La Primera Fantasía 3

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Summary

Después de un día lleno de pensamientos sobre Jazmín, Dereck confirma su asistencia a una fiesta donde se reencuentra con Ashly. Ella luce impactante, lo que intensifica su atracción por ella. Ya afuera, ambos hablan por primera vez del distanciamiento que vivieron, revelando heridas y sentimientos confusos. Dereck la acompaña a casa bajo la lluvia, y, en medio de la intimidad de su habitación, después de hablar con el corazón abierto, terminan entregándose el uno al otro por primera vez.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPITULO 3 - ENCUENTROS FAMILIARES

No podía dejar de pensar en ella.

Habían pasado ya casi 24 horas desde que estuve con Jazmín. Desde que su boca rozó la mía, desde que su mirada me quemó el pecho. Cada detalle se repetía una y otra vez en mi mente como una película porno: su tono burlón, su cercanía, su forma de tocarme.

Su voz suave cuando dijo “no imaginé que sería contigo” me sonaba como una canción vieja que no podía dejar de tararear.

Y me excitaba. Más de lo que debería.


Estaba en mi cuarto, con la laptop encendida y los deberes de la universidad sin hacer.

No tenía cabeza para nada. Solo para eso.

Para ella.

Para su cara de 'mamona'. Para sus piernas cruzadas con lentitud. Para su blusa ligera que dejaba ver más de lo que debía.


Apreté los dientes. Cerré la laptop. Me recosté en la cama.

Y la imagen regresó otra vez: su dedo señalando la tanga manchada, su rostro entre curiosidad, deseo y burla.

La forma en que me hizo confesar que sí… había sido yo.

Que me había corrido en algo que no era mío.


Me comencé a masturbar.


No fue por necesidad, sino por desesperación.

Sentía la piel caliente, la mente hecha un nudo.

Me vino en segundos, como si el cuerpo hubiera esperado todo el día ese momento. Cerré los ojos, respirando agitado y un montón de semen saliendo por mi verga.

Y ahí, justo cuando recuperaba el aliento… pensé en Ashly.


Su voz. Su sonrisa. Su rostro cuando me dijo que porque me habia alejado de ella.


Me sentí sucio. Dividido.

Como si estuviera entre dos polos que me jalaban por dentro: el deseo… y la culpa.


Tomé el celular.



“Sí iré a la fiesta. Nos vemos ahí.”

Ella contestó minutos después.



“Ok. Me da gusto.”

Me levanté, me metí a bañar, y me vestí sin pensar mucho. Solo sabía que tenía que verla.

A Ashly.


La fiesta estaba en su punto cuando llegué. Gente por todos lados. Música fuerte. Luces tenues que pintaban la sala de tonos rojos y azules.

Muchos eran conocidos. Otros, apenas los recordaba, yo y Ashly teniamos a varios conocidos en común, cuando yo era mas joven me constaba socializar, ella fue la que me ayudo con eso asi que nuestro círculo social es algo parecido, a algunos ya ni siquiera de les menciona.

Pero ninguno me importaba. Solo buscaba una cara.

Y entonces… la vi.

Entró como si el mundo entero no existiera.

Ashly.


El vestido negro le caía como un guante.

Brillante, ajustado, con un escote discreto que dejaba demasiado a la imaginación. Su piel resaltaba con las luces, y su cabello negro, lacio, caía libre sobre sus hombros.

Caminaba con una seguridad suave, como quien no busca atención pero la consigue de todos modos.

Y yo… me quedé helado.


—¿Qué haces aquí parado solo? —preguntó al acercarse.


—Esperándote, supongo —dije sin pensar, y al segundo me quise morder la lengua.


Ella rió bajito. Me abrazó. Fue un gesto rápido, pero su cuerpo contra el mío bastó para agitarme por dentro.

No era la Ashly de hace años.

Era una mujer.


—Te ves… —empecé a decir, pero no terminé.


—¿Qué? —me miró con una ceja levantada.


—Hermosa.


Sus mejillas se tiñeron apenas, pero no me quitó los ojos de encima.


Hablamos por un rato. Me preguntó por la uni, por mamá, por cosas de la vida. Yo intentaba seguirle el ritmo, pero su voz me mareaba. Su cercanía, su perfume, sus labios brillantes. Todo.


Así que me excusé.


Me alejé hacia la mesa de bebidas. Serví lo primero que encontré y tomé. Rápido.

Después otro.

Y otro.


Quería calmarme.

O tal vez… soltar todo aquello que llebaba cargando durante años


Entonces lo vi.


Un tipo. Joven. Ropa apretada. Sonrisa fácil.


Demasiado cerca de Ashly.


Ella sonreía, sí, pero había algo tenso en su cuerpo. Sus manos cruzadas sobre el pecho, su espalda ligeramente inclinada hacia atrás.

Él le decía algo al oído y ponía la mano en su cintura.


Me hervió la sangre.


Avancé.


—¿Todo bien? —pregunté con un tono que no usaba desde hacía años.


El tipo me miró como si estorbara.


—¿Perdón? Estamos hablando, amigo.


—Sí. Pero no parece que ella quiera.


Ashly abrió la boca para decir algo, pero yo ya estaba ahí, interponiéndome entre ambos.


—¿Sabes qué? —dijo el tipo—. Quédate con tu novia. Igual ni está tan buena.


Se fue sin esperar respuesta.


Ashly se me quedó viendo. No dijo nada por varios segundos.


—No tenías que hacer eso —dijo al fin, molesta.


—Se estaba sobrepasando.


—Yo puedo defenderme, Dereck.


—Lo sé. Pero no iba a quedarme mirando.


Ella suspiró. Pasó la mano por su cabello y miró hacia otro lado.


—Esto es exactamente lo que no necesitaba esta noche.


—Perdón —dije, bajando la mirada—. Solo… me salió del pecho.

Despues de eso pasamos por varios minutos distanciados como si no la razon principal por la que habíamos venido se nos hubiera olvidado por completo. Ashly estaba del otro lado de la casa conversando con amigas y amigos.

Mientras yo la mirada a lo lejos de reojo.

En ese momento estaba solo, estaba escuchando la música retumbar y las luces brillar.

Senti que alguien toco mi hombro, gire mi cuerpo y mi cabeza rápidamente como si me hubieran puesto un cubo hielo en la espalda

__Dereck, Que haces por aqui?

Era Hannia, una chica que vive por mi calle, y que hace mucho tiempo me gustaba... Bueno aun me gusta solo que con ella también habia pasando el tiempo y varias cosas vergonzosas que ya no queria recordar.

Hannia era una delgada, de facciones muy marcadas, era increíblemente hermosa, un poco mas que Ashly debo decir, pero eso lo veremos luego...

—Hola, ¿Como estas? Lo mismo me preguntó. Respindi gritando porque la música estaba a todo volumen.

Ella solto una pequeña risa, se notaba que estaba algo pasada de copas.

—Bien, gracias, estoy buscando donde hay mas alcohol. Respondio también gritando

Yo le señale la mesa donde estaban las botellas sin decirle mucho.

—Gracias. Y justo antes de irse retrocedio un poco y me miro.

—Oye, esperame aqui, te vez aburrido, cuando regrese hablamos —dijo gritando para después ir a la mesa por otro trago

Yo no le respondí, mi mirada estaba en Ashly, aun la seguia mirando.

En eso, note comi se despedia de sus amigos.

Yo rápidamente me termine mi pisto y fui tras de ella.

—¿Oye, ya te vas?. Le dije mientras me cruzaba enfrente de ella.

Ella no respondió. Solo se giró y caminó hacia la salida.

Ya afuera, el aire fresco nos pegó fuerte. Todo estaba más tranquilo. El sonido de la música se ahogaba a lo lejos.

—¿Sabes qué fue lo peor de que dejaras de hablarme? —dijo de pronto.


Me detuve.


—Que justo cuando más te necesitaba, te fuiste. Cuando papá enfermó, cuando mamá lloraba todas las noches… cuando me sentía sola. No te escribí, porque me dijiste que necesitabas “espacio”.

Y entonces me di cuenta que ese espacio también era para el dolor.


—Ash… —intenté decir algo, pero la voz no me salía.


—Me sentí reemplazada. Como si nunca hubiera importado.


—No es eso —dije al fin—. Es que me costaba estar cerca de ti. Me confundías. Desde que creciste… no podía mirarte igual. Sentía cosas que no quería sentir.


Ella me miró. Dolida. Silenciosa.


—¿Y ahora?


—Ahora no sé qué hacer con todo esto.


Ashly bajó la mirada. Respiró hondo.


—Es tarde. Deberíamos irnos. Como si todo lo que le dije no hubiera importado. Un


—Te acompaño.


Ella no discutió. Asintió apenas. Llamó un taxi


El camino fue silencioso. Ella miraba por la ventana. Yo la miraba a ella.


Sus piernas cruzadas, el vestido ajustándose a cada curva. Su cuello, su perfume. Todo me hablaba en un idioma que conocía demasiado bien.


Llegamos.


La lluvia empezaba a caer. Las gotas pequeñas en el techo del taxi eran el único sonido.


Ashly se detuvo en la puerta.


—Va a llover fuerte.


Me miró. Luego al cielo. Luego otra vez a mí.


—¿Quieres pasar? Puedo prepararte algo caliente. Está helando.


—Claro —dije.


Entramos. La casa estaba en silencio, cálida, con olor a madera y té.


—Sube. Está más cómodo arriba —me dijo desde la cocina.


La seguí.


Su cuarto estaba igual… Ropa regada por todas partes, pero eso si... No habia ninguna ropa interior, estar parado ahi me recordaba lo que habia hecho dias atrás con la tanga de Jazmin

Ashly subió las escaleras con una taza de té en cada mano. Yo me senté al borde de su cama, todavía con la chaqueta puesta, intentando procesar todo lo que había pasado esa noche.


—Ten —me dijo, ofreciéndome una taza. Nuestras manos se tocaron por un segundo.


—Gracias.


Se sentó frente a mí, en una silla junto al pequeño escritorio de su cuarto. La lluvia afuera comenzaba a hacerse más fuerte, golpeando las ventanas como si también quisiera entrar. La luz de su lámpara bañaba la habitación en un tono ámbar, suave, íntimo.


—¿Y entonces…? —preguntó, sin mirarme—. ¿Qué fue exactamente lo que te confundía de mí?


Tragué saliva.


—¿Ahorita quieres hablar de eso?


—Quiero saberlo —dijo seria—. Siempre quise saberlo. Y si no lo dices tú… lo voy a seguir imaginando.


La miré. No podía seguir evadiéndolo.


—Era la forma en que creciste —le dije al fin—. Cómo te transformaste de ser mi prima… a alguien que no podía ignorar. Cada vez que venía a esta casa, me ponía nervioso. Me costaba mirarte a los ojos, me molestaba pensar en ti más de lo que debería.


Ella bajó la vista a su taza. Pero no habló.


—Yo no sabía qué hacer con eso, Ash. Me alejé porque tenía miedo de que si me quedaba… se notara. Y no quería que tú te sintieras incómoda.


Ella se acomodó el cabello detrás de la oreja.

Sus labios se movieron apenas, como si pensara en qué decir.


—¿Crees que no me daba cuenta? —preguntó en voz baja—. De cómo me mirabas a veces. De cómo evitabas estar a solas conmigo.


—¿Te dabas cuenta?


Asintió. Tomó un trago.


—Y… sí. Al principio era raro. Porque tú siempre habías sido como mi hermanito. Pero luego… cuando volviste más grande, más callado, más… tú… también me empezaste a confundir.


La habitación se llenó de algo que no se veía.

Una electricidad entre los dos que había estado ahí desde el inicio, escondida debajo de todos los silencios y los años sin hablarnos.


—¿Por eso también te alejaste? —pregunté.


—Sí —dijo, casi en un susurro—. Me dolía no entender lo que sentía. Me dolía no saber si era solo cariño… o algo más.


—¿Y ahora?


Ella levantó la mirada.


—Ahora estoy aquí, contigo, mientras llueve, con el corazón latiéndome como si tuviera quince.


Me reí nervioso.


—Y yo —dije— estoy tratando de no cometer una estupidez.


—¿Cuál estupidez?


Nos miramos. Sus ojos brillaban, pero no por la luz.

Por todo lo que nunca se dijo.


—Besarte —respondí.


Ashly dejó la taza sobre el escritorio. Se levantó con calma y caminó hacia mí.


—¿Y si no fuera una estupidez?


No dije nada. Solo la vi acercarse.

Se detuvo frente a mí, bajó un poco la mirada, insegura… pero no se alejó.


Tomé su mano.

Ella no la soltó.


Y entonces, nos besamos.


Lento. Cargado de años. De palabras no dichas. De ganas contenidas.


Mis manos subieron por su espalda hasta encontrar el cierre del vestido. Lo bajé sin prisa. Ella me miraba sin decir nada, pero su respiración hablaba por ella.


—Este vestido… —susurré—. Me mataste con él toda la noche.


Ella sonrió, apenas.


El vestido cayó por sus hombros. Su cuerpo quedó frente a mí, tan real, tan perfecto… tan ella. Ambos nos tiramos en su cama desnudos, ella estaba arriba de y aun seguiamos besandonos, mis manos se fueron a su gran trasero firme, se seintia extremadamente suave, masajeaba su culo con cariño y ala vez con mucho morbo, finalmente estaba tocando ese lugar al que tanto semen le dedique

La lluvia golpeaba con fuerza la ventana. Afuera, el mundo era un desastre.


Pero en esa habitación… todo por fin tenía sentido.

Nos acomodamos entre las sábanas con torpeza dulce, entre caricias y respiraciones entrecortadas. Nada fue violento ni precipitado. Todo tenía el peso de lo inevitable, de lo que habíamos reprimido por tanto tiempo.

Cada gesto, cada roce, cada beso en su cuello, en sus hombros, en su espalda, era una confesión.

Cada mirada suya —abierta, vulnerable, hermosa— me decía “te he esperado”, incluso si nunca lo dijo con palabras.

Hicimos el amor en silencio.

En la misma posición en la habia tenido dias antes a Jazmin, ahora estaba Ashly solo que mas inclinada a mi

Mi verga estaba dentro de ella, era increíble lo apretada que estaba, como si hubiera tenido sexo en años.

Sin promesas, sin explicaciones.

Solo dos cuerpos que se conocían de toda la vida… y que por primera vez se tocaban de verdad.

En algún punto, mientras ella se aferraba a mí con los ojos cerrados, pensé en todo lo que habíamos callado

Todo lo que habíamos perdido por miedo. Todo lo que aún no sabíamos si podríamos recuperar.

Pero esa noche no importaba.

Porque ahí estábamos.

Ashly y yo.

Sin espacio entre nosotros.

Sin barreras.

Solo piel.

Solo susurros.

Solo nosotros.

Ambos estavamos tocando el cielo. Su vagina esta extremadamente mojada, mas que la calle por la tormenta. Cada rebote en su culo lograba salpicar ese jugo que su vagina brotaba.

Sus tetas eras perfectas, eran redondas, firmes, de pezon pequeño, definitivamente eran las tetas perfectas.

Entre nuestra calentura solo escuchamos que alguien abrio a la puerta.

No todo era perfecto. Jazmin estaba parada al borde de la puerta vinedomos fijamente con cara de terror empapada por la lluvia.

Ashly y yo nos quedamos frios, ella estaba arriba de mi y desnudos, nada en la vida pude justificar que estamos haciendo otra cosa.

La habitación se quedo en completo silencio y no habia otro ruido mas que el de la lluvia...

//////// FIN DEL CAPITULO 3 /////////