Polvo y flores

Summary

°Three-shot° Lo que comienza como un encuentro frío entre una alfa malhumorada y una dulce omega, cambia cuando la omega invade su espacio, su rutina y su soledad, hasta que la alfa se da cuenta de que ya no sabe vivir sin ella. Jisoo llega mucho después, pero cuando conoce esta historia decide llevarla mucho más allá del solitario desierto. 🌵Omegaverse. 🌵Lisa|ᵍⁱᵖ 🌵Contenido explicito|₊₁₈ °SweetSola°

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Introducción

Jisoo llegó a un pequeño pueblo en Texas para conocer el terreno que le había heredado su padre recientemente fallecido.

No tenía planeado ese viaje. Habría preferido mil veces quedarse en casa con su linda omega, aprovechando los días de luto que le habían dado en su trabajo de oficina. Pero se dio cuenta de que sus hermanas eran perfectamente capaces de intentar arrebatarle también esa parte de la herencia, y su orgullo no le permitía descansar sin antes dejar claro que esa propiedad era suya, sólo suya.

Después de una vida luchando por un poco de atención, lo único que le quedaba era fijar su puesto como la hija favorita de papá después de su muerte. Cuando bajó del tren después de catorce horas de viaje, miró a su alrededor y se dio cuenta de que, además de la estación, sólo había desierto. Polvo y viento caliente que le quemaban la cara.

A lo lejos, divisó una fila de pequeños edificios. Con el rostro serio y sin muchas expectativas, tomó su pequeño maletín y comenzó a caminar sobre la arena rumbo al diminuto pueblo.

Al llegar, un arco de bienvenida se alzó sobre su cabeza. “Donde el desierto florece“, decía. Jisoo soltó un suspiro sarcástico en respuesta.

En el lugar donde dormiría esa noche, fue recibida por una joven omega bajita de mejillas regordetas y sonrosadas, quien se presentó como la dueña del sitio. Jisoo la miró de pies a cabeza, preguntándose cuán joven era realmente aquella omega de ojos brillantes y cómo era que consiguió ser dueña de ese edificio. Conversaron un poco hasta que llegó la hora de ir a la comisaría.

Allí le darían la información necesaria para reclamar el terreno de su padre.

Al llegar, encontró a una alfa recargada sobre las dos patas traseras de una silla, frente a un escritorio. Tenía la cabeza echada hacia atrás, el cabello negro azabache cayendo en cascada por el respaldo, un sombrero vaquero sobre el pecho y los ojos cerrados con serenidad. Sin embargo, incluso en medio de una siesta de trabajo, la presencia de esa alfa hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Jisoo. Sus feromonas no eran nada amigables; su rostro, aún relajado, resultaba intimidante.

Jisoo se quedó de pie en medio de la oficina, sin saber cómo actuar, hasta que la comisaria habló.

—¿Quien eres? —su voz hizo que Jisoo diera un pequeño salto. Los ojos de la alfa seguían cerrados y su tono era ronco.

—Soy... la hija del señor Kim.

La comisaria abrió un solo ojo con algo de curiosidad, la observó un segundo con desdén y luego lo volvió a cerrar.

—No esperes que adivine cuál señor Kim entre todos los Kim. Pero sospecho que te refieres al recién fallecido.

Jisoo se puso una mano en el corazón y asintió. El dolor de haber perdido a su padre la acompañaría para siempre, pero las lágrimas ya se le habían acabado y no estaba cómoda en ese lugar, así que su expresión se mantuvo como una piedra.

—Sí, él mismo.

—Vaya, lo siento —siseó la alfa mientras se ponía de pie. Antes de que Jisoo pudiera reaccionar, ya estaba en la puerta de salida—. Te llevaré a ver tus tierras.

—¿Queda cerca?

—No.

—¿Y vamos a ir caminando?

No obtuvo respuesta inmediata, la comisaria sólo siguió su camino. Cuando Jisoo salió de la comisaría, se dio cuenta de cómo llegarían: a caballo. La alfa estaba preparando las monturas, y cuando terminó se subió en el caballo sin decir una palabra, entonces Jisoo se dio cuenta de que no había otro. Y así emprendieron el viaje, con Jisoo sujetando incómodamente a la comisaria por los hombros mientras andaban a caballo por debajo del sol de desierto.

Atravesaron el pueblo, pasaron la estación del tren y siguieron las vías durante algunos minutos, hasta llegar a un pequeño establo sin puertas ni ventanas. Al ver que se dirigían hacia allí, Jisoo comenzó a preguntarse si realmente había valido la pena hacer ese viaje.

—¿Es esto?

—¿Tus terrenos?, no. Son una hectárea hacia allá —señaló con la cabeza—, y otra a unos metros del otro lado. Se suponía que estaban divididas por un sendero, pero eso ya es cosa del pasado.

El tono monótono de la comisaria no lo hizo más fácil de asimilar.

—O sea... que no hay nada en los terrenos.

—No, chica. Y si alguna vez hubo algo, olvídate de ello.

Jisoo jadeó con cansancio.

—Bueno, supongo que no había mucho que esperar.

El camino de regreso transcurrió entre historias sobre el pasado del pueblo. Jisoo comprendió que aquella alfa había vivido toda su vida allí. No conocía ni parecía interesada en conocer otro estilo de vida. Las anécdotas fluían con facilidad, pero Jisoo notó que las risas nunca aparecían.

Parecía que su rostro era simplemente... inexpresivo, o gruñón por naturaleza.

Al regresar al pueblo, la joven omega que la había recibido unas horas atrás cruzaba la calle. Con una de sus manos levantaba el largo vestido floreado, y con la otra mano cargaba una botella de leche. Bajo el sol, su piel bronceada brillaba, y cuando su cara volteó, sus dientes deslumbraron la mirada de las dos alfas sobre el caballo.

—¡Lisa! —gritó con entusiasmo cuando las vio pasar. Jisoo sonrió, por fin conociendo el nombre de la comisaria.

La alfa levantó la vista con ánimo, bajó del caballo y permitió que la omega se lanzara a darle un abrazo.

Jisoo notó cómo las feromonas de la comisaria envolvían a la omega, y se preguntó cuál era su relación. Quizás eran primas, en ese pueblo todos parecían ser familia cercana. Su sorpresa fue evidente cuando la joven saltó para darle un beso en los labios a la gruñona comisaria.

Los ojos de Jisoo debieron volverse gigantes, porque Lisa se dio cuenta y no le gustó para nada.

—¿Qué estás mirando? —preguntó Lisa, con los dientes a la vista.

—Nada, nada. Es sólo que... son tal para cual.

Más tarde, Jisoo preguntaría cómo hizo para existir una relación tan especial en un lugar tan peculiar. Porque la historia entre una gruñona alfa que nunca salió del desierto y una sonriente omega que nunca pisó uno, debía ser contada las veces que fueran necesarias.

Así tenía más sentido el letrero de la entrada: “Donde el desierto florece”


°Three-shot| Historia de tres partes.

°Omegaverse| Sociedad dividida en Alfas, Betas y Omegas.

°Contenido sexual explícito| No apto para menores.

°Esto es un FanFic(Three-shot), una historia totalmente ficticia. No se tomen personal las actitudes o acciones de personalidades creadas por y para entretenimiento.