La teoría de las estrellas fugaces

All Rights Reserved ©

Summary

Todos los chicos que me han querido han acabado con el corazón roto. Y no lo digo en broma, a todos, les he hecho daño de alguna manera sin quererlo, todo por culpa de mi pasado y por miedo de que sea yo a la que le descosan el corazón, por eso, y para evitar hacer más daño a las personas, me impuse una norma; Nada de chicos. Era mi propia manera de protegerlos de mí misma. De mis propios problemas y de mi propio ser. Tengo una colección de corazones marchitados. Corazones que yo misma he marchitado. Sin embargo, cuando aquel chico entró a mi vida de golpe, me fue muy difícil negarme a él. Negarme a quererlo, a sentirlo, a dejarme querer.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Tengo una colección de corazones marchitados. Corazones que yo misma he marchitado con mis propias palabras y acciones.



He llegado a la conclusión de que no estoy hecha para amar, de que por culpa de mi primera relación, ya no puedo querer a nadie. Por mucho que esa persona lo intente.



Les he roto el corazón a todos los chicos con los que he salido, así que para evitar seguir haciendo daño a los hombres he impuesto una nueva norma; Nada de chicos.



Soy así porque una única vez me rompieron el corazón, desde ese día, soy yo quien se los rompe a ellos. Hasta ahora, porque ya me he cansado de ser mala persona, de obtener mal karma cada vez que le rompo el corazón a un hombre.



Así que nada de chicos.



Vamos a empezar a hablar de cómo se rompe el corazón a un chico, y del primer chico al que le rompí el corazón.



Tenía diecisiete años cuando le rompí el corazón a un chico de quince, llevábamos siete meses saliendo formalmente, pero yo no sentía nada por él, me era imposible hacerlo, por más que él me tratara bien y me intentara ayudar en todo lo que podía, yo no podía quererle, ni siquiera tenerle un mínimo de cariño.



—¿No lo entiendes? ¡No te quiero! —le dije en el día en el que me había decidido a romper con él— No te quiero en absoluto, ¿no te das cuenta de que no te he dicho una sola palabra de cariño en estos siete meses? Ni una sola. Eso debería darte una pista de que no te quiero. Ni siquiera te aprecio un poco. Hazte a la idea de que esto se ha acabado. No me busques, no me llames, ni siquiera pienses en mí, por tu propio bien.



Y a eso, damas y caballeros, se le llama romper un corazón. Es una de las miles de formas que tenía para romper corazones.



Y como no, en este libro veremos las mil y una formas en las que le rompí el corazón a los chicos que se enamoraron de mí.



No podéis juzgar a una persona sin saber su historia, así que, os contaré la mía para que podáis juzgarme. Porque sinceramente, no me importa demasiado lo que la gente opine de mí.



Quince años;



Querido diario; ¿Cómo estas? Bueno, es una pregunta retórica, por favor no me contestes porque me daría un infarto.



Hoy vengo a contarte que estoy enamorada, completamente enamorada. Sí. Enamorada. Enamorada como se ve en las películas, en los libros de romance, en las canciones de Taylor Swift.



Amo a ese chico con todo mi corazón, y estoy segura de que él me ama a mí.



Es que es tan tierno y tan atento conmigo. Nos conocimos en el instituto, y a él no le importó que yo fuera la nerd de la clase, él salió conmigo a una adorable y encantadora cita y poco a poco nos fuimos enamorando.



Es un hombre increíble, guapísimo y súper especial. Es el chico de mi vida. Es todo un galán. El hombre perfecto. Todos mi sueños de niña de tener un príncipe azul a mi lado se están haciendo realidad.



Y espero que esto dure mil y una vidas.



Lo que no sabía, ni de lo que tenía mediana idea, era de que ese chico estaba jugando conmigo todo por una apuesta. Una apuesta para romperle el corazón a la nerd de la clase.



Desde ese entonces me volví fría, y como me llaman por la universidad; "La chica de los corazones marchitados"



Es preferible romper tú el corazón al otro a que te lo rompan a ti. Al menos para mí.



ೃ⁀➷ ׂׂૢ ೃ⁀➷ ׂׂૢ ೃ⁀➷ ׂׂૢ ೃ⁀➷ ׂׂૢ ೃ⁀➷ ׂׂૢ



Llegué a la universidad temprano, como todos los días.



—¡Amelie! —me giré al escuchar mi nombre y vi a mi única amiga caminando hacia mí.



Dakota, mi mejor amiga desde niña. Y la única que he tenido toda la vida.



—Hola, corazón —la saludé con dos besos y caminamos juntas hasta la clase. Nos sentamos una al lado de la otra, como siempre hacíamos.



Cuando terminamos todas las clases, nos fuimos cada una a su casa, y después, volvimos a la universidad para ver el primer partido de este año del equipo de fútbol del campus.


—¡Ahora verás lo guapo que es el capitán del equipo! —me dijo Dakota, mientras sonreía ilusionada—. Dexter O'Brian no solo es el mejor jugador y el capitán, también es el más guapo de todos, incluso de la universidad.



Será el primer partido de fútbol que veo del equipo universitario. Aunque es mi segundo año, nunca había tenido la oportunidad de venir a ver al equipo jugar, ya que siempre estoy muy ocupada estudiando, trabajando o... marchitando corazones.



—Si tú lo dices...



Entonces, entraron los jugadores y la gente comenzó a gritar y a aplaudir, todos emocionados, ilusionados, extasiados.



—¡Ahí está! ¡Ahí está! —miré hacia donde estaba señalando Dakota, estábamos en las primeras gradas, así que me fue fácil admirar al hombre que acababa de entrar en el campo.



Tragué saliva cuando lo vi y sinceramente mis bragas casi se rompen de golpe cuando nuestras miradas se cruzaron y observé una pequeña sonrisa en su rostro.



¿Me acaba de sonreír? Esto era una provocación.



Concéntrate Amelie, dijimos que nada de chicos.



Pero es que con ese pedazo de hombre delante de mí, era imposible no pensar en acercarme a él.



—¿A que es guapo? —me preguntó mi amiga y yo asentí sin poder dejar de observarlo.



Mandíbula marcada, pelo castaño claro, ojos azules, cuerpo atlético —se notaba que era futbolista— y una sonrisa perfecta junto a unos labios jugosos que te tentaban a besarlos mil veces.



—Si. Lo es.



El partido comenzó y pude observar lo buen jugador que era el capitán. Por algo lo habían elegido como capitán del equipo.



Faltaban los últimos dos minutos para el final del partido, e iban empatados, y de un momento a otro Dexter metió el gol de la victoria. Y no fue eso lo que paralizó al público, sino que le había dedicado el gol a la que chica que cosechaba corazones marchitados.



Me lo dedicó a mí, señalándome y haciendo un gesto con sus manos que no llegué a entender. Me lo dedicó a mí, como si fuera su novia o alguien importante en su vida, y los rumores empezaron a correr por toda la universidad como una veloz estrella fugaz.



—¿Te acaba de dedicar el gol? —me preguntó mi mejor amiga con la boca entreabierta de sorpresa, y con una mirada de emoción.



—Ajá. Lo ha hecho.



"Están juntos" "La rompecorazones tiene una nueva víctima" "Pobre Dexter, con lo guapo que es le van a romper el corazón" Esas eran algunas de las frases que se decían por todo el campus respecto a mí y a Dexter O'Brian.



Ahora mismo estaba maldiciendo a todo lo que existía internamente.



Cuando vi que se iban a los vestuarios, seguí al equipo a escondidas y en cuanto se quedó solo O'Brian, fui hasta él y me enfrente cara a cara contra el mejor jugador del equipo. Él me miró con una ceja alzada y una sonrisa. Y entonces, habló y puedo jurar que mis mejillas se sonrojaron al instante por culpa de su voz.



—¿Buscabas algo, ángel? —Primeramente tenemos que aclarar que su voz era totalmente masculina, ronca, pero con un tono sexy. Y segundo, ¿ángel? En definitiva yo era de todo menos un ángel.



—Sí —Diciendo esto, levanté mi mano y abofeteé su rostro con toda la fuerza que tenía, en palabras soeces; cruzándole la cara—. Buscaba esto, pedazo de idiota.



Me observó con una mueca sonriente mientras se tocaba la mejilla en la que lo había golpeado. Parecía que le había gustado que le hubiera abofeteado. ¿Acaso es masoquista?



—Otra vez —¿Qué?—. Hazlo otra vez. Me ha encantado.



Definitivamente este hombre es masoquista. Totalmente masoquista.



—No me cambies de tema, inútil —le dije y lo señalé enfadada con el dedo—. Me has dedicado un gol en el primer partido de la temporada, ¿tú sabes lo que significa? —le pregunté con toda la rabia que tenía acumulada en mi cuerpo por su culpa.



—¿Qué soy un caballero total? —sonrió y yo quise golpearle de nuevo.



—Un completo idiota es lo que eres, O'Brian.



—Eh, sin faltar el respeto, por favor —aquella sonrisa de burla seguía sin borrarse de su rostro.



Las ganas de abofetearle de nuevo seguían aumentando, y yo tengo poco autocontrol, pero respiré profundamente y seguí hablando.



—Ahora todo el mundo cree que estamos juntos —tomé aire.



—Sí, ¿y qué?



—¿Cómo que y qué? Que si digo que no estamos juntos creerán que si lo estábamos y que te he roto el corazón como lo hacía con los anteriores chicos. Y no quiero eso. Me he cansado de ser "la chica de los corazones marchitados"



—¿Entonces? ¿Qué se te ocurre que hagamos?



—Fingir una relación hasta que acabe el año universitario. Luego yo me iré a otra universidad, lejos de aquí. Y tú y yo cortaremos por la distancia y cada uno a su bola. Y no te lo estoy proponiendo, tú me has metido en este lío, tú me sacas de él.



—Relájate fiera.



—Como te he dicho esto no es una propuesta. No es opcional, y no me llames así —intenté relajar mi tono para no sonar tan borde.



—Vale, fiera —y otra vez O'Brian volvía a colmar mi escasa paciencia.



—Te lo repito una vez más O'Brian, no me llames así.



—¿O qué? —preguntó retándome y acercándose más a mí. Tragué saliva con algo de nerviosismo y un calor extraño irradiando de mi cuerpo. Y de un momento a otro, y juro que fue por instinto por lo cuál golpeé nuevamente su cara.



—O eso.



—Hazlo de nuevo, fiera —dijo con tono amenazante y yo no supe muy bien a qué se refería exactamente.



—¿Me estás amenazando? Porque no me importaría darte una patada en tus partes.



—¿Quieres que finjamos? —preguntó y se acercó más a mí y esta vez no pude reaccionar—. Entonces finjamos —y de un momento a otro, golpeó sus labios contra los míos.