ROBBERY | bakugo katsuki

Summary

Después de años de ausencia, ella vuelve al mundo de los Pro Heroes en Japón. Para Bakugo Katsuki, el reencuentro despierta todo lo que nunca pudo enterrar: rivalidad, deseo y un vínculo imposible de ignorar. Su retorno no solo trae consigo un encuentro esperado, sino la certeza de que nada volverá a ser igual. Viejas amistades. Viejas heridas. Viejos amores. En un mundo de héroes donde cada acto tiene consecuencias, lo que parecía un simple reencuentro amenaza con encender todo lo que habían dejado atrás

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Todo se sentía exactamente como lo recordabas. El aire del aeropuerto tenía ese mismo olor metálico a combustible y café barato, mezclado con el perfume ligero de las personas que se cruzaban a tu paso. El murmullo de cientos de voces se mezclaba en un caos que, de alguna manera, resultaba familiar y acogedor después de tanto tiempo fuera.

La humedad pegajosa del clima japonés te golpeó como un abrazo incómodo, recordándote que estabas de vuelta en casa. A pesar de los años, el entorno parecía suspendido en el tiempo: los mismos carteles amarillos, los taxis acelerando en zigzag, las luces reflejándose en el pavimento húmedo... si no fuera por el peso del pasar de los años sobre tus hombros, jurarías que nada había cambiado desde aquel verano en que decidiste marcharte, con el corazón roto pero la convicción de no seguir atada a lo que te detenía.

Sin embargo, todo había cambiado.

Cuatro años lejos se sentían como un parpadeo y, al mismo tiempo, como una eternidad. No esperabas nada al regresar; tus amigos tenían sus vidas, sus misiones, sus victorias y derrotas. No imaginabas que alguien se molestaría en estar esperándote. Aunque —muy en el fondo, y solo por un instante— tuviste la absurda idea de que él podría estar ahí, de pie entre la multitud, con esa expresión arrogante que solo Bakugo Katsuki podía tener.

Pero no estaba.

Y justo cuando el nudo en el estómago empezaba a apretar, una voz familiar cortó el aire.

—¡Eishima! —chilló Mina, saltando hacia ti con los brazos abiertos.

El impacto del abrazo casi te hizo perder el equilibrio, pero su calidez era imposible de rechazar. Olías a perfume floral mezclado con sudor y polvo de patrulla; el aroma de alguien que acababa de terminar un largo turno. Su cabello rosado, recogido en un moño desprolijo, se movía con cada gesto, y el brillo de sus ojos seguía intacto: radiante, genuino, inquebrantable.

—¡No puedo creerlo, estás aquí! —dijo, con un hilo de emoción que casi la hacía llorar.

Detrás de ella aparecieron Kirishima y Denki, todavía con sus trajes de héroe. Habían dejado lo que fuera que estuvieran haciendo para pasar a buscarte, y ese simple gesto te apretó el pecho más que cualquier palabra.

Kirishima fue el siguiente en abrazarte. Más de una cabeza de altura por encima tuyo, su cuerpo sólido se sentía casi como un muro protector. Ya no era el chico que buscaba validación en los demás; ahora era un hombre que había aprendido a confiar en sí mismo a base de golpes y victorias, la reputación que había construido era una prueba de ello. Su cabello rojo caía más largo, recogido en una coleta baja y la sombra de barba incipiente le daba un aire más adulto.

—Mira nada más quién volvió —rió, golpeando tu hombro con un entusiasmo inagotable—. ¡Se siente como si hubieran pasado siglos!

Denki llegó último, igual de chispeante que siempre. Su cabello dorado brillaba bajo la luz del aeropuerto; su sonrisa genuina seguía ahí, pero sus ojos mostraban una madurez que antes no percibías.

—¡Ey, ey! —levantó la mano para chocar los cinco contigo—. ¿Catorce horas de vuelo y ni un mísero mensaje con memes? ¡Eso es traición internacional!

Reíste, abrazándolos uno por uno, sintiendo que, aunque el tiempo hubiera pasado, los lazos seguían intactos. Minutos más tarde, ellos cargaban tus maletas y Mina no dejaba de sostener tu brazo mientras caminaban hacia la salida mientras comenzaban a ponerte en el contexto que su círculo social se encontraba.

El aire caliente de la ciudad te golpeó al cruzar las puertas automáticas. Entre bocinazos, gritos de taxistas y el olor a asfalto húmedo, Mina seguía aferrada a tu brazo como si temiera que pudieras desaparecer otra vez.

—Dios, en serio, no puedo creerlo —decía mientras caminaban hacia el estacionamiento—. ¡Se siente surreal!

—Sí, la última vez que nos vimos todavía usabamos nuestros viejos trajes de héroes. —agregó Denki, cargando tu valija como si fuera una mochila de escuela—. ¿Qué demonios pasó con nuestras vidas?

—Nos graduamos, eso pasó —rió Kirishima, acomodando la otra maleta en su hombro—. Y ahora trabajamos hasta caer rendidos.

Mina bufó, sin soltarte:—Hablen por ustedes, yo sigo siendo igual de fabulosa que en la U.A.

—Y de pesada también —bromeó Denki, esquivando un manotazo suyo.

Las risas se mezclaron con el ruido del estacionamiento y el viento casi nocturno. Era una escena que parecía robada de otra época, por un instante, al verlos, sentiste que el tiempo realmente no había pasado, aunque sabías que algo o más bien la ausencia de alguien contradecía aquellos pensamientos.

Ya en el auto, Mina insistió en sentarse contigo atrás. Denki ocupó el asiento del copiloto y encendió la radio con una playlist ruidosa, mientras Kirishima se acomodaba al volante, firme y concentrado.

—¿Y entonces? —preguntó Mina, inclinándose hacia ti con una sonrisa cómplice—. ¿Cuánto tiempo piensas quedarte? ¿Mucho esta vez?

Tragaste saliva, mirando por la ventanilla; realmente no lo habías pensado. Nadie sabía que esta vez habías vuelto para quedarte. No por nadie más. Solo porque lo querías.

—Lo suficiente. No tengo un plan todavía —mentiste con una media sonrisa.

—Bueno, te vamos a poner al día de todo —intervino Denki, girando el torso desde adelante—. ¡No tiene idea de lo que pasó en estos años!

El celular de Mina vibró sobre el asiento trasero rompiendo la conversacion. Al instante una sonrisa se formó en su rostro. —Es Jirou —dijo, deslizando el dedo sobre la pantalla—. Quiere asegurarse de que todos estemos coordinados para esta noche.

—¿Esta noche? —preguntaste, un poco confundida

— Es una sorpresa. —respondió Denki con una sonrisa desde adelante.

El auto avanzaba bajo las luces de la ciudad no podías dejar de mirar los enormes carteles luminosos que recorrían la avenida. Uno en particular captó tu atención:Shoto Todoroki, impecable en su traje de héroe, sonriendo con esa calma que tanto caracterizaba su ser inalcanzable. Sonreíste de lado, sus brazos trabajados se lucían en aquella publicidad.

Mina, quien te conocía mejor que nadie, por supuesto estaba consciente de ello.

—Todos confirmaron —dijo mientras escribia rapidamente en su telefono sin dejar de mirarte

Denki, apoyado sobre el respaldo del asiento delantero se asomó curioso.

— ¿Y Kacchan?

Aquel apodo que no habias escuhado en un largo tiempo te provocó un escalofrío distinto, más confuso, más intenso. Katsuki, tu mejor amigo desde la UA con quien habías compartido revalidad desde adolescente y se volvieron inseparables, aquel amigo con el que creíste, en su momento, que había algo más. ¡Que ingenua habías sido!, aquellos sentimientos que habían estado enterrado por años y que habías quemado cruelmente no merencian volver a florecer como nervios en el estómago cada vez que alguien lo nombrara.

Mina, a tu lado, te miró y arqueó una ceja, como si supiera que tu mente estaba en otro lugar.

—Él no respondió, solo leyó mi mensaje —explicó, tratando de sonar casual—. Ya saben cómo es... casi nunca se relaja con nosotros después de patrullar.

—Bueno, al menos hay posibilidades —comentó Denki, divertido—. Aunque si aparece, no sabemos en qué estado de ánimo lo encontraremos.

El auto avanzaba y te recostaste un poco en el asiento, tratando de calmar el extraño cosquilleo en el estómago que había surgido desde que escuchaste su nombre, era extraño pero no nuevo, aquella sensación había permanecido contigo durante todo el vuelo, como si, pese a tus años, tu piel aún recordara a la adolescente que se había subido a un avión creyendo que la distancia podía curar lo que dolía.

—Será interesante —susurró Mina, guardando el teléfono.

La noche había caído como una manta oscura entre risas y conversaciones livianas, y por fin llegaron al departamento que habías alquilado un poco lejos de la ciudad. Te despediste de tus amigos, prometiendo que se reunirían más tarde en un bar bastante cerca de tu nueva ubicación.

Suspiraste al cerrar la puerta, dejando que el clic del seguro resonara en el silencio. Ni siquiera la maravillosa vista de la ciudad, iluminada como un mar de luces titilantes desde tu nuevo hogar lograba alejar el nombre que seguía insistiendo en tu mente: Katsuki.

Tal vez él no apareciera.

Tal vez ni siquiera recordara prometerte que estaría ahí si alguna vez volvías.

Pero esta vez, no ibas a detener tu vida por eso.

No ibas a esperarlo.

No ibas a repetir la historia.