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Conoció a Mike en el Cuerpo de Exploración, aunque su forma de enamorarse fue bastante curiosa. Ella era parte del equipo de cocina de la Legión, se encargaba de preparar los alimentos para ellos, y de administrar las provisiones comestibles. Él, era un soldado del escuadrón de Erwin, pocas veces hablaba, y su mayor interacción fue encontrarse por casualidad en los pasillos del cuartel.
Katrina tenía un olor que Mike podía describir en una sola palabra: Cautivante.
Un aroma de pan recién horneado, leche caliente y té recién servido, acompañado por una dulce fragancia acaramelada, resultado de su gusto por ducharse con una crema de manzanilla y miel que compró en el mercadillo.
Desde el primer momento que se vieron, o bueno, desde que Mike se acercó a oler su cabello, supo que debía saber más sobre ella.
Por otro lado, Katrina pensaba que ese tipo estaba loco.
Las veces que salía de la cocina y se dirigía a las zonas más públicas del cuartel, podía sentir la presencia del mayor siguiéndola, y detrás de él, una muy disimulada Hange, echándole bendiciones para que si declaración de amor fuera perfecta. Énfasis en lo disimulada.
Si, Mike logró conquistarla.
Si, Katrina y él contrajeron matrimonio años después.
Y si, ahora mismo, Mike se fue a una misión importante, sin saber que su esposa estaba esperando un hijo suyo.
Ya había pasado un tiempo desde que se retiró de esa vida en la cocina, prefería pasar tiempo en su hogar, y su esposo, quien apoyó la idea desde el primer momento, nunca dejó que ella volviera a trabajar. Si bien el salario de un soldado de la Legión no era exorbitante, le permitía darle una vida cómoda a su mujer.
Pero, ella solo tenía un miedo.
Que su esposo no regresara a casa.
Conocía toda la situación por la que pasaban, y sabía que Mike era el principal candidato para estar en primera línea.
Sabía que él era un soldado de excelencia, era muy fuerte, y tenía una voluntad inquebrantable, pero, el futuro siempre es incierto. Cada que él tenía que abandonar su hogar durante un largo periodo de tiempo, Katrina enviaba muchas cartas al comandante Erwin, quien se volvió muy amigo de la pareja, preguntando sobre el estado de su Mike, y siempre recibía respuestas positivas.
Hoy no era la excepción, se encontraba escribiendo una carta, en dónde le revelaba a Erwin que se encontraba gestando, llevando el hijo de Mike Zacharius en su vientre. Preguntó por su marido, por Hange, por Levi, y por el bienestar del mismo Erwin.
Después de ello, tocó su levemente abultado vientre, levantándose de su silla y dirigiéndose al cuartel que tal bien conocía. Caminar por las calles de aquella conocida ciudad era algo que disfrutaba de hacer, y ahora que llevaba a una pequeña oruga en su vientre, posiblemente sería uno de sus pasatiempos favoritos.
Al llegar, sonrió torpemente mientras dejaba la carta en el buzón frente a las puertas gigantes de aquel establecimiento. Sabía que, tarde o temprano, recibiría una grata respuesta. Se alejó de ahí, dando suaves palmaditas a su estómago.
— Oruga, tu padre está trabajando, creo que cuando regrese, nos debe una bolsa de pan dulce.
Si, la vida es cruel.
Durmió profundamente, acurrucada sobre la almohada de su querido Mike.
— Ya pueden moverse. — la distorsionada voz de aquel titán de peludo cuerpo activó algo en los titanes de los alrededores, haciendo que todos corran en dirección a Mike.Intentó huir, intentó correr, pero todo fue en vano.
Un desgarrador grito salió de la garganta de aquel serio soldado, los sonidos de huesos crujiendo, carne siendo masticada por esos titanes que merodeaban la zona, y ese llanto que emanaba de lo profundo de su corazón.
Había perdido. Había dejado de luchar.
Pero lo único en lo que pensó, fue en su mujer. En su querida Katrina.
Ella lo esperaba en casa.
Sus lágrimas cubrían su rostro, en dónde predominaba la sangre, y solo pudo cerrar los ojos. Había llegado el momento, dejo de sentir dolor.
Mike Zacharius había muerto.
Katrina se removió entre sus mantas, viendo la oscuridad cubrir por completo su habitación. Se sentó en la cama, y volteó directamente a la ventana.Algo estaba mal.
Todas las tropas sobrevivientes regresaron al distrito de Stohess, incluyendo al comandante Erwin. Entró a su oficina, listo para ser recibido por torres de papeleo y miles de cartas, pero solo encontró una en su escritorio, que en el reverso decía "K.Z.".La abrió rápidamente, sentándose en su gran escritorio.
"Querido Erwin Smith:
Te saluda tu estimada amiga, Katrina Zacharius.
¿Cómo te encuentras? Hace unos días que no logré enviar correctamente una de mis tantas cartas. La incertidumbre me tiene inquieta, deseo saber el estado de los miembros de tu escuadrón, siendo información clasificada, ten piedad por esta pobre esposa que quiere saber cómo se encuentra su marido.
Los detalles de tu misión son algo irrelevantes para una simple ama de casa como yo, me importa más el bienestar de nuestros queridos amigos, y espero que todos estén gozando de salud. Saludos a Levi y a Hange.
Erwin, me hubiera gustado poder contartelo en persona, pero es una buena nueva que no puedo dejar pasar. Estoy en la dulce espera de un bebé. Un bebé, hijo de Mike. No sé si es un niño, que nacerá con la fuerza y poder de su padre, o si será una niña, que heredará las cualidades de la que te escribe. Pero, solo te puedo pedir un favor, después de haberte mencionado mi situación.
Cuida a mi esposo. Sé que es un hombre de alta fuerza e increíbles capacidades, pero hay una esposa y un bebé en camino que lo esperan en casa. Dile que lo amamos desde lo profundo de nuestro ser, que nos volveremos a encontrar pronto.
Con mucho cariño, Katrina, y su pequeña oruga."
El comandante sintió sus manos temblar.
¿Cómo le iba a contar a Katrina que su esposo había muerto?
Y, como si la hubiera llamado con la mente, una persona apareció azotando la puerta, siendo seguida por Hange y Levi, quienes la habían perseguido al verla entrar corriendo al cuartel.
— Erwin, dime qué está aquí. — habló la castaña.
El silencio reinó en la oficina.
Y Katrina supo la respuesta, sin haberla escuchado directamente desde los labios del comandante.
Lo único que pudo escucharse a continuación fue un grito desgarrador, y un llanto incontrolable.
Hange trató de sostenerla, evitando que cayera al suelo, y Levi solo atinó a mirar a Erwin, quien había dejado caer la carta al suelo hace mucho.
— No es verdad, ¿cierto? — Katrina habló con dificultad, levantándose repentinamente y caminando en dirección al comandante. — Él tiene que estar aquí.
Levi solo pudo bajar la cabeza, había leído la carta.
La mujer comenzó a buscar por toda la oficina, balbuceando el nombre de su esposo. Pero nunca recibió respuesta, no fue hasta que Hange la atrajo a su pecho cuando se dió cuenta.
Había perdido al amor de su vida, al padre de su hijo. La razón por la cual era feliz.
A su esposo, a Mike Zacharius.
A quien amó hasta el final de sus días.








