se reía y esquivaba sus zarpas. La mujer se lo pasó para que lo pudiera coger, a lo que Jungkook no dudó ni por un segundo.
—Es perfecto —dijo mientras observaba al cachorro—. ¿Tiene nombre?
—No —negó la chica con la cabeza—. Podrás ponérselo tú.
—Ojalá pudiera ponérselo yo… —deseó mientras jugaba con él—, pero es para mi novio, y seguramente le ponga un nombre ridículo como Champion o Fútbol —dijo antes de que el perro le chupara la mejilla efusivamente. La mujer soltó una carcajada.
—Parece que le gustas —dijo.
Jungkook le dedicó una sonrisa socarrona.
—Suelo gustarle a los animales —presumió.
—Eso dice mucho de ti —dijo ella pensando de nuevo en por qué los mejores hombres eran siempre gays. Ella suspiró sin darse cuenta. Jungkook dejó de mirar al cachorro por un momento para mirar extrañado a la mujer, que se puso roja al ver que había suspirado en alto—. Bien, pues vamos a rellenar el papeleo —se apresuró a decir nerviosa.
Jungkook la sonrió, cogió al pequeño Golden Retriever y siguió a la mujer.
A pesar de que aquel fuera su piso de hombres adultos, era lo que menos parecía.
Decidieron marcharse a vivir juntos en cuanto el grupo consiguió el dinero suficiente de sus giras. Era de alquiler, y por ello tenían un insoportable casero de nacionalidad polaca que no les daba ni un respiro, aunque claro, el hombre tenía sus razones.
Había dado libertad a los chicos de decorar el piso a su manera. Un gran error por su parte. Ninguno de los cuatro se ponía de acuerdo para la decoración. Namjoon había imaginado en su mente una casa muy punk, sin embargo, para disgusto de los demás, también queríaun lugar parecido a una cómic-con. A ninguno le importaba tener las paredes llenas de pósters de grupos, ni tampoco de alguna película que otra, pero se negaban a tener en cada mueble muñecos de acción de La guerra de las galaxias, láminas originales de los personajes de Tim Burton, o maquetas enormes de la ciudad de Gotham o de Minas Tirith. Jungkook quería que su casa fuera como un estudio de grabación, si se le ocurría una letra, o una melodía, poder grabarla al instante, e incluso hacerse sus propias modificaciones o ediciones. Los demás se habían negado en rotundo, si no aquello parecería más un lugar de trabajo que una casa para descansar. Yugyeom quería crear su propio recreativo en casa, máquinas de pinball, billar, bicicletas, skates, videojuegos… todo lo que uno pudiera usar para divertirse. Y Yoongi solo quería un lugar que pareciera de un músico, sin llegar a que se convirtiera en un estudio de grabación. Quería sus pósters por las paredes, algunos instrumentos, una colección de CDs en una gran estantería, quizá un tocadiscos, vinilos, y camisetas firmadas como decoración… El día de la mudanza fue un completo caos.
Ninguno llegó a ver el piso de sus sueños. Aquella casa pasó a ser una mezcla de lo poco que tenían en sus habitaciones, y con lo que les sobró pudieron amueblar el salón. Acabó siendo una mezcla de los cuatro, y sus respectivas habitaciones fueron a gusto de cada uno.
Por suerte, cada uno tenía la suya, por ello cogieron aquel piso, por sus cuatro habitaciones.
Aunque por desgracia, solo había un baño para los cuatro tíos que eran, y la cocina era parte del salón, separados por una única encimera o barra americana. A pesar de ser casi la hora de cenar, Namjoon se comía un bol de cereales mientras hablaba por teléfono con el casero. El muy memo quería realquilar el piso al enterarse de que el grupo se marcharía dos meses a una gira por Europa. Ninguno quería perder ese piso, era un chollo y les sería imposible encontrar otro así.
—Sí, ya lo sé señor Polanski… Pero verá, nos marchamos dos meses de gira y necesitamos el piso para cuando volvamos —dijo, e inmediatamente se apartó unos centímetros el teléfono para evitar que los gritos de aquel hombre le taladraran la oreja. Cuando acabó de escuchar aquellos berridos, se lo acercó de nuevo—. Le pagaremos en una semana, aún no hemos cobrado —explicó antes de repetir la misma acción. Resopló tratando de ser paciente—. Hagamos una cosa, usted nos alarga el contrato un año más y nosotros le damos cuatro meses adelantados —Namjoon vio por el rabillo del ojo que Yoongi aparecía en el salón, mirándole con curiosidad—. Sí, sí, y le pagamos lo que le debemos. Genial, gracias —dijo, y se apresuró a colgar. Miró al teléfono con rabia—. Casero polaco cabrón… — maldijo entre dientes.
—¿Nos alarga el contrato de alquiler? —preguntó Yoongi. Namjoon le miró con molestia.
—Sí, pero la próxima vez hablas tú con él —le espetó antes de coger su cuchara y llevarse unos cuantos cereales con leche a la boca—. Estoy harto de que me llame “skurwysynu”.
—¿Sabes acaso lo que significa? —inquirió Yoongi enarcando una ceja.
—No, pero lo repite mucho, y no creo que sea “gracias” precisamente —informó Namjoon, claramente cabreado.
Yoongi ladeó los ojos, y se apresuró a abarcar el tema que le importaba, antes de que
Namjoon volviera a refunfuñar por algo.
—Bueno, ¿cuántas guitarras me llevo? —preguntó entonces con una sonrisa de par en par.
—Dos —contestó Namjoon directamente, sin tener que meditarlo. Yoongi le miró indignado.
—¿Solo dos? —inquirió. Namjoon levantó su mirada del cuenco de cereales.
—¿Para qué te vas a llevar más? Solo son dos meses.
—Las guitarras para mí son como para ti tu pelo, dos semanas con la misma y me siento sucio —argumentó Yoongi, señalando el ahora pelo rojo de Namjoon.
Namjoon se dispuso a contestar, cuando Yugyeom salió de pronto de su habitación, vestido únicamente con una camiseta de Metallica y unos calzoncillos.
—Cambiáis más de guitarras y de pelo que yo de calzoncillos —comentó al tiempo que se dirigía hacia la habitación de Jungkook.
Namjoon y Yoongi compusieron cara de asco ante el comentario de su amigo. Namjoon observaba a Yugyeom rebuscar entre las cosas de Jungkook desde allí.
—Namjoon, tú que sabes de culturas… ¿Cómo son los europeos? —preguntó entonces Yoongi.
—Yo qué sé, Yoongi —dijo Namjoon quitando la vista de la actividad de Yugyeom—, depende el país. Pero los polacos, si son todos como Polanski, unos idiotas.
—¿En el tour pasamos por Polonia? —inquirió Yoongi confuso.
—Vamos a Varsovia la tercera semana, ¿no te acuerdas? —preguntó sin poder creer que Yoongi no se supiera aun las ciudades a las que iban a ir.
—¿Eres sordo? —le espetó Yoongi de pronto—. Te he dicho Polonia.
Namjoon abrió los ojos de par en par. Pensó en decirle que Varsovia era la capital de Polonia, pero ¿para qué? Lo olvidaría a los dos segundos.
—Sí, Yoongi, pasamos por Polonia —dijo Namjoon en su lugar. Yoongi sonrió impaciente.
—Esto va a ser genial —dijo eufórico.
Namjoon se levantó y dejó su cuenco vacío en la pila.
—Yo me muero por ir a Viena. Es la cuna de la música —comentó.
—¿Donde el agua? —preguntó Yugyeom curioso mientras ojeaba los CDs de la estantería de Jungkook.
—¿Qué agua? —inquirió Namjoon sin comprender, y saliendo de la cocina.
—Ya sabes…, esas calles llenas de agua, pérgolas y eso —explicó Yugyeom dejando su tarea para mirar a Namjoon. El pelirrojo, agitó la cabeza sin creer lo que escuchaba.
—Para empezar, se llaman góndolas —dijo entonces molesto por que sus oídos tuvieran que escuchar semejantes aberraciones—. Y segundo, eso es Venecia.
—¿Y qué coño he dicho? —le espetó Yugyeom con un desagradable tono, y continuando con su búsqueda.
—¡¿Conocéis algo de alguna puta ciudad a la que vayamos a ir? —exclamó Namjoon perdiendo los nervios.
—¿Cómo las vamos a conocer si no hemos ido? —preguntó Yoongi indignado. Namjoon se masajeó la frente.
—Sois los dos unos subnormales de primera… ¿Dónde está Jungkook cuando se necesita hablar con alguien con cerebro?
Yoongi, ignorando a Namjoon, se asomó a la habitación de Jungkook, donde Yugyeom rebuscaba.
—Por cierto, ¿qué haces buscando entre sus cosas? —preguntó curioso.
—Busco el DVD del concierto del mes pasado, quiero hacer un montaje y subirlo a nuestra web —explicó sin dejar de ojear cada CD que veía.
—¿Tú haciendo algo de provecho? —inquirió Namjoon enarcando una ceja.
—Cómeme la polla, Nam —le soltó Yugyeom, justo antes de ponerse en pie con uno en la mano—. ¡Ajá! Puede que sea este. Es el único que no tiene algo escrito —dijo al tiempo que iba hacia el ordenador de Jungkook para mirarlo. Yoongi y Namjoon perdieron el interés en aquello.
—Bueno, ¿entonces cuántas guitarras me llevo? —preguntó Yoongi de nuevo. Namjoon resopló.
—Yoongi, como dice Yugyeom, cómeme la polla —dijo con intención de ir hacia su cuarto, cuando escucharon a Yugyeom hacer un sonido de sorpresa. Namjoon y Yoongi se miraron confusos.
—¿Qué pasa? —preguntó Yoongi.
Yugyeom apareció junto al marco de la puerta con los ojos muy abiertos.
—No… me… lo… creo… —dijo de pronto, diciendo cada palabra con una lentitud extrema.
—¿El qué no te crees? —preguntó Namjoon cruzándose de brazos. Yugyeom movió el DVD que tenía en la mano, con una extraña sonrisa.
—¿Qué pasa con eso? —inquirió Yoongi sin comprender.
—No os vais a creer lo que hay dentro —dijo de nuevo y su sonrisa se volvió algo siniestra.
—¿La cámara secreta? —soltó Namjoon. Yoongi bufó.
—Friki… —dijo mirando al pelirrojo. Namjoon le contestó con una mueca.
—Es un vídeo casero… —dijo Yugyeom de pronto, y les miró con un extraño brillo en los ojos—. De Jungkook y Park.
La boca de Yoongi se abrió de par en par.
—¿Cómo que un vídeo casero? —preguntó Namjoon sin comprender aun de qué iba el asunto.
—Yugyeom… —dijo entonces Yoongi, con voz precavida—. ¿Estás diciendo lo que creo que estás diciendo?
Y por aquel tono, Namjoon supo por fin lo que era. Abrió la boca de par en par al igual que Yoongi. Yugyeom asintió lentamente, y de repente, fue disparado hacia la televisión del salón y Yoongi se lanzó al sofá.
—¿Qué hacéis? —preguntó Namjoon totalmente desconcertado.
—¿Tú qué crees? Vamos a verlo —dijo Yoongi impaciente.
—¡¿Qué?! ¡No podéis ver eso! —exclamó Namjoon escandalizado.
—Oh, sí que podemos, y lo vamos a hacer —dijo Yugyeom mientras encendía el aparato reproductor de DVD.
—¡¿Sabéis cómo se pondrá Jungkook si se entera?! —dijo fuera de sí.
—Pero no se va a enterar. ¿Le ves aquí? No, ¿no? Pues ya está —le espetó Yugyeom abriendo el aparato para poder meter el CD.
—Debe quedar en secreto entre los tres —dijo Yoongi.
—¿Desde cuándo tenemos secretos con Jungkook? —inquirió Namjoon.
Yoongi se quedó un momento pensativo. Agitó la cabeza entonces.
—Bueno vale, se lo contaremos. Pero dentro de diez años, cuando solo pueda tomárselo a broma.
—Vale, ya está —dijo Yugyeom cuando metió el DVD, y se apresuró a sentarse con Yoongi en el sofá.
—Vamos, Namjoon, ven aquí —le animó Yoongi dando un par de golpecitos al sitio vacío que había quedado a su otro lado. Le miró con unos ojos malvados—. ¿No te das cuenta de cómo puede aparecer Park en este DVD?
—¡Precisamente por eso no quiero verlo! —exclamó Namjoon, asqueado solo de imaginar a Jimin desnudo y en posturas comprometedoras—. Además, ¿se te ha ocurrido pensar que Jungkook saldrá igual?
Yugyeom y Yoongi se miraron entonces. Ambos se encogieron de hombros.
—Da igual, aun así quiero verlo —dijo Yoongi restándole importancia.
—Si no quieres verlo, lárgate —le espetó Yugyeom cansado de los impedimentos de
Namjoon.
—Joder, sois unos putos enfermos de mierda —dijo Namjoon sentándose junto a Yoongi.
Él había intentado detenerles, nadie lo podía negar.
—Sí, pero bien que te has sentado a verlo —dijo Yoongi con una sonrisita.
—Me he sentado, pero no lo pienso ver —dijo Namjoon a la defensiva. Se cubrió el rostro con las manos, y asomó sus ojos entre los dedos.
—Tú mismo —dijo Yoongi acomodándose en el sofá.
—Además, entendería más que lo viéramos si fuera un video casero de Nayeon y Yoongi pero… ¿De Jungkook y Park? —inquirió de pronto Namjoon como si aquello no tuviera ni pies ni cabeza. Yoongi le miró con furia en los ojos.
—¿Qué coño has querido decir con eso? —quiso saber entonces con un tono intimidante.
—¡Shhh! —exclamó entonces Yugyeom para que se callaran. Y sonrió divertido—. Ahí van.
Namjoon se asomó para ver la gran pantalla de televisión. La cara de Jungkook se veía en
primer plano, colocando la cámara.
—Vale, ya está —escucharon decir a su amigo al apartarse.
La cámara apuntaba a una cama, donde estaba Jimin sentado, únicamente vestido con unos vaqueros. Jungkook también llevaba solamente unos pantalones negros ajustados. Empujó a Jimin para que se tumbara y se colocó sobre él.
—Sigo preguntándome por qué vemos esto —dijo Namjoon sin poder quitarse las manos de la cara, sobre todo cuando vio por su pequeño campo de visión, cómo su amigo deslizaba los pantalones al rubio.
—¿Tendrá ropa interior ridícula? —preguntó Yoongi divertido.
—Oh, ojalá que sí. Con estampado de Kitty, por favor —pidió Yugyeom mofándose de
Jimin. Pero para desgracia de los amigos de Jungkook, el rubio llevaba unos boxers grises de Calvin Klein.
—Joder, ¿tiene que llevar hasta la ropa interior de marca? —se quejó Yoongi.
Vieron cómo las manos de Jungkook, deslizaron aquella prenda poco a poco hasta quitarla por completo.
—¡Y ahí tenemos el pajarito de Park! —anunció Yugyeom con burla.
—Su Piolín, querrás decir —comentó Yoongi, y los tres soltaron una carcajada estridente.
—Oh por dios, Jungkook —dijo Namjoon asqueado al ver cómo su amigo masajeaba con gusto el sexo de otro hombre.
Yoongi vio por el rabillo del ojo que Yugyeom llevaba su mano a su muslo. Le lanzó una mirada siniestra.
—Como se te ocurra tocarte te la cortaré y no volverás a pisar esta casa —dijo con un tono severo y aterrador. Yugyeom le miró indignado y ofendido.
—¡¿Por quién me tomas?! ¡Solo me estaba rascando! —exclamó entonces.
—Va a… —escucharon decir a Namjoon.
Yoongi y Yugyeom llevaron su mirada a la pantalla. Jungkook se había puesto de pie, y
Jimin se había arrodillado frente a él.
—No, no… —decía Yoongi sin poder creer que fuera a ver lo que iba a ver. Namjoon prefirió no verlo, y se tapó los ojos.
—¡Lo está haciendo! ¡Lo está haciendo! —exclamó Yugyeom partiéndose de risa al ver al tío que posiblemente peor le cayera en el mundo haciéndole una mamada a su mejor amigo.
—Esto es lo más asqueroso que he visto en mi vida —dijo Yoongi con asco pero sin apartar la mirada.
—Ah, Jimin… —escucharon gemir a Jungkook al otro lado de la pantalla.
—¡Ah! —gritaron Yoongi y Namjoon horrorizados.
—¡Quita el volumen! ¡Quítalo! —exclamó Namjoon a Yugyeom pasando sus manos a sus oídos.
—¿Por qué? —preguntó Yugyeom, que ni se había inmutado.
—No quiero oír a mi amigo gemir, gracias —le espetó Yoongi.
—No pienso quitarlo —le contestó enterrando el mando entre los cojines para apartarlo del alcance del bajito.
—Se está levantando… —anunció Namjoon los movimientos de Jimin.
—¿Y ahora…? —comenzó a preguntar Yoongi.
Los tres se quedaron inmóviles esperando lo que venía a continuación, cuando de repente, escucharon la puerta. Se tensaron inmediatamente, abriendo los ojos de par en par, y la puerta se abrió.
—Hola, tíos… —dijo Jungkook al entrar.
Namjoon y Yoongi se levantaron a la misma vez, y salieron disparados a sus habitaciones, cerrando la puerta de un portazo. Yugyeom, que no atinaba a coger el mando que había metido entre los cojines, también salió pitando y cerró su puerta tras de sí, dejando el video puesto. Jungkook se quedó clavado junto a la puerta. El perro que llevaba en sus manos, se consiguió escapar, y correteó por el piso. Jungkook tenía la mirada fija en la pantalla, su expresión era de total shock al comprender lo que acababa de pasar allí. Las llaves se le cayeron de las manos al suelo.
—Esto tiene que ser una broma… —dijo con la boca entreabierta y los ojos aun fijos en la pantalla que reproducía el vídeo había grabado con Jimin.
—Jungkook, emmm… No sabíamos a qué hora ibas a llegar —escuchó la voz de Yoongi con tono de culpa.
—Salid —dijo Jungkook sin cambiar su expresión de shock y repugnancia.
Las tres puertas se abrieron lentamente, y sus amigos aparecieron tras ellas.
—Jungkook…, pensábamos que estabas cenando con Park —comenzó a decir Yoongi.
Namjoon ni siquiera podía mirarle a la cara. Jungkook le miró fuera de sí, sin creerse lo que oía.
—¿Qué…? Oh, perdona, ¿debía haberos avisado para que pudierais ver mis cosas privadas a gusto? —inquirió entonces visiblemente enfadado.
—Escucha…, no es lo que parece —dijo Namjoon con voz apaciguadora.
—¿No estabais viendo un vídeo mío follando? —preguntó Jungkook, y en su voz solo se notaba hostilidad—. Porque es lo que parece…
—Bueno, no lo pusimos para verte a ti, tranquilo… Solo queríamos reírnos de Park… — aclaró Yugyeom como si nada.
—¡Ah, vale! ¡Te refieres a mi novio! —exclamó Jungkook con exagerada ironía—. ¿¡Solo habéis hurgado entre mis cosas para coger un vídeo privado y poder burlarse de él!? ¡Entonces os perdono!
—¿Veis? No se ha enfadado —dijo Yugyeom dirigiéndose a Namjoon y a Yoongi, y ellos temieron por sus vidas.
—Yo te mato —dijo Jungkook entre dientes, antes de lanzarse contra Yugyeom y tirarlo al sofá para poder golpearle fuertemente en la cara.
Yugyeom al día siguiente amaneció con el pómulo morado, Yoongi con la nariz roja por recibir un buen golpe en ella, y Namjoon se alegró de solo haberse llevado un fuerte dolor en la mandíbula.
Puso la comida tailandesa en su nueva vajilla, preparó las copas, atenuó las luces y se sentó impaciente en el sofá a esperar. A los diez minutos, incapaz de quedarse sentado, colocó las últimas cosas que había traído. Ropa, toallas, cremas, su máquina de afeitar… Acabó antes de lo que había querido, pues de nuevo no tenía nada que hacer. Se encendió su televisión nueva y comenzó a pasar canales. Dejó un rato un programa de deportes, pero acabó en seguida, por lo que acabó viendo la MTV, un reality de esos de gente fea intentando inútilmente convertirse en un playboy o una miss. Había quedado totalmente inmerso en el
programa, tanto que a veces comentaba en voz alta con la misma televisión.
—Con ese vientre flácido nunca llegarás a nada, imbécil —le dijo al tipo del programa aunque no le oyese.
Estaba a punto de soltar otro comentario cuando escuchó la puerta. Jungkook. Jimin se puso en pie de golpe y apagó la pantalla plana. Se arregló rápidamente su vestimenta y se peinó el pelo como pudo. Agarró el picaporte y suspiró. Compuso una estúpida sonrisa, que borró totalmente de su rostro cuando abrió, poniendo su expresión más cautivadora. Estaba totalmente perfecto para recibir a Jungkook, solo que no era él.
—Hola —saludó una chica morena, de sonrisa blanca y brillante.
—¿Quién eres tú? —preguntó Jimin molesto por que no fuera quien quería que fuera.
—Soy Moonbyul, la vecina de al lado… —dijo, sonando algo incómoda de pronto.
—Ya he apagado la televisión —contestó Jimin sin una pizca de humor en la voz.
—¿Qué? —preguntó ella confusa—. Oh no… No vengo por la tele.
—¿Y entonces? —inquirió el rubio. La chica soltó una pequeña sonrisita.
—Como verás estaba en la ducha —dijo entonces, y Jimin se dio cuenta por primera, de que estaba únicamente vestida con una toalla blanca, que le cubría desde el busto hasta los muslos. Si hubiera sido heterosexual aquello jamás le hubiera pasado desapercibido, ya que la mujer desprendía sensualidad por todo su cuerpo—. He salido para recibir un paquete, y se me ha cerrado la puerta con la corriente.
—Oh… —dijo Jimin sin saber qué querría decir con todo aquello.
—Sí, y como imaginarás, no llevo las llaves precisamente en la toalla. No es que quiera ser maleducada, pero ¿puedo entrar? No me gusta estar en el rellano medio desnuda. Jimin enarcó una ceja.
—¿Pero no te importa estarlo en el piso de un desconocido? —inquirió, pero se apartó ligeramente para dejarla pasar, con el único deseo de que se fuera cuanto antes.
—Bueno, no eres exactamente un desconocido —apuntó a decir la tal Moonbyul, mientras entraba al piso del rubio.
—¿Cómo? —preguntó Jimin confuso, cerrando la puerta.
La mirada de la chica se paseó por toda la casa antes de volver a Jimin y dedicarle una sonrisa.
—Eres mi vecino.
—Ah, ya…
—Pero solo he venido aquí porque tu ventana conecta con la mía —dijo inmediatamente la morena, señalando el ventanal.
—¿No sería más fácil llamar a un cerrajero? —inquirió Jimin imaginando a aquella mujer escalando por un edificio de tantas plantas.
—Ese es mi plan B —dijo abriendo de pronto la ventana.
Jimin abrió los ojos de par en par.
—¿Cómo vas a salir ahí fuera únicamente vestida con una toalla?
—Pedírtelo a ti me parecía abusar.
—¿No tiene el portero una copia de tu llave? —preguntó el rubio.
—Espero que no…, no me gustaría que ese señor tuviera acceso libre a mi casa.
Jimin resopló.
—Te dejaré el teléfono y llamarás a un cerrajero —dijo dirigiéndose hacia el aparato sobre la mesa.
—¿Temes por mi vida? —preguntó ella con una encantadora sonrisa.
—Temo por las consecuencias que podría tener yo si te mataras desde mi casa —soltó resuelto. La chica frunció el ceño.
—No sé si me pareces un caballero o un capullo.
Jimin le tendió el teléfono antes de dedicarle una sonrisa.
—Soy un poco ambas —contestó, y como era natural en cualquier mujer a la que Jimin sonriera de aquella manera, se la devolvió y cogió el teléfono.
Marcó las teclas no sin antes morderse en labio.
—Hola, buenas noches…
Jimin se dirigió hacia su baño, pensando en lo inoportuna que había sido aquella chica.
Parecía joven, posiblemente solo tuviera un par de años más que él. Era la típica joven con la que en otro tiempo le hubiera gustado jugar. Tonteo, número de teléfono, un par de salidas, y sexo… Posiblemente ni necesitara un día. Además parecía coqueta, sofisticada, elegante y con dinero, si no, no viviría en aquel edificio. Pero solo sería eso, una noche loca, si tenía suerte dos. Sin embargo eso ya estaba lejos, pues Jimin tenía más que asumida su homosexualidad, ya que estaba locamente enamorado de un hombre, y no de cualquier hombre, el mejor. Si no lo fuera, no estaría con él, pues Jimin solo merecía lo mejor, o eso pensaba él. Y aquella vecina, aunque fuera un hombre, jamás podría cautivarle.
Seguramente era demasiado parecida a él, y Jimin solo se veía atraído por lo más opuesto a su persona, y estaba totalmente seguro de que ya había encontrado a su polo opuesto. Jimin cogió su albornoz negro nuevo y volvió al salón. Su vecina colgaba el teléfono.
—¿Y bien? —preguntó Jimin algo impaciente por que aquella tipa se fuera.
—Vendrá en treinta minutos —contestó.
—Ten —dijo Jimin con el albornoz en la mano.
—Gracias… —contestó ella tomándolo, y pensando en lo guapo y caballeroso que era aquel chico, cuando la única verdad era que lo que menos quería Jimin era que Jungkook viera a una mujer en paños menores en su casa, y mucho menos que se sentara en su sofá nuevo con aquella mini toalla—. Tienes una casa increíble —dijo de pronto ella sentándose.
—Gracias —contestó Jimin seco, mirando con desagrado la acción. No quería que se pusiera demasiado cómoda.
—Se nota que tienes buen gusto. Gwen tenía razón cuando me habló de ti.
—¿Quién es Gwen?
—Vive en el octavo. Hoy en el gimnasio me dijo que había visto al nuevo vecino del ático, y que era un chico muy interesante… Pero ella está casada, y tiene un niño. Pobrecilla, atada para siempre a un hombre, y con un crío… Normal que tenga que ir al gimnasio, le ha salido una papada con todo lo del embarazo… Uhhh, este sillón es comodísimo —dijo pasando sus manos por él.
—Y muy caro —apuntó Jimin. Aquella tía hablaba por los codos.
—¿En serio? ¿A qué te dedicas para costearte un piso así? —preguntó verdaderamente interesada, antes de pasar su mirada por todo el cuerpo del rubio—. Pareces muy joven.
Para Jimin era inútil ignorar los cumplidos, y mucho menos las oportunidades de alardear.
—Acabo de salir de la facultad de derecho y empresariales —contestó orgulloso.
—Yo soy modelo —contestó ella, volviendo a poner a Jimin de mal humor. ¿Y a él qué le importaba?
—Debe de irte bien para vivir aquí —contestó seco.
—Salí hace poco en el catálogo de lencería de Victoria Secret —dijo ella con el mismo tono orgulloso que usó él. Jimin ladeó los ojos.
—No acostumbro a leer esa revista —soltó, y si aquella mujer no fuera tan vanidosa hubiera captado el tono cortante que estaba usando el rubio.
—Pues deberías hacerlo.
—No creo que lo haga… No me va mucho… la lencería femenina —dejó caer el rubio con la intención de que dejara de intentar ligar con él, sin embargo, ella se acercó con una mirada penetrante, y paseó su mano sobre el pecho de Jimin.
—Puedes imaginar si quieres que no la llevo —dijo en tono insinuante. Jimin miró la mano, y frunció el ceño. La agarró de la muñeca, y la apartó, aunque no bruscamente.
—Ha sido una conversación muy divertida, Mónica —dijo éste.
—Moonbyul —corrigió la morena.
—Eso… Pero tengo que… —comenzó a decir, levantándose del sofá, pero fue interrumpido.
—Aún no me has dicho tu nombre.
Jimin resopló.
—Jimin.
—¿Jimin qué?
—Park —dijo entre dientes.
—Park Jimin —repitió ella—. Suena a persona importante.
—Lo soy, guapa —contestó Jimin con una forzada sonrisa.
Pareciendo notar el tono tenso del rubio, la chica se levantó del sofá también.
—Después de mi ducha iba a salir con unos amigos. ¿Te gustaría venir? Así puedo compensarte por lo de la llamada, y el albornoz —dijo pasando sus manos por la prenda.
—Lo siento, pero tengo planes.
—¿Has quedado con tu novia?
—Sí —contestó él.
Ella no pareció sorprenderse, ni siquiera le cambió la expresión de depredadora de hombres.
—Qué pena —dijo encogiéndose de hombros. Dio un paso hacia él y se puso de puntillas para susurrarle al oído—. Seguro que a ella no le quedaría tan bien como a mí la lencería de Victoria Secret.
Jimin dio un paso atrás para alejarse de ella.
—Estoy seguro de ello —contestó.
Moonbyul se quedó mirándole un segundo, estudiándole con la mirada. De pronto, sonrió radiante.
—Bien, entonces me iré a esperar fuera, no quiero molestaros —dijo acercándose a la puerta—. Ha sido un placer conocerte, Jimin. Espero que podamos salir otro día.
—Sí, otro día —dijo él, pero en realidad no quería ni encontrársela en el ascensor.
—Debería presentarte a mi agente, valdrías como modelo —comentó ella poniéndose un dedo sobre los labios pensativa.
Jimin agarró el pomo de la puerta.
—Valgo para casi todo —dijo, y acto seguido abrió.
Jungkook, con la mano preparada para llamar a la puerta, estaba ante ellos. Jimin abrió los ojos de par en par y Jungkook bajó la mano y sonrió.
—Hola —dijo con unos dientes blancos perfectos.
Jimin, embobado, como siempre que veía aquella sonrisa suya, habló.
—Hola.