Capítulo 1

—Estoy agotado, necesito más horas para hacer todo lo que me falta, Liam
—Pero Louis, te estás exigiendo demasiado, tienes que parar un poco o te vas a enfermar.
—En este momento es imposible... Pero necesito saber si este viernes me puedo quedar contigo, ya sabes, problemas en casa...
—Sabes que sí, cuando lo necesites.
—Gracias amigo, nos vemos entonces, te quiero...
—¡Te quiero! Adiós.
Estaba manejando Louis, quizás un poco más rápido de lo que debería, un Ford Fiesta blanco, propiedad de su padre y que sacó sin su permiso, preocupado y con mil cosas en su mente, cuando sintió un golpe que lo remeció por completo.
Alguien lo había chocado por el lado de la puerta izquierda.
Producto del golpe, su cabeza se había sacudido con fuerza, provocándole un horrible dolor. Había olvidado colocarse el cinturón de seguridad. Se quedó sentado en su lugar, lamentándose en medio de su furia, que hizo que su aroma inundara el interior del auto y un poco más.
Olía a vetiver, una planta poco conocida, con toques de cuero, que lo hacían perfecto para un alfa dominante y un poco mal genio tal vez.
Estaba intentando procesar lo que había sucedido, cuando se dio cuenta de que había llegado alguna gente a ver si podían ayudar. Ni siquiera había tenido tiempo de analizar de quién fue la culpa, o de si había alguien herido.
No podía salir de su auto, no quería arriesgarse a provocar una lesión mayor en su cuerpo; sin embargo, pudo sacar el seguro de las puertas y bajar el vidrio de su ventana.
—¿Cómo te encuentras? ¿Puedes salir?
—No puedo, me duele mucho el cuello, la cabeza y la espalda...
—Entonces evita moverte. Ya viene una ambulancia.
—¿Cómo está la otra persona?
—Está bien, solo muy enojado. Es un omega un poco intenso, —contó la simpática mujer que se había acercado.
—Ay Dios... —Fue lo único que pudo decir.
Era lo que menos necesitaba en ese momento, un omega berrinchudo que seguramente fue el culpable del accidente. Quizás se estaba viendo al espejo, o quizás mandaba mensajitos en su celular. Seguramente iba a la peluquería, o de compras.
Estaba perdido en sus cavilaciones, con los ojos cerrados, cuando sintió una presencia a su lado, y un delicioso aroma a algo difícil de identificar. Pudo notar tintes dulces, vainilla, caramelo tal vez, canela... No estaba seguro, pero era definitivamente cálido.
Sin abrir los ojos, respiró un par de veces.
—¿Estás bien? —Preguntó una voz ligeramente grave.
—Mi cuello no está bien.
—Si es solo tu cuello, tuviste suerte. Esto podría haber sido mucho peor, ¿qué tenías en la cabeza?
—Nada que te importe. Estoy seguro de que fuiste tú el culpable.
—Claro que no. ¡Te pasaste un disco pare! ¡Y a exceso de velocidad! Deberías estar agradecido de que yo esté bien, pudiste matarme, ¡idiota!
—¡Hey! No tienes por qué tratarme de esa manera. Fue un accidente.
—No fue un accidente. Manejar como bestia no es un accidente, creerse el dueño de la calle no es un accidente... Ser un estúpido puede que lo sea, pero el resto no.
—Deja de hablarme así, —pidió Louis, intentando no enojarse. —Espero que tengas seguro.
—Claro que lo tengo, soy un adulto responsable.
—Eres un omega irritante.
—Alfa grosero, además de mal conductor. Ahí viene la ambulancia. ¿Quieres que llame a alguien para que te acompañe?
—No, no es necesario...
El omega suspiró. —Necesitas que alguien te acompañe, no puedes andar solo.
—Siempre hago todo solo, ya déjame en paz.
—Eres insoportable, seguramente por eso no hay nadie a quien llamar.
Y esas palabras, aunque vinieran de un desconocido, le dolieron a Louis.
—Buenas tardes, soy paramédico. ¿Puede decirme qué siente?
Era una omega.
—Parece que mi cuello está mal. Me duele mucho, igual que mi cabeza y la espalda.
—¿Puede mover los brazos? ¿Las piernas?
—Sí.
—¿Puede girarse?
—No...
—Voy a poner un collarín cervical, para evitar dañar aún más. No se mueva.
Luego de que le habían inmovilizado el cuello, apareció otro paramédico, y en conjunto pudieron sacarlo del auto y subirlo a una camilla.
—Mis cosas... —Dijo Louis, con pánico.
—Yo te las llevo, —contestó Harry, el omega de aroma indescifrable. —Voy a sacar todo antes de que llegue la grúa y te sigo al hospital. ¿A cuál lo llevan? —Preguntó preocupado.
—Al Santa María.
—Perfecto. ¿Tienen que revisarme también?
—Así es.
Harry sacó lo más importante del auto de Louis. Encontró una mochila, su portátil, sus documentos y los del auto, una sudadera. Al parecer era un alfa ordenado. Cerró y se fue por sus propias cosas. Los autos quedaron inservibles y no entendía cómo no tenía ni un solo rasguño.
Tomó su propia mochila, más la de Louis y conversó con un agente de la policía, dando sus datos de contacto. Luego tomó un taxi y llegó al hospital. Desde ahí llamó a su mamá, quien apareció en quince minutos muy angustiada.
—Hijo, ¿qué pasó? —Preguntó Beth, tocándolo por todos lados.
—Ya sabes, un alfa estúpido se pasó un disco pare, y me chocó.
—¿Te golpeaste? ¿Te duele algo?
—Es lo más raro... Bueno, no me dolía nada, pero ahora me estoy empezando a sentir extraño...
—¿A qué hora te van a revisar?
—Te estaba esperando. Necesito que cuides mis cosas y las del tonto ese.
—¿Él está adentro?
—Sí, parece que sacó la peor parte. Voy a que me revisen...
Se levantó, Harry, con dificultad, sintiéndose un poco mareado. Al llegar al box de atención, se desmayó.
Lo subieron a una camilla y lo revisaron. No tenía ninguna contusión grave, solo un golpe fuerte en la pierna derecha, que seguramente debido a la adrenalina del momento no sintió. Una vez que despertara estaría en buenas condiciones.
Media hora después pudo reunirse con su madre en la sala de espera.
—¿Estás seguro de que estás bien?
—Sí mamá, solo me duele un poco la pierna, pero nada más. Creo que me hiper ventilé, y quizás fui muy desagradable con el alfa ese...
—¿Quizás? Harry, sabes que a veces te pasas.
—No soy yo, es que la gente no coopera...
—No hables como si tú no cometieras errores.
—No me regañes. Claro que no soy perfecto, ni me acerco a eso, pero me molesta que haya gente tan irresponsable. ¿Qué hubiese pasado si las cosas fueran peores? De solo imaginarlo me altero.
—Creo que aún estás en estado de shock. A veces no lo parece, pero sería de lo más normal.
—Ojalá no se demore este... No sé cómo se llama...
—Tienes sus documentos, míralo ahí.
—Tienes razón. Déjame ver... Aquí dice, Louis Tomlinson., tiene 24 años, dos menos que yo, y se ve más viejo. Debe ser muy cascarrabias.
—No sabes nada de su vida, no juzgues. ¿Aprenderás alguna vez a mantener esa gran boca cerrada?
—Espero que no, mamá. ¿Por qué estás tan pesada conmigo?
—No lo estoy, es solo que me asusté y me siento nerviosa.
—Lo sé... ¿Llamaste a mi papá?
—Se me olvidó.
Harry se puso a reír. —Ay mamá, te pasas. Yo lo llamo.
—No, déjame ir por un café y aprovecho de llamarlo. ¿Te traigo un té?
—Un café también, por favor. Tengo que llamar a la agencia, creo que por hoy no podré ir a trabajar.
—No lo permitiría, te vienes conmigo por hoy.
—Mamá...
—No es pregunta, Harry. Ya vuelvo.
Mientras estaba solo, el omega llamó a su jefe a la agencia de viajes donde trabajaba, y le explicó lo sucedido.
—¿Seguro que estás bien? —Preguntó Angello.
—Sí, solo un golpe, y los nervios, pero mañana puedo volver sin problemas.
—Entonces descansa, y nos vemos mañana.
—Gracias...
Colgó justo cuando llegaba su mamá.
—Tu papá dijo que va a pasar en la tarde a verte. Ojalá no se quede mucho rato.
—Mamá, siempre dices lo mismo y después lo invitas a cenar.
—Es que siempre anda llorando, diciendo que él no sabe cocinar, que hace tiempo no come algo rico y ya ves. Me toca invitarlo.
—Me gusta que se lleven bien a pesar de estar separados hace tantos años.
—Es un buen hombre, y como amigos funcionamos de maravilla. Pero como pareja fuimos un desastre.
—Lo único bueno de esa relación fui yo.
—Por ti nos separamos.
—Bruja.
—Te amo. Eres mi hijo favorito.
—No tienes más.
—¿Estás seguro?
Se pusieron a reír.
Casi una hora más se demoró en salir el médico a cargo de Louis.
—¿Los familiares del joven Tomlinson? —Llamó.
—Yo lo estoy acompañando, —dijo Harry, levantándose.
—Entiendo. Necesita reposo parcial por lo menos de una semana, pero estará bien. En unos minutos podrá salir.
—Gracias.
Volvió a sentarse el omega, y unos momentos después vio salir a Louis en una silla de ruedas. Al llegar a la salida, Louis tuvo que levantarse e intentar caminar.
—Afírmate de mí, —pidió Harry. —Aún te estás acostumbrando a usar esa cosa.
—Puedo hacerlo solo, gracias, —contestó, Louis, molesto.
—Realmente eres un mal educado. He estado aquí esperando todo este tiempo y cuidando tus mugres, para que vengas a reaccionar de esa manera.
Louis se detuvo y miró bien al omega.
—Lo siento, estoy muy estresado y me he descargado contigo. Gracias por quedarte.
Esa declaración quebró por completo a Harry, pero no lo dijo.
—Te acompañamos al taxi, ¿puedes tomar tus cosas? Quizás deberíamos llevarte.
—No me gusta molestar, pero definitivamente no puedo hacer fuerza.
—Entonces, dame tu dirección. Pásame las llaves mamá, yo manejo.
—¿Necesitas ayuda para sentarte? —Preguntó, amorosa, Beth.
—Sí, un poco.
—Déjame hacerlo.
Abrió la puerta y corrió el asiento del copiloto hacia atrás. Una vez que Louis se acomodó, le abrochó el cinturón de seguridad. Luego se sentó atrás, con las mochilas de los dos.
—Vamos hijo, —pidió. —¿Tienes quién te compré las medicinas, Louis?
—Sí... Claro que sí...
—No pareces muy convencido, quizás podríamos pasar por ellas a una farmacia.
—Se lo agradezco mucho, pero mis padres me matarían si no les pido ayuda a ellos.
—Entonces está bien, —dijo la omega, sabiendo que era una gran mentira, en la que no podía ahondar.
—Llegamos, —avisó Harry, diez minutos después, quitándose el cinturón y bajando del auto. Caminó hacia el copiloto y ayudó a Louis a salir. Luego tomó la mochila del alfa, que parecía más triste y preocupado que otra cosa, y lo acompañó a la entrada de su casa.
—Déjame hasta aquí... Por favor.
Harry se estremeció al notar un ligero temblor en la voz de Louis.
—Claro. Por si acaso anoté mi número de teléfono en uno de tus cuadernos, por si tenemos que comunicarnos.
—Sí... Guarda el mío...
Louis le dio su número a Harry y después de eso el omega se fue.
—¿Crees que vaya a estar bien? —Preguntó Harry.
—Sinceramente espero que sí, pero me temo que no. Es claro que no tiene una buena relación con sus padres, sino los hubiese llamado de inmediato.
—Pienso igual. Se me revuelve el estómago de pensar que no lo van a cuidar.
Y Beth sonrió. —¿Sentiste su aroma? Es uno poco común.
—No supe a qué olía, solo sentí notas de cuero.
—Huele a vetiver, es una planta. Si investigas sobre ella, te darás cuenta de todas las propiedades y usos que tiene. Dice mucho de la personalidad de Louis.
—¿Cómo sabes que huele a eso?
—Mi abuelo olía a vetiver, con notas de almizcle. Era un viejo cascarrabias, pero digno de confianza, muy atractivo y con algo misterioso. Todos lo admiraban, y disfrutaban de escuchar sus historias. Louis me lo recordó mucho.
—No lo sé... Si miente es porque no es alguien de fiar, —aseguró Harry, manejando con precaución.
—Hay mentiras necesarias. Si él tuviera, por ejemplo, problemas con sus padres, no va a estar contándoselo a dos desconocidos. Quizás se avergüenza, quizás le duele, quizás es más de lo que puede soportar... Recuerda no juzgar, es fácil hacerlo y luego darse contra las piedras.
—No sé, mamá... Las mentiras son mentiras y ya.
—Tu posición es muy diferente, hijo. Has tenido a tus padres siempre, no te ha faltado nada, te has podido desarrollar a tus tiempos y como has querido. Tal vez la vida de Louis es mucho más compleja.
—Puede ser, —contestó Harry, mordiéndose un dedo. Siempre lo hacía cuando algo se quedaba en su cabeza rondando. —Espero que esté bien, dudo que nos volvamos a ver. Ahora todo está en manos de la aseguradora y la justicia.
—Es verdad. Esperemos que alguien lo cuide.
Mientras Harry y Beth llegaban a su casa, Louis seguía de pie frente a la puerta de la suya. Después de respirar profundo muchas veces, se decidió a entrar. No le extrañó encontrar la casa a oscuras, en completo silencio. Lo más probable es que hubieran salido o estuvieran encerrados cada uno en sus habitaciones.
Arrastrando su mochila y su sudadera, intentó caminar sin hacer ruido.
No lo consiguió.
Su padre apareció en escena.
—¿Dónde mierda está mi auto? —Preguntó molesto, sin importarle que su hijo estuviera claramente herido.
—Lo siento, papá... Yo choqué, y el auto quedó mal...
—¿A qué te refieres con mal? ¿Dónde está?
—Se lo llevó una grúa...
—¡Espero que sea una broma, Louis!
—No papá, vengo del hospital.
—No puede ser... ¿Algún día harás algo bueno? ¿Dejarás de ser tan idiota, tan mierda? ¡Necesitaba el auto para ir de fiesta esta noche!
—¿Por qué gritas tanto? —Preguntó, con otro grito Samie, la madre de Louis. —¿No puedes hablar como la gente normal?
—Tu hijo que como siempre es un estúpido. ¡Chocó mi auto! —Gritó George.
—Tiene a quien salir irresponsable, no me culpes a mí.
—¡Tú lo criaste como una niñita frágil! ¡Parece un puto omeguita!
—¡Cuida tus palabras, imbécil!
Mientras sus padres se gritaban, Louis había llegado a su habitación. Sabía que finalmente esas discusiones no eran por él, sino por sus propios padres que se detestaban y que, sin embargo, no eran capaces de separarse. Eran años en esa dinámica, de la que extrañamente no participó su hermano menor, a quien le encantaba agregar drama a la situación. Como pudo se recostó en su cama, y las lágrimas una vez más comenzaron a salir.
Cerró los ojos, no para dormir, sino que para pensar en qué iba a hacer.
No podría ir a trabajar en, por lo menos, dos semanas. Lo iban a echar y eso significaba no tener dinero para lo más básico de su universidad, que si bien era gratuita, no le regalaban sus materiales de estudio. Sus padres no lo ayudaban ni con media libra, pero le daban techo y comida, algo que por sí solo no podía obtener. Por eso se quedaba y aguantaba, porque aún le quedaba casi medio semestre para titularse. Se había demorado porque muchas veces tuvo que priorizar sus trabajos antes que sus estudios, había sido muy difícil. Noches sin dormir estudiando, para luego presentar algún examen y luego correr a trabajar en ese horrible local de comida rápida donde los trataban con la punta del pie, pero que era lo único que había podido conseguir de medio tiempo.
Su mejor amigo, Liam, le había ofrecido muchas veces compartir departamento, pero Louis no podía pagar medio arriendo, ni la mitad de las cuentas. Solo aceptaba quedarse a dormir algunas noches, en que estar en su casa era insoportable.
Suspiró en medio de sus pensamientos. ¿Por qué se volvía tan difícil a veces? Ahora, además de todo, tendría que ver cómo recuperar el auto lo antes posible, pero era algo muy complicado, porque apenas podía mantenerse erguido. Ni pensar en comprar sus medicinas. Había estado tentado a aceptar el ofrecimiento de la mamá del omega, pero tenía mucha vergüenza, y ahora se arrepentía, cuando el dolor comenzaba a volverse insostenible.
Tomó su celular y le envió un mensaje a Liam.
“Perdóname por molestarte, pero tuve un accidente y... te necesito... ¿Puedes venir por mí?”
Apenas dos minutos después, tenía la respuesta.
En diez minutos estoy allá".
Haciendo su último gran esfuerzo, arregló un pequeño bolso y su mochila. Con lágrimas en los ojos, por el dolor que sentía, logró llegar a la entrada de la casa, que ahora parecía desolada y lúgubre. Dejó sus cosas y se devolvió a buscar un poco de despensa para poder llevar algo al departamento de su amigo.
Estaba de pie, esperando en la calle, cuando vio llegar el auto de Liam.
—Santo Dios, Louis, ¿qué te pasó?
—¿Te cuento en el auto? Por favor, quiero salir de aquí...
—Déjame ayudarte.
Liam rápidamente guardó las cosas en el asiento trasero, y luego acomodó a Louis.
—Debo suponer que te recetaron medicamentos y no puedes comprarlos, ¿verdad?
Louis solo guardó silencio.
Liam se detuvo en una farmacia, y buscó en la mochila de Louis la receta. Bajó a comprarla y luego siguió su camino.
—Gracias... —dijo Louis, intentando mantener sus lágrimas dentro de sus ojos.
—No tienes que darlas. Mira, sabes que te quiero como a un hermano, pero ya no voy a aguantar una negativa. Te vienes conmigo y punto, no es vida la que llevas en esa casa.
—No tengo cómo pagar mi parte, lo sabes...
—Me dieron un aumento en la revista, y puedo llevarte conmigo fácilmente por tres meses. En ese tiempo estoy seguro de que estarás mucho mejor que ahora, porque ya no vas a vivir en esa casa de mierda que te hace tan mal. Necesitas tomar distancia de tus padres y de tu hermano, no los necesitas en tu vida, debes entenderlo.
—Son mi familia...
—Si no te suman, tienes que alejarte. Te mereces algo mucho mejor y cuando tomes distancia podrás verlo. Ahora cuéntame qué pasó.
Louis respiró profundamente y miró el camino. Aún faltaban cerca de diez minutos antes de llegar al departamento de Liam.
—Tuve la genial idea de sacarle el auto a mi papá, porque me demoro mucho en llegar de la universidad al trabajo en metro, y mis clases se atrasaron porque nos dejaron las pautas para el examen final. El asunto es que no me di cuenta que iba a exceso de velocidad, y me pasé un disco pare. Choque a un auto... y para variar había olvidado el cinturón de seguridad...
—Seguro tenías mil cosas en la cabeza... ¿La otra persona está bien? ¿Pudiste verla?
—Verlo, un omega un poco intenso. Estaba muy molesto y me trató de idiota y de bestia... Por suerte solo tuvo un golpe en la pierna.
—¿Cómo llegaste a tu casa?
—Él me llevó. Andaba con su mamá... Pese a todo fueron muy amables.
—¿Era guapo?
—No lo sé, no me fijé...
—Louis...
—Sí, muy bonito. Lo que más me llamó la atención fue su aroma, porque no lo pude identificar.
—Eso sí es extraño. Es lo mismo que le pasa a la gente con tu aroma. Quizás son destinados.
—Agradece que no puedo pegarte. Es alguien muy atrevido, no es lo que esperaría para mí... Tengo que ser realista. Tener un omega en estos momentos sería algo irracional y sin sentido. No tengo nada que ofrecer, y tampoco tengo tiempo. Mi foco es la universidad y luego poder trabajar en lo que estudié. Mantenerme solo, y seguir especializándome, eso es lo que espero de mi vida.
—Eso suena muy bonito, pero cuando llegas a casa y no hay nadie... Puede ser muy triste. Nuestra naturaleza de alfas nos llama a buscar a nuestro destinado, alguien a quien cuidar, con quien formar algo más profundo. Yo espero encontrar pronto al omega que quiera compartir su vida conmigo.
—¿Lo dices en serio? ¿Y a qué hora tendrías tiempo para él? Trabajas mucho...
—Cuando algo te interesa, encuentras el tiempo para hacerlo. Podría incluso bajar mi carga laboral si siento que lo encontré. Son garantías que tengo ahora, después de tantos años trabajando en la misma revista. Ya son seis años y puede parecer poco, pero tengo mucha experiencia y muchos cursos a mi haber. Ahora puedo ver las cosas desde otra perspectiva.
—Entiendo. Debe ser que a diferencia tuya, yo no he podido dedicarme a estudiar cómo quisiera. He perdido muchos semestres, y eso me ha retrasado. Debería haberme titulado por lo menos hace dos años... Ha sido agotador realmente, y un omega en estos momentos sería algo muy complejo.
—Te entiendo. Tenemos visiones diferentes porque estamos en posiciones distintas. Pero lo único importante ahora es que te recuperes y que puedas terminar como se debe tus clases. Tienes suerte de estudiar lo mismo que yo, así podrás estudiar conmigo.
—Sí, es una gran suerte que nos interese el periodismo, aunque los deportes no sean de mi agrado, ni del tuyo la política.
—Es que a quién le puede interesar la política... Solo a Louis Tomlinson.
Llegaron al departamento, y Liam ayudó a Louis a bajar. Cargó las cosas de su amigo, y una vez en su habitación, lo ayudó a quitarse el collarín y a recostarse con cuidado, después de darle sus medicinas.
—No quiero que duermas en el sofá, —se lamentó Louis.
—Voy a dormir contigo, necesito saber que no te vas a sentir mal en la noche.
Y Louis no aguantó más, no pudo seguir guardando sus lágrimas. Explotó en llanto. Estaba tan cansado y agotado, no podía más.
Y Liam lo dejó llorar por unos minutos, sabía que era parte de un proceso. Fue en busca de pañuelos y un nuevo vaso de agua. Esperó hasta que los espasmos se calmaran, y solo quedaran los ojos rojos y húmedos.
—Perdón por esto... Te estoy dando más problemas...
—Te he visto llorar muchas veces, y jamás ha sido un problema. Limpia bien tus lágrimas, mañana vamos a ir a buscar tus cosas a la casa de tus padres. ¿A qué hora es la mejor?
—De cinco a ocho no hay nadie.
—Perfecto, yo mañana salgo a las seis. Vengo por ti y vamos.
—Gracias, Liam. No sé qué sería de mí sin ti.
—Ya me pagarás, cuando seas millonario.
Louis sonrió, y pronto estaba durmiendo, gracias a uno de los medicamentos.
Temprano despertó con un rico aroma. Liam estaba levantado ya, haciendo el desayuno.
—Te despertaste temprano, —saludó Louis.
—Sí, tengo que estar en la revista a las ocho y media, y alcanzo a dejarte justo en la universidad. Anda a bañarte y vienes a desayunar. ¿Puedes hacerlo solo? No me gustaría tener que verte desnudo.
—Jamás te daría ese placer, —contestó divertido, mientras tomaba un sorbo de su café. —Ya vengo.
Se bañó rápido y sin mucho cuidado. Si se esmeraba más, se demoraría demasiado. Con algo de dificultad se vistió y arregló su mochila.
—Siéntate, —pidió Liam. ¿Te ayudo con el collarín?
—Por favor, no puedo hacerlo.
—No te muevas... Listo.
—Este pan es muy rico. ¿Dónde lo compras?
—Hay una panadería cerca de la revista. Voy porque... La verdad es que siento que hay un aroma que me llama mucho la atención, pero no he podido ver a quien le pertenece. Es naranja y jengibre y siento que me derrito.
La sonrisa de Louis era gigante. —No sabía que andaba un omega con suerte por ahí. Estoy seguro de que a sentido tu olor a cardamomo y tabaco dulce, y te debe buscar también.
—Ojalá... Por mientras puedes comer mucho pan y otras masas que voy a empezar a comprar.
—Ya que insistes... Me encanta el pan.
—Mejor ya termina, tenemos el tiempo justo.
—Me lavo los dientes y nos vamos.
Salieron rápidamente, y Louis llegó a sus clases sano y salvo. Se demoraba más en caminar, pero logró salvar el día. Incluso pudo pasar a la biblioteca por algunos textos, y después, con mucho cuidado tomó un bus hacia el departamento de Liam. Pero cuando llegó, se acordó de que su amigo no le había entregado una copia de las llaves.
Miró la hora. Iban a ser las tres de la tarde, faltaba mucho para la salida de Liam, así es que decidió ir a su trabajo a buscarlo. Le mandó un mensaje y caminó hacia la parada de buses. Llegó en media hora, pero lo consiguió.
En la entrada de la editorial preguntó por Liam, y lo hicieron subir hasta el tercer piso. Ahí encontró a su amigo profundamente concentrado en su computador.
—Liam... —Llamó despacio.
—Qué bueno que llegaste, me tenías preocupado.
—Perdón por molestarte.
—Se me olvidó completamente en la mañana, toma, —dijo entregándole un pequeño llavero.
—Gracias, te dejo trabajar tranquilo. Nos vemos más tarde.
Louis hizo el viaje de vuelta. Una vez que pudo entrar, se quitó el collarín, y se recostó un momento. Sus pensamientos no lo dejaban tranquilo: necesitaba encontrar un nuevo trabajo, porque tal y como lo pensó, en el local que estaba trabajando lo despidieron. Le iban a pagar los días del mes que había trabajado, que por suerte era casi el mes completo.
Con ese dinero podría moverse y tener para algunas fotocopias. Y juntar para la multa que seguramente tendría que pagar.
Fue inevitable no pensar en sus padres. Llevaban juntos una vida, y desde que Louis era un niño recordaba que se gritaban y que golpeaban las puertas. Siempre tuvo mucho miedo, y seguía teniéndolo, nunca se acostumbró a eso. Alguna vez le preguntó a su mamá el por qué de tanto odio entre ellos, y la respuesta fue la esperable. Se habían casado porque la madre de Louis quedó embarazada después de una noche de tragos, y sus familias los obligaron a estar juntos. En ese momento no pareció tan mala idea, pero con la convivencia se dieron cuenta de que eran completamente incompatibles, pero decidieron intentarlo por el cachorro que venía en camino. La llegada de Louis empeoró todo. Los llantos del bebé que sentía lo denso del ambiente, el mal humor de la omega, la impaciencia del alfa, era una muy mala mezcla, y ellos lo sabían. Sin embargo, un año después la madre de Louis quedó embarazada otra vez, producto de una nueva noche de copas.
Y sí, Louis preguntó por qué no se separaban si se llevaban tan mal, y la respuesta de su madre lo dejó perplejo. Fue simplemente que los matrimonios no se separan, que hay que quedarse hasta el final con quien te comprometiste a pasar tu vida. Y Louis hasta ese día no lo entendía, y estaba seguro de que jamás lo haría.
Porque pese a ese ejemplo que le dieron y que le obligaron a vivir, su concepto de amor, de pareja y de matrimonio era absolutamente distinta. Sabía que no era tiempo de conocer a alguien, pero cuando lo hiciera, soñaba con un omega dulce y hogareño, alguien que amara los cachorros y que quisiera dedicarse a cuidar de su familia. Estaba consciente de que era difícil, porque los tiempos habían cambiado mucho y los omegas eran cada vez más independientes, pero soñar era gratis y él estaba bien con eso. No significaba, en todo caso, que quisiera dominar a algún chico, solo que esperaba encontrar a quien deseara su cuidado; porque de eso estaba seguro, de cuidar con su vida a quien fuera su omega.
Pensó también en Liam, en cómo se conocieron en la universidad un día en que Louis iba saliendo de su última clase del día, y Liam se había sentido mal, y lo ayudó llevándolo al baño y mojando su nuca. Luego se quedaron conversando sobre la carrera, de lo que les gustaba y mil temas más, como si se conocieran desde siempre.
Se volvieron inseparables, se hicieron mejores amigos en cosa de días y nunca más se separaron. Se amaban profundamente y cada uno siempre esperaba que al otro le pasara lo mejor de la vida. Conocían sus sombras y sus luces, y nada logró separarlos. Louis no podía agradecer lo suficiente por tenerlo en su vida.
Se levantó con cuidado y fue a cocinar un poco de arroz y pollo con verduras. Después se bañó bien, y finalmente se colocó el collarín para sentarse a estudiar mientras llegaba Liam.
Estaba, sin saber muy bien por qué, pensando en el aroma de Harry. Buscó en el navegador qué olor podía ser, pero había muchas opciones. No sabía que apenas a quince minutos de ahí, estaba el omega pensando en el aroma tan particular de Louis.
Ese día Harry pudo trabajar con normalidad, solo tenía un poco de dolor de vez en cuando, pero como su trabajo era sentado no fue tan difícil. Le gustaba mucho vender viajes y promociones, le gustaba saber de memoria la mayoría de los destinos turísticos que ofrecían, y le iba muy bien vendiéndolos. Sin embargo, soñaba con algo más entretenido, como guiar visitas en distintas ciudades.
Había empezado a enviar solicitudes a diferentes empresas, pero tuvo que detener su búsqueda cuando su mamá había empezado a sentirse mal. Había ido a tres médicos diferentes y ninguno acertaba con un diagnóstico. Le habían pedido muchos exámenes que no servían para nada, solo para botar el dinero. Y Beth cada día se sentía peor. Le dolía todo el cuerpo, sentía que su piel quemaba, se estaba deprimiendo porque cada día era más difícil levantarse. Estaba durmiendo mal, todo lo que comía la inflamaba. Harry la visitaba todos los días, por suerte vivían cerca, apenas a cinco minutos caminando rápido. Lo había decidido el omega cuando se independizó, no quería estar lejos de su mamá, a quien adoraba, al igual que a su padre.
Y esa noche, Harry pensaba en el vetiver. Había hecho una investigación y le llamó mucho la atención que Louis tuviera ese aroma tan particular que, ahora se daba cuenta, se amalgamaba a la perfección con el suyo a haba tonka y caramelo.
¿Estaría bien, Louis? ¿De verdad habría alguien cuidando de él? ¿Si lo llamaba, parecería que estaba interesado de manera amorosa? No quería arriesgarse. Había conocido demasiados alfas que con solo una sonrisa pensaban que ya iban a tener algo, y no. Harry estaba muy empecinado en dedicarse a su trabajo, a sus padres y a sus amigos, no quería un alfa, no quería cachorros en el corto plazo, no a sus 26, le faltaba mucho aún por hacer y una pareja en ese momento podía ser una distracción que no necesitaba.
Suspiró pensando en qué hacer, hasta que finalmente decidió que no lo llamaría. Si la vida lo llevaba de nuevo a Louis, sería distinto, pero él no iba a dar el primer paso. Solo pudo enviarle su energía para que estuviera bien.
Revisó en su calendario que al día siguiente debía acompañar a su mamá a una nueva doctora, una omega con muchas recomendaciones y especialista en dolor. Había pedido permiso en el trabajo, ya que su papá no podía ese día estar con su mamá.
En su teléfono vibraban las notificaciones de Zayn, su amigo del alma, a quien conocía desde que tenían siete años, y estaban en la escuela. Alguna vez tuvieron miedo de que su amistad se debilitara al separarse durante la universidad, Harry en turismo, y Zayn en gastronomía pero finalmente se dieron cuenta de que esos eran detalles y que su amistad iba mucho más allá que el tiempo que podían pasar juntos.
Hubo meses en que tuvieron que conformarse con mensajes y audios, pero sobrevivieron, y ahora habían logrado mantener una rutina que les acomodaba a los dos.
Zayn trabajaba en una panadería, cerca del centro de la ciudad. Estaba feliz de estar en un lugar como ese, donde la calidez de los hornos se contagiaba a sus dueños y a sus clientes. Llevaba apenas unos meses ahí, después de pasar por hoteles y restaurantes que solo lo hicieron odiar su carrera, hasta que llegó a ese pequeño lugar que lo acogió con entusiasmo. No le importó que su sueldo bajara, o que quizás no tendría tanta visibilidad como en un gran hotel, pero le daba tranquilidad y eso es lo que más le gustaba en la vida. Sentirse en calma, sin apuros, disfrutando de su trabajo y de sus tiempos. Y últimamente había otro motivo, un aroma especial que aparecía de vez en cuando, cuando salía el pan caliente y crujiente. Olor a cardamomo y tabaco dulce lograban envolverlo, pero no podía encontrar al alfa dueño de tan peculiar aroma. Tener una relación estable no estaba en sus planes, hasta que sintió ese aroma y la imagen de una familia se incrustó en su mente, dándole una electricidad diferente. Quizás ese alfa que rondaba su lugar de trabajo era su destinado, y esa idea lo hacía sonreír.
En ese momento estaba mensajeando a Harry para saber si podían juntarse a pasar el rato, el fin de semana. Quizás ir por una cerveza, o al cine a ver la última película de terror. Les gustaban las cosas simples, ir por un helado, cocinar en el departamento de Harry, incluso ir al supermercado por la despensa de la semana.
Harry le contestó cada mensaje, y quedaron de verse el sábado y desde ahí buscar panorama. Después, Harry se dedicó a buscar algún curso que pudiera tomar para enriquecer su hoja de vida. Quizás algún idioma, francés o italiano; quizás administración o sustentabilidad. Estuvo revisando de qué se trataba cada uno, pero no se decidió. Lo vería dependiendo del resultado de la revisión de su mamá.
Por el momento, se durmió temprano. Lo del golpe aún lo tenía agotado.
El fin de semana encontró a Louis ya casi recuperado. Había dejado de usar el collarín, pero intentaba no hacer fuerzas ni movimientos bruscos. Le quedaban medicinas para una semana más, pero por lo menos se sentía tranquilo. Había ido a buscar sus cosas en compañía de Liam, y nadie se dio cuenta, nadie lo llamó, a nadie le importó. Pero dolió, siempre le iba a doler. El auto de su papá estaría listo en una semana más, y esperaba llevarlo cuando la casa estuviera vacía. Estuvo estudiando sábado y domingo con Liam, que lo ayudó a preparar temas de exámenes, y comenzar con su proyecto final. Mientras antes, mejor.
Harry, por su lado, estaba poniéndose al día con Zayn.
—¿Cómo está tu mamá?
—No sabría decirte... —Contestó Harry. —Esta semana fuimos donde una nueva doctora, y el problema, es que hay que tomarle más exámenes.
—¿Para qué?
—Según ella, lo de mi mamá podría ser fibromialgia.
—¿Y eso qué es?
—Una enfermedad crónica. No tiene cura ni un examen para identificarla. Los exámenes son para descartar otro tipo de problemas, y por lo que nos describió la doctora, mi mamá cree que puede ser. Tiene todos los síntomas, mucho dolor, rigidez, problemas de sueño, hormigueos, problemas de memoria...
—¿Y dices que no tiene cura? ¿Y entonces?
—Solo tratamientos paliativos. Medicamentos, terapias, cambios de rutinas... Ha sido un poco agotador, pero mi mamá prefiere un diagnóstico que seguir en la nebulosa.
—Pienso igual, ojalá que sí es, se pueda empezar a sentir mejor.
—Eso espero también.
—Tengo antojo de pizza, —dijo Zayn poniéndose de pie y revisando la despensa. —Tienes todo lo necesario, ¿preparamos una?
—Qué rico, hagámoslo.
—¿Y tú? ¿Todo bien en la agencia?
—Sí, ya sabes, demasiado tranquilo. Estuve pensando tomar un curso de algo más.
—¿Algo cómo...?
—Francés o italiano, o administración... No sé, algo más para hacer. En este momento puedo hacerlo y es un plus en mi hoja de vida, sobre todo si planeo buscar otro trabajo.
—¿Y qué te gustaría?
—Me encantaría ser guía de Londres.
—Eso sería increíble.
—¿Cierto? No solo mostraría los lugares por todos conocidos, también pequeños negocios, restaurantes o tiendas de antigüedades, iglesias pequeñas... Hay tanto para ver...
—Es cierto. Muchas personas prefieren las visitas guiadas, pero se pierden de conocer la esencia de la ciudad. Sería genial tenerte de guía, estoy seguro de que aportarías mucho a la experiencia.
—Gracias amigo... —Dijo Harry, ya amasando, mientras Zayn encendía el horno. —¿Y tu trabajo? ¿Todo bien en la panadería?
—Sí, —suspiró Zayn. —Todo como siempre, igual de increíble. Esta semana pude probar diferentes recetas de galletas y tuvieron muy buena recepción. Espero pronto comenzar con los pasteles, hay mucha gente que pregunta por ellos y aún no podemos ofrecerlos porque no han terminado con las vitrinas.
—Los pasteles van a ser todo un éxito, son uno de tus fuertes, y aún no lo saben. ¿Y has podido ver al amor de tu vida?
—No...
—¿Y si es un viejito?
—No lo pensé... —Contestó Zayn, perplejo.
—Es broma. No creo que tengas tanta mala suerte.
—Espero que no... Pero sí me gustaría salir de la duda de una buena vez. Esta semana lo sentí casi todos los días, pero cuando puedo salir ya no está. Tengo que idear un plan o pedirle a alguien que me avise, no sé...
—Eso es buena idea, sobre todo porque como dices, es un aroma no muy común. También necesito saber cómo va a terminar todo.
—Vas a ser el primero en saber.
—Claro que sí, —aseguró Harry, metiendo la pizza al horno.
Pasaron la tarde conversando y comiendo. A eso de las nueve, Zayn se fue a su casa, que compartía con su mamá.
Esa noche, Louis se sentía extrañamente nostálgico. No hizo caso a las indicaciones médicas, y se había tomado una cerveza, que hizo efecto con sus medicinas, más rápido de lo normal. Liam andaba de visita donde su hermano menor, y volvería tarde, y Louis no tenía con quién desahogarse. Extrañaba a su amigo, y decidió enviarle un mensaje, en medio de su nebulosa mente.
“Eres mi mejor amigo, al que quiero más que a mi propio hermano... Jamás te he dicho lo feliz que soy de tenerte, y lo orgulloso que me siento de ti y de todo lo que has logrado. Tomé una cerveza, y no debí hacerlo, ahora todo da vueltas y gira a mi alrededor, por eso me atrevo a decir todo esto... Pero llegara mañana y no lo recordaré, pero tú si y tendrás para siempre la prueba de que soy horrible con una copa de más... ¿O ya lo sabes? Seguramente sí... Pero no me hagas caso, lo que pasa es que me siento solo...”
Apretó el botón de enviar, y cerró los ojos, sonriendo. Le sorprendió que pasaban muchos minutos y no tenía contestación. Liam siempre le respondía rápido, a no ser que estuviera realmente ocupado. Quince minutos después, y cuando empezaba a dormirse en el sofá, donde había estado leyendo uno de los textos para el nuevo semestre, sonó una notificación. Miró su teléfono, y se quedó aturdido y pasmado.
No le había enviado el mensaje a Liam, sino que a... Harry.
Abrió el mensaje, maldiciéndose por ser tan tonto y por mezclar medicamentos con alcohol.
“Hola Louis... ¿Estás bien? No sé a quién le enviaste el mensaje, pero si quieres, podemos conversar y así te sentirás menos solo...”
Harry se había sentido de mil maneras diferentes al recibir ese mensaje equivocado. Pero al leer de la soledad de Louis, su corazón simplemente se apretó de dolor. No quería que se sintiera así, y si él podía ayudar, pues lo haría.
Louis lo dudó. Sentía que de alguna manera estaba dando lástima y no era algo que lo enorgulleciera, pero era verdad. Sabía, porque lo había hablado con Liam, que estaba pasando por un momento de su vida demasiado vulnerable. El accidente, alejarse de su familia, quedar sin trabajo y cambiarse a vivir con su mejor amigo era demasiado para una sola persona. Quizás podría ser una idea no tan mala.
“Lo siento, no quise interrumpirte... Tomé mi medicina con una cerveza y todo parece ser peor de lo que en realidad es...”
“¿Cómo está tu cuello?” Harry se acomodó en su cama, estaba realmente preocupado.
“Solo me quedan unos días de medicamentos, pero ya no uso esa cosa en el cuello... Perdón por haberte chocado, de verdad lo siento mucho, no tenía un buen día, ni semana, ni mes, ni año... ni vida...”
“Estás cansado, ¿verdad? Supongo que las cosas no te han salido como esperabas... ¿Hay algo que pueda hacer para que te sientas mejor?”
“Discúlpame, es lo único que puedo pedirte”.
“Lo hago, y no te preocupes... Yo fui muy grosero también, me disculpo por eso. Lo importante es que los dos estamos bien. ¿Puedo preguntarte a qué te dedicas?”
Louis sonrió. Le gustaba esta versión más tierna de Harry. “Estudio periodismo, me interesa la política. Estoy terminando mi último semestre, porque han pasado cosas... ¿Y tú?”
“¿Periodismo político? Eso sí no me lo esperaba. Yo estudié Turismo, y trabajo en una agencia de viajes... Sé que puede parecer una pregunta un poco íntima, pero no pude reconocer tu aroma ese día, pero mi mamá me dijo que olías a vetiver...”
“Me encanta tu trabajo... Es muy bonito llevar a la gente de paseo y contarles un poco de todo... Mi aroma es todo un tema, y sí, huelo a vetiver con notas de cuero, y sé que a no todos les gusta, ni siquiera a mi familia...”
Louis se arrepintió de enviar ese último mensaje, porque era exponerse demasiado. Pero las letras se movían demasiado y apretó enviar antes de pensarlo bien.
Y Harry sabía que nunca estuvo equivocado, y que lo más probable es que hubiera algún tipo de problema ahí, pero no tenía la confianza de Louis para preguntar sobre eso. Decidió omitir esa parte. “A mí me gustó tu aroma, nunca lo había sentido, pero me parece que es muy original”.
“¿Original? El tuyo... Aún no puedo descifrarlo, ¿me ayudas, Harry bonito?”
Mientras más pasaban los minutos, peor estaba Louis.
Harry se sobresaltó al leer bonito, pero de inmediato entendió que Louis no estaba en sus cabales y que estaba mostrándose vulnerable. No iba a pensar mal ni a hacer un drama por algo tan insignificante.
“Mi aroma es también un poco extraño. Huelo a haba tonka con notas de caramelo... Y si te preguntas qué rayos es haba tonka, es una semilla de un árbol. Huele a vainilla, almendra, canela, tabaco, pistachos... Es un aroma bastante complejo en realidad”.
“Es delicioso...”Respondió Louis, sonriéndole al teléfono.
“¿Estás solo?”
Ya no tuvo contestación. Esperaba que Louis se hubiese dormido, y no se equivocó. El alfa cayó en un sueño profundo en el sofá, en una posición un poco incómoda, pero eso no le importaba a Louis en ese momento.
Harry se quedó por muchos minutos pensando en Louis. Por más que quisiera no pensar en él como en un alfa, sabía que se engañaba. Si ese día no hubiese estado tan enojado, quizás, incluso, podría haber coqueteado, pero las circunstancias lo mantuvieron lejos de eso. Louis era un alfa terriblemente atractivo y su aroma había despertado algo en él que le inspiraba confianza. Y si en un principio le pareció mal genio o demasiado serio, las palabras de su mamá resonaban en su cabeza. Toda acción tiene un por qué. Había un pasado detrás de Louis y no por no saberlo, podíamos darnos el lujo de criticar o de sacar conclusiones. Y definitivamente, Louis tenía una historia no precisamente alegre. ¿Cuál sería el problema con su familia? No podía saberlo, y adivinarlo era algo que no estaba en sus planes. Solo pudo saber, sin dudar, que Louis era increíblemente tierno y dulce. Lo decía el mensaje que había enviado, pensando en su amigo y que demostraba que era alguien sensible y preocupado.
Y el corazón de Harry se sintió cálido, y sin querer comenzó a lubricar. Era algo que no le pasaba jamás, pero conocer a un alfa como Louis y descubrirlo así, le despertó su cuerpo y sus ganas de estar con alguien. Su experiencia amorosa era casi nula, porque tenía un carácter fuerte que no dejaba avanzar a los alfas que lo intentaron. Harry siempre tuvo expectativas altas y no era fácil cumplirlas. Pero es que también estaba aburrido de escuchar lo mismo de siempre, que era un omega hermoso, que jamás le harían daño, que sería el único, y luego de un “no” los veía coquetear con otros. No eran confiables.
Tenía un lema. Para Harry era tan importante lo que no hacías como lo que hacías. Si le prometías exclusividad a alguien, no podías cambiar tu discurso a la primera negativa.
Una vez conoció a un alfa que le gustó mucho, y Harry sacó todas sus armas para conquistarlo. Dos veces la respuesta fue negativa, pero en ese tiempo, Harry jamás miró a otro hombre. La tercera vez fue la positiva y tuvieron un hermoso romance que terminó cuando el alfa quiso que Harry se embarazara, a pesar de haberlo dejado claro en un principio. El omega no tuvo dudas, y aunque sufrió por meses, simplemente no pudo seguir. Había perdido la confianza, y eso era casi imposible de cambiar.
Sacudió su cabeza para espantar sus pensamientos. Como fuera, él no estaba buscando un alfa, una relación no estaba en sus planes, porque de encontrarla, estaba consciente de que sería algo muy serio, algo para toda la vida.
Se durmió pensando en Louis.
Cuando el alfa despertó al día siguiente, cerca del mediodía, sintiéndose morir, lo primero que hizo fue ir al baño a darse una ducha con el agua muy caliente. Después de vestirse, fue a la cocina por una taza de café, y encontró una nota de Liam, que le avisaba que había ido al mercado por fruta fresca. Apenas puso el agua a calentar, apareció su amigo, cargado de bolsas.
—¡Despertaste! Me tenías preocupado, —dijo mientras dejaba las compras en el suelo.
—No sé qué me pasó... O sea sí, pero nunca me imaginé lo mal que me iba a hacer esa cerveza.
—Espero que hayas aprendido la lección. Menos mal estabas acá, a salvo y sin posibilidades de hacer algo estúpido.
—Sí... Fuera del mensaje que te mandé, nada más.
—¿Qué mensaje?
—El mensaje que te mandé... Sé que daba pena, pero puedes decirlo, no me voy a enojar.
—Louis, no me enviaste ningún mensaje, te lo juro.
—Ay no... ¿Lo habré soñado?
—Revisa tu teléfono y sales de dudas.
Louis corrió al sofá y buscó su celular. Estaba sin batería.
Maldijo un par de veces, hasta encontrar el cargador.
—Lo dejé cargando... Por mientras me como una manzana.
—¿Cómo te sientes hoy? ¿Sigues con dolor?
—No. Desperté con algo de dolor, pero el agua caliente me ayudó. Creo que dormí chueco también.
—Eso puedes jurarlo. Cuando llegué intenté ayudarte, pero no te dejaste. Solo pude ponerte una manta encima.
—Gracias...
—¿Quieres ir al cine en la tarde? Están estrenando un documental de la segunda guerra mundial.
—Me encantaría, vamos.
—Por ahora, voy a ordenar esto y luego voy a revisar algunas noticias en el computador.
—Yo preparo el almuerzo.
Louis de inmediato se puso manos a la obra. Buscó algunas verduras y preparó una salsa para la pasta que haría a último momento.
Cuando terminó, y con algo de miedo, se acercó al living y se sentó en el sofá. Tomó su celular y lo encendió. Parecía que se estaba demorando un día completo en estar listo. Aparecieron las notificaciones de siempre. Mails, algunos mensajes, promociones... Todo parecía normal. Abrió WhatsApp y vio el chat con Liam y no, no había mensajes recientes. Pero la primera conversación que estaba sin contestar, decía claramente el último nombre que esperaba encontrar: Harry.
Casi temblando la abrió y leyó todo lo que habían estado conversando. Se quiso morir de la vergüenza.
Dejó el teléfono a un lado, y se cubrió la cara con las manos. ¿Y ahora qué?
Tomó el aparato y se lo llevó a Liam.
—Lee... —pidió, sentándose en la cama, a los pies de su amigo.
Liam leyó lentamente cada mensaje, casi como si quisiera descubrir la intención detrás de ellos.
—¿Y Harry es...?
—El omega al que choqué.
—Ahhh... Es simpático, muy dulce.
—¿Es todo lo que vas a decir? No sé cómo hice tamaña idiotez, cómo no me di cuenta.
—No veo cuál es el problema. Le explicaste la situación y claramente él no tomó ventaja de eso.
—¿Y si piensa que fue todo una mentira para acercarme a él?
—¿Lo fue?
—¡Claro que no!
—Entonces no tienes de qué preocuparte. Yo le enviaría un mensaje disculpándome y cerraría el tema.
—Sí, tienes razón. Eso haré.
Caminó hacia su habitación y se acostó. Cerró los ojos un momento, y se decidió.
“Hola, ¿cómo estás? Quería disculparme por lo de anoche. Espero no haberte molestado, y si lo hice, de verdad no fue mi intención”.
Y Harry, que estaba conversando por mensajes con Zayn de lo sucedido con Louis, quedó un poco perplejo al ver la notificación entrante.
Leyó esas líneas, sin saber si contestar era buena idea. No quería volver a caer en una nueva conversación, porque le asustaba que se mal entendiera su preocupación. Pero Zayn le dio ánimos.
“Hola Louis, estoy bien, ¿y tú? No me molestaste, solo me preocupaste. ¿Amaneciste mejor? Espero que sí“.
Y Louis sintió que no podía dejar de contestar.
“Sí, a pesar de todo pude descansar, gracias por preguntar”.
“Me alegra mucho leer eso. Debo irme, espero que sigas bien”.
“Gracias y mil disculpas de nuevo”.
Louis suspiró. Eso había resultado bastante bien, ya no tendría nada que ver con Harry. Pero en ese momento, una pregunta apareció en su cabeza. ¿Es lo que quería? La respuesta llegó rápidamente: No, pero estaba a tiempo de cambiar eso. Debía enfocarse, y no estar pensando en conocer mejor al omega, no era tiempo.
No era el tiempo para ellos, porque las circunstancias los alejaban. Además, claramente Harry era un omega de carácter fuerte, nada sumiso, y muy independiente. Todo lo contrario a lo que él buscaba en una pareja. Volvió a suspirar, y decidió ir a estudiar por mientras les daba hambre.
En su departamento, Harry había terminado de mensajearse con Zayn. Le había mandado captura de la conversación, y Zayn le dio tranquilidad. Le dijo que no leía nada comprometedor; por el contrario, solo mensajes que cualquiera mandaría en esa situación. También le dio valor para contestar el último mensaje de Louis. Pero Harry no dejaba de pensar en el alfa. Le picaban las manos por escribirle y descubrir el dolor que había detrás de ese primer mensaje. ¿Por qué se sentía solo? Quizás era alguien con pocos amigos, además de tener una mala relación con sus padres. No era de curioso, era que simplemente le llamaba la atención de un alfa como Louis que parecía ser tan... diferente.
El día del accidente, más que encontrar un alfa mal genio, ahora se daba cuenta, conoció a un chico que parecía ido, preocupado e incluso triste. Y eso no calzaba con la imagen prepotente y segura que tenía, y eso era algo que Harry no terminaba de entender. Era un alfa como nunca conoció y sí, le llamaba la atención como hace tiempo no lo hacía alguien más.
El día lunes llegó rápidamente, y mientras Harry estaba trabajando en la agencia, y Louis estudiaba en sus clases, recibieron una llamada del juzgado de policía, que les pedía presentarse ese mismo día en las instalaciones de la oficina ubicada detrás del ayuntamiento.
A las cuatro en punto llegaba Louis, nervioso de saber qué pasaría. Lo hicieron seguir a una pequeña oficina, donde le informaron de la multa que debería pagar y que era bastante alta, debido a que andaba a exceso de velocidad, sin cinturón de seguridad y pasándose un alto. El alfa quería morirse, nunca imaginó que fuera tanto dinero, y si no lo conseguía pronto, le quitarían su licencia.
Estaba cabizbajo, pensando si era buena idea ir a hablar con su papá, aunque eso le significara una gran humillación o intentar buscar por otro lado, cuando apareció Harry, sorprendido de ver a Louis ahí.
—Hola, —saludó con timidez el omega, al notar el aura de tristeza del alfa.
—Harry, hola... ¿Cómo estás? ¿Qué haces aquí?
—Bien, gracias... Me citaron pero no sé por qué... ¿Y tú?
—La multa, —contestó entregándole el papel.
—Hey, es muy alta. ¿Tienes como pagarla?
—Perdí mi trabajo con lo del accidente, no tengo de dónde sacar dinero y perder mi licencia sería... una cosa más que agregar a mis desgracias...
Harry se quedó en silencio unos minutos, en los que analizaba cómo ayudar a Louis. Iba a decir algo, cuando apareció el policía encargado.
—Buenas tardes. Joven Styles, le he pedido que se presente porque está en su derecho de interponer una demanda en contra del joven Tomlinson, por los hechos ocurridos.
Y Louis palideció. ¿En serio?, pensó angustiándose.
—No, de ninguna manera haría eso, —afirmó Harry, espantado ante tal posibilidad. —Yo no sufrí lesiones y mi auto ya está reparado. No es necesaria ninguna demanda...
—Entiendo. Entonces, pueden retirarse. Buenas tardes.
—Buenas tardes, —dijeron al mismo tiempo, saliendo del lugar.
Una vez afuera, el omega pudo notar el aroma tan triste del alfa, haciendo que algo en su interior quisiera calmarlo y cuidarlo, abrazarlo hasta que la calma lo envolviera. Algo completamente ridículo. ¿O no?
—No quiero que te sientas mal u ofendido por lo que te voy a decir. Pero puedo pagar tu multa y tú me lo devuelves en cuotas, ¿qué dices? —Preguntó Harry, de verdad, sin malas intenciones.
Las mejillas de Louis se tiñeron de carmín y la vergüenza apareció. Si el ofrecimiento hubiera sido de parte de cualquier otro omega, la hubiese rechazado de inmediato. Pero estábamos hablando de Harry, y en vez de provocarle rabia, se sintió humillado, al no ser capaz de mostrarse como un verdadero alfa. Con mucho esfuerzo pudo hablar.
—Yo... de verdad lo lamento mucho, no quisiera molestarte más, pero no tengo a quien más recurrir. Te lo agradecería mucho... De verdad...
—Ya vengo.
Se demoró cerca de diez minutos adentro, y salió con la boleta y el documento de pago en la mano.
—¿Pagaste ahora?
—Sí, así la multa baja su valor. Mira, salió la mitad de lo que te habían dicho.
Louis sonrió, por fin, después de mucho tiempo, con todo su ser. —Jamás podré retribuirte esto, en serio. Dime cómo te voy a pagar.
—No, dímelo tú. Tú tienes que organizarte, a mí me da lo mismo.
—¿Puedo escribirte en la noche? Voy a hablar con mi mejor amigo, y veo si él puede ayudarme.
—Claro, mándame un mensaje y nos ponemos de acuerdo.
—Gracias...
La mirada de Louis era indescifrable. Encerraba no solo agradecimiento y gratitud; también tenía luz, tenía un querer volver a verse, tenía un poco de esperanza.
Sin quererlo, Harry liberó un poco de su aroma, con las notas de caramelo dominando. Cuando se dio cuenta, se dio media vuelta y se fue, casi corriendo, sin una despedida.
Louis solo pudo cerrar los ojos, y disfrutar de lo maravilloso y acogedor de ese olor que le provocaba tranquilidad y calor. También ganas de dejarse querer, de mostrarse vulnerable, de poder ser quien era en realidad. ¿Por qué Harry le provocaba eso? Ahora pudo verlo mejor, perderse en su piel nívea, en el verde de sus ojos brillantes, en lo suave que se veía su pelo, en sus mejillas sonrosadas, en sus labios llenos y sobre todo en su sonrisa. En su manera de morderse el dedo, como si estuviera nervioso y al mismo tiempo mostrarse seguro y un poco feroz. Lamentaba que su imagen de alfa haya quedado en el suelo, pero no pudo hacer nada para evitarlo.
No sabía que Harry estaba a punto de desmayarse. Se había dado cuenta de la lucha interna que le significó al alfa el aceptar su ayuda, pero sobre todo, volver a verlo vulnerable y frágil, a sus ojos lo volvió fuerte y verdadero, casi inalcanzable, alguien digo de admirar, tan lejos de los alfas descarados y prepotentes que había conocido. ¿Cómo era posible que Louis no tuviera omega? ¿Acaso nadie notó lo hermoso de sus ojos azules o cómo su sonrisa iluminaba al mismo sol? ¿Alguien pudo pasar por alto su aroma tan especial? ¿Y qué decir del magnetismo propio que irradiaba su piel dorada? A pesar de haber caminado rápidamente, el aroma de Louis parecía envolverlo, y no tenía sentido.
Llegó a su departamento y de inmediato le mandó un mensaje a Zayn. A los pocos minutos entraba una llamada de su mejor amigo.
—¿Qué pasó? ¿Por qué tanta urgencia?
—Zayn, no sabes. Me llamaron de la policía y me citaron, vengo llegando.
—¿Por qué?
—Me preguntaron si quería poner una denuncia en contra de Louis.
—Y supongo que dijiste que no.
—Eso es obvio.
—¿Entonces?
—Él estaba ahí... Le pasaron el detalle de la multa.
—¿Hablaron?
—Un poco... No sabes, él se veía tan triste, tan preocupado... Se me partió el corazón. No sabía cómo iba a pagar, se quedó sin trabajo... y yo no sé... Lo único que pude sentir fue querer consolarlo, no entiendo qué me pasa, tú sabes que yo no soy así...
—Ay amigo, creo que es eso que le llaman destino. Louis debe ser tu alfa.
—Pero apenas lo conozco... Ni siquiera sé si queremos lo mismo en la vida...
—¿Te das cuenta de que ni siquiera lo niegas? Y lo de conocerse se arregla fácil, es cosa de que se junten y salgan un par de veces. Así pueden saber qué quiere cada uno, y aunque no quieran lo mismo, pues nadie dijo que tenía que ser fácil.
—...
—¿Harry? ¿En qué piensas?
—Pagué su multa... Él me va a pagar en cuotas...
—¿De verdad lo hiciste?
—Me rebajaron la mitad, y sabes que no tengo problemas económicos. Simplemente no lo pensé mucho.
—O sea que tienen que seguir en contacto...
—Sí...
—¿Ves? Es el azar que se ha confabulado a su favor.
—No seas ridículo...
—Ríete, puede ser el comienzo de una bonita historia. Ya no puedes decir que no te gusta.
—¿Cómo no me va a gustar? Él es tan lindo... —suspiró.
—Uy, ya caíste. Pero me sigues contando en que van las cosas. Ahora te dejo porque me falta hornear una bandeja de galletas extra. ¡Te quiero amigo!
—Nos vemos, te quiero...
Y en la soledad de su departamento, Harry no dejó de pensar en Louis, mientras esperaba su mensaje en cualquier momento.
Louis, en cambio, esperaba a que llegara Liam para hablar con él. Y mientras eso pasaba, se dedicó a buscar trabajo. Envió algunas hojas de vida actualizadas a diferentes lugares, y después preparó la cena.
Liam llegó muy alegre como siempre, con una gran bolsa de papel con galletas recién horneadas que de inmediato fueron atacadas por Louis.
—¿Son del lugar de tu amor? —Preguntó.
—Sí... Dime si no son de los más rico que has comido.
—Son deliciosas.
—Hoy pude sentir su aroma más marcado, quizás estaba más cerca o no sé... Creo que un día de estos no voy a soportar más esta situación y voy a entrar a registrar a todos en el local.
—Te creo.
—¿Por qué tienes esa cara? Preguntó Liam, notando algo extraño.
—Pasó algo... Hoy me llamaron de la policía, para darme el detalle de la multa.
—¿Es muy alta?
—Demasiado... Pero espera... Cuando estaba ahí, llegó Harry. Lo llamaron por si quería demandarme por daños...
—No lo hizo, ¿verdad?
—No.
—¿Y entonces?
—Le dije que estaba muy mal porque no tenía cómo pagar la multa, y no sé qué cara puse, que él la pagó y ahora yo le debo a él...
—¿Él la pagó? Vaya, eso si no me lo esperaba.
—Mira, ¿Crees que me puedas ayudar? Se me cae la cara de vergüenza, pero ya estoy buscando trabajo.
—¡Le rebajaron la mitad! Y no te preocupes, podemos pagarle en una cuota si quieres.
—¿De verdad? ¿No es mucho de golpe? Recuerda que yo también soy un gasto...
—No lo eres, Louis. Entiéndelo, ¿sí?
—Está bien...
—Mejor cuéntame... ¿Cómo fue verlo?
Louis se ruborizó. —Él es hermoso... Es un omega tan diferente a los que conocí, que yo no sé qué me pasa. Es como si con él pudiera mostrarme vulnerable, y al mismo tiempo me duele tanto que nos hayamos conocido así y que él me vea como un pobre alfa sin futuro...
—¿Crees que así te ve?
—Sería imposible que fuera de otra manera. Las dos veces que nos hemos visto yo he estado en una posición de desventaja, han sido días difíciles, tú lo sabes... Dudo que él piense que soy un alfa digno de él...
—¿Y por qué te importa? Pensé que no te interesaba tener un omega, mucho menos Harry.
—No estoy en posición de tener una pareja, no tengo nada que ofrecer. Y me duele, porque no puedo negar que Harry me provoca muchas cosas, que su aroma me calma, que me enamoré de su sonrisa y de su tic de morderse el dedo...
Liam lo quedó mirando como si fuera un extraterrestre. —Hermano, creo que caíste prendado de Harry.
Y Louis no pudo contestar.
Después de la cena, Louis, muy nervioso, decidió enviarle un mensaje a Harry.
“Hola, Harry, ¿cómo estás?”
“¡Hola! Estoy bien, ¿tú?”
“Bien, gracias por preguntar. Quería decirte que hablé con mi mejor amigo, y puede prestarme el dinero. Necesito que me des tus datos para hacerte la transferencia”.
Y Harry se sintió desilusionado. Después de que Louis le pagara, no tendrían ningún motivo para seguir en contacto.
“Me alegra mucho que puedas tener la ayuda de tu amigo, pero lamentablemente, mi cuenta está con problemas. Me la acaban de suspender porque al parecer quisieron sacar dinero. Tendrías que esperar a que se solucione...” Mintió descaradamente.
“Oh, lo siento mucho. Pero no te preocupes, yo espero lo que sea necesario. ¿Me avisas cuando recuperes tu cuenta?”
“Claro, yo te aviso... Te quería preguntar, porque me quedé pensando en que te quedaste sin trabajo, ¿en qué estás buscando?”
“Lo que sea que pueda hacer durante las tardes. En las mañanas estudio, por eso no puedo tener un trabajo que me tome todo el día”.
“¿Da lo mismo en qué?”
“Sí, me da igual”.
Y esa declaración, terminó de enamorar a Harry. Definitivamente Louis era especial.
“Como te dije antes, trabajo en una agencia de viajes, y están buscando una persona que pueda hacer algunos trámites y envíos durante la tarde. Hay un chico que lo hace de mañana, pero ya no puede ir el resto del día. Si quieres, me puedes enviar tu hoja de vida y se lo paso a mi jefe”.
Y ese ofrecimiento, terminó de sepultar el orgullo del alfa. Pero la necesidad era más grande que el orgullo.
“Creo que jamás podré agradecerte todo lo que haces por mí. Ojalá un día pueda retribuir todo esto”.
“No te preocupes, Louis... No me cuesta nada. Me puedes enviar por aquí mismo tu hoja de vida, así mañana te puedo dar respuesta”.
“Lo hago de inmediato”.
“Te dejo entonces y te aviso apenas tenga noticias del trabajo o del banco. Descansa...”
“Que tengas lindos sueños...”
Los dos abrazaron sus teléfonos, sintiéndose tontos.
Antes de dormir, cada uno hizo confidencias con sus mejores amigos, y sin darse cuenta ya estaban listos para dormir.
Cuando Harry llegó ese día a trabajar, habló de inmediato con Angello.
—¿Te acuerdas que querías buscar a alguien que trabajara medio día?
—Sí, lo necesitamos casi con urgencia, pero hay pocos chicos a los que les interese trabajar en las tardes.
—Te tengo al mejor candidato, y si no lo contratas lo voy a tomar como algo personal. Aunque sea pruébalo, por favor.
—¿Por qué tanto interés?
—Necesita trabajar, y tiene libres las tardes porque en las mañanas estudia. Es un alfa...
—Entiendo. Bueno, lo voy a llamar y pedirle que venga a probarse.
—¿Puedo avisarle yo?
Angello sonrió. —Hazlo. Dile que sería ideal si viene hoy.
—¡Gracias! —Gritó Harry, saliendo velozmente hacia el baño para avisarle a Louis.
Tomó su celular y entró a los mensajes.
“Hola, te tengo noticias. ¿Crees que puedas venir hoy a probarte?”
Apenas diez segundos se demoró en tener la respuesta.
“¿En serio? Mándame la dirección, ¡gracias!”
Harry le envió los datos, y volvió a trabajar, ansiando que la tarde llegara pronto para poder ver al alfa.
Louis se dedicó a estudiar con más ganas, y una vez que terminó sus clases, se comió un sándwich mientras iba camino a la agencia. Iba nervioso, no por el trabajo, sino que por ver a Harry y quedar mal.
Llegó cerca de las dos de la tarde, y Harry estaba almorzando. Pero lo recibió Angello, quien le hizo una pequeña entrevista, donde definieron las condiciones en caso de que se quedara con el trabajo. De inmediato Louis fue enviado a pagar algunas cuentas, por lo que dejó su mochila detrás de uno de los escritorios y se fue.
Cuando Harry volvió, encontró la mochila del alfa detrás de su escritorio. La tomó y la llevó hacia una pequeña sala donde guardaban las cosas importantes.
Una hora después, el omega vio entrar a Louis y casi cae de rodillas frente a él. Se veía hermoso con su pelo desordenado, y sus mejillas arreboladas por el calor.
Apenas sus miradas se cruzaron, sonrieron y se saludaron con la mano, como dos niños pequeños.
En el tiempo que a Louis le quedaba libre, se dedicó a mantener limpio el espacio, algo que Angello agradeció mucho, ya que no siempre alcanzaban a limpiar lo suficiente o a ordenar los folletos. Al terminar el día, Louis había sido contratado.
El alfa esperó a Harry a la salida.
—Hola, —saludó nuevamente. —No podía irme sin agradecerte... Desde mañana empiezo y no te imaginas lo feliz que estoy.
—Puedo sentirlo. Tu aroma está más dulce... Y de verdad no tienes que agradecer... —contestó todo tímido, desconociéndose.
—¿Tomas bus para ir a tu casa? —preguntó el alfa.
—Sí. El auto lo dejo para otro tipo de salidas.
—¿Te puedo acompañar?
—Claro...
Caminaron en silencio la mayor parte del tiempo. No se atrevían a preguntar todo lo que querían saber, y eso los tensaba porque pensaban que el otro los estaba juzgando y no podían estar más equivocados.
—¿Vives muy lejos? —Preguntó, por fin, Louis, sintiéndose el más estúpido alfa de la tierra.
—En bus a veinte minutos, en auto a quince. ¿Y tú?
—En bus una media hora, creo. Es primera vez que haré el viaje desde aquí. Siempre lo hago desde la universidad.
—Tienes razón. ¿Cómo vas con eso?
—Bien. Liam, mi mejor amigo es periodista también y me ha ayudado mucho a estudiar y a preparar mi último semestre y mi tesis.
—¿Viven juntos?
—Sí, hace poco... En realidad desde el accidente...
Harry notó el cambio en la voz del alfa, y no sabía si preguntar o no. Pero realmente no quería esperar más, necesitaba saber por qué Louis se entristecía de esa manera.
—¿Sabes? Siempre he sido muy directo, y lamento mucho si soy imprudente, pero no puedo quedarme con la duda, y no lo pregunto por chismoso, es solo que... Me preocupas...
—Puedes preguntar lo que quieras, no me parece imprudente... Además, vamos a trabajar en el mismo lugar, es natural que nos acerquemos...
Los dos sonrieron.
Ya habían llegado al paradero, y estaban sentados esperando.
—El día del accidente, noté que tu relación con tus padres no es buena, y eso me lo confirma el hecho de que hayas salido de tu casa...
—Mi familia, es... Cualquier cosa menos una familia, —comenzó a contar Louis, mirando hacia el suelo. —Mis padres se casaron obligados porque mi mamá quedó embarazada, y es algo de lo que siempre me ha culpado. Con mi padre se odian, se gritan todo el tiempo y mi único hermano, menor que yo, solo sabe agregar drama. Me ha costado mucho entender que debía alejarme, que no necesitaba ese nivel de toxicidad en mi vida, pero no ha sido fácil... Sigo pensando que quizás pude hacer algo más por arreglar las cosas.
Una vez más, el corazón de Harry se estremeció al notar el dolor en la mirada de Louis. Quería abrazarlo y marcarlo con su aroma, mecerlo, cambiar su energía con besos llenos de ternura.
El omega se espantó de sus propios pensamientos. Estaba avanzando demasiado rápido su atracción por el alfa.
—No puedo imaginar lo difícil y triste que ha sido ese proceso para ti, pero creo sinceramente, que la culpa que sientes es debido a lo que aprendiste y te enseñaron. ¿Cómo vas a culpar a un embarazo de tus malas decisiones? Siempre puedes decidir no tenerlo, puedes decidir si quedarte o no con quien no amas, y aún si decides quedarte e intentarlo, nada justifica la violencia. Mis padres se separaron cuando yo tenía cinco años, y aunque fue complicado al principio, ahora se llevan increíble. Nos vemos los tres todo el tiempo, y aunque no todas las historias tienen un final feliz, creo que lo mínimo que podemos hacer, es asumir las responsabilidades que nos tocan.
Louis se quedó en silencio, analizando las palabras de Harry, y sintiendo que sí, tenía razón. Miró al horizonte con su mirada más tranquila.
—Gracias... Yo no sé cómo lo haces, pero de alguna manera siempre me terminas dando paz...
A Harry se le secó la boca. —Muchas veces nos demoramos en entender cómo funcionan las cosas, pero piensa que como sea, te queda la última parte de tu carrera y podrás buscar un mejor trabajo. Ya saliste de tu casa, y has hecho cosas que no imaginabas hace un mes atrás. Estás avanzando mucho...
Omitió decir que, además de todo eso, tenía un admirador a sus pies.
—Creo que te voy a aburrir de tanto darte las gracias, pero te juro que no sé qué más hacer. Ese accidente, definitivamente cambió mi vida, —aseguró mirando a Harry, intentando transmitirle un poco de lo que comenzaba a sentir.
Y Harry pudo sentirlo, porque sus mejillas se colorearon sin querer.
—Ese es mi bus... Debo irme, nos vemos mañana...
—Cuídate...
Harry subió al bus, y tomó asiento al fondo, desde donde no podía ver a Louis. Ahogó un grito en su mochila, intentó que su corazón dejara de latir, pero ¿por qué estaba tan acelerado por una simple conversación?
Fácil, porque Louis era el alfa que pensó no existía. ¿Y cómo lo sabía si apenas habían tenido una conversación real? Porque Harry pudo darse cuenta de que en cada palabra de Louis había verdad. No existía el menor atisbo de falsedad, de querer mostrarse diferente, de manipular la conversación. Nada. Solo un alfa abriendo su corazón y la parte más difícil de su vida, y eso hacía que temblaran sus rodillas. ¿Podría coquetear con Louis? ¿Intentarlo? Tenía mucho miedo de ser rechazado, y quizás estaba siendo demasiado acelerado. Decidió esperar un poco más, para saber bien qué esperaba Louis para esta etapa de su vida, porque quizás ni siquiera quería una relación o tal vez buscaba algún omega diferente a lo que Harry era.
Y Louis, pensaba en que cada vez el omega se volvía más inalcanzable. La vergüenza que sentía era gigante, jamás debió abrirse de esa manera con Harry. Mientras iba en el bus, pensaba, en que ahora sí había hecho el ridículo, porque, ¿qué alfa, que se precie de tal, da esa imagen de sí mismo?, ¿desde cuándo mostrarse frágil era una manera de conquista? Y además de todo, para coronar, estaba casi seguro de que Harry no era el omega que el pensó le gustaría. A leguas se notaba lo independiente, seguro y capaz que era, y contrario a lo que imaginó, le encantaba.
Lo consolaba saber que se verían todos los días, aunque fuera por algunos momentos. Pero por mientras llegaba el nuevo día de trabajo, tenía mucho que estudiar. No bastaba con terminar el semestre, debía ser el mejor.
Esa primera semana de trabajo pasó así, con Louis estudiando fuerte, y trabajando mucho en las tardes. Independiente de sí se veía mucho con Harry o no, siempre caminaban juntos al paradero. A veces en silencio, a veces hablando del movimiento en la agencia.
Ninguno se había atrevido a algo más, porque de alguna manera, querían disfrutar esos pequeños momentos y avanzar podría significar un retroceso en su ¿amistad?
Sin embargo, Harry no se sentía a gusto sin saber a dónde estaban. Necesitaba saber si podía seguir ilusionándose, o de una vez terminar con todo. Esperaba el lunes poder hablar con Louis, y de alguna manera preguntarle lo que quería saber.
El sábado, Harry acompañó a su mamá donde la doctora que la estaba viendo, para llevarle los exámenes que le había solicitado.
—Bien, Beth. Según los estudios, podemos descartar todos las enfermedades que estaban en la lista. Definitivamente lo tuyo es fibromialgia.
—Es bueno saberlo, pero ¿y ahora? —Preguntó Harry.
—Ahora, Beth, vas a ir con una nutricionista para que cambies tu dieta. Ojalá cero azúcar, muchos alimentos frescos, y que ayuden a desinflamar. También te voy a dar vitaminas, y medicamentos en caso de dolor que no puedas tolerar. Vas a comenzar con una rutina de sueño, que es básicamente dormir cada día a la misma hora, en silencio y en oscuridad. Nada de pantallas una hora antes, y cena liviana. Vas a empezar a tomar terapia también, para aprender a sobrellevar este diagnóstico. Te voy a derivar a un médico especialista, amigo mío, que está muy avanzado en el tema de la fibromialgia y otras enfermedades autoinmunes.
La doctora revisó y firmó cada uno de los papeles que le entregó a Harry en una bonita carpeta.
—Muchas gracias, —dijo Beth. —Ha sido muy amable, y de verdad me ha ayudado mucho.
—Espero que puedas sentirte mejor, un gusto conocerlos.
—Nos vemos, —se despidió Harry, dándole la mano a la doctora.
Salieron del box de atención, hacia la recepción, donde agendaron las citas para los tres profesionales que debería empezar a ver Beth y desde ahí Harry la acompañó hasta su casa y almorzaron juntos.
—Es mi idea, o siento que hay algo que no me estás contando.
—No es que no te haya querido contar, mamá, pero tú misma te has dado cuenta de que no hemos tenido tiempo esta semana. ¿Dónde está papá?
—Iba a almorzar con unos amigos y dijo que pasaría a verme en la noche.
—Menos mal, es bueno que no te deje sola.
—Ay Harry, somos amigos, no lo olvides. Él no tiene ninguna obligación conmigo.
—Pero mamá, cuando no viene eres la primera en preguntar si le pasó algo.
Ya habían puesto los cubiertos en la mesa, y se sentaron a comer.
—Pero es que a veces se desaparece sin avisar.
Harry miró a su mamá con cara perpleja. —No te entiendo, pero en fin. ¿Te acuerdas de Louis?
Beth se quedó en silencio, tratando de recordar, mientras terminaba de masticar su pollo al horno. —¿Louis? ¿El alfa del choque?
—Sí.
—No he dejado de pensar en él ni un solo día. ¿Volviste a saber de él?
—Más que eso... Primero me mandó un mensaje por equivocación, después nos vimos en el juzgado de policía porque me citaron para poner una demanda en su contra, y luego de alguna manera terminó trabajando en la agencia, de mensajero y haciendo aseo...
—¿Y tú no tuviste nada que ver?
—Yo hablé con Angello para que lo probara, pero él se ganó su puesto. Tenía mucha necesidad, está viviendo con su mejor amigo, salió de la casa de sus padres. Lo ayudé con el pago de la multa... Han sido muchas cosas, mamá.
—Y ahora estás loco por él, ¿verdad?
—¿Tanto se me nota?
—Nunca te escuché hablar así de alguien, y creo que lo tuyo es peor, porque hay mucha admiración. ¿Me equivoco?
—No mamá... Al contrario... Imagínate, un alfa como él, con esa energía tan fuerte, está feliz en un trabajo que a muchos otros avergonzaría, pero él no... Él está agradecido de todo, de mí también, y yo tengo miedo...
—¿Piensas que no eres lo que él busca?
—¿Eres bruja?
—Soy tu mamá, te conozco demasiado.
—Es cierto, pero sí, eso me asusta mucho.