La Música Está En El Corazón

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Summary

Un día, al tocar una guitarra imaginaria, apareció de verdad, No era una guitarra común. No tenía cuerdas reales, ni madera. Era una extensión de lo que sentía. Y con cada nota, el mundo empezó a cambiar. ¿Suena épico? Lo es. Pero también me convirtió en el blanco de medio mundo. Junto a mis mejores amigos, Seba y Alma, vamos a demostrar que la música no es una amenaza. Es nuestra voz. Nuestra forma de resistir. Esta es mi historia. (La historia está mayormente vinculada a la música, por lo cual, tiene soundtrack; si quieres una experiencia más inmersiva, el soundtrack está en Youtube.)

Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo I: El día en el que la música me eligió.

-¡ATENCIÓN! ¡ALTO AHÍ!

Drones descendieron. Patrullas frenaron en seco más atrás.

Lucas quedó en medio del asfalto, rodeado.

-Mierda... Triangularon mi señal. - Susurré

Uno de los agentes gritó:

-¡Tenemos al sujeto G! ¡Repito, objetivo confirmado!

Levanté las manos. No podía respirar bien. La adrenalina estaba subiendo...

-No quiero hacerles daño...

Pero... sentí una batería dentro de su pecho. Un bajo sonó en mi cabeza.

Y ahí estaba. La guitarra.

Apareció al frente mío, flotando... Me estaba protegiendo.

Uno de los drones disparó un dardo.

La guitarra reaccionó sola. Se alzó con una explosión sónica que hizo volar el dardo hacia atrás, dejando una grieta en el suelo.

y ahí entendí.

No podía seguir escapando de lo que era.

Esto no iba a desaparecer.

Esta es mi vida ahora.

Agarré la guitarra con fuerza, la alzé hacia el cielo, y grité:

-¡Si esta es mi vida ahora... voy a hacer que valga!

Espera... ¿Cómo llegamos a esto en primer lugar?

Bueno, todo empezó hace unos días...

Me llamo Lucas Valdés.

Y hasta hace poco, mi vida era una rutina sin gracia:

Levantarse. Ir al colegio. Escuchar a profes que suenan como un ventilador viejo. Volver a casa. Hacer tareas que me dan más sueño que hambre. Dormir.

Y repetir.

Lo único que me sacaba de esa rutina era la música.

Los audífonos eran mi escape. Mi refugio.

Ahí, donde nadie me juzgaba, yo era libre.

Pero no libre de verdad.

Libre solo en mi mente.

Ese día no fue distinto.

Volví del colegio con la cabeza llena de fórmulas que no entendía y un ánimo tan plano como la hoja donde había escrito mal cinco respuestas de la prueba de matemática.

Me tiré en la cama.

Saqué mi celular.

Y puse American Idiot de Green Day.

Clásico.

Mi mente se fue al tiro al lugar de siempre.

Cerré los ojos y, como siempre, hice mi show personal:

La guitarra invisible.

Mis manos se movían al ritmo del riff. Yo me creía en un estadio con luces, gritando los coros a todo pulmón... pero solo en mi mente. O eso creía.

Porque en ese momento, pasó.

Un zumbido extraño me reventó los oídos. No era parte de la canción.

Y cuando abrí los ojos, frente a mí...

Había una guitarra...

No una de verdad. No una que puedas comprar en una tienda.

Era transparente, flotante, vibrante, como si estuviera hecha de energía.

Una guitarra fantasma.

Me quedé helado.

-Estoy soñando -me dije.

Pero no.

Se sentía demasiado real como para ser un sueño...

...y demasiado irreal como para no serlo.

Toqué una cuerda sin querer. Sonó.

Y en ese momento, lo supe:

Esto es real.

Esto me está pasando.

Y no tengo idea de por qué.

Pero sabía una cosa:

Mi vida ya no iba a ser la misma.

Desde ese instante, todo empezó a cambiar.

La música dejó de ser un escape y se convirtió en mi poder.

Y, como todo poder... no iba a pasar desapercibido