Chapter 1
Para Lucero. 🤍
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La primera vez que Leo probó el chocolate amargo, fue con su mamá.
—No te va a gustar —le advirtió ella, con una sonrisa traviesa—. Es para paladares valientes.
Leo arrugó la cara y lo mordió. Era raro: amargo, fuerte, como si no tuviera permiso para ser dulce. Pero, si uno lo aguantaba unos segundos, aparecía algo más. Un sabor escondido. Una dulzura tímida, casi secreta.
—¿Lo sientes? —dijo su mamá—. Es como la vida. A veces lo bueno viene después.
Desde entonces, cada vez que llovía, partían una barra de chocolate amargo y la compartían en silencio. Algunas tardes hablaban de cosas tontas, como si los perros soñaban. Otras veces hablaban en serio, como qué hacer cuando uno siente miedo. El chocolate era su pequeño ritual. Un modo de estar juntos sin apuro.
Cuando su mamá se enfermó, dejó de comerlo. Decía que ya no le sabía igual. Y cuando finalmente se fue, lo último que Leo encontró en su mesa de noche fue una pequeña barra, aún sin abrir.
Durante días, el chocolate le parecía traición. Ni dulce ni amargo: solo triste.
Pero un día de lluvia, con el mismo cielo gris de antes, Leo se sentó en la cama, rompió la barra por la mitad y se llevó un trozo a la boca.
Al principio, dolió. Todo sabía a ausencia. Pero luego… ahí estaba. Esa nota escondida. Ese sabor que llegaba si uno esperaba. Y con él, la voz de su mamá, sus risas, sus silencios, sus abrazos.
Desde entonces, Leo come chocolate amargo cuando la extraña. No porque el dolor se haya ido, sino porque aprendió que el amor —como el buen chocolate— puede ser fuerte, puede doler… pero guarda dulzura en lo profundo.









Hi Conejo Blanco,
I just finished reading your story “Chocolate Amargo”, and I loved it so much. Your writing is tender, poetic, and deeply evocative you’ve captured grief and healing with such subtle power. I really loved the central ritual in the story how Leo and his mother share a bar of bitter dark chocolate whenever it rains, as a symbolic gesture of quiet closeness. The imagery of that chocolate being “amargo, fuerte,” and then revealing a “dulzura tímida” over time is such a beautiful metaphor. That scene, especially the moment Leo finally breaks the bar and tastes it again after his mother passes, would make for a touching visual sequence close-up panels of the bar splitting, the rain-shadowed window behind him, his expressive face shifting from sorrow to acceptance.I’m a commissioned artist, and I’d love to draw your story into a comic/manga format. No pressure though.I just think Chocolate Amargo would resonate even more deeply when brought to life with visual storytelling.
You can check out some of my recent work on my DeviantArt (Username – Ev3Verse). If you’re interested, please message me on Discord (Username – Eve_Verse) so we can bring this gentle, healing story into comic form. I’ll be waiting to hear from you!
Regards,
Evee