CAPÍTULO 1
La Chica Del Autobús
— Estamos aterrizando — dijo el piloto por el micrófono.
Unos minutos después, ya me encontraba en el aeropuerto. Llegué al atardecer, así que decidí buscar un hotel y empezar mi recorrido por la ciudad mañana. Voy a dormir en lo que queda de este día.
— Sube y conoce más sobre la historia de Roma — leí para mí mismo, viendo el eslogan del autobús, donde se formaban algunas personas.
Vi la oportunidad de conocer más rápido la ciudad y la tomé.
— Son tres euros — dijo en italiano el hombre que cobraba por el recorrido.
Subí al autobús y saqué un pequeño cuaderno de mi mochila. Tomé un bolígrafo y esperé a que algo me inspirara.
— Por favor, pónganse cómodos. Partiremos en unos minutos — dijo el chofer antes de dar media vuelta y dirigirse a su asiento.
Arrancó el camión y una chica se paró cerca de él, mirando a los pasajeros.
— Muy buenos días — dijo una voz femenina con presencia —. Su atención, por favor. Estamos comenzando el recorrido.
En ese momento, sentí un cosquilleo en el estómago y las emociones en mi cabeza se mezclaron. Era la chica más hermosa que había visto en mi vida, y cuando empezó a hablar, sentí en el corazón un hormigueo.
— Empezamos con el Coliseo Romano — dijo sin ningún temblor en su voz —. Lo tienen a su izquierda. Es uno de los monumentos más emblemáticos de Roma, el anfiteatro más grande del Imperio romano, donde se celebraban combates de gladiadores y espectáculos públicos.
Continuó explicando, y todos le prestaban atención. Su cautivadora voz y manera de expresarse eran atrapantes, como si de una hipnosis se tratara. El recorrido siguió, y esa chica me transmitía más emociones a cada instante.
— A continuación tienen a la vista el Foro Romano. Es un área arqueológica que aloja ruinas de templos, basílicas y mercados de la antigua Roma.
Continuamos el recorrido pasando por varios monumentos más y al final, volvimos al punto donde iniciamos.
— Muy bien, hasta aquí llega nuestro recorrido. Pueden bajar y sacarse fotos en el Coliseo. Hay tiendas de recuerdos y demás.
Esperé a que todos bajaran.
— Hola — dije acercándome con una sonrisa a esa encantadora chica—. Mucho gusto, soy Nicolás — dije levantando la mano en señal de saludo.
—Ah — dijo la chica, sin interés.
—¿Y tú eres...? —pregunté, sin desistir.
— Aurora — dijo con un tono gélido.
— Es un nombre muy bonito — dije, aún más atraído por su frialdad.
Se mostraba muy diferente a como era hace unos minutos, cuando explicaba todo sobre Roma. Eso llamaba aún más mi atención. Esa era su verdadera personalidad. Y comúnmente, las personas frías son más interesantes.
— ¿Quieres ir por un café?
— Te agradecería que me dejaras de molestar — dijo, tajante.
— Vaya — dije, desmotivado —. Con esa actitud, me imagino que atraes a muchos chicos — dije en tono irónico.
— ¡Déjame en paz! — gritó y se alejó.
— Ya qué... — dije, ya sin ganas de nada, y me dirigí a un café que vi por ahí.
Escribí algunas letras que se me habían ocurrido, pero no había nada interesante. Pedí un café y algo para acompañarlo.
Mi atención fue captada por un chico que tenía una cámara en mano y se movía constantemente. Le estaba tomando fotos a una pareja con atuendos extravagantes.
— Vaya... — dije, cautivado—. ¿Y si me acerco? — pregunté para mí mismo.
— Hola — dije, ya acercándome —. Te estaba observando y quise mirar tu trabajo más de cerca. Me llamo Nicolás, mucho gusto.
— Hola — dijo el chico pelirrojo con pecas, sonriéndome —. Me halagas. Me llamo Luka, un gusto.
— ¿Te dedicas a esto? — pregunté. Al menos no me gritó —. Yo también soy artista — dije emocionado.
— Muchas gracias por prestarse para esto, les agradezco — dijo a la pareja antes de responderme —. Sí, trabajo en esto desde los dieciséis. ¿Y tu? ¿Eres pintor?
— Soy músico —dije, mostrando mi cuaderno —. Llegué ayer de España. Vine aquí en busca de algo que me inspire.
— Estás en el lugar correcto, mi amigo — dijo, sonriendo —. Aquí se halla inspiración en todos lados. ¿No ves? Yo vi a esa pareja y saqué mi cámara al instante.
— Me alegra oír eso — dije, rascándome la nuca —. También estoy contento de poder socializar con alguien. Vine solo y no tengo a ningún conocido aquí.
— Estás de suerte — dijo, colgándose la cámara de costado —. Ya tienes a tu primer amigo — dijo colocando un brazo alrededor de mi cuello —. ¿Tomamos algo? Así me hablás un poco más de tu trabajo.
— Claro — dije, contento —. Mi mesa está por allá — dije, señalando el lugar donde estaba tomando mi café.
— ¿Y ya lanzaste música o recién empiezas? — preguntó Luka, tomando el café que había pedido hace un rato.
— Subo mis videos a YouTube y mis canciones a SoundCloud. Pero son covers y letras que hago porque si. Creo que para tener reconocimiento, las canciones deben transmitir algo real. No solo canciones, cualquier cosa... como pinturas, o cualquier obra literaria — tomé mi café tras terminar.
— Tienes razón — respondió Luka —. Hay muchos artistas, pero pocos son los que de verdad se interesan en transmitir algo. La mayoría lo hace por la fama, y no los culpo, también está bien. Mi punto es que no debemos fijarnos solo en eso.
— Exacto — dije, intrigado. Teníamos pensamientos similares —. Por eso vine. Siempre me gustó Roma... pero es mejor en persona.
— Ya te digo. Crecí aquí pero cada día me sigue enamorando — dijo, sonriendo —. Oye, yo me tengo que ir. Tengo que pasar por mi novia en su trabajo — dijo tomando su bolso de fotógrafo y su blazer —. Pero te invito a una reunión que habrá en mi residencia esta noche — dijo pasándome su tarjeta —. Habrá escritores, músicos, pintores... de todo un poco. Deberías venir para conocer a más gente.
— Trataré de ir — dije, guardando la tarjeta—. ¿Para qué hora?
— A las ocho — dijo, pasándome la mano —. Espero verte allí, Nicolás.
— Lo mismo digo — respondí, sonriendo.
Después de que Luka se marchó, pagué la cuenta y me dirigí al hotel.
Son las cuatro de la tarde. Tomo un baño y miro la tele. Los hoteles no tienen canales buenos. Las horas pasan lento. Son las siete, pero parece que ha pasado una eternidad. Apago la tele, pongo música en mi teléfono y vuelvo a tomar una ducha.
— This is how you remind me of what I really am... — canto, mientras me mojo la cabeza.
Nickelback es una de mis bandas favoritas. Salgo del baño y busco en la maleta. Saco unos pantalones de mezclilla prelavados y de corte recto, una camisa azul oscuro con botones, unos zapatos a juego y algunos accesorios.
— No dijo que había un código de vestimenta — digo para mí mismo antes de ponerme perfume.
Entro al baño para mirarme en el espejo. Me acomodo el cabello. Mucho no se puede hacer... mi cabello es ondulado y rebelde y difícil de manejar, pero no es algo que me moleste. Me da mi estilo, mi toque.
Salgo del hotel y me dirijo a donde marca la tarjeta. Es una ciudad grande, pero el italiano que me enseñaron en la escuela me sirve para no perderme, aunque entro en una que otra calle equivocada unas cuantas veces.