Prólogo
Siempre supe que había algo mal en mí.
No porque pudiera verlo... sino porque todos parecían sentirlo.
Sus miradas. Sus silencios.
La forma en la que evitaban pronunciar mi nombre, como si fuera una grieta en la realidad.
Crecí en una aldea donde el olvido es más común que el pan.
Huérfana. Rara. Sobrando.
Solo los libros me hablaban. Solo ellos me ofrecían un lugar al que pertenecer.
Pero incluso entonces, algo dentro de mí pedía más. Gritaba, aunque yo no supiera escucharlo.
Hasta que lo hice.
Hasta que abrí ese libro escondido.
Hasta que escuché la Voz.
No era un eco. No era una alucinación.
Era... ella.
Dentro de mí. Como si siempre hubiera estado ahí. Dormida. Esperando.
Y en ese instante, lo supe:
Mi historia no comenzaba en esa aldea.
Ni siquiera empezaba conmigo.
Había algo que el mundo había olvidado.
Un poder que debía permanecer sellado.
Un nombre borrado de todos los registros.
Y ese nombre... era el mío.
Ahora, todo está cambiando.
El reino lo presiente. Los sabios lo temen.
Y aquellos que juraron proteger la verdad... vendrán a buscarme.
Pero ya es tarde.
La Voz ha despertado.
Y con ella, yo también.