Capítulo 1
Durante siglos llevaban buscando una reliquia que contenía los secretos de la magia de Hecate. Cada seis décadas esta reliquia adoptaba la forma de un libro e irradiaba un gran poder que hacia fácil que fuera detectado, pero había un problema, parecía que tenía conciencia. Una vez que sentía el peligro podía cambia de apariencia, titulo, e incluso de idioma, y si te descuidabas podía desaparecer ante tus ojos.
— Lisboa no fue una buena opción, ni Madrid. Cada vez se hace más difícil ubicar el libro. Ya parece que aprendió a engañarnos — comento Rita, tomando asiento en un mueble cercano.
—No es eso Rita, es que al parecer ya nos reconoce y no quiere que lo encontremos. Necesitamos que alguien que posea magia en sus venas, que no haya estado en esta búsqueda nos ayude a encontrarlo. Ya Leo está buscando a alguien — Dijo Simón mientras observaba un mapa en la mesa y marcaba lugares que ya se recorrieron.
— ¿Y acaso podemos confiar en ese candidato? Te recuerdo que ese libro es muy importante, y no podemos confiarle esta tarea a cualquiera.
—Todavía no lo sé, pero si estoy seguro que necesitamos sangre fresca, una esencia de magia nueva, una que el libro no reconozca, para que le pueda dar tiempo de lanzar un hechizo para detenerlo y atraparlo. — indico Simón ya frustrado por volver a tener esta conversación. Quito la vista del mapa para observar a Rita — Solo que ya nos estamos haciendo viejos, el libro ya parece reconocernos, necesitamos a alguien nuevo, sé que Leo dijo que tenía al indicado para el trabajo. Ya aprendimos a predecir los movimientos del libro, con alguien nuevo tendremos mejor oportunidad de atraparlo. Y haremos que los beneficios de que nos entregue el libro le parezcan mucho mejor.
Al salón ingresaron tres personas más, y se sentaron cerca de la mesa. Eran los que Rita y Simón estaban esperando para comenzar la reunión. Todos aparentaban tener más de 70 años, aunque reamente tenían poco más de 300.
— ¿Qué pistas tienes Simón?— pregunto Loren, mientras se pasaba una mano por su cabello ya canoso. Mientras los demás estaban atentos.
—Tengo tres posibles lugares, pero en estos días lo resumiré a uno, mientras la fecha esté más cerca, más fácil es para mí determinar el perímetro, Leo, ese aspirante tuyo ¿es de fiar?— pregunto Simón a un hombre robusto, canoso.
Leo apoyo los codos en la mesa, y dijo — Lo he sometido a varias pruebas para demostrar su lealtad, hasta los momentos lo ha hecho. Cree que esta búsqueda es otra de las pruebas que le he impuesto, le di información limitada y piensa que debe buscar un libro que hechice y que debe usar su magia para encontrarlo traerlo a mí en un tiempo determinado.
—Tendremos que darle la brújula, así se le hará más fácil ubicarlo, cuando este cerca del libro, con la magia que emite un hechizo localizador no será suficiente ¿Qué le has prometido al chico?— dijo Elenore, la que parecía ser la mayor del grupo.
—La oportunidad de vivir por algunos cientos de años, poder usar la magia de forma más eficaz y por un tiempo mayor sin perder rápidamente su preciosa salud— añadió Leo con una sonrisa. — Hace años que lo conozco, lo mandare a vigilar. Pero es en el que más confió por ahora, además ya no podemos perder esta oportunidad, ya llevamos más de trescientos años atrás del libro, no podemos perderlo otra vez, ya nuestra magia se agota, la muerte ya no durara en llevarnos. Es ahora o nunca.
—A estas alturas no podemos retrasarnos más, cada 60 años el libro refuerza su magia. Espero que esta idea de celebración de la lectura haga que todos saquen los libros de todas las esquinas— Comento Elenore con expresión preocupada, se reclino en la silla.
Décadas atrás idearon un plan, celebrar el día del libro, celebración mundial que desde hace años inundan las calles de libros nuevos y usados, la carnada perfecta para que el libro no sintiera peligro al pasar entre una persona y otra. Solo que había un problema, tenía toda la semana del 23 de abril para apurarse en su búsqueda que era donde la energía del libro se sentía mucho más. Era un plan que iba contra reloj para ellos.
Víctor que era el único del grupo que no había hablado se giró hacia Leo y le dijo —Bien Leo trae al aprendiz tuyo, tenemos que conocerlo, también necesitamos unas gotas de su sangre para unir la brújula a él y le pueda mostrar la ubicación de aquello que busca. También tengo a la persona adecuada que puede seguirlo de cerca... — hizo una pausa y con dos dedos se toca el mentón de forma pensativa— Espero que esta vez no fallemos, la persona que lo seguirá también tendrá una buena recompensa, ya ustedes lo conocen, seguirá al muchacho a una buena distancia para que el libro no detecte su magia.
—Perfecto, el llegara en unas horas para recibir instrucciones. — Comento Leo.
— Pero Leo, debemos imponerle un hechizo de la verdad. Puede ser doloroso, pero yo no lo conozco como tú, y necesito estar muy segura sobre él. — Indico Rita frunciendo el ceño. Ella todavía estaba escéptica. Llevaba ya gran parte de su vida dedicada a la búsqueda del libro que contenía hechizos creados por la diosa Hecate para potenciar la magia de cualquiera, como para confiarle así con facilidad la búsqueda a otra persona que ni conocía. —Sé que no podemos disponer de la magia como antes, pero sería bueno crear un hechizo que lo obligue a entregarnos el libro cuando lo encuentre.
—Eso lo hará sospechar de que lo que está buscando no es un simple libro para completar una prueba. — Intervino Víctor. — No podemos ser tan evidentes. Por eso lo mandare a seguir, todos conocemos a Elias, cuando nos de su ubicación será fácil quitarle el libro, solo necesitamos que le ponga el hechizo inmovilizador, y ya podremos encargarnos de él si nos da problemas.
—Yo comprendo la inquietud. — Dijo Leo alzando las manos en modo de rendición. —Yo también lo estoy, no los culpo, hay mucho en juego, pero no tenemos otra opción si ese condenado libro nos rehuye. Además él lo sabe muy bien, que si esta es la última prueba, es porque será la menos fácil de completar. Ya está informado que cuando llegue será sometido a una prueba de grupo, donde conocerá a los miembros y se le darán las instrucciones. Le haremos una pequeña demostración de nuestro poder para dejarlo más encantado.
Mientras Víctor asentía en acuerdo por lo dicho por Leo, Elenore se giró hacia Simón y pregunto —Simón, ¿para cuándo tendrás la ubicación definitiva?—
— Para mañana, por la diosa Hecate espero que no falle. — dijo Simón reclinando su silla hacia atrás.
Al cabo de un rato, tocaron la puerta y la asistente de Rita le aviso que su invitado ya había llegado. Todos se observaron por un momento hasta que Rita dijo.
—Bien, hazlo pasar.