Prólogo
El mundo, tal como lo conocemos, es un teatro de vanidades. Detrás de cada rostro se oculta una máscara, un reflejo distorsionado de lo que anhelamos ser... o tememos mostrar. No es que seamos todos falsos; es que hemos aprendido a imitar lo que nos rodea. Y lo que nos rodea, con frecuencia, es corrupción, brutalidad y engaño.
Llevamos la imperfección en la sangre, como una herencia antigua que aún no hemos logrado romper. Por eso, nos escandaliza la pureza de los animales, su brutal honestidad, su forma de existir sin máscaras ni excusas. Ellos no mienten. No conocen el disfraz ni la pose.
Y sin embargo, nos hemos erigido sobre ellos como amos. Hemos trazado una línea invisible que nos separa —la del pensamiento, la de la invención—, y con ella justificamos el dominio, la caza, la esclavitud y la arrogancia. Hemos olvidado que su dolor no necesita palabras para ser real.
Solo cuando uno de los nuestros se halle en su lugar, solo cuando sufra en su carne lo que ellos sufren en silencio, comprenderemos la magnitud de nuestro error.
En medio del torbellino de ideas que cruzan mi mente como relámpagos en la tormenta, una surgió con fuerza y propósito. Una historia que no solo merece ser contada, sino que tal vez —solo tal vez— contenga un espejo en el que podamos vernos tal como somos.
Que esta narración despierte algo en ustedes. Que al recorrer sus páginas, sientan lo que yo sentí al forjarla: asombro, dolor... y una chispa de esperanza.
ATTE: Harley T. Brown