CapĂtulo 1
Todo se sentĂa exactamente como lo recordabas. El aire del aeropuerto tenĂa ese mismo olor metálico a combustible y cafĂ© barato, mezclado con el perfume ligero de las personas que se cruzaban a tu paso. El murmullo de cientos de voces se mezclaba en un caos que, de alguna manera, resultaba familiar y acogedor despuĂ©s de tanto tiempo fuera.
La humedad pegajosa del clima japonĂ©s te golpeĂł como un abrazo incĂłmodo, recordándote que estabas de vuelta en casa. A pesar de los años, el entorno parecĂa suspendido en el tiempo: los mismos carteles amarillos, los taxis acelerando en zigzag, las luces reflejándose en el pavimento hĂşmedo... si no fuera por el peso del pasar de los años sobre tus hombros, jurarĂas que nada habĂa cambiado desde aquel verano en que decidiste marcharte, con el corazĂłn roto pero la convicciĂłn de no seguir atada a lo que te detenĂa.
Sin embargo, todo habĂa cambiado.
Cuatro años lejos se sentĂan como un parpadeo y, al mismo tiempo, como una eternidad. No esperabas nada al regresar; tus amigos tenĂan sus vidas, sus misiones, sus victorias y derrotas. No imaginabas que alguien se molestarĂa en estar esperándote. Aunque —muy en el fondo, y solo por un instante— tuviste la absurda idea de que Ă©l podrĂa estar ahĂ, de pie entre la multitud, con esa expresiĂłn arrogante que solo Bakugo Katsuki podĂa tener.
Pero no estaba.
Y justo cuando el nudo en el estĂłmago empezaba a apretar, una voz familiar cortĂł el aire.
—¡Eishima! —chilló Mina, saltando hacia ti con los brazos abiertos.
El impacto del abrazo casi te hizo perder el equilibrio, pero su calidez era imposible de rechazar. OlĂas a perfume floral mezclado con sudor y polvo de patrulla; el aroma de alguien que acababa de terminar un largo turno. Su cabello rosado, recogido en un moño desprolijo, se movĂa con cada gesto, y el brillo de sus ojos seguĂa intacto: radiante, genuino, inquebrantable.
—¡No puedo creerlo, estás aquĂ! —dijo, con un hilo de emociĂłn que casi la hacĂa llorar.
Detrás de ella aparecieron Kirishima y Denki, todavĂa con sus trajes de hĂ©roe. HabĂan dejado lo que fuera que estuvieran haciendo para pasar a buscarte, y ese simple gesto te apretĂł el pecho más que cualquier palabra.
Kirishima fue el siguiente en abrazarte. Más de una cabeza de altura por encima tuyo, su cuerpo sĂłlido se sentĂa casi como un muro protector. Ya no era el chico que buscaba validaciĂłn en los demás; ahora era un hombre que habĂa aprendido a confiar en sĂ mismo a base de golpes y victorias, la reputaciĂłn que habĂa construido era una prueba de ello. Su cabello rojo caĂa más largo, recogido en una coleta baja y la sombra de barba incipiente le daba un aire más adulto.
—Mira nada más quién volvió —rió, golpeando tu hombro con un entusiasmo inagotable—. ¡Se siente como si hubieran pasado siglos!
Denki llegĂł Ăşltimo, igual de chispeante que siempre. Su cabello dorado brillaba bajo la luz del aeropuerto; su sonrisa genuina seguĂa ahĂ, pero sus ojos mostraban una madurez que antes no percibĂas.
—¡Ey, ey! —levantĂł la mano para chocar los cinco contigo—. ÂżCatorce horas de vuelo y ni un mĂsero mensaje con memes? ¡Eso es traiciĂłn internacional!
ReĂste, abrazándolos uno por uno, sintiendo que, aunque el tiempo hubiera pasado, los lazos seguĂan intactos. Minutos más tarde, ellos cargaban tus maletas y Mina no dejaba de sostener tu brazo mientras caminaban hacia la salida mientras comenzaban a ponerte en el contexto que su cĂrculo social se encontraba.
El aire caliente de la ciudad te golpeĂł al cruzar las puertas automáticas. Entre bocinazos, gritos de taxistas y el olor a asfalto hĂşmedo, Mina seguĂa aferrada a tu brazo como si temiera que pudieras desaparecer otra vez.
—Dios, en serio, no puedo creerlo —decĂa mientras caminaban hacia el estacionamiento—. ¡Se siente surreal!
—SĂ, la Ăşltima vez que nos vimos todavĂa usabamos nuestros viejos trajes de hĂ©roes. —agregĂł Denki, cargando tu valija como si fuera una mochila de escuela—. ÂżQuĂ© demonios pasĂł con nuestras vidas?
—Nos graduamos, eso pasó —rió Kirishima, acomodando la otra maleta en su hombro—. Y ahora trabajamos hasta caer rendidos.
Mina bufó, sin soltarte:—Hablen por ustedes, yo sigo siendo igual de fabulosa que en la U.A.
—Y de pesada también —bromeó Denki, esquivando un manotazo suyo.
Las risas se mezclaron con el ruido del estacionamiento y el viento casi nocturno. Era una escena que parecĂa robada de otra Ă©poca, por un instante, al verlos, sentiste que el tiempo realmente no habĂa pasado, aunque sabĂas que algo o más bien la ausencia de alguien contradecĂa aquellos pensamientos.
Ya en el auto, Mina insistió en sentarse contigo atrás. Denki ocupó el asiento del copiloto y encendió la radio con una playlist ruidosa, mientras Kirishima se acomodaba al volante, firme y concentrado.
—¿Y entonces? —preguntó Mina, inclinándose hacia ti con una sonrisa cómplice—. ¿Cuánto tiempo piensas quedarte? ¿Mucho esta vez?
Tragaste saliva, mirando por la ventanilla; realmente no lo habĂas pensado. Nadie sabĂa que esta vez habĂas vuelto para quedarte. No por nadie más. Solo porque lo querĂas.
—Lo suficiente. No tengo un plan todavĂa —mentiste con una media sonrisa.
—Bueno, te vamos a poner al dĂa de todo —intervino Denki, girando el torso desde adelante—. ¡No tiene idea de lo que pasĂł en estos años!
El celular de Mina vibró sobre el asiento trasero rompiendo la conversacion. Al instante una sonrisa se formó en su rostro. —Es Jirou —dijo, deslizando el dedo sobre la pantalla—. Quiere asegurarse de que todos estemos coordinados para esta noche.
—¿Esta noche? —preguntaste, un poco confundida
— Es una sorpresa. —respondió Denki con una sonrisa desde adelante.
El auto avanzaba bajo las luces de la ciudad no podĂas dejar de mirar los enormes carteles luminosos que recorrĂan la avenida. Uno en particular captĂł tu atenciĂłn:Shoto Todoroki, impecable en su traje de hĂ©roe, sonriendo con esa calma que tanto caracterizaba su ser inalcanzable. SonreĂste de lado, sus brazos trabajados se lucĂan en aquella publicidad.
Mina, quien te conocĂa mejor que nadie, por supuesto estaba consciente de ello.
—Todos confirmaron —dijo mientras escribia rapidamente en su telefono sin dejar de mirarte
Denki, apoyado sobre el respaldo del asiento delantero se asomĂł curioso.
— ¿Y Kacchan?
Aquel apodo que no habias escuhado en un largo tiempo te provocĂł un escalofrĂo distinto, más confuso, más intenso. Katsuki, tu mejor amigo desde la UA con quien habĂas compartido revalidad desde adolescente y se volvieron inseparables, aquel amigo con el que creĂste, en su momento, que habĂa algo más. ¡Que ingenua habĂas sido!, aquellos sentimientos que habĂan estado enterrado por años y que habĂas quemado cruelmente no merencian volver a florecer como nervios en el estĂłmago cada vez que alguien lo nombrara.
Mina, a tu lado, te mirĂł y arqueĂł una ceja, como si supiera que tu mente estaba en otro lugar.
—Él no respondió, solo leyó mi mensaje —explicó, tratando de sonar casual—. Ya saben cómo es... casi nunca se relaja con nosotros después de patrullar.
—Bueno, al menos hay posibilidades —comentó Denki, divertido—. Aunque si aparece, no sabemos en qué estado de ánimo lo encontraremos.
El auto avanzaba y te recostaste un poco en el asiento, tratando de calmar el extraño cosquilleo en el estĂłmago que habĂa surgido desde que escuchaste su nombre, era extraño pero no nuevo, aquella sensaciĂłn habĂa permanecido contigo durante todo el vuelo, como si, pese a tus años, tu piel aĂşn recordara a la adolescente que se habĂa subido a un aviĂłn creyendo que la distancia podĂa curar lo que dolĂa.
—Será interesante —susurró Mina, guardando el teléfono.
La noche habĂa caĂdo como una manta oscura entre risas y conversaciones livianas, y por fin llegaron al departamento que habĂas alquilado un poco lejos de la ciudad. Te despediste de tus amigos, prometiendo que se reunirĂan más tarde en un bar bastante cerca de tu nueva ubicaciĂłn.
Suspiraste al cerrar la puerta, dejando que el clic del seguro resonara en el silencio. Ni siquiera la maravillosa vista de la ciudad, iluminada como un mar de luces titilantes desde tu nuevo hogar lograba alejar el nombre que seguĂa insistiendo en tu mente: Katsuki.
Tal vez él no apareciera.
Tal vez ni siquiera recordara prometerte que estarĂa ahĂ si alguna vez volvĂas.
Pero esta vez, no ibas a detener tu vida por eso.
No ibas a esperarlo.
No ibas a repetir la historia.








