Matrimonio Por Despecho[KOOKMIN]

Summary

Jimin nunca fue el favorito. Ni de su padre, ni de su esposo. Se convirtió en el sustituto de una boda que no era suya, y en el blanco de todo el desprecio de la familia de Jungkook. Pero incluso en medio del abandono, la humillación y el dolor... ...el amor que calla puede ser más fuerte que el que grita. Hasta que rompe. *** 🚫 no adaptaciones 👶 M-preg

Genre
Erotica
Author
MimiGD3
Status
Complete
Chapters
51
Rating
4.5 2 reviews
Age Rating
18+

01

Tenía dieciséis años cuando lo vio por primera vez. El salón estaba iluminado con luces tenues, cálidas, como si intentaran suavizar la ostentación del evento; Era un desfile benéfico organizado por una de las casas de moda más influyentes del país y Jimin había sido seleccionado como modelo por un golpe de suerte... o quizás por la insistencia de su madre, que siempre creyó que su hijo merecía ser visto, aunque fuera solo una vez.

Él caminó con la gracia torpe de quien aún no se cree digno del escenario, con el corazón galopando bajo la tela del smoking prestado y las manos frías a pesar de los reflectores. Su madre lo miraba desde la primera fila, aplaudiendo con los ojos llenos de orgullo y entonces lo vio.

Jungkook era un hombre de una belleza impactante, de rasgos marcados y masculinos. No necesitaba esfuerzo para destacar. De pie junto a los organizadores, imponía sin decir una palabra. Vestía un traje negro perfectamente entallado, y su mirada seria e intensa lo hacía parecer intocable. La firmeza de su mandíbula, la seguridad en su postura... todo en él hablaba de control, de poder. No era un espectador más; era alguien imposible de ignorar.

Y aun así, cuando su mirada se cruzó con la de Jimin —aunque solo fuera un segundo—, fue como si el tiempo se detuviera.

No sonrió. No aplaudió. Solo lo miró. Y para Jimin, esa mirada fue suficiente. Bastó para que su corazón se acelerara sin aviso, sin permiso.

En sus ojos se reflejaba un anhelo que Jimin no entendía del todo, una fuerza que lo atrajo sin explicación. Jungkook, por su parte, lo notó con claridad. Pero eligió ignorarlo, como si no hubiera visto nada, manteniendo su distancia, impenetrable.

Esa noche, después del desfile, varios se le acercaron a Jimin. A pesar de su corta edad, su atractivo era difícil de ignorar, y no faltaron quienes intentaron llamar su atención. Sin embargo, él tenía en mente a alguien más. Decidió acercarse a Jungkook, con la esperanza de robar siquiera un instante de su atención, un breve contacto que confirmara que existía para él.

Pero cuando sus miradas se encontraron, el valor que había reunido se desvaneció al instante. En esa mirada, fría y llena de desdén, Jimin no encontró más que distancia y rechazo. Sin decir palabra, entendió que Jungkook no estaba dispuesto a concederle ni ese pequeño momento.

La madre de Jimin lo observó todo desde la distancia, y sintió un punzante pesar al ver el dolor reflejado en el rostro de su hijo. Su mirada fulminante se posó directamente sobre Jungkook, como una advertencia silenciosa. En ese instante supo que Jimin era lo más importante en ese lugar, y no permitiría que nadie le causara más daño.

Con determinación, apartó a quienes rodeaban a su hijo y, sin mediar palabra, lo llevó consigo fuera de la fiesta. Nadie en ese evento tenía derecho a tratar así a su pequeño, y ella se aseguraría de que eso quedara claro.

—Oh, espere un momento, señor Jeon... —dijo él apresurándose hacia la señora Park, tratando de detenerla—. Señora Park, por favor, no se vaya aún.

—Me voy —respondió ella con firmeza—. Mi hijo tiene clases temprano.

—Pero aún no hemos acordado su aporte.

—Ya he depositado lo necesario. Me voy de aquí —replicó ella, lanzando una mirada fulminante a Jungkook.

Jungkook la observó en silencio, sus ojos fijos en ella con una mezcla de sorpresa y desdén. No esperaba que alguien defendiera tan abiertamente al jovencito que intentó acercarse, y mucho menos que lo hiciera con esa autoridad. Por un momento, su expresión se suavizó, como si la firmeza de la señora Park le recordara que no todo en ese lugar era tan sencillo como parecía.

—Buenas noches. —dijo finalmente, con voz fría.

La señora Park se volvió hacia su hijo, tomó su mano con firmeza y lo condujo lejos del ruido y las miradas inquisitivas. Jimin, aunque agradecido, sentía una mezcla de alivio y tristeza.

Mientras se alejaban, Jungkook volvió a mirar hacia ellos, su expresión indecisa y distante. Algo había despertado en él, aunque aún no estaba listo para admitirlo.

—Estoy agotado, gracias por sacarme de ese lugar. — dijo Jimin disimulando su incomodidad.

—Estuviste hermoso, mi amor. —le susurró, acariciándole el cabello como cuando era niño.— Pase lo que pase, recuerda que naciste para brillar.

Jimin no comprendió del todo las palabras que se intercambiaron, pero no hacía falta. El abrazo cálido de su madre fue suficiente para sanar, aunque fuera un poco, el dolor que le había dejado ese encuentro con Jungkook. En ese abrazo encontró refugio, calma y la promesa silenciosa de que no estaría solo.

Semanas después, un accidente inesperado arrebató a Jimin a su madre. De pronto, todo se volvió frío: el calor que ella brindaba desapareció, y con él, también cambió su relación con su padre, Namjoon. El funeral fue sencillo, casi ausente, sin la presencia ni las palabras que Jimin esperaba de quien debía ser su apoyo.

La casa se llenó de un silencio pesado, de papeles sin abrir y de visitas incómodas. La ausencia de su madre retumbaba en cada rincón, un eco que parecía imposible de apagar.

Entonces, cuando el vacío aún era insoportable, su padre regresó de una gira política acompañado de un nuevo esposo: Jin, y con él, un hijo llamado Taehyung.

El chico perfecto. El que hablaba con todos con una facilidad natural, como si el mundo fuera suyo y no tuviera obstáculos. El que reía sin esfuerzo, sin que nada pudiera perturbar esa imagen impecable que siempre mostraba. El que había sido criado para brillar, para ocupar un lugar de privilegio sin cuestionamientos.

Jimin lo vio por primera vez y supo, sin necesidad de palabras, que el espacio que su madre había protegido con tanto amor para él ya no le pertenecía. El hogar que antes sentía como un refugio se había convertido en un territorio extraño y frío, dominado por ese joven cuya sonrisa parecía estar reservada únicamente para Taehyung, el nuevo hijo de su padre.

Lo que dolía más no era la presencia de Taehyung, sino que aquel mismo chico que había robado su corazón en aquella pasarela benéfica —con su mirada intensa y su aura inalcanzable— ahora parecía existir solo para otro. La distancia que los separaba se hizo insoportable, y Jimin sintió que todo lo que había creído suyo se desvanecía poco a poco, como arena entre los dedos.

***

Hola, querido lector:

Estoy muy feliz de compartir contigo una nueva historia. Espero que le des tanto amor como yo le he puesto al escribirla.

Aún me encuentro en proceso de recuperación, pero haré todo lo posible por actualizar más seguido. Gracias por estar aquí, por leer y acompañarme.