Dangerous love

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Summary

En las calles ocultas de Seúl, la oficial Seo Minah persigue a la organización fantasma más temida: la Bratva Krov, un imperio ruso invisible que nadie ha logrado atrapar. Entre luces de neón, mentiras y secretos, Minah descubrirá que la línea entre el deber y el deseo puede ser tan peligrosa como irresistible. Un amor prohibido. Una ciudad que nunca duerme. Y una verdad que podría destruirlo todo.

Status
Complete
Chapters
25
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18+

Seúl

Soy Seo Minah, y no soy la típica chica que imaginarías detrás de un uniforme de policía.Nací con la vida resuelta, con dinero en la cuenta de mi padre y con un apellido respetado dentro de la fuerza. La mayoría de las hijas en mi situación estarían comprando bolsos de diseñador en Apgujeong o viajando a Europa por capricho. Pero yo... Elegí la placa.

Mi padre, el comisario Seo Daeho, es una sombra demasiado grande para escapar.Yo crecí viéndolo marchar cada mañana con ese porte recto, ese sentido de justicia que parecía impenetrable. Nunca le vi quebrarse, nunca le vi dudar. Y aunque muchos lo llamen viejo terco, para mí siempre ha sido un faro. Por eso estoy aquí. No porque necesite el dinero, ni siquiera por vocación pura. Estoy aquí porque quiero ser la digna heredera de su ejemplo.

La ciudad, sin embargo, no tiene el mismo brillo que cuando era niña.

Seúl de noche es otra criatura.

Las luces de neón en Itaewon, los rascacielos dorados de Gangnam, las sirenas lejanas que nunca dejan de gritar. Y en cada rincón oscuro, un rumor. Un nombre que se susurra entre informantes, entre agentes frustrados, entre carpetas llenas de nada: Bratva Krov.

Una organización fantasma.

Dicen que son rusos, que manejan drogas, armas, tráfico humano. Que están en Seúl desde hace años, pero que nunca han dejado pruebas, nunca un rostro, nunca una pista que se pueda sostener en la corte.

Yo misma he revisado expedientes, testimonios, escuchado las cintas de llamadas anónimas. Todo apunta a sombras. Todo a humo. Y esa impotencia es como un dolor de cabeza constante, como una espina bajo la piel.

Bratva Krov, la hermandad de sangre.

Mi padre mismo se ha desgastado en esa cacería, y yo he jurado que si él no logra acabar con ellos, yo lo haré.

Pero esta noche no soy la oficial Seo Minah.

Esta noche soy solo Minah, la amiga que celebra un cumpleaños.

—¡Minah! —la voz de Jisoo, mi mejor amiga, me sacude del hilo oscuro de mis pensamientos— ¡No me digas que planeas venir con esa cara de funeral!

—Es tu cumpleaños, ¿no? —le digo mientras ajusto mi chaqueta de cuero frente al espejo— ¿Qué clase de amiga sería si no aparezco?

Itaewon bulle cuando llegamos. Gente riendo, extranjeros ebrios tropezando entre bares, luces violetas que pintan las calles como si fuera otro mundo. Y allí, escondido tras una fachada sin letrero, está el club clandestino donde Jisoo insiste en celebrar. No me sorprende, ella siempre ha tenido un radar para los lugares más extraños y más vivos.

El interior es un caos hipnótico: música grave que golpea el pecho, cuerpos danzando bajo luces rojas y azules, copas alzadas, humo en el aire. Me siento fuera de lugar y, al mismo tiempo, fascinada.

—¡A beber! —grita Jisoo, levantando una botella de soju como si fuera un trofeo.

—Sabes que yo no bebo en servicio.

—Minah, es sábado. Mañana es domingo. Tu único día libre. ¡Por favor!

Intento negarme, pero la sonrisa de ella y el coro de nuestras otras amigas me arrastran.

La primera copa me quema la garganta.

La segunda se siente menos dura.

La tercera empieza a encenderme las mejillas.

El mundo se vuelve más blando, más ligero.

El ritmo de la música me empuja hacia la pista de baile. Me dejo llevar, riendo, esquivando las manos insistentes de hombres que intentan acercarse.

No, gracias.

Les sonrío por cortesía, pero no me interesa.

Es entonces cuando siento una mano firme en mi cintura.

Me giro, preparada para rechazar de nuevo, pero lo que veo me desarma.

Una mujer.

Cabello negro que brilla bajo las luces, cayendo en cascada hasta su espalda. Un vestido negro que abraza su figura con una elegancia imposible de ignorar. Su perfume, caro, envolvente, me intoxica más que el alcohol.

Ella me mira con una seguridad que corta el aire.

—Tú sigue moviéndote, preciosa —su voz es baja, grave, peligrosa— Ahora que estoy a tu lado, nadie se acercará a ti.

Mi pulso se acelera.

Quiero apartarla, empujarla, pero mi cuerpo no responde. Es como si me hubiera hipnotizado.

—Tampoco quiero que tú te acerques a mi lado —digo, empujándola al fin. Pero mis pasos tambalean y casi caigo.

Ella me sostiene, fuerte, sin esfuerzo. Su sonrisa es un filo.

—En ese estado, cualquiera podría aprovecharse de ti.

—¿Entonces prefieres hacerlo tú?

—Con esos movimientos... Tengo curiosidad de saber cómo te mueves en la cama.

La furia me despierta.

—No me gustan las mujeres —respondo con dureza.

—Todas dicen eso —ríe, inclinándose más cerca, su inglés perfecto acariciando mis oídos— Pero siempre caen rendidas ante mí.

Gracias a las clases que mi madre me obligó a tomar de niña, entiendo cada palabra.

—Aparte de egocéntrica, ¿qué más eres?

—Puedo ser esta noche lo que tú quieras, preciosa.

Su perfume me rodea, me embriaga. Sus manos se deslizan a mis caderas, pegándome más a su cuerpo.

—Eres patética —escupo.

Ella ríe, como si mi rechazo le divirtiera.

—Interesante. Nunca nadie me había rechazado tan... —suspira, un gesto sensual, calculado— Tenía ganas de comer un postre esta noche, pero no me gustan las chicas rudas como tú. Como sea... Buena suerte esta noche.

Se da la vuelta. La tela negra de su vestido revela una espalda escotada, y en ella, un tatuaje imposible de ignorar: un árbol retorcido, y enroscada en él, una serpiente roja.

Trago saliva al darme cuenta de que he seguido con la mirada hasta su trasero. Sacudo la cabeza, maldiciéndome.

Vuelvo a la barra. Otro trago. Otro más. Mis amigas ríen, bailan, cantan el cumpleaños de Jisoo. Pero yo ya estoy demasiado borracha, decido despedirme.

El aire frío de la madrugada me golpea al salir del club.

Camino, tambaleante, hacia la calle. Y entonces lo escucho.

Un disparo.

Mi instinto de policía se activa de inmediato. Mi visión es borrosa, pero corro hacia el callejón de donde vino el sonido.

Un hombre cae al suelo frente a mí.

Y allí, de pie sobre su pecho, unos tacones rojos de punta.

Intento enfocar más, con todas mis fuerzas. Una silueta femenina. Sus labios se mueven, y su voz pronuncia algo en un idioma que no reconozco.

Ruso, quizás.

Doy un paso.

Otro.

Y entonces, antes de ver su rostro, siento una mano cubriéndome la boca por detrás.Un olor extraño.

Mis ojos se hacen pesados.

Oscuridad.