La perseverancia de Kiko
Había una vez un simpático conejo blanco llamado Kiko, que vivía en un hermoso valle rodeado de elevadas y rocosas colinas. Nuestro amigo siempre había soñado con llegar a la cima de la colina más alta, para poder ver el amanecer desde allí.
No obstante, cada vez que intentaba subir la empinada escarpada, las afiladas rocas lastimaban sus patas y éstas lo traicionaban, haciéndolo rodar cuesta abajo. Aquellas dificultades le hacían dudar de sí mismo y preguntarse si realmente valía la pena seguir intentando ascender a lo más alto de la colina.
A pesar de que trepar la colina era un desafío imposible para el pobre Kiko, él siguió intentándolo sin importarle resbalar una y otra vez, pues era aún más grande su deseo de contemplar el alba desde lo alto.
Los demás animales del valle se burlaban del conejo y se reunían todos juntos a las faldas de la colina para verlo caer y tratar de hacerlo desistir.
—¡Pero qué tonto eres! —le dijo el gorrión—. Para un conejo tan insignificante como tú es imposible llegar a la cima.
Aún así, Kiko no se rendía. Cada vez que caía se levantaba y se sacudía el polvo, muy decidido a seguir adelante.
Un día, después de muchos intentos fracasados, el conejo finalmente logró llegar a la cima de la colina. Los otros animales, que nunca habían creído que lo lograría, se habían quedado sin palabras.
Cuando el alba estaba a punto de romper, tiñendo el cielo de hermosos tonos rosados y dorados, Kiko se sintió muy emocionado y orgulloso de sí mismo por haber alcanzado aquel objetivo que parecía imposible.
Mientras contemplaba la belleza del amanecer, Kiko se dio cuenta de que la perseverancia y la determinación habían sido la clave para su éxito. Había aprendido que no importaba cuántas veces cayera, lo importante era levantarse y no rendirse jamás.
Moraleja: La perseverancia y la determinación pueden llevarte a alcanzar tus metas, incluso cuando parecen imposibles. No te rindas ante los obstáculos, sigue adelante y nunca pierdas la fe en ti mismo/a.