No-Clip

Summary

Después de que un grupo de estudiantes se esfumara sin dejar rastro, esta falla arrastra a más víctimas al mismo infierno amarillo. Atrapados en un laberinto de estática y pasillos interminables, su única esperanza de escape será encontrar a cualquier sobreviviente para salir de ahí.

Genre
Scifi
Author
Eburin
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo: Glitch

—¡¡Hoooolaa!!! Aquí Chargebolt!! Su rayito favorito! —gritó Kaminari, sosteniendo su teléfono con selfie stick mientras avanzaba por el camino lleno de polvo y piedras. La cámara grababa a Kirishima a su lado sonriendo y a los otros dos unos pasos atrás.

—Cállate imbécil... Apenas tienes 500 seguidores —gruñó la voz de Bakugo desde atrás, claramente molesta.

—Vamos, Bakubro, no seas aguafiestas —se rió Kirishima, colgándose del hombro de Kaminari y saludando a la cámara.

—Insisto... Esto me da muy mala espina... —dijo Sero, mientras miraba los árboles que los rodeaban con desconfianza.

—¿Tienes miedo, cara plana? —lo provocó Bakugo, adelantándose con paso firme. Los edificios departamentales estaba ante ellos con una silenciosa y fría bienvenida.

Sero suspiró, ajustando la correa de su mochila. —Lo digo en serio... ¿No sientes una... vibra pesada? Como si... este lugar no debiera estar aquí?

—Ya deja la mota —escupió Bakugo sin verlo.

Kaminari siguió grabando, enfocando cada una de las ventanas a su alrededor, la lente capturando la quietud antinatural del lugar. —¡Bienvenidos a nuestra casa por una noche, chicos! ¡Les prometo aventura, pantalones miados y... ¡AY! Brooo... Bakubroooo! La puerta está atascada! ¡¡BAKUGO!! —Gritó el rubio intentando abrir la puerta de un edificio, zarandeándola sin parar.

—¡Ya cállate! —Bakugo lo apartó con un empujón, puso sus manos en la puerta de madera podrida y empujó con fuerza, pero esta no cedía. Kaminari grababa mientras Bakugo, con un gruñido de frustración, le dio una patada salvaje justo al lado de la cerradura. La madera crujió y la puerta se abrió de golpe con un chirrido espeluznante.— Listo, ya deja de chillar como puerco.

Uno por uno, entraron en el vestíbulo principal. El aire era espeso y olía a humedad, madera podrida y algo metálico. La luz del atardecer se filtraba tímidamente por las ventanas sucias, iluminando motas de polvo que danzaban en el aire.

—Bueno, esto es... acogedor —dijo Kirishima, intentando sonar optimista mientras encendía la linterna de su teléfono y barría con el haz de luz la recepción vacía, revelando paredes desconchadas y un suelo cubierto de escombros.

—Subamos a buscar una habitación donde dejar las cosas... —Dijo Bakugo de forma seria, dirigiendo su propia luz hacia unas escaleras que parecían protestar con cada paso que daban.

Todos lo siguieron, el crujir de la madera bajo sus pies era el único sonido aparte de su respiración. Abrieron puertas que revelaban habitaciones llenas de humedad, sin muebles y montañas de basura y hojas secas. De un momento a otro, la luz del sol que entraba por una ventana rota al final del pasillo parpadeó. Fue rápido, casi imperceptible, como un guiño.

—Jajajaja se lagueo el sol —dijo Kaminari con una risa nerviosa.

—Miren, aquí está bien, ¿no? —Se escuchó a Kirishima hablar desde el fondo del pasillo. Había abierto una puerta que parecía más sólida que las demás. Este entró a la habitación y poco después el resto le siguió, ansioso por dejar atrás la opresividad del corredor.

La habitación estaba muchísimo mejor que las anteriores. Sorprendentemente limpia, con un sofá viejo pero intacto, una mesa de centro centrada y hasta unas estanterías vacías. No había el olor a podrido de las otras, solo polvo seco y olor a viejo.

—Vaya, por fin! —murmuró Sero, aliviado, dejando caer su mochila junto al sofá con un suspiro. Los demás hicieron lo mismo, el ambiente parecía relajarse por un instante.

Fue entonces cuando el aire se fue de sus pulmones.

No fue por un golpe, sino como si alguien hubiera detenido la gravedad. Se sintieron lanzados hacia adelante, como si estuvieran cayendo en picada pero aún sentían el piso firme bajo sus pies, una contradicción que les revolvió el estómago al instante. La luz del lugar empezó a parpadear de forma violenta y constante, alternando entre la penumbra naranja del atardecer y destellos oscuros. El vértigo los enganchó, una nausea profunda que no abandonaba sus cuerpos, haciéndolos tambalear aunque no se movieran.

Pero así como llegó, se fue. Parecia una eternidad demaciado corta pero todo se detuvo. La caída imaginaria cesó. El parpadeo frenético de la luz se apagó, sumiéndolos en una oscuridad total por un par de segundos que se sintieron como horas mal contadas.

Lentamente, una nueva luz se encendió arriba. No era la cálida luz del sol. Era el resplandor amarillento y constante de una lámpara fluorescente.

El sonido de estática, como el de una televisión buscando señal, zumbaba sordamente en sus cabezas, confundiendo sus pensamientos.

La luz los bañó por completo, y lo que los dejó helados no fue lo que pasó, sino donde estaban. La habitación con el sofá, la mesa, las estanterías... todo había desaparecido.

Ahora estaban de pie, rodeados por un interminable laberinto de pasillos idénticos. Paredes de un amarillo sucio se extendían en todas direcciones. El aire era pesado, viciado, y olía a alfombra mojada, polvo viejo. El zumbido de las luces era ahora una constante, un sonido de fondo que prometía volverlos locos.

Kaminari miró su teléfono. La pantalla estaba negra, muerta. Ni siquiera intentó encenderlo.

Sero, con el rostro pálido, tocó la pared amarilla. Era áspera y ligeramente húmeda.

—¿Qué...? —fue lo único que logró salir de su boca.

Bakugo los observaba a todos, su expresión usual no estaba. Miró hacia ambos lados del pasillo. Era exactamente el mismo. No había salida a la vista.

Kirishima rompió el silencio, con una voz temblorosa

—¿Dónde carajos estamos?


"... La búsqueda de cuatro jóvenes reportados como desaparecidos tras realizar una exploración urbana en los suburbios abandonados de Musatafu continúa sin avances significativos. Las autoridades confirmaron que se encontraron pertenencias personales en el lugar, pero no hay rastros de los estudiantes identificados como Bakugo Katsuki, Kirishima Eijiro, Kaminari Denki y Sero Hanta. Este caso se suma a una lista de desapariciones inexplicables en estructuras abandonadas de la ciudad, donde las pistas escasean y las familias claman por respuestas..."