1er Parcial
Yashiro Nene, una estudiante de 18 años, se caracteriza por su largo y esponjoso cabello crema con puntas en un tono aguamarina; sus magnéticos ojos de un color semejante a las cerezas; y por supuesto... sus TOBILLOS GRUESOS, aquellos que odiaba con todo su ser, debido a ser el principal motivo de los humillantes apodos que le solían poner en la primaria, secundaria y preparatoria. Pero esa ya no era su mayor preocupación. De hecho, en ese momento, sentía que no había nada en el mundo que la pudiera perturbar.
Se hallaba en su camino devuelta a su hogar luego de regresar algunos libros a la biblioteca de su -ahora- antiguo instituto. Daba pequeños saltos alegres con cada paso que daba, salpicando el agua de los charcos en el pavimento, producto de una leve llovizna que había ocurrido en el lugar mientras ella se encontraba dentro del ya mencionado edificio.
El sol de la tarde-noche se escondía tras el infinito horizonte y las numerosas nubes que, teñidas en distintas variantes de dorado -debido a la luz de la brillante estrella- y esparcidas por todo el cielo, le daban un toque de calidez al escenario. Los rastros de la lluvia no solo permanecían en el suelo que pisaba, sino también en las hojas de los árboles llenas de gotas que con el viento caían y mojaban su uniforme.
Al girar su vista a su izquierda pudo notar a una ardilla trepando el tejado de una vivienda. Dicho roedor le recordó a su mascota, Black Canyon, su pequeño hámster de pelaje grisáceo. Ya ansiaba con llegar a casa y llenarlo de mimos tal y como siempre hacía.
A medida que avanzaba, su mente se iba despejando de cualquier pensamiento. Su caminata comenzó a ralentizarse y, de un momento a otro, sintió un peso similar al de una bolsa llena de piedras enormes recargarse sobre su espalda debido a una repentina relajación que adquirió.
Nunca antes en su vida le había tocado experimentar un día tan pesado como aquel a consecuencia de toda la emoción y nerviosismo que sintió. Decir que se encontraba agotada era muy poco; en realidad, en ese momento no había palabra alguna que describiera su cansancio físico y mental. Sus pesados párpados amenazaban con cerrarse. Sus piernas temblaban y comenzó a creer que si no se apresuraba en llegar a casa a tiempo, su cuerpo colapsaría en ese mismo lugar.
A pesar de todo, nada quitaba el hecho de que se sentía satisfecha consigo misma, después de todo, realizar sus parciales y entrevistas para el ingreso a la universidad y recibir la noticia de que había logrado ingresar sin ningún problema (y además con calificaciones superiores al promedio) eran motivo suficiente para darse el lujo de descansar y disfrutar sus breves vacaciones.
Su mente se puso a divagar entre sus memorias. Más específicamente en los recuerdos del mes pasado, cuando su estrés se encontraba por las nubes, y el tiempo de espera para entrar al salón para dar inicio a sus dichosos exámenes finales parecía eterno. Finalmente, y para suerte de la fémina, no necesitaría volver a sentirse de esa forma hasta dentro de un mes y medio, cuando comience a cursar su primer año.
“Me siento.. Feliz!!” se dijo para sus adentros.
Aún no lo podía terminar de procesar. Lo había conseguido! Entró a la universidad! Todo el esfuerzo al momento de estudiar y cada uno de sus sacrificios había dado frutos! Al solo pensar en esto, una pequeña sonrisa se formó en su dulce rostro y con las pocas fuerzas que le quedaban en su exhausto cuerpo, corrió hasta toparse con el frente de su departamento.
No tuvo que molestarse en abrir la puerta, ya que alguien lo hizo por ella. Era su madre, que, de manera eufórica, se lanzó hacia su torso con toda la intención de darle un muy fuerte y cariñoso abrazo sorpresa. Antes de que pudiera decir algo, su padre se hizo presente con el mismo propósito: recibir a su hija de la manera más afectuosa posible.
— No sabes lo orgullosos que estamos mi niña, sabíamos que podrías lograrlo! —dijo su madre mientras se encargaba de acariciar suavemente la frente de la joven.— Entremos ya! Debemos celebrar este momento en familia! —mencionó para luego guiarlos a ambos hasta el comedor.
.
.
.
.
.
—Ughh!... ¡Ya no aguanto más!—chilló la joven de cabellos crema, la cual no pudo contenerse más y se tumbó rendida sobre su cama.
Ahí se encontraba, tendida a lo largo de las sábanas fucsias, asegurándose de no haber aplastado ninguno de sus preciados peluches de calaveras. Su vista fue analizando minuciosamente cada sector de la habitación. Desde las gruesas cortinas que adornaban la pequeña ventana sobre su escritorio hasta el librero rústico frente a su acogedor lecho.
Luego de un rato, su mirada se posicionó en la lámpara de techo, perdiéndose en su luz sofocante mientras volvía a reflexionar sobre todo lo acontecido en esa tarde, la última semana, mes, año, y su vida entera... Sentía que el tiempo avanzaba a paso de tortuga, y al mismo tiempo, volaba, a tal punto que a veces se confundía al colocar la fecha en su diario y sus cuadernos.
¿Qué sería de ella una vez que pusiera un pie en ese condenado lugar? ¿Por qué recordar todas las decisiones que había tomado - y que la habían llevado a donde estaba en ese momento - le generaban una leve sensación de vacío? Como si todo lo hubiera hecho en forma automática.
¿Había elegido bien su carrera? ¿Qué sucedería si eso no era así? ¿Y si se arrepentía a mitad del curso? ¿Debería elegir otro camino? ¿O Comenzar a trabajar?
Una inmensa cantidad de dudas y preocupaciones la invadieron. Tenía que encontrar la forma de distraerse y calmar su creciente ansiedad, pero...
“¡¿Y SI TODO ESTO FUE EN VANO Y TERMINO COMETIENDO UN ERROR?!” Sacudió su cabeza, silenciando cualquier pensamiento negativo restante. “¡No digas eso de ti misma! ¿Acaso sigues dudando de tus capacidades? ¡Tú eres Yashiro Nene, la heroína y protagonista de tu propia historia, y no permitirás que algo tan irrelevante como el miedo a lo incierto te detenga!!” Se dijo internamente, a pesar de saber que necesitaba más que unas simples palabras de motivación para pacificar a su mente inquieta.
Un poco más segura de sí misma, se levantó y se dirigió a su escritorio, tomando entre sus manos su preciada libreta celeste.
Solía darle un uso frecuente, ya sea para imaginar historias de romance protagonizadas por ella y algún que otro príncipe de ensueño, o para narrar lo acontecido en su día a día.
Debía mantenerse ocupada si quería tranquilizarse, y lo más conveniente en ese momento era comenzar a organizarse para su traslado a su nuevo departamento; aquel que ocuparía hasta terminar sus estudios, y compartiría con una compañera de clase.
Estiró su mano hasta alcanzar su cartuchera y sacar los bolígrafos necesarios. Hacer una lista de todo lo que se llevaría a su nuevo hogar no era una tarea complicada; sin embargo, no tardó en distraerse cuando oyó el sonido de una notificación en su celular.
Era de una red social, nada alarmante; aun así, quería entretenerse un rato. La lista podría esperar; además, solo vería lo que sea que le hayan enviado y ¡listo! Se prometió que sería rápida. Sin embargo, no fue así...
Dos minutos se volvieron veinte, y para esto el motivo por el cual se había sentado a escribir ya se le había olvidado.“Que más da!” pensó.
Se levantó de la silla, con sus ojos fijos en la pantalla de su celular, dispuesta a volver a su cama, cuando se topó con un posteo de una antigua amistad de la escuela.
Era una foto de la chica con -lo que suponía que eran- sus compañeros de clase, en el karaoke. Todos se veían contentos, a excepción de un chico al fondo; detrás de todos; y que por alguna extraña razón, pudo captar su atención
No se veía triste o enojado, no, nada de eso, pero tampoco sonreía. Simplemente se encontraba allí, en una de las esquinas; como si hubiera sido obligado a posar junto a los demás.
A simple vista, no lo reconoció, ni siquiera cuando intentó agrandar la imagen y verlo de cerca. Tampoco ayudaba el hecho de que la foto tuviera una muy mala calidad. Lo suficientemente buena para apreciar la expresión neutra del chico, pero no lo necesario para detallar mejor sus rasgos faciales.
Miró hacia su derecha y observó los cuadernos y carpetas en su librero. “Bingo!!”
¿Dónde lo había visto? Cabello oscuro, flequillo, bajo de estatura... Sí, todo encajaba perfecto, y este chico... ¡Ella ya lo había conocido! Pero, aun así, no lo recordaba. ¿Quién demonios era?
Se paró en puntas de pie para llegar hasta el estante más alto del mueble y sacar lo que estaba buscando.
Cuando finalmente lo obtuvo, revoleó el dichoso objeto sobre su lecho y lo abrió presurosamente. Era un viejo álbum de fotos de todos los estudiantes de la academia: El anuario escolar.
Un integrante del club de fotografía -y amigo cercano- se lo había regalado.
Inmediatamente revisó cada página en el álbum. Estaba segurísima de que podría encontrar al “misterioso” joven en la foto escolar con los demás, y no se rendiría hasta ubicarlo!
Nene siempre había sido así, y nunca cambió. Cuando algo se le metía en la cabeza, no paraba hasta hacerlo realidad. Un gran ejemplo de esto era su interminable lucha por conseguir un novio que se adaptara a sus estándares: lindo, amable, inteligente y más alto que ella.
Sin duda era una soñadora sin fin. Aunque hasta ahora seguía intentando encontrar a su hombre ideal, aquel que fuera digno de amarla y protegerla..
Pero ese no era el momento para fantasear! Tenía que saber la identidad de ese chico. Ni siquiera sabía por qué le importaba tanto.. Tal vez solo era un capricho.
Sus dedos se deslizaron por una última hoja, y ahí estaba, en la sección apartada donde se mostraban fotos individuales de cada alumno de la clase.
Su flequillo, con mechones alborotados de un color castaño oscuro, cubría su frente y la parte superior de sus grandes ojos ámbar. Una sonrisa nerviosa adornaba su tímido rostro
— Yugi Amane, segundo año de Ciclo Básico, salón 2-D —pasó sus dedos por el papel para guiarse en su lectura — Amane...
Ughh! Maldito idiota!!—gritó para luego cubrir su boca rápidamente al darse cuenta de su acción. Lo menos que en ese momento quería era llamar la atención de sus padres a altas horas de la noche.
Se había callado, pero la molestia y la impotencia seguían presentes en su cuerpo, lo que hacía que los músculos de sus hombros se tensaran.
El simple recuerdo de él la hacía enfurecer.
Amane, un imbécil egocéntrico y molesto, con complejo de conquistador cada vez que interactuaba con ella. Verdaderamente, un completo dolor de muelas.
Y eso que solo estaba generalizando, porque si tuviese que especificar cada broma de mal gusto que él le planteaba, podría hablar y hablar hasta que su lengua se adormeciera.
Para colmo, también estaban los factores externos: sus amigos.No existía momento en el que no recibiera interrogantes o comentarios como...
“Acaso están saliendo, o por qué él siempre está encima tuyo?” —No! Apenas lo conozco! Y tampoco es que lo permita. Él siempre que puede se trepa sobre mí cual lagarto!—
“Para mí que mantienen una relación en secreto desde la primaria” —Él es menor que yo y para nada mi tipo! Además, nos conocimos y hablamos por primera vez cuando yo ya estaba en preparatoria!—
“Se podrán odiar y todo lo que quieras, pero apuesto a que terminan casados...” —Te aseguro que eso no pasará!—
“Los que se pelean se aman” —Tal vez... Pero él y yo? JAMAS!—
Y finalmente, la gota que derramó el vaso y, de paso, acabó con su paciencia: Tener que escucharlo a él..
—Yashirooo.. Has estado actuando rara hoy... No me ignores! Te molestó que te llame rabanito esta mañana? Por qué no me miras a los ojos?!—
Él era... Bastante meloso con ella.
No lo odiaba, por supuesto que no. De hecho, lo llegó a comparar con un niño pequeño en búsqueda de afecto; como si se tratase del hermanito que nunca tuvo. Lo cual era irónico, porque él tenía un hermano gemelo menor que lo trataba de la misma forma que él a ella.
“De tal palo, tal astilla.”
También estaba el hecho de que llegaba a sentir lástima por él. Amane no tenía muchos amigos y sospechaba que era acosado y posiblemente violentado por los chicos de último año.
Nunca, ni en un solo momento, pudo verlo sin sus típicos vendajes.
Pero no podía negar que la mayoría de las veces encontraba su presencia un tanto fastidiosa. Ni siquiera podía afirmar que entablaban conversaciones normales.
Él solo se limitaba a perseguirla por los pasillos de la academia; burlarse de sus tobillos; abrazarla y no soltarla; subirse a su espalda; peinar y jugar con su cabello sin antes pedirle permiso; e interrumpir cada situación en la que ella tenía la oportunidad de hablar a solas con un chico.
Amane era un pesado, sin lugar a dudas. Pero eso cambió luego de dos años...
No supo nada más de Amane desde su último primer día en el instituto. Era como si, de la nada, se hubiera evaporado. Tampoco se molestó en buscarlo. Tal vez por fin había hecho amigos y decidió no irritarla más
Se preguntaba si después de tanto tiempo había recapacitado y madurado, aunque sea un poco.
—Al final, no hacía falta enojarme tanto. No sé porque lo hice..—Susurró volviendo a admirar la foto entre sus manos para luego guardarla y dejar todo en su respectivo lugar.
Al comienzo estaba preocupada por su nuevo inicio en la universidad, y se desvió abruptamente a un tema que no tenía nada que ver...
Aun así, tenía ganas de volver a verlo y preguntarle cómo estaba y qué fue de su vida el año que dejaron de encontrarse...
—Lo extraño...—Dijo en un tono somnoliento. No comprendía sus repentinos cambios de humor: primero, no lo quería cerca, y ahora no lo paraba de pensar.
Ya no tenía ganas de hacer nada más, así que lo último que hizo fue cambiarse a su pijama e irse a dormir.
.
.
.
.
.
⟡ 2396 palabras
Bueno... Pudo haber sido peor pero bue JSHKJSKSJK. Me presento, soy Rocío y este es mi primer fanfic, y eso. Bien sintético PUAJAJAKJA
Naa joda, pero en serio, quería aclarar que soy nueva en esto de publicar lo que escribo. Solo es para advertirles que a medida que lean, seguramente, se van a topar con bastantes incoherencias en la historia, pero intentaré mejorar!!! Además, esto es algo que a futuro reescriba (sin cambiar los hechos, solo adaptando algunas cosas para que tengan más sentido JEJEJ) pero no es nada seguro, así que quedará en un“tal vez...”
También quería contar como escribir este capítulo me costó un huevo. Entre las tareas; actividades extracurriculares; mi gato q se enfermó; poca motivación y 0 imaginación; mis ganas insaciables de dormir; y lo peor de todo...LA PROCRASTINACIÓN.
De todos modos este capítulo tendrá una actualización incorporando mis dibujos propios. Pero voy a tardar. Solo imagínense que para redactar este episodio demoré dos vidas (empecé en diciembre del año pasado giaaa)
De momento nada más. Bayyyy!!