Prólogo
Nunca nadie te prepara para un “no seleccionado” en la universidad a la que aplicaste con tantas esperanzas.
Eso le pasó a Jimin.
Siempre escuchó el “sí vas a pasar”, pero nunca un “y si no pasas, ¿qué harás?”.
Aplicar a una carrera de alta demanda es como entregar el alma en un solo examen que podría definir tu futuro.
Jimin lo sabía... pero aún así, solo estudió durante dos semanas.
Creía.Anhelaba.
Estaba convencido de que lo lograría.
Pero no midió el tiempo, la dedicación… y lo más importante: la concentración.
Los nervios fueron su peor enemigo.
Ese día no empezó como él lo habría querido.
Tal vez su estado de ánimo tuvo que ver. Ver cómo su padre no le deseó suerte fue el primer golpe.
Ser adulto es más difícil de lo que imaginaba.
De niño, siempre soñó con tener 18 años, creyendo que todo sería más fácil...
Pero nadie lo preparó para ese momento.
Se acomodó frente a la laptop. Sus dedos temblaban mientras tecleaba sus datos.
Una mezcla de emoción, miedo y esperanza le recorría el cuerpo.
Ingresó a la página.
Le pidieron responder 15 preguntas.
Se le hicieron eternas.
Cuando por fin terminó, apareció el mensaje.
"Aspirante no seleccionado."
Jimin se quedó en blanco.
Sus manos temblaron.
Una sola lágrima cayó primero... luego vinieron más.
Lo único que escuchaba era su corazón latiendo con fuerza.
No estaba en verde.
Estaba en rojo.
Lloró en silencio.
Eran las 4 de la madrugada.
Había querido ver los resultados primero, sin que nadie supiera.
Ahora estaba decepcionado de sí mismo.
—¿No di lo suficiente? —pensó.
—¿Soy tan poco inteligente?
—¿No me esforcé lo bastante?
Pero la pregunta que más dolió fue:
¿Cómo se lo digo a mis padres...?
No tenía amigos.
Era hijo único.
Ni siquiera tenía una pareja a quien acudir.
Salió del navegador. Entró a sus redes sociales.
Pero fue una mala idea:
Todos publicando sus resultados con un “¡Aspirante seleccionado!” y emojis de celebración.
Rompió en llanto. Cerró la laptop.
Se acostó en su cama, hecho un ovillo, tratando de recuperar la respiración.
Se sentía como un fracaso.
No tenía otro plan, otra universidad en mente.
Creyó que todo saldría a la primera… pero no fue así.
Lo que más le dolía no era solo fallarle a su familia, sino fallarse a sí mismo.
Volteó a ver el reloj.
El tic-tac era lo único que se escuchaba en la habitación.
Y sin darse cuenta, ya había amanecido.
Eran las 7:00 a. m. cuando su madre entró.
Se veía feliz.
Jimin sintió cómo un nudo se formaba en su garganta.
No supo cómo decirle la verdad.
No podía siquiera mirarla a los ojos.
Su madre fue la primera en hablar.
—Hola, corazón... —dijo suavemente al entrar en la habitación.
Jimin apretó los ojos, deseando que ya no salieran más lágrimas, aunque era inevitable. Escuchó cómo el colchón se hundía; su madre se había sentado a su lado.
—¿Cariño... estás bien...? —preguntó con dulzura.
Un suspiro tembloroso escapó de los labios de Jimin. Ella no esperó una respuesta. Simplemente se acostó junto a él y lo abrazó, acariciándole el cabello con ternura. Fue entonces que Jimin rompió en llanto.
—Todo estará bien, cariño —susurró su madre mientras intentaba contener su propia respiración.
Un hipo desgarrador salió del pecho de Jimin.
—No soy seleccionado —logró decir, con la voz rota.
Repetirlo en voz alta le costaba. Aquella frase lo atravesaba. Su madre no dijo nada más; solo lo abrazó con más fuerza.
—No pasa nada, vuelve a intentarlo —murmuró con firmeza.
Ese día, Jimin durmió por completo. No tenía ánimo para nada. Se sentía vacío. Había hecho todos sus planes pensando en que sí quedaría, pero nunca se preparó para el escenario en el que no lo hiciera.
Esa noche, se levantó y se dirigió al baño. Sus ojos estaban hinchados. Soltó un suspiro profundo e intentó relajarse mientras se duchaba.
Siempre enseñan a prepararse para el “sí”, pero casi nunca para el “no”.
Ya sea en una declaración de amor o en un examen que define tu futuro, nadie te enseña a soportar el rechazo.
Una calificación, un resultado, no mide tu inteligencia.
A todas y todos aquellos que hicieron el examen de admisión y no quedaron: felicidades.
¿Por qué felicidades? Porque lo intentaron. Porque, a pesar de las dudas, se atrevieron.
Eso ya es un logro.
La vida no se acaba con un “no seleccionado”.
—Dul 🌙








