La orden del eclipse

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Summary

🌑 SINOPSIS (Contraportada)  ECLIPSE Hay recuerdos que no mueren. Solo esperan ser encontrados. Ariadne Thorne nunca fue una chica comĂșn. Las sombras la reconocen, los relojes se detienen a su paso, y en la casa heredada de su abuela —Blackwood Hall— los espejos no reflejan lo que deberĂ­an. El mundo ha olvidado algo importante. Algo que ocurriĂł durante un eclipse, hace generaciones, y que ahora vuelve con señales imposibles de ignorar. Guiada por un cuervo que no vuela, un libro que responde solo a ciertas preguntas, y un extraño joven que parece conocer su destino mejor que ella misma, Ariadne deberĂĄ enfrentar una verdad que nadie mĂĄs recuerda
 Porque el eclipse no solo cubre la luz. El eclipse borra la memoria. Y esta vez, viene por la suya. Una novela gĂłtica de misterio, magia y legado, sobre el precio de recordar y la belleza de lo que se niega a morir.

Status
Complete
Chapters
17
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1 – La biblioteca prohibida

Capítulo 1 – La biblioteca prohibida

Huir era la mejor opción


Y la mĂĄs cobarde.

Pero Ariadne sabĂ­a algo que los libros nunca decĂ­an: uno no vive para siempre siendo valiente.

ApretĂł el broche contra el pecho, sintiendo cĂłmo pulsaba con una vibraciĂłn sorda, como un corazĂłn que no era suyo. La carta, aĂșn fresca con tinta viva, se desvaneciĂł entre sus dedos como si hubiera cumplido su funciĂłn. El mensaje habĂ­a sido recibido.

Entonces, sin hacer ruido, retrocediĂł.

ConocĂ­a cada rincĂłn de la biblioteca. SabĂ­a cuĂĄles escalones crujĂ­an, quĂ© vitrinas reflejaban el mĂ­nimo movimiento, y cuĂĄl era el camino mĂĄs directo al ala oeste, donde un pequeño pasaje de mantenimiento —sellado para casi todos— conducĂ­a a una salida trasera cubierta por las glicinas del jardĂ­n interno.

El broche volviĂł a arder, mĂĄs fuerte.

Los pasos se acercaban.

Pasaron frente al pasillo lateral. No eran apresurados, ni cautelosos. Caminaban con seguridad, como si la figura supiera perfectamente hacia dónde ir
 o a quién buscar.

Ariadne contuvo el aliento y girĂł por una estanterĂ­a que conducĂ­a a un pasadizo oculto tras un panel de madera falsa. La empujĂł con los nudillos en un patrĂłn de tres golpes cortos y dos largos.

Click.

Se abriĂł apenas lo suficiente para deslizarse.

La humedad del pasaje la envolviĂł al instante. AllĂ­ dentro no habĂ­a luz salvo la tenue chispa azulada del broche, que ahora parecĂ­a guiarla. La puerta se cerrĂł detrĂĄs de ella sin que hiciera nada.

Y en ese momento, escuchĂł algo.

Una voz, apenas un susurro. Familiar. Cercana. No humana.

— “La sangre la llama
 y no sos la Ășnica que la oye.”

Ariadne no respondiĂł.

CaminĂł con rapidez por el pasadizo hasta llegar a una trampilla de hierro que daba al jardĂ­n interior. La abriĂł con esfuerzo y emergiĂł entre ramas torcidas, mojadas por la llovizna nocturna. El aire libre la recibiĂł con un golpe de frĂ­o y olor a tierra.

Estaba fuera. A salvo.

Por ahora.

Pero no era un escape.

Era una invitaciĂłn no respondida.

Y quien había entrado
 seguramente no tardaría en volver a intentarlo.

Una hora despuĂ©s, Ariadne regresaba a su departamento oculto dentro de la universidad, aĂșn empapada. ColocĂł el broche sobre la mesa, encendiĂł una vela, y desplegĂł un viejo mapa de Inglaterra. BuscĂł al este, hacia los bordes del condado de Goring.

AllĂ­, entre lĂ­neas mal trazadas y manchas de humedad, encontrĂł el nombre.

Blackwood Manor.

Y al lado, escrito a mano en tinta desteñida:

Propiedad expropiada.

Entrada prohibida por decreto de la Dama Ministra.

Peligro de derrumbe
 y de maldición activa.

Ariadne no sonriĂł.

Pero sus ojos brillaron con algo que hacía años no sentía.

DeterminaciĂłn.

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