1. Cuerpo vacío, alma inexistente
Miraba la boleta de calificaciones con notas sobresalientes, sin ningún sentimiento de logro o felicidad.
Últimamente mi cabeza funcionaba diferente, más... mecánica, sin sentimentalismos estúpidos.
Solo pensaba en una cosa: venganza.
Jade no ayudaba tanto como creí que lo haría, no sabía más que yo, estábamos en el mismo nivel de ignorancia ahora y eso me frustraba más de lo que quería admitir.
Con un suspiro guardé la hoja en mi libreta y me hundí en la masa estudiantil hacia mi dormitorio. El lugar donde ahora casi pasaba la mayor parte de mi tiempo.
—¿Quieres cenar con nosotros? —Raiden llegó junto a mí caminando a la par. Ni lo voltee a ver.
—¿Nosotros? —repetí sin emoción.
—Con Ester y conmigo —aclaró—. Ella de verdad quiere conocerte mejor —añadió y resoplé.
—No me interesa, gracias por la oferta.
—Oye sé que no ha sido fácil con la muerte de... —Lo miré fijo en advertencia—, mi primo. Pero somos familia al final de cuentas. Debemos estar unidos.
—Cenar contigo y tu madre no regresará a Ryuu a la vida, al igual que evitar decir su nombre. Así que no seas ridículo y déjame tranquila.
—Alison —me llamó tomándome del brazo para detenerme, lo miré con fastidio. ¿Por qué tenía que ser tan sentimental?—. No estás bien, necesitas ayuda psicológica, puedes hablar de lo que te pasa conmigo, y si no conmigo, con quien sea, pero habla.
—¿Ayuda psicológica? —repetí burlona sacudiéndome su mano de encima—. No te recordaba tan... patético, primo —dije sarcástica la última frase y noté que sus hombros se tensaron.
—Bien, como gustes. Húndete en la miseria y la depresión. No estás siendo "fuerte", tú eres la patética aquí —escupió en voz baja antes de irse.
Lo peor es que no estaba hundida en ninguno de los dos, verlo molesto, decepcionado no causaba nada en mí.
Es como si... me hubiesen extirpado la vida dejando una carcasa en su lugar.
De repente alguien chocó contra mi hombro, era María, quien me miró de reojo pero no se detuvo. No sabía si estaba molesta o si me odiaba o si por el contrario, no le interesaba la situación.
Desde esa noche en que las reuní a ambas (ella y Alex) para decirles que no corrían peligro por mí o Jade, habían estado evitándome. Mejor, no las quería al rededor. No sabía si Alex se había atrevido a contarle mi verdadera identidad y todo lo que yo había hecho, aunque si de verdad fue así, me parecía algo curioso que no hubiesen divulgado las cosas todavía. Quizá por agradecimiento o por miedo.
Cuando llegué, tiré mis cosas en el piso y yo me tumbé sobre la cama desecha. Todo mi dormitorio era un desastre, ¿qué más daba?
—Mírate, das pena —Ryuu se materializó frente a mí para decirme con asco lo que yo misma pensaba. Eso me pasaba todos los días, casi todo el tiempo, que se me apareciera de pronto a insultarme, culparme de todo y burlarse de mí.
Sabía que era solo mi imaginación, que era mi mente jugándome sucio para volverme loca, y lo peor es que lo estaba logrando.
Tal vez no era Ryuu de verdad, pero sabía que si hubiera sobrevivido, esas mismas palabras que su fantasma me decía, serían las mismas palabras que diría si estuviera aquí.
—Lo sé —murmuré girándome para darle la espalda y no verlo. Cuando regresé la mirada, su espectro ya no estaba.
Suspiré y volví el cuello, pero el rostro de Ryuu apareció a centímetros de mi cara, (aunque ahora estaba ensangrentado y golpeado).
—¡Muérete ya! —gritó y brinqué de la cama hacia el suelo, tapándome los oídos y cerrando los ojos con fuerza.
Me sentía mareada, quería vomitar. Ese característico sudor frío comenzó a acumularse en mi frente.
No importaba a donde fuera, a la biblioteca, a las calles llenas de gente, a la azotea, a las clases... él siempre estaba ahí hablándome y gritándome.
No quería que los estudiantes o quien fuera me vieran como si se me hubiese zafado un tornillo y terminara internada en un psiquiátrico. Así que mejor me iba a sola mi dormitorio a sufrir sin que nadie se diera cuenta.
—Vete de aquí. Déjame en paz —musité temblando.
—No mereces vivir en paz Alison. Tú me hiciste esto, tú me mataste, me traicionaste —contestó con su voz más cerca de lo que esperaba.
Era cierto, yo lo maté.
Escondí mi cabeza entre mis piernas y me negué a mirarlo.
Mierda.
—Lárgate —escupí y escuché su risa cínica.
—Intentas vengarme, pero la única manera en la podrás hacerlo, es si te suicidas.
—¡Dije que te vayas! —grité con la cara empapada por las lágrimas impotentes y levantando la cabeza al fin.
Ya no estaba.
Entonces alguien tocó mi puerta.
Me paré como resorte y me sequé el rostro con brusquedad mientras respiraba una y otra vez para calmar mi respiración.
Al abrir ahí estaba Jade, abrazando sus libros, con el uniforme impecable y evaluándome de pies a cabeza.
—¿Con quién estás peleando? —inquirió asomándose hacia adentro y le tapé la vista con mi cuerpo.
—Nadie —mentí de mala gana—. ¿Qué quieres?
—Vine a hablar del plan.
—Ya tenemos un plan, ¿qué más necesitas saber? —espeté y puso los ojos en blanco.
—Volar a Italia para meterle una bala entre los ojos a Leonardo y a todo su clan no es un plan —replicó y entonces la paciencia se me agotó. Ella de verdad no entendía.
—Lo es para mí.
—Piensa bien las cosas Alison —bajó la voz al decir mi nombre—. Si nos escapamos, ¿qué pasará con los Gray? No te dejarán ir tan fácil.
—Creí que no te asustaban los Gray —me burlé—. Además no les voy a pedir permiso Jade.
—Escucha. —Miró a ambos lados y luego a mi dormitorio—. ¿Me dejas entrar? —pidió impaciente.
—No.
—Eres tan... —se detuvo y suspiró.
—¿Odiosa? Sí, lo soy.
—Obvio no estás bien. Tu reciente pérdida te enloqueció, y por un momento, ¿crees que Ester o Elias, Raiden incluso, no lo han notado? Te tienen vigilada y ni cuenta te has dado.
—Ahora todos se creen psicólogos —dije harta—. Sé que me vigilan, eso no es nuevo. Pero también sé escaparme, al parecer no recuerdas eso.
—Alison, cuando decidí no matarte y unirte a mí...
—¿Tú decidiste no matarme? —repetí riéndome por la estupidez que salía de su boca.
—Escucha...
—No, tú escucha. —La apunté con mi dedo tocando su pecho—. No te creas mejor que yo porque no lo eres. Solo estamos en tregua porque las dos odiamos a los Gray. No confundas eso con confianza —reclamé y sonrío con amargura quitando mi mano.
—Eso no es un plan —repitió ignorando mis palabras—. Así que cuando te tranquilices y te tomes en serio esto, búscame —agregó dando media vuelta e irse.
Solté el aire retenido y entré cerrando la puerta con un fuerte golpe.
Comenzaba a pensar si Jade era la aliada que necesitaba, si no hubiera tenido nada que ver con Aarón la mataría sin dudarlo. Pero todavía me intrigaba, quería saber cómo había sido él con ella. ¿La trató como a mí o habrá sido diferente?
Por cómo lo defendía, suponía que fue diferente, tal vez más amoroso y compasivo. ¿Con qué objetivo nos ocultó a ambas por separado?
Me ponía furiosa no saberlo.
Alguien tocó mi puerta otra vez y me preparé para que fuera ella porque quería decirle todavía un par de cosas más (nada agradables).
Akame me recibió con una mirada gélida y recibió lo mismo de mi parte.
—Vaya, a ti no te esperaba —admití. Entró empujándome y apreté los labios. No quería discutir con ella.
—Hace días vine a hablar contigo, parece que ya se te olvidó. Nikolai no está bien, debes ir a verlo y hablar con él. Tal vez tú puedas calmarlo —dijo cruzándose de brazos—. Y lo cierto es que no te estoy preguntando, te lo estoy pidiendo.
Una pequeña chispa de culpa, mínima, apareció por un segundo antes de ser ignorada por todo lo demás. Nikolai estaba como loco, no era un secreto, pero tampoco era mi problema. Además estaba mejor lejos de mí.
—No soy su niñera ni su madre —escupí cruzándome de brazos, imitándola. Gruñó y me empujó con una mano con enojo.
—Perra —escupió colérica—. ¿No eras su puta amiga?
—No. Yo no tengo amigos. Porque los amigos que he tenido están muertos. Así que no voy a ir consolar a Nikolai —hablé con calma y seguridad.
Akame me fulminó con los ojos y luego me miró con repudio.
—Olvidas a quien te apoyó siempre. Eres una malagradecida.
Esas palabras debieron afectarme más. Pues fracasó porque me encogí de hombros y le abrí la puerta.
Akame levantó la barbilla y salió, pero antes de irse se volvió para decir una última cosa:
—Cuando estés de nuevo en aprietos, no te atrevas a buscarnos —advirtió.
—No te preocupes. Ya no tengo nada qué perder —culminé inexpresiva y suspiré cansada cuando al fin la perdí de vista.
Iba a meterme a la habitación, pero todo se volvió tan asfixiante que no me quedó de otra más que salir a respirar aire.
Los estudiantes que me encontraba en el camino me miraban curiosos, como esperando a que explotara o me rompiera ahí frente a todos.
No era noticia nueva que yo y Ryuu tuvimos algo y que él ahora estaba muerto. El futuro líder de los Yakuza, asesinado. Eso no pasaba desapercibido para nadie.
Afuera el ambiente era fresco, estábamos llegando al invierno, así que todo eso me parecía más desolador y gris.
Me abracé cuando me senté sobre una banca y me dediqué a mirar al cielo, limitándome a hacer solo eso, sin pensar en nada más. Solo quería silencio por un momento.
Entonces reanudaría el plan de nuevo, con o sin Jade.
Primero mataría a Leonardo Messina Denaro y a toda su gente.
Y a los Gray... No sabía con exactitud cómo acabaría con ellos, lo que sí sabía es que descubriría mi verdadero origen, quiénes eran mis verdaderos padres y luego los sacaría del mapa.
Alguien se aclaró la garganta a mis espaldas y me tensé. ¿Ahora qué mierda querían?
—Sky, ¿podemos hablar un minuto en mi oficina? —Ester se posicionó frente a mí, tapándome el sol. Sonreí con amargura por ese maldito nombre falso. Todavía aparentaban tapar las malditas apariencias con los demás.
—Estoy ocupada —me jacté. Me dio una expresión autoritaria que no daba lugar a réplicas—. ¿Para qué?
—Es... privado, pero beneficioso, lo prometo —contestó acomodándose las solapas de su elegante abrigo negro.
¿Beneficioso? ¡Ja!
¿Más notas sobresalientes? ¿Dinero? No eran más que pura mierda.
Aún así no quería hacer un escándalo ahora, así que me levanté dispuesta a seguirla.
Cuando entramos, Elías y Raiden estaban ahí.
¿Cuando había llegado Elías? Ni cuenta me di, Jade tampoco me había dicho nada o sea que...
—Acabo de llegar —dijo él con una sonrisa diplomática leyendo mi expresión.
Me detuve en seco. Todos me miraban atentos.
¿Era una especie de intervención?
—Siéntate Alison —indicó Ester parándose junto a su hermano. Raiden se quedó recargado en la esquina con la mirada perdida.
—¿Qué hago aquí? —No me moví ni un centímetro, porque si me salían con la basura de necesitaba ayuda, me largaría.
—No es lo que estás pensando —habló Raiden mirándome por primera vez y notando mi renuencia. Me dio una expresión seca, seguía ofendido por lo de hace rato.
Ignoré su rabieta y terminé por sentarme.
—Bueno, ilumínenme para que pueda regresar a mis importantes actividades escolares —exigí dándoles una sonrisa fingida que terminó convirtiéndose en una mueca.
—Elías y yo estuvimos hablando y llegamos a una decisión —hizo una pausa—, te adelantaremos la graduación por tus conocimientos avanzados —anunció y los miré con cara de poker. Es que no me parecía estar entendiendo bien.
—¿Conocimientos avanzados? —repetí extrañada—. ¿Cómo llegaron a esa conclusión?
—Eres una asesina capacitada Alison, de eso no hay duda. En gran parte, gracias a Aaron. —Su nombre me crispó todo el cuerpo—. Los maestros dijeron que has mostrado un avance excepcional. No te sorprendas tanto, casos así se han presentado antes, no muchos, pero aún así...
—¿Con qué objetivo? —le corté seca.
—Seré honesto —dijo Elías metiéndose—, con la reciente muerte de Ryuu Nomura, es pertinente que tengas la mente ocupada y preferentemente lejos de aquí. Eres una alumna extraordinaria y no quisiera que eso se vea opacado en algún punto porque resientes su ausencia —confesó y alcé las cejas sorprendida. Era tanto que pensar en este momento y la verdad la sola perspectiva de alejarme de Deathwood sonaba tentador.
—¿Entonces me graduaré antes y luego qué?
—Serás mandada a misiones de la organización. Queremos que te incluyas más hacia nuestro apellido y nuestra familia, dependiendo de eso, tal vez te asientas en un solo lugar para quedarte a cargo —explicó y no dije nada, porque pensé en Jade. No sabían nada de ella, ni si quiera la veían en el mapa. Si me iba, ella podría ser mis ojos aquí adentro.
—Aunque, si no te sientes preparada para irte de la academia, puedes graduarte con los demás. No queremos presionarte, solo te queremos dar otra alternativa —dijo Ester con rapidez.
La ignoré.
—¿Cuando podré irme y a dónde iría?
Podía desviarme a Italia a matar a esos bastardos.
—Bueno, solo queríamos ver si aceptabas. Aún no decidimos eso —contestó ella.
Me levanté decidida y caminé a la puerta.
—Pues háganlo. Porque quiero hacerlo. Quiero irme —afirmé.
Elías y Ester se miraron de reojo y él aplaudió complacido.
—Perfecto, Alison. Estos días te diremos con exactitud todo lo necesario para tu primera misión.
Raiden, (quien no había dicho nada) se puso junto a mí, pero los miró a ellos.
—No me parece buena idea.
—Hijo...
—No. Italia sigue allá fuera buscando a Lucas. ¿Creen que si ven a Alison la dejarán libre como sin nada? Saben que ellos la odian por lo que pasó con los Provenzano, la van a mandar al matadero —replicó molesto y entonces Ester pareció indecisa.
—No te metas —susurré entre dientes.
—Yo mismo me encargaré de Leonardo, tengo hombres vigilándolo a todas horas, conozco sus movimientos. Y además los Yakuza lo tienen en la mira, ¿o no?
Rechiné los dientes. Claro que lo tenían, habían matado a su futuro líder.
—Es de lo que hablo. Van a mandar a Alison allá afuera y está apunto de desatarse una guerra entre mafias.
—Los Yakuza son tuyos ahora, ¿no? —dijo Elías y Raiden se tensó, aunque luego me miró.
—Cuando salgas de aquí prepara tu tumba, pues te matarán si te encuentran. —Miró a su madre y a su tío—. Y ustedes se arrepentirían de sepultar a otro miembro de la familia Gray.
Se marchó dando un fuerte portazo.
Apreté las manos en dos puños y tome una decisión en mi cabeza que podía salir o muy bien o muy mal.
Observé a ambos con determinación esperando que las cosas se pusieran a mi favor.
—Quiero elegir mi primera misión —dije segura y tuve toda su atención—. Quiero ser yo la que mate a Leonardo Messina.
