Alma Arruinada

All Rights Reserved ©

Summary

Havanna Corday Von Caligari no es precisamente una persona amigable y carismática (a menos, que intente conseguir algo) Tiene un selecto grupo de siete personas que son merecedoras de su afecto: su madre, sus hermanos y su manojo de amigos. Perfecto. Mientras menos sean, más fácil será protegerlos...y claro, mantener los secretos. Todo tal y como a ella le gusta: predecible, sin nada que le tome desprevenida. Pero el universo tiene otros planes. Porque su control se va directo al carajo cuando aparece él, quien sabe más de ella de lo que aparenta y que, con su sonrisa despreocupada, parece gritarle: "Alguien tiene el control aquí, y no eres tu" ¿Eso es lo peor? No. Joder, que no lo es. Las cartas han vuelto a aparecer. Los secretos que los Corday Von Caligari han ocultado a la sociedad y a los medios penden de un hilo frágil. Y ahora la gran pregunta es: ¿Cómo carajos se enfrenta una amenaza que ni siquiera vieron venir?

Status
Ongoing
Chapters
28
Rating
n/a
Age Rating
16+

|Prólogo|

3/11/2020

Mis ojos estaban clavados en la línea del horizonte, que separa al mar y al cielo, podía visualizar relámpagos mudos, aquellos que anuncian una gran tormenta acercándose. La música dentro de la casa es atenuada por el grueso cristal de las puertas del balcón. El mar negro baila calmadamente y el viento helado me ayuda a aferrarme a mi delgado hilo de sobriedad.

Escuché la puerta corrediza deslizarse y gracias a una ráfaga de viento oportuna, que arrastró su perfume exquisito hacia mí nariz, descubrí quién había salido.

─ Havanna

Mi cuerpo se estremeció al escuchar su voz; tranquila y grave a mis espaldas. Miré sobre mis hombros y sentí la sangré caliente colarse contra mi voluntad en mis mejillas cuando sus iris verdes se conectaron con los míos. Al verlo entornar los ojos y las comisuras de sus labios elevarse en su habitual sonrisa engreída, entendí que había notado mi sonrojo, a pesar de la poca luz.

Me observa de pies a cabeza, con una lentitud tortuosa que hace que mi piel arda. Me digo a mí misma que es solo el alcohol, una simple reacción exagerada gracias a ese diabólico líquido del infierno.

Trago grueso, y mi saliva sabe amarga.

─ Dominic Reed ─ me clavó la mirada justo en los labios al escuchar su nombre, manteniéndola allí durante unos largos instantes antes de subir lentamente hasta mis ojos. Bendito Dios, dame control sobre mi─ ¿No deberías estar adentro con Phoenix y Anthony?

-Demasiado ruido me agobia -respondió, levantando una ceja con una mezcla de indignación y reproche, como si esa información debería ser obvia para mí- Lo mismo pasa contigo; por eso estás aquí.

No. No es el alcohol

Su delicioso perfume amaderado se siente más fuerte a medida que se acerca, lo que debilita mi autocontrol. Adoro que huela bien. Pero en este momento es una tortura. Me obligo a sujetar con fuerza el barandal, aferrando las yemas de mis dedos al metal frío para no hacer cualquier cosa que ocasione problemas más tarde.

─ Además ─ continúa con una sonrisa divertida, se recostó en la barandilla a mi lado, con los brazos apoyados en forma de X sobre la barra ─ Phoenix está muy entretenido en una competición con Tony, para ver quién bebe más rápido whisky en esas tazas para cerveza qué Cairo trajo de México. Me siento celoso, Hav, tu hermano me ha dejado de lado ─ niego con la cabeza cuando lo miro por el rabillo del ojo fingiendo estar afectado─

-Yo que tú, no me preocuparía por eso. Eres el favorito de Phoenix, y mires por donde lo mires, esa competición es una idea estúpida -comenté, sonriendo al imaginar cuánto lamentarán haber hecho eso mañana- ¿Cómo es posible que cuando están juntos esos dos se vuelvan más idiotas?

Él suelta una carcajada al escucharme, y me quedo absorta mirándolo, mientras una cálida sensación de orgullo por haberlo hecho reír llena mi pecho.

- Creo que ellos son de los que prefieres ser; idiotas y felices, que inteligentes y deprimidos -consideró─

Dirijo la mirada hacia el interior de la casa, y él hace lo mismo; vemos a Phoenix con una corbata roja atada en la cabeza. A su lado está Anthony, con una mancha de salsa de soja en su camiseta cara color crema; ambos se miran mientras beben whisky como si fuera agua, agitando los brazos con una euforia casi contagiosa. No puedo evitar reirme al verlos así.

─ Es su día ─ suspiré en señal de rendición─ Dejemos que se embriaguen hasta que mañana deseen estar muertos debido a la resaca.

Regreso mi mirada a él cuando se queda en silencio. Dominic permanece con una sonrisa y los ojos clavados en mi rostro.

-También es tu día, y no te estás divirtiendo.

-¿Cómo sabes que no?

-Havanna... -advirtió, mientras niega con la cabeza─

Hice una mueca ante su repentina seriedad. No me sorprende que me conozca bien; es la recompensa por todo el tiempo que hemos pasado juntos. Sin embargo, sigue siendo irritante que tenga razón y su seguridad de que siempre será así.

─Tu ganas ─ admití, viendo que no me queda otra opción─ Tal vez esto no es mi definición de diversión, pero no está mal. No lo odio.

─ Mentirosa ─ soltó, con una débil sonrisa ladina. Tenía razón, todo eso de las fiestas y el alcohol me disgusta, y por eso estoy aquí, escondiéndome de Vina, quien no dejaba de darme tragos a pesar de haber dicho que no muchas veces, justificándose con la excusa de que la cumpleañera no debería estar sobria a estas alturas. Ya he cedido muchas veces esta noche, así que no voy a admitirlo en voz alta.

─ Cállate, Nicki.

Rodó los ojos cuando escuchó aquel apodo de la infancia por el que mi hermano Eilat lo llama siempre.

─ Aún no te he dado tu regalo, está en la habitación de invitados ─ indicó. Su sonrisa emocionada era tan adorable que me daban ganas de molestarlo un poco─

─ Esa es una frase típica de los depredadores sexuales ─ bromeé. Le miré de soslayo y entrecerré los ojos de sospecha antes de dar un paso hacia la derecha, alejándome de él ─

─ Dios mío ¿Qué estás insinuando, Havanna? ─ exclamó con la mano en su pecho y falsa indignación. Cuando menos lo esperé, se inclinó hacia mí, su aliento logró rozar mi oreja derecha, tensando mis músculos ─ No haré nada que tú no quieras, Hav ─ susurró ─

Cuando logré espabilar, le pegué un codazo en la costilla.

─ ¡Auch! ─ hizo un gesto exagerado de dolor y se echó para atrás teatralmente. Puse los ojos en blanco al ver su actuación ─ Me lastimaste. Solo te perdonaré si me acompañas a la habitación de invitados.

─ ¿Eso es lo que harás en mi cumpleaños? ¿Chantajearme?

─ Ven conmigo, Hav ─ pidió, extendiendo su mano hacía mi, con la tranquilidad de alguien que sabe la respuesta─

─ Está bien.

La habitación de invitados no era tan espaciosa como las demás habitaciones, pero tenía la mejor vista. La luna llena se veía espectacular, pero el mar reflejando su luz y los relámpagos hacían de ese panorama algo irreal. Esperé mirando hacia la ventana, impaciente por saber qué había comprado para mí. Saber que Dominic lo había elegido, que se había dado el tiempo de ir a buscarlo, a pesar de ser una de las personas más ermitañas que conozco, me hacía indescriptiblemente feliz, que es casi patético. Sé que no es sano darle tanto poder sobre ti a una persona como para influenciar enormemente tus estados de ánimo, pero antes de darme cuenta, eso es lo que era Dominic para mi.

Él era la alegría que me acompañaba durante todo el día cada vez que recibía un halago suyo. Era también la tristeza que se filtraba por cada uno de mis poros cuando apartaba sus manos de mí al mirar a Phoenix. Los nervios que erizaban mi piel, al tenerlo cerca. Y el miedo que perforaba mi mente al imaginar que lo nuestro, o lo que sea que tenemos, puede terminar abruptamente.

─ ¿Ya?

─ Sé que es imposible pedirte que seas paciente, pero, sé paciente ─ soltó una carcajada. ¿Cómo me pide que sea paciente en esta situación? No hay forma─

─ Si ya sabes que es imposible ¿Por qué me lo pides? ─ le reproché ─

─ ¡Ya está!

─ ¡Gracias a Dios!

─ Bien, bien, no te des la vuelta aún ─ me mordí suavemente el labio al escuchar su adorable tono emocionado. Es una lastima que pocas veces puedo escucharle así, pero espero que eso cambie en el futuro─

Pude notar, gracias a mi visión periférica, las manos de Dominic a cada lado de mi cabeza. Sus antebrazos descansaron brevemente sobre mis hombros, solo unos segundos, antes de que sienta algo frío justo en el centro de mi pecho. Bajo un poco la cabeza y descubro un precioso guardapelo de plata, con un grabado pulcro en el centro.

-Según mi padre, se el Ojo de Horus es un poderoso amuleto de protección -escuché cómo inhaló y exhaló lentamente antes de continuar, de alguna forma sé que está aspirando mi aroma- Solo pido que este guardapelo te mantenga siempre sana y protegida, Hav.

─ Me encanta ─ murmuré, acariciando delicadamente el grabado─ Dominic, gracias, es precioso.

-Ya está -susurró, antes de depositar un beso en mi nuca. Ese toque me hizo temblar, y me aparté rápidamente de él, girando para mirarlo con los ojos abiertos de par en par.

Él soltó una carcajada divertida, sus ojos se deslizaron por mi rostro, descendieron por mi cuello y siguieron un poco más hasta llegar al guardapelo, se mantuvieron en ese punto, noté su mirada oscurecerse y su nuez de adán se movió.

-Tus mejillas están rojas, Hav.

-¡Cállate! - exclamé. Joder, eso me tomó completamente por sorpresa.

-¿Qué pasa, Corday? ¿No te gustó? -preguntó, fingiendo descaradamente estar decepcionado ─

-Ni un poco - mentí con firmeza.

Hizo un mohín y bajó la mirada unos segundos antes de alzarla nuevamente. Sus pupilas dilatadas brillaban con intensidad y sus comisuras se alzaron puntiagudas y maliciosas en una sonrisa. Se acercó a mí, muy cerca. Los latidos de mi corazón podía escucharlos en mis oídos y estoy segura que existe una gran probabilidad que a esta distancia él también pueda escucharlos. Se inclinó hacia delante para que la punta de su nariz rozara la mía. Nuestros alientos se entrelazaron, creando una deliciosa tensión en el aire. Su respiración acelerada me deleita, casi puedo sentir su desesperación por tocarme.

- Bésame, sé que también lo deseas - la primera palabra que pronunció fue una orden, pero las que siguieron fueron un delicioso ruego que me hizo tragar saliva. Sus brazos se envolvieron en mi cintura, firmes, pegándome a su cuerpo- No iniciaré nada - dijo, con voz baja y firme - Si quieres que algo pase en esta habitación, tendrás que dar el primer paso Ha....

Ni siquiera lo deje terminar de hablar antes de estampar mis labios contra los suyos. Lo hago con la desesperación de un náufrago que encuentra agua dulce después de días de tortura. Él me sigue el ritmo al principio, pero no tarda en tomar las riendas. Succiona mi labio inferior de forma exquisita, como si fuese un dulce manjar que ha ansiado probar por mucho tiempo y ahora, por fin puede hacerlo. Siento su lengua en mis labios, exigiendo entrar, yo abro ligeramente la boca y se introduce demandante, acariciando la mía, moviéndose a su alrededor de forma tortuosa, logra rozar mi paladar enviando un cosquilleo que hizo revolotear mis entrañas, no ha hecho nada más que besarme y ya me estoy deshaciendo en un charco a sus pies. Metí mis dedos índices por la trabilla de su pantalón exigiendo más de él, me encanta la sensación de su cuerpo pegado completamente al mio. Puedo sentir lo duro que está contra mi abdomen bajo.

Lo escuché soltar un jadeo antes de sonreír sobre mi boca.

Apartó sus labios de los míos y descendió por mi mandíbula, dejando un rastro de besos húmedos hasta llegar a mi cuello. Y cuando su lengua empezó a dibujar círculos lentos en esa zona, alternando con delicadas mordidas, me convertí en un desastre de jadeos y mandé al carajo cualquier mínimo atisbo de autocontrol que quedaba .

─ Havanna, agárrate fuerte de mí─ susurró contra mi clavícula. Al principio, no entiendo a qué se refiere, pero, en un solo movimiento, coloca sus manos firmemente detrás de mis muslos y me alza. Instintivamente, envuelvo mis piernas alrededor de su cadera. Mi vestido negro se había subido completamente hasta la cintura ─

Con sus manos firmemente abiertas sobre mis nalgas, me atrae hacia él con intensidad, hasta que siento su empalmado miembro rozar mi clítoris a través de las telas. Su boca vuelve a devorar la mía, y yo solo puedo dejarme llevar, mientras me derrito entre sus brazos. La humedad entre mis piernas se intensifica, empapando mi ropa interior y traspasando la tela marcándolo también a él.

Mis dedos se enredan en su cabello, aferrándose con fuerza, negándose a soltarlo, impidiendo que rompa nuestro beso.

─ Dominic... ¡Ah!

Alejé nuestras bocas para gemir su nombre, cuando recibí una fuerte nalgada. El ardor doloroso que me provocó, mezclado con el exquisito placer de nuestros cuerpos restregarse entré sí, hizo insoportable calor de mi entrepierna. Sonreí como una idiota cuando lo escucho reír mientras examina orgulloso la marca rojiza que ha dejado su mano.

─ Grita todo lo que quieras, Hav─ su aliento cálido acaricia mi oreja, haciendo que un escalofrío me recorra la espina dorsal─ Me encanta escucharte.

Me alejo un poco de él, sintiendo la necesidad de observar qué expresión está instalada en su rostro. Y Oh, bendito. Dios. Casi se me cae la baba al ver sus labios ligeramente hinchados, su cabello castaño revuelto y su respiración acelerada. Me pregunto si me veré tan necesitada como él.

Me llevó en brazos hasta la cama y me acomodó en el borde.

─ ¿Traes protección? ─ mantuve la mirada fija en el paisaje, sintiendo cómo el calor se apodera de mi rostro mientras aprieto los labios, avergonzada. Al no recibir respuesta, volví a mirarlo, y mi respiración se detuvo cuando nuestros ojos se encontraron. Él estaba de pie, imponente y jodidamente guapo. Sentía unas tremendas ganas de arrodillarme y chupársela hasta no poder más. Hasta derramar lágrimas por la asfixia y memorizar la ubicación de cada una de sus venas.

Pero la realidad, es mucho más cruda, una virgen realidad. Mierda. Temo cometer algún error, incluso el más pequeño, tal vez morderlo accidentalmente. No. No. No quiero arruinar esto.

Agradecí que su carcajada interrumpiera mis pensamientos, porque empezaba a ponerme ansiosa.

─ Hav ─ se inclinó hacia mí y me dio un suave beso en los labios, dejándome con ganas de más y mi centro palpitando ─ Tengo suficientes, así que no te preocupes por eso.

─ Me alegro, porque yo no tengo ....

─ ¿No tienes ni idea de cómo tener sexo? ─ su expresión se tornó divertida. Le lanzó una mirada punzante. No entiendo como puede hacer bromas en esta situación─ Verás, querida, cuando mamá quiere mucho a papá, papá inserta una semillita en el coño de mami que la hace muy feliz y después ...

─ Para empezar, que feliz estoy que no tengas hermanos pequeños, porque te estarían traumatizados con esa horrorosa explicación. Y si sigues burlándote de mí y te dejaré cómo estás─ le amenacé, antes de tocar su miembro a través de sus pantalones. Él dejó de sonreír, soltó un gemido ronco y su respiración, que casi se había estabilizado, volvió a ser entrecortada. Dominic colocó una mano en su cintura, mientras que la otra se pasaba por el cabello, con la cabeza levantada hacia el techo, dejándome tocarlo a mi antojo.

─ Maldición, la tienes grande ─ susurré, como si fuera un secreto. Él apretó la mandíbula y bajó su mirada hacia mí. Está a punto de perder el control. Es una lastima que las telas me separen de tocarlo como quiero ─ Y estás duro como una roca. Me encanta, de verdad que me encanta, cuando te pones duro por mí ─ humedezco mis labios mientras acaricio su longitud antes de detenerme en su punta, paso mi índice y anular con insistencia hasta que su líquido preseminal goteó y traspasó su pantalón, indicándose que lo estaba haciendo bien ─ Quiero ponerlo en mi boca.

Alcé mi mirada para conectar con la suya, lo encontré devorándome descaradamente, con los labios ligeramente abiertos. Se veía increíblemente sexy jadeando entrecortado con ese brillo de excitación derramando de sus ojos. Al contrario de lo que pensé, me colocó delicadamente un mechón de cabello detrás de la oreja. Cuando su mano llegó hasta mi nuca, la apretó antes jalarme con una brusquedad calculada hacia delante, hundiéndome el rostro en esa zona, gemí del gusto, sintiendo su calor erótico embriagarme.

─ Qué agresivo ─ ronroneé, sonriéndole suavemente antes de besar la punta de su miembro por encima de la tela ─ Está muy apretado ahí dentro. Déjame verte, Nicki

─ Mierda, Hav ─ siseó, mientras su mano subía a la parte posterior de mi cabeza y me tomaba del cabello en un puño, haciendo que mi rostro se frotara contra su zona. En este punto, estoy tan excitada que cada palpitar se vuelve doloroso y torturador.

Me liberó después de unos segundos para sacarse la hoodie, ofreciéndome una vista impresionante de su abdomen marcado. Desabrochó su cinturón y los pantalones con urgencia, dejándome ver el elástico de su bóxer negro.

─ Ven aquí, Cariño ─ pasó sus manos por debajo de mis brazos y me llevó hacia atrás, al centro de la cama ─ ¿Me permitirás sacarte ese lindo vestido para follarte? ─ me susurró mientras pasaba su lengua por el lóbulo de mi oreja─ Prometo ayudarte a vestirte cuando terminemos

Al escucharle, suspiré. Agradecí, que llevaba puesto un vestido negro que se abría por la mitad y debía abrocharse a un lado. Detuve mis manos a medio camino de quitarme la prenda cuando una idea cruzó mi menté. Lo empujé hacia atrás y Dominic cayó de espaldas sobre el colchón, observando con atención cada uno de mis movimientos. Me senté sobre sus caderas, desabroché rápidamente el vestido para lanzarlo al piso. Necesitaba tenerlo dentro de mí lo antes posible.

─ Carajo ─ gimió, cuando me moví sobre él─ ¿Sabes cuántas veces he imaginado esto?

─ Supongo que muchas, ¿no? ─ respondí con sorna─ Siempre me miras como si fuese una especie de comida.

─ Así es. Y esta comida estás muy presumida ahora mismo.

─ Solo digo la verdad ─ Sonreí cuando noté que sus manos apretaron mis caderas con fuerza─ ¿Estás enojado?

── No tienes misericordia por mí ahora que sabes cómo me pones ─ reconoció─

─ Es verdad ─ asentí, divertida, mientras me acomodaba sobre él. Es probable que me vuelva adicta a verlo así; reprimiendo sus deseos con todas sus fuerzas, para no empujarme contra la cama y entrar en mí sin ningún reparo. No le costaría nada; es más alto y fuerte que yo, pero sabe que podría herirme, y eso es algo que él nunca a soportado provocar en mi: Dolor ─

Dominic rueda los ojos ante mi actitud. Sé que le gusta, pero sé que no lo va a admitir; porque es demasiado orgulloso para hacerlo.

─ Pero considerando tu lindo regalo, Nicki, yo también te daré algo ─Observando su expresión de desconcierto, mi sonrisa se extiende dejando ver mis dientes antes de acariciar mis pechos mientras llevo mis manos hacia el broche de mi sujetador para liberarlo. La prenda cae sobre su pecho, Dominic se queda mirando el pedazo de tela durante unos segundos, procesando la situación, antes de subir la mirada lentamente ─.

Es la primera vez que me quito el sujetador frente a otra persona. Sin embargo, no me asusta, no me siento incómoda. Porque es Dominic y él siempre ha sido mi...caballero de brillante armadura.

Sentí su mirada intensa recorriendo cada centímetro de mi torso desnudo. No había juicio en sus ojos, solo un deseo palpable que me impulsaba a provocarlo. Mis manos comenzaron a deslizarse lentamente por la parte baja de mi abdomen, ascendiendo hasta atrapar mis senos y acariciarlos suavemente.

─ Dominic ─ gemí, se tensó cuando notó la erección de mis pezones.

No estoy segura de quién comenzó primero: él o yo. Lo único que sentí fue su boca cálida atrapando uno de mis pezones, su lengua explorando mi coño húmedo antes de que su miembro se abriera paso en mi interior con cuidado. Cuando me acostumbre a su tamaño, todo se volvió frenético; sus manos recorrían cada rincón de mi cuerpo, y sus labios besaban cada pedazo de mi piel que podían , llevándome cada vez más cerca del orgasmo.

Ese paraíso se desvanece como un castillo de arena en la orilla arrastrado por las olas del mar. Me encuentro sola, caminando sin rumbo bajo la tormenta que vi aproximarse hace unas horas. Me siento desechable, insignificante y terriblemente estúpida. El asfalto bajo mis pies hiere mi piel desnuda. Cada gota que cae sobre mí me rompe un poco más. Y esa escena, esa maldita escena, se repite en mi mente una y otra vez, implacable y cruel.