Capitulo único
Jungkook no tocó el timbre. Nunca lohacía.
Abrió la puerta con la llave que Jimin le había dado hacía meses y entró con la confianza de quien ya conocía cada rincón del departamento. El lugar olía a vainilla y a algo más, algo que Jungkook solo podía describir como Jimin.
Lo encontró en la sala, recostado en el sofá, con el teléfono en la mano y apenas una camiseta vieja cubriéndole el torso. Sus piernas estaban desnudas, cruzadas de forma perezosa.
—Llegas tarde —murmuró Jimin sin apartar la vista de la pantalla.
Jungkook dejó caer su mochila en el suelo, ignorando la acusación en su tono. Se acercó hasta quedar de pie frente a él, las manos en los bolsillos, la mirada fija en las piernas de Jimin, en la forma en que una de ellas se movía lentamente, rebotando sobre la otra.
—Creí que no me ibas a esperar despierto.
Jimin alzó una ceja y finalmente dejó el teléfono a un lado. Luego, con un movimiento lento, descruzó las piernas y apoyó los pies en el suelo. Una invitación muda.
Jungkook la aceptó.
No hubo más palabras. No las necesitaban.
Se inclinó sobre Jimin, atrapándolo con su cuerpo, con su olor, con el calor que siempre traía consigo. Sus labios encontraron los de Jimin en un beso que no era apresurado, pero sí hambriento. Las manos de Jimin se deslizaron por debajo de su camisa, explorando una piel que ya conocía, pero que nunca se cansaba de tocar.
Jungkook gruñó cuando Jimin mordió su labio inferior, su manera silenciosa de decirle "apúrate".
En algún punto del beso, Jimin tomó el control, empujándolo contra el sofá con facilidad antes de montarse sobre su regazo.
—Mierda—jadeó Jungkook al sentir los labios de Jimin succionar su cuello, dejando una marca evidente en su piel—. ¿Por qué tan apresurado?
Su voz sonó más ronca de lo habitual. Llevó ambas manos a la cintura de Jimin, obligándolo a frotarse contra él, creando una fricción deliciosa que los hizo jadear al unísono.
Jimin no respondió. Solo sonrió con esa maldita expresión coqueta que siempre lo volvía loco y descendió lentamente de su regazo hasta quedar de rodillas frente a él.
Los dedos ágiles de Jimin viajaron hasta el cinturón de Jungkook, desabrochándolo sin perder tiempo. Con la misma facilidad, bajó su pantalón y ropa interior en un solo movimiento, dejando su erección libre ante su mirada hambrienta.
—Joder —Jungkook apoyó la cabeza en el respaldo del sofá cuando sintió la mano de Jimin envolverlo, comenzando un movimiento lento pero firme.
El contacto era ligero, casi tortuoso, como si quisiera provocarlo. Y lo logró.
Jimin mantuvo ese ritmo durante unos segundos, disfrutando del sonido de los jadeos entrecortados de Jungkook, antes de inclinarse y pasar la lengua sobre la punta, lamiéndola con una lentitud exasperante.
—Mierda, nene —Jungkook gruñó, viendo cómo Jimin lamía de la cabeza hasta sus testículos con movimientos repetitivos, como si estuviera saboreándolo con calma.
La paciencia no era una de sus virtudes.
—Joder, solo mételo en tu boca.
Aferró el cabello rojizo de Jimin, empujándolo con suavidad contra su erección, pero el menor se resistió, sonriendo con diversión antes de lamerlo de nuevo, ignorando la impaciencia de Jungkook.
Finalmente, sin previo aviso, lo envolvió con sus labios, hundiéndose de golpe hasta la mitad de su longitud.
Jungkook soltó un gemido ronco, su mano apretando con más fuerza la cabellera de Jimin mientras este comenzaba a moverse, subiendo y bajando con un ritmo lento pero intenso.
Cada vez que descendía, su lengua se movía en círculos sobre la piel caliente, enviando escalofríos por la espalda de Jungkook.
—Carajo, así —Jungkook entrecerró los ojos, su pecho subiendo y bajando con rapidez.
Jimin lo miró desde abajo, sus mejillas hundiéndose cada vez que succionaba con más fuerza. Luego, sin romper el contacto visual, dejó salir su erección de su boca con un sonido húmedo, recorriéndola con la lengua en toda su extensión antes de volver a envolverlo con sus labios.
Jungkook soltó un gemido ahogado, su cuerpo estremeciéndose bajo el placer que le provocaba esa boca experta.
Jungkook tenía la respiración entrecortada, sus jadeos resonaban en la sala mientras los labios de Jimin lo envolvían con más profundidad.
El pelirrojo mantenía el ritmo con precisión, su lengua moviéndose con experiencia a lo largo de su erección. Jungkook lo miraba desde arriba, completamente fascinado por la imagen: Jimin de rodillas entre sus piernas, sus mejillas sonrojadas, los labios hinchados y los ojos brillantes de deseo.
—Mierda, Jimin te ves tan bien así —murmuró, aferrándose con más fuerza a su cabello.
Jimin gimió alrededor de su erección al escuchar sus palabras, provocando una vibración deliciosa que hizo que Jungkook soltara un gruñido. Lo sentía tan cerca, tan cálido, tan húmedo… Pero por más placentero que fuera, no quería correrse todavía.
Con un suspiro entrecortado, tiró suavemente del cabello de Jimin, obligándolo a apartarse. Un hilo de saliva conectaba sus labios con su erección, y la mirada oscura de Jimin le decía que también estaba impaciente.
—Ven aquí.
Jimin se puso de pie sin dejar de mirarlo y se subió de nuevo a su regazo, acomodándose con facilidad sobre él. Sus piernas se abrieron a ambos lados de su cuerpo, y Jungkook dejó escapar un suspiro cuando sintió la calidez entre ellas presionándose contra su erección.
—¿Tan mojado por esto? —Jungkook deslizó una mano entre sus muslos, sintiendo la humedad que empapaba la ropa interior de Jimin.
El pelirrojo solo sonrió antes de inclinarse a besarlo de nuevo, succionando su labio inferior con una lentitud desesperante.
—Siempre estoy así por ti —susurró contra su boca.
Las palabras encendieron aún más a Jungkook. Con un movimiento rápido, rompió la fina tela de su ropa interior, arrancándola de su cuerpo. Jimin jadeó sorprendido, pero no se quejó; en cambio, se levantó apenas lo suficiente para que Jungkook pudiera alinear su erección contra su entrada.
Sin más preámbulos, Jimin descendió lentamente sobre él.
Ambos soltaron gemidos cuando Jungkook entró por completo en su interior, la calidez y la estrechez envolviéndolo con una perfección casi insoportable.
—Joder, Jimin —Jungkook enterró el rostro en su cuello, mordiéndolo con fuerza mientras sus manos se aferraban a sus caderas.
—Más —Jimin arqueó la espalda, moviendo las caderas en círculos, acostumbrándose a la sensación antes de comenzar a subir y bajar con un ritmo pausado.
Jungkook lo ayudó a moverse, guiándolo con sus manos, sintiendo cómo lo apretaba a su alrededor. Cada vez que Jimin bajaba, la fricción lo volvía loco, el calor de su cuerpo, el sonido húmedo y los jadeos entrecortados llenaban la sala.
El ritmo se volvió más rápido, más intenso. Jimin se sostenía de sus hombros, las uñas marcando su piel mientras se movía desesperado, cada empuje enviando oleadas de placer por su cuerpo.
—Tan profundo —gimió Jimin, aferrándose más fuerte.
Jungkook solo gruñó en respuesta y lo empujó contra el sofá, inclinándolo hacia atrás para tomar el control. Sin sacar su erección de su interior, comenzó a embestirlo con fuerza, disfrutando de cómo Jimin se retorcía debajo de él, sus gemidos volviéndose más altos, más urgentes.
La sala se llenó del sonido de la piel chocando, del placer crudo que se intensificaba con cada segundo. Jungkook se inclinó a besar su cuello, succionando y mordiendo la piel suave mientras sus embestidas se volvían más profundas, golpeando justo en el punto que hacía que Jimin gritara su nombre.
Ambos estaban cerca. Lo sabían.
Jimin envolvió sus piernas alrededor de su cintura, apretándolo más contra él. Su cuerpo temblaba, su orgasmo acercándose peligrosamente.
—Jungkook, me vengo —jadeó, aferrándose a sus hombros.
Jungkook lo sintió tensarse a su alrededor y supo que no podía aguantar más.
—Hazlo, nene córrete para mí.
Con un último gemido ahogado, Jimin se vino entre sus cuerpos, su espalda arqueándose, su interior apretándolo con fuerza. Esa sensación llevó a Jungkook al límite y, con un gruñido ronco, enterró su rostro en su cuello mientras se corría dentro de él, sus caderas empujando hasta el final.
El silencio que siguió solo fue roto por sus respiraciones agitadas.
Jungkook se dejó caer sobre Jimin, su peso cubriéndolo mientras ambos intentaban recuperar el aliento.
Después de unos segundos, Jimin dejó escapar una risa baja, aún con los ojos cerrados.
—Dijiste que no ibas a llegar tan tarde.
Jungkook sonrió contra su piel, besando suavemente su cuello.
—Y tú dijiste que ibas a esperar dormido.
Jimin se encogió de hombros, aún con una sonrisa en los labios.
Jungkook dejó escapar una risa ronca antes de besar su frente.
—Voy a darte un baño.
—Mm… suena bien, pero solo si me llevas en brazos.
Jungkook rodó los ojos, pero no se negó.
Después de todo, no había mejor manera de terminar la noche.








