La Biblia Según Doña Lola

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Summary

Esto no es una Biblia común. Aquí no hay ángeles de porcelana ni profetas de voz suave. Esta es la Biblia contada por Doña Lola, una doña dominicana sin pelos en la lengua, que cocina mientras discute con Dios, reza con chancleta en mano y no cree en cuentos mal contados. Doña Lola reinterpreta el Antiguo Testamento con humor callejero, sabiduría popular y una voz que mezcla lo sagrado con lo sabroso. Desde el Edén hasta la Torre de Babel, pasando por Noé, Sansón, Abraham y un par de pecadores sin nombre, esta Biblia está llena de verdades a media lengua, carcajadas con culpa y preguntas que ni el cura se atreve a hacer.

Status
Complete
Chapters
20
Rating
4.0 1 review
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16+

Capitulo 1 - Adán y Eva, pero con sazón

Dios creó al hombre primero.

Eso ya lo sabemos.

Y aunque lo pinten como un acto divino,

yo siempre pensé que fue una prueba.




Porque Adán, solo en el Edén,

era como un plátano sin freír:

verde, sin sabor,

y con la cáscara puesta.




Caminaba por el paraíso sin saber qué hacer,

con esa cara de hombre que espera instrucciones pero no las pide.




Le pusieron árboles, flores, ríos limpios...

y aun así se aburría.




Entonces Dios, cansado de ver a su primera creación sin propósito y sin plan, decidió hacerle compañía.




Y nació Eva.

La primera mujer.

Y quizás, la última que entró al mundo sin deuda ni trauma.




Eva vino con silencio en los labios y fuego en la mirada.

Aprendió a caminar entre los árboles

como si ya supiera que un día tendría que escapar de algo.




Y por un tiempo, todo fue armonía.

Hasta que la serpiente,

ese animal alargado como chisme viejo,

empezó a hablar.




Porque en toda historia donde hay paz,

siempre aparece una lengua con tiempo libre.




La serpiente no ofrecía veneno,

ofrecía duda.




Le dijo a Eva que si comía la fruta,

sería como Dios.

Y Eva, que no era tonta ni pasiva,

pensó:

"¿Y por qué no?"




La mordió con la misma decisión con la que una mujer se corta el pelo cuando ya no quiere explicarse.




Y le pasó un pedazo a Adán.

Y Adán, como quien acepta sin preguntar, se lo comió.

No por maldad,

sino por costumbre.




Y ahí...

todo cambió.




Sintieron vergüenza.

No por el pecado,

sino porque por primera vez se vieron completos.

Y nadie está listo para verse sin ropa ni excusas.




Dios apareció,

no con rayos ni fuego,

sino con preguntas:




—"¿Qué hicieron?"




Y Adán,

en lugar de asumir,

culpó a Eva.

Y en ese momento,

nació la tradición milenaria del hombre que se lava las manos con agua que no es suya.




Fueron expulsados.

Con hojas mal puestas,

con miedo,

y con una historia que siempre la culparía a ella.




Pero si me preguntas a mí,

la culpa no fue de Eva,

ni de Adán,

ni de la fruta.




Fue de Dios,

que puso el árbol en el centro y se fue a caminar.




Porque hasta en el paraíso,

la tentación entra por la puerta que alguien deja entreabierta.




En fin...




Así empezó el mundo:

con una mordida,

una mentira,

y un hombre que se lavó las manos antes que Pilato.