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Summary

Donde Jimin es un ingeniero en robótica y se encarga de dejar su resentimiento hacia las “máquinas” de lado por un nuevo androide que le delegaron testear. JK-1317, un sofisticado humanoide con tecnología de punta que hará que Jimin descubra en sí mismo algo que lo mantuvo perturbado durante años.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

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Park Ji-Min se presionaba la sien con las yemas de los dedos mientras yacía acostado en el sofá largo y aterciopelado en tonos grisáceos que hacía de alfeizar en su ventana; otra vez estaba pasando por un fuerte episodio de insomnio y eventos catastróficos que jamás ocurrirían, pero lo llevaban a escenarios imaginarios que le quitaban el aliento.

—No pienso tomar otra píldora más…

Murmuró para sí mismo, conversando con las voces de su cabeza que lo animaban a ingerir otra más de aquellas pastillas gelatinosas en un traslúcido color azul. Pese a su constante pelea interna con el uso de esos narcóticos, era consciente de que hacerse dependiente de los mismos sólo sería agregarle un ítem más a la lista de desgracias con las que cargaba en ese momento, y era lo que menos quería.

El peculiar tono de su ringtone lo sacó de la absurda discusión con su conciencia, lo cual agradeció entre un suspiro antes de levantarse por fin, acercándose al escritorio en una esquina, en donde tomó, de mala gana por su cansancio, su teléfono celular.

« Mañana te llegarán los componentes del hardware por fin. Pese a la alta demanda te pude reservar el modelo que será el más pedido por el público femenino, así que ve preparándote para ver un six pack para envidiar… »

La inconfundible voz del diseñador industrial Kim Tae-Hyung se oyó del otro lado de la línea, con su tono coqueto y divertido de siempre, aunque con un ligero dejo entonado por el alcohol. El pelinegro volvió a suspirar. Había estado posponiendo el trabajo que el contrario le propuso hace unos meses, que consistía en encargarse de testear las diferentes nuevas tareas y sistemas de voz de los androides que la compañía Hybe Droids lanzaría el año siguiente.

El treintañero Park era uno de los ingenieros en robótica más solicitados entre las empresas de dicho ámbito; su impecable trabajo en descubrir un sistema en el que la IA convencional fuera autosuficiente e independiente a un cuerpo externo que lo sustente, fue una completa revolución en la tecnología moderna, dando paso e inicio a una era en el que los conocidos ignorantemente como robots, pudieran vivir y coexistir con los seres humanos, sin alterar el ciclo, sin desequilibrar la balanza. O al menos ese había sido el plan desde un comienzo.

Cinco años más tarde, el fundador de la revolución tecnológica estaba en un estado problemático. Reacio al cómo las empresas habían hecho uso de su descubrimiento, despilfarrándolo en una idea antinatural como la que era convivir con objetos inteligentes.

—¿Qué haces despierto a esta hora? Son las… —giró su cabeza buscando su gran reloj reflejado en un proyector en la sala de estar con colores tenues.— …cuatro, cuatro de la mañana.

« ¿Perdona? Déjame preguntar lo mismo. Olvidé avisarte lo de la entrega y apenas con unos cuantos shots me llegó a la mente, después de todo seguro faltan un par de horas… me aterraba la idea de despertarte, pero veo que todo salió mejor de lo que esperaba. »

Aquella entonación daba un mensaje contradictorio, pero aún así el pelinegro lo dejó pasar, algo harto con la situación, estaba claro que el diseñador estaba en un estado de ebriedad. Entre más comentarios sarcásticos y chistes internos, finalmente colgó.

Mordiéndose la lengua en un mal hábito que tenía cuando la ansiedad lo inundaba, se tiró nuevamente en el sofá, lanzando su celular a un costado.

Sería un día agotador.


Ji-Min no durmió lo que restaba de la madrugada, por lo que optó por seguir su instinto y beber aquellas bebidas energéticas carbonatadas que lo hacían sentir saludable por un lapso de al menos dos horas.

El set de tres cajas inmensas le había llegado tal como Tae-Hyung estimó, leyéndose en aquella carta de autenticidad que venía pegada en ellas:

“ (BETA) JK-1317 NRO. 01/05 ”

El pelinegro quería ignorar el hecho de que muy por dentro, y aunque no admitiría nunca, estaba algo emocionado por su temporal adquisición, después de todo tendría un androide exclusivo y de primera serie antes que todo el mundo. Ese tipo de exclusividad le daba justo en el orgullo, y sólo los más allegados a Park sabían que la forma más fácil de acceder a él era alimentando eso mismo.

No tardó en usar su porta cajas para trasladar aquellos exageradamente pesados paquetes hacia su estudio de trabajo, en el que con anterioridad preparó sus computadoras y monitores para iniciar la calibración e instalación de las actualizaciones de software en la página oficial de Hybe Droids con un código único que le envió Kim en un correo encriptado. La confidencialidad era absoluta, lo que lo dejaba aún más intrigado.

Primero se hizo con la caja más pequeña, que al parecer eran instructivos de calibración con el entorno, idioma, tono por default, entre otros. Les dió una ojeada, emitiendo un burlesco “bla bla bla” en voz alta, antes de lanzarlo en la mesa. Chasqueó la lengua, pensando en que él era el maldito fundador de todas esas palabras y conceptos, y que el simple hecho de querer enseñarle sobre los mismos era un insulto a su inteligencia.

Continuó con la segunda caja, en ésta yacían los accesorios, y lo que llamó poderosamente su atención: prendas de ropa con el logo de la empresa que lo fabricaba.

—…¿Qué carajos? —tomó aquella muda con lentitud, sacándola de su empaque para observarla mejor. Contaba con un par de bóxers negros, un pantalón de algodón estilo deportivo del mismo color y una camiseta azul—. ¿Por qué un androide necesitaría ropa?

Pensó en aquellas reuniones en las que sus ex-compañeros comentaron sobre las nuevas decisiones para hacer a los androides “más amigables“ para el público general. Al principio comenzaron con rostros más realistas y unánimemente hegemónicos. Luego con voces más suaves y menos artificiales.

Y ahora, ¿También irían vestidos?

Antes de seguir, el ingeniero se detuvo a rodar los ojos y murmurar para sí mismo una frase inentendible que terminó con un «…ni que hubiera algo para cubrir».

Acomodó mejor la última y más grande caja en medio de su estudio, frente al ventanal enorme que aún yacía cubierto con las persianas en color negro mate, y antes de abrirla dejó escapar un suspiro largo, tratando de liberar su ansiedad negada.

Con sus manos, luego de cortar la cinta protectora, abrió las solapas de la caja gruesa y reforzada, retirando luego con delicadeza el plástico que cubría toda la anatomía robótica. Lentamente quitó el último protector de uno de los extremos. Sus ojos se abrieron en sorpresa, y juró que sintió su piel erizarse; el rostro de aquel androide era blanquecino, con profundo detalle en cada poro, incluso con algunos lunares que lo adornaban. Su cabellera era abundante y en color castaño claro, como aquel pelaje que verías en un conejo en un bello prado un día de sol. Sus labios eran finos pero perfectamente amoldados, podía jurar que Tae-Hyung había trabajado durante horas en su modelado.

Se quedó unos segundos allí, acercando su rostro de manera invasiva hacia aquella cara hiperrealista para observar todo a detalle, maravillado con lo pulcro que había sido el trabajo. Por un momento amagó con tocar sus párpados que todavía yacían cerrados, pero se detuvo a medio camino, pensando para sí mismo que primero debía de desempacarlo correctamente.

Prosiguió con el plástico restante que lo cubría por completo, dejándolo detrás de su cuerpo mientras continuaba en cuclillas, desempacando pacientemente.

De repente, ahogó un grito y como si hubiera visto un fantasma, giró su rostro noventa grados a la izquierda, respirando ligeramente agitado, manteniendo sus manos sobre el borde de la caja.

—Tae-Hyung, serás hijo de puta… —murmuró cerrando sus ojos fuertemente, apretando luego sus nudillos—.

Tomó valor y volvió a echar un vistazo. Efectivamente el androide tenía todo lo que podía tener un ser humano, desde aquel six pack envidiable, hasta genitales masculinos detallados a la perfección, como si lo hubieran diseñado una tienda de juguetes para adultos.

Las prendas de ropa ahora tenían todo el sentido del mundo.

Tratando de ignorar ese tipo de detalles, bajó las solapas de la caja que se encontraban a los costados de todo el cuerpo, de mala gana, bufando por momentos; acto seguido, con su tacto buscó aquella ranura fina detrás de sus orejas, en donde mantuvo presionado unos segundos antes de sentir cómo aquella bandeja delgada salía de la piel del androide.

Se trataba de una tarjeta con toda la información de la IA, en donde también debían de cargarse las actualizaciones recientes para una mejor optimización. Debía de realizarse de manera manual sólo una vez, hasta encender al humanoide, y así éste pudiera realizarlo de manera autónoma.

Tecleando algunas cosas en su computadora que los simples mortales no entenderían, luego de unos minutos regresó la card en la piel sintética, alejándose unos metros antes de suspirar. Todo estaba listo, tan sólo había que dar el comando de voz, y el androide JK-1317 se activaría.

Tragó grueso, con los nervios y la ansiedad a flor de piel. Se encargó de despejar el camino, teniendo en cuenta que, justo como un muerto viviente, aquella máquina frente a él, despertaría.

—JK, wake up*.

Y notó cómo sus ojos se abrieron de inmediato.


Wake up*: Despierta en inglés.