Mi Quebranto

Summary

Los personajes como el mundo cinematográfico de la serie/ pelicula/ libros de "How to Train Your Dragon" o más conocida como "Como entrenar a tu dragón" no me pertenece, le pertenecen a DreamWorks y Cressida Cowell. Ninguna de las imágenes son mías, todo es a su respectivo autor(a). Portada hecha por CANVA. Separador hecho por CANVA. No gano dinero haciendo esto, esto es solo algo de Fan para Fan. •❅──────✧❅✦❅✧──────❅• "Tus ojos brillando"

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1: My Brokenness


Aquellos ojos, tan iguales y tan distintos de los míos…

El simple hecho de verlos, y verme reflejado en ellos, era magnífico. Mágico. Algo tan grácil.

Siempre me perdía en su fulgor, como si buscara una palabra, una historia… o tan siquiera un poco más del cariño que siempre me diste, aunque yo, ciego, no supiera verlo.

Me ardía el pecho cada vez que pensaba que podría perderte; me enloquecía imaginar que, algún día, todo lo que conocía de ti se disolvería, y te irías de mi lado.

Me dolió el alma verte perder el control ante el Alfa de dragones y Drago. Me quemó el corazón contemplar cómo asesinabas a mi padre, y cómo, por un instante, tus ojos parecían los de siempre… pero tú ya no estabas ahí. Aun así, te busqué en ellos.

Me rompió el alma verte… verte en aquellos ojos, intentando volver en sí.

La sangre me rugía en las venas al ver cómo Drago te golpeaba. No quería mirar. Quería destruirlo. Y esa oscuridad que rara vez dejaba salir, esa furia silenciosa, emergió con fuerza, queriendo lanzarme contra todo.

Pero mi corazón volvió a latir cuando vi que tú —mi Toothless— te interpusiste frente al Alfa para protegerme.

Entonces supe que, pase lo que pase, seguiríamos unidos. O eso creí.

Hubo un momento —tan breve, tan eterno— en que descubrí que el enemigo ya no era Drago ni el Alfa.

Era mi propio miedo.

Lo vi en tus ojos la primera vez que la viste a ella: la Light Fury.

Un destello de curiosidad, de vértigo… de libertad.

Y algo en mí se estremeció. El pacificador de dragones, el futuro jefe que soñaba para Berk un mundo de respeto mutuo, gruñó por dentro como un crío egoísta.

«Es hermoso», me dije; «es lo que deseabas para él», me repetí; «todo está bien»…

Mentiras. Porque cada vez que rozabas sus alas con las tuyas, mi estómago se anudaba.

Porque cada vez que tu cola rozaba la suya, mi pecho crujía.

Porque tu risa muda ya no me buscaba primero a mí.

Me avergonzaba de esos celos. ¿Cómo podía odiar algo tan puro si yo mismo había luchado por esa paz?

Y, sin embargo, las noches me encontraban despierto, imaginando mil razones para retenerte.

«Solo para entrenar», «solo un vuelo más», «solo hasta mañana…».

Hasta que la verdad me mordió más hondo que cualquier fauces:

no era el amor de un amigo lo que me ardía.

Era algo más vivo, más salvaje, más prohibido.

Un lazo que ninguna palabra vikinga sabía nombrar.

Los primeros días sin ti fueron un eco constante.

Cada rincón de Berk, cada brisa en la cara, cada chispa en la herrería me recordaba tu aliento, tus garras, tu risa muda.

Te veía en las nubes. Te buscaba en los mares.

Me prometí no odiarla. Ella solo te mostró un cielo que yo nunca podría darte.

Pero cada vez que evocaba tus escamas junto a las suyas, escapaba una punzada que me recordaba lo que perdí.

Pasaron los años. El pueblo creció.

Yo también. Me volví líder, esposo, padre.

Y descubrí que el corazón, por tozudo, aprende a latir con más de un amor a la vez.

Pero nunca dejé de ser ese chico flaco que encontró a un dragón herido en el bosque.

Porque tú no eras un dragón cualquiera.

Eras parte de mí.

Y aunque el tiempo quiso que tomáramos caminos distintos,

nunca hubo un solo día en que no pensara en ti; nunca dejé de hablarte en silencio, ni de intentar domesticar a esa sombra de celos que aún relampaguea cuando recuerdo tu vuelo junto a la suya.

El día en que volviste, por un instante, el mundo fue otra vez perfecto.

Tus ojos me reconocieron.

Y en ese fulgor entendí que nada —ni la Light Fury, ni los años, ni el cielo infinito

podía borrar lo que ya habíamos escrito en nuestras almas.

Siempre fuimos tú y yo.

Y, aunque duela y me muerda la envidia de vez en cuando, siempre lo seremos.

Me dolió mucho el ver la tercera película de htyyd por el simple hecho de que Toothless y Hiccup se separaron incluso aunque tuvieran esa relación en donde había tanta confianza y en como se sentía aquello tan especial que ellos dos tenían.

Se podría decir que no me dolió tanto el hecho de que los demás jinetes perdieras a sus dragones si no que me dolió mucho más el que Hiccup perdiera a Toothless y de ese sentimiento que sentía, nació esto.