1.1 La historia de un pobre diablo
Esta historia se remonta hace 12 años cuando los Huminara se encontraban debajo de la cadena alimenticia del poder global de los Hargraves, debajo de la superficie del planeta Kepler 22B una civilización distopica casi esclavista alberga el pasado de un joven de 16 años que sera el precursor de una revolución que afectara el curso de la historia, su nombre es desconocido pues era llamado como Diablos, sin familia, sin un propósito voluntario, trabaja para el Tirano y sus caprichos, esta es su historia.

El subterráneo era un laberinto de túneles y cavernas iluminadas por la tenue luz de antorchas, donde el aire estaba impregnado de humedad, mugre y desesperanza. Este lugar era tanto hogar como prisión para aquellos que no tenían cabida en el mundo de la superficie: los parias, los débiles, los olvidados, los rotos. Entre ellos estaba lo que más adelante seria el futuro pueblo del clan Diamante y su futuro líder Diablos Diamond, un joven de cabello café desordenado sucio, piel marcada por cicatrices y ojos verdes apagados, a su lado estaban sus tres colegas más cercanos, con los cuales ejercía actividades como extracción de minerales preciosos o la búsqueda de alimentos hacia la tan prohibida y temida superficie.
Diablos camina junto a tres colegas, todos cubiertos de polvo y heridas frescas. A su espalda lleva un saco de minerales, y en su rostro hay una mezcla de cansancio y resentimiento. Su mirada se pierde en las enormes murallas de cristal donde reside su gobernante, un recordatorio constante del poder del Tirano.
Uno de los compañeros, Darek, jadea mientras intenta seguir el ritmo.
Darek: (quejándose) ¡Otra maldita misión! ¡Ni siquiera podemos comer!
Diablos: (sin detenerse) Calla, Darek. Si los soldados nos oyen, terminarás en las mazmorras o peor.
Darek: (murmurando) Peor que esto, imposible...
Kale interviene:
Kale: (con sarcasmo) Cuidado, Diablos. Algún día el Tirano querrá ver si eres tan fuerte como dices, y entonces veremos si sigues tan callado.
Diablos se detiene en seco, girándose hacia Kale con una mirada que quema con pizca de desafío.
Diablos: (frío) No hablo porque no hay nada que decir. Pero si el Tirano quiere verme caer, tendrá que trabajar más duro.
El grupo queda en silencio mientras continúan su camino hacia la plaza central.
Al llegar a la plaza donde se esta el mercado del sector hueso se comercializa alimañas como ratas, insectos, serpientes y todo tipo de animales rastreros que son usados para fines alimenticios. Las mujeres, niños y ancianos intercambiaban raciones ya sea por herramientas o en algunos casos extravagantes se vendían niños o ancianos se rentaban para realizar tareas de cualquier índole.
Diablos se detiene un momento, observando a su alrededor. Su mirada se endurece al ver a los soldados inspeccionando a los más jóvenes (Niños y adolescentes), buscando “reclutas o adornos” para enviar a las minas o para los caprichos sexuales del Tirano. Diablos molesto y con rencor solo realiza un chasquido entre dientes.
Diablos: (en voz baja) Son basura... todos ellos, no tolero a esos imbéciles...
De pronto, los alaridos de una discusión captan su atención. Pues en un puesto donde venden pan, una niña de 12 años de cabello verde cenizo y ojos verdes discute con un vendedor que intenta arrebatar un pequeño pan, pues el dinero dado no es suficiente para el comerciante.
Vendedor: (gritando) ¡Te dije que esto no es suficiente! (Lanza el dinero en el rostro de la niña) ¡Vuelve cuando tengas algo que valga la pena... O dile a tu madre que si quiere comida debe hacerme unos favorcitos en privado.
Niña: (desafiante) Te di lo que tengo. Mi madre dice que este dinero debería alcanzar para dos días, no para llenarte los bolsillos, viejo cerdo.
El hombre levanta la mano, dispuesto a golpear a la niña. Antes de que pueda hacerlo, Diablos en un movimiento rápido se interpone entre ambos y sujeta el brazo del vendedor.
Diablos: (con voz baja y peligrosa) ¿No crees que golpear a alguien más débil que tú, te hace un cobarde viejo?
El vendedor retrocede al ver la intensidad en los ojos de Diablos. Sin más, responde.
Vendedor: (Molesto) Tss ¿Y tú quien carajos te crees escoria, piensas pelear por esta pendeja, crees que le saldrá gratis ese pan a la muerta de hambre? No señor, paguen antes de que solicite justicia divina de nuestro señor o sufre las consecuencias de tus actos.
Diablos sin más que hacer viendo que los soldados se acercan, lanza un pequeño mineral apenas pulida por él, apaciguando la ira del comerciante.
Diablos: Toma, esto es suficiente ¿No? Ahora no se te vuelva a ocurrir intentar golpearla, no seré gentil a la próxima.
Vendedor: Tsss, escoria tienes suerte que no estés en la mazmorra... (Se aleja y vuelve a su puesto)
La niña observa a Diablos con una mezcla de sorpresa y desconfianza.
Niña: (cruzándose de brazos) No necesitaba tu ayuda, aunque te lo agradezco, supongo.

Diablos arquea una ceja, estudiando la actitud de la niña de 12 años.
Diablos: (seco) La próxima vez, aprende a obedecer, puede que te metas en problemas si desafías a alguien más fuerte que tú.
La niña no responde de inmediato. En cambio, toma el pan del suelo, lo sacude y le lanza una mirada desafiante.
Niña: Imbécil entrometido.
La niña huye de la escena, alejándose de Diablos, mientras que el evalúa lo que ha sucedido, él está acostumbrado a órdenes, insultos y gritos, pero no a alguien que le hable con tal descaro.
Finalmente, sacude la cabeza y se da la vuelta, volviendo a su labor de llevar los minerales junto con sus colegas que lo observan con miradas burlonas.