Piel de cordero

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Summary

Piel de cordero es una novela juvenil oscura que desentraña los secretos más profundos de una residencia universitaria donde el poder, el clasismo y la manipulación son protagonistas. Un grupo de estudiantes universitarios llega a un mundo donde nada es lo que parece y cada amistad oculta una traición. En esta lucha por la verdad, descubrirán que bajo la piel de cordero, el lobo acecha.

Status
Ongoing
Chapters
17
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

La tinta empieza a correrse justo cuando la primera lágrima golpea el papel. No es una gota violenta ni quejumbrosa. Es lenta, silenciosa, inevitable. Cae, se mezcla con la tinta azul oscura, la desdibuja, la transforma en una mancha abstracta.

Mi mano tiembla. No por el frío, no por miedo. Es un temblor que nace en el pecho, sube por el cuello y se instala en los dedos como un recordatorio de todo lo que no puedo controlar. Intento seguir escribiendo, pero cada trazo sale más torcido que el anterior. Es como si el papel también estuviera cansado de escucharme.

Suelto un suspiro largo, de esos que no se oyen, pero que duelen igual. Apoyo la pluma sobre la mesa y cierro los ojos por un instante. Solo un instante. El aire es espeso, con ese olor a papel viejo, madera encerada y cenizas de una chimenea que hace semanas no se enciende.

Abro los ojos.

Sigo en la misma oficina de siempre. Una sala pequeña, rectangular, sin ventanas. La mesa frente a mí es de madera oscura, gruesa. A mi derecha, la chimenea de piedra. Seca, fría, olvidada. Frente al escritorio, una puerta angosta de marco gris, cerrada desde que llegué. Demasiado delgada para parecer importante y, sin embargo, imposible de ignorar.

Las paredes están cubiertas de estanterías que alcanzan casi el techo. Algunos libros están torcidos; otros, apilados horizontalmente, como si alguien hubiera intentado encontrarles un orden y se hubiera rendido a mitad de camino.

El suelo está cubierto de hojas.

Cartas.

Montones de cartas.

Papeles blancos, arrugados, abiertos, pisoteados. Todos escritos con la misma tinta y el mismo intento desesperado de contarte lo que nunca pude decirte en voz alta.

Me levanto de la silla con lentitud, como si el cuerpo necesitara tiempo para entender lo que va a hacer. Me agarro la cabeza con ambas manos, con fuerza. Siento que la realidad empieza a doblarse, que los bordes de las cosas pierden forma, que los sonidos se distorsionan.

Y ahí, sin aviso, sin control, la rabia se enciende.

No hay grito, al principio. Solo una oleada caliente que me empuja a actuar. Tiro la silla, empujo la mesa, lanzo al suelo el tintero abierto. Rompo libros, rasgo hojas con las manos, arranco lomos enteros de las estanterías. La furia se convierte en llanto, y el llanto en algo peor: un grito desgarrado, solo ruido, solo angustia.

Siento que me rompo. Parte por parte.

Y entonces...

Una hoja flota en el aire, como si el caos la hubiera liberado del montón. Gira despacio. Cae frente a mí. No parece vieja. El papel está liso, sin manchas, sin dobleces.

Me agacho. La recojo.

Hay apenas unas líneas. Breves, casi sin emoción. Pero al final, abajo del todo, en una letra firme y extrañamente limpia, se leen tres palabras:

PIEL DE CORDERO.