Záichik Jikook by alice :) at Inkitt
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Záichik Jikook

Summary

La corta historia de un joven humano llamado Jungkook y un bog de ojos dorados.

Genre
Romance
Author
alice :)
Status
Complete
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Poco recordaba de su familia o de cómo llegó hasta Vladivostok. La persona que lo crio y que con tanto cariño llamaba bábushka* solo le dijo que lo robó de un barco de esclavos. Y le decía “esos barbaros no tenían reglas. Lo mismo les daba esclavizar a una mujer embarazada que a un niño mientras sus manos les fueran útiles”.

Por el día la viejecilla horneaba pan, el más esponjoso y delicioso en varias calles. Los pobladores formaban una larga fila solo para poder comprar una pieza de pan.

En alguna ocasión, un joven Jungkook le preguntó:

— ¿Por qué solo vende una pieza de pan por persona?

—La gula, mi pequeña záichik*, es un pecado. También es porque a esta anciana las manos no le dan más para poder hornear una mayor cantidad —levantó las manos mostrando sus dedos torcidos.

No entendió la primera parte de la oración, igual nunca lo hacía. Pero sabía que cocinar y hornear eran similares.

— ¡Quiero ayudar!

—Entonces, apúrate a crecer, mi záichik.

A medida que pasaban los años, Jungkook crecía fuerte y ágil, siempre al lado de su bábushka. Aunque el trabajo en la panadería era duro, sentía una profunda satisfacción al ver las sonrisas de los clientes cuando mordían el pan recién horneado. Algún día también se encargaría de hornear, por el momento solo tenía permitido cargar cosas y asear el lugar.

Una tarde, mientras la veía amasar la masa, Jungkook notó el rostro pensativo de su bábushka.

— ¿En qué piensa?

Ella suspiró y, tras un momento de silencio, respondió:

— Sabes, mi záichik , hay un mundo más allá de estas calles. Cuando ya no esté aquí, tendrás que descubrirlo por ti mismo —la anciana le acarició el cabello con ternura.

Pero Jungkook no podía imaginar un futuro sin la cálida presencia de su bábushka y el olor del pan recién horneado llenando la pequeña tienda. Para él, ese rincón de Vladivostok era todo su mundo.



Por la noche, la anciana se adentraba en el bosque y recolectaba hierbas. La primera vez que un adolescente Jungkook -lleno de curiosidad-, la siguió hasta el bosque, la escuchó susurrarle a la obscuridad. Se le dificultó entender lo que decía. Una segunda voz, profunda e hipnótica, le hizo saber que estaba al tanto de su presencia.

—Muéstrate, niño.

Ninguna persona en el pueblo hablaba de esa forma.

La anciana volteó sorprendida al ver a su záichik salir de entre los árboles. Jungkook se acercó vacilante, aun cuidando de no pisar las ramas y se posicionó a un lado de la anciana. La luna bañó a Jungkook con su luz, pero ni así logró verse tan pálido como el hombre frente a ellos. La misma luz reflejó la placa con su nombre. Gracias a ello la bábushka supo cómo se llamaba, o eso esperaba, porque desconocía la palabra.

Bog*, no. Él es mi niño, no dirá nada —dijo al leer las intenciones de su bog.

—No se parecen.

—Lo crie como mío, lo conozco mejor que nadie —escondió al joven detrás de ella.

—Está bien, vieja. Confiaré en ti por ser la más leal de mis seguidores humanos, ¿Él seguirá después de tu muerte?

—No, mi bog.

— ¿Por qué no? —preguntó más curioso que amenazante.

La bábushka bajó la mirada, mostrando respeto.

—Mi záichik no ha sido preparado para esto. Su destino no es el mismo que el mío. Quiero que tenga una vida diferente, lejos de la obscuridad, mi bog.

De lo contrario su pequeña záichik tendría que pasar por lo mismo que ella para ganarse su favor. Y claramente no permitiría que Jungkook se manchara las manos con sangre. Para ella ya era tarde. Entregó niños moribundos para mantener la salud de otras personas. Fue así como robó a Jungkook, porque en un principio parecía que el niño moriría, pero solo tenía la enfermedad del pirata al haber llegado en un barco de esclavos. La anciana había escuchado de su bog sobre esta enfermedad y antes de optar por entregar al niño, lo trató con cítricos logrando una mejoría en su salud y entregando a una niña abandonada en su lugar.

Sin embargo, el hombre no estaba convencido.

—Veremos, vieja. El destino tiene formas curiosas de imponerse. Cuídalo bien.

El joven no quiso ser descortés y mirar fijamente al fascinante desconocido, pero fue inevitable. No había visto ojos tan rojos como la sangre en un humano. Tampoco le pareció normal que sus dientes delanteros fuesen largos como los colmillos de los lobos. Dejó de observar al hombre cuando sus labios formaron una macabra sonrisa. Un escalofrió recorrió su columna y la perturbadora historia del rey empalador, pasó por su cabeza.

La bábushka suspiró aliviada y se volvió hacia Jungkook.

—Regresa a casa, Jungkook. Hablaremos allá

Obediente se despidió.



Al regreso de la anciana, está le explicó que se trataba de un dios.

—Oh —se llevó la mano con preocupación a los labios, ¿Cómo se atrevía a comparar a un dios con un terrible asesino?—. Es un dios y yo pensé mal de él…

—No es un buen dios.

— ¿Cómo puede existir un dios que no sea bueno?

—Solo existen. Los dioses antiguos como él, son seres complejos. No actúan por pura bondad ni por maldad. Buscan equilibrio y, en su propio modo, disfrutan viendo cómo influencian la vida humana. Para él, nuestra aldea es un pequeño experimento, un lugar donde puede observar y aprender.

—Así es como ayuda a los vecinos —dijo en voz baja, porque las paredes escuchaban.

Cuando entendió lo que hacía la anciana esta le hizo prometer que no le diría a nadie. Le dijo también, que solo ayudaba a personas de confianza, les daba tónicos y ungüentos que calmaban sus malestares sin recibir nada a cambio. Nadie ajeno a su circulo de confianza debía saberlo porque se arriesgarían a que la iglesia fuera tras ella. Por fortuna, en su pueblo las personas estaban preocupadas por sobrevivir un día más y no por acusar a otros de ser herejes.

—Sí, záichik. Él ha sido mi maestro, dice que los humanos son interesantes y ha ayudado a que las muertes en el pueblo sean por vejez y no por sus padecimientos.

—Quiero aprender. Quiero ser como usted y cuidar de las personas, ¿Me enseñaría?

Por primea vez en años, la anciana sintió que su corazón se conmovía por simples palabras. No comprendía cómo había logrado criar a un muchacho extraordinario como Jungkook.

—Con gusto. Solo recuerda. Lo que voy a enseñarte, no será posible compartirlo con desconocidos. No sabes cuando un malagradecido pueda delatarte.



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