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Summary

Para todos, Wen Junhui es solo otro rookie mΓ‘s. Un alfa guapo, novato, que sonrΓ­e en el escenario y se esfuerza por encajar en un mundo que no perdona errores. Para Minghao... es algo distinto. Su idol favorito. El sujeto de su atenciΓ³n, de su estudio, de su experimento mΓ‘s personal. No buscaba un autΓ³grafo. No querΓ­a una foto. Solo querΓ­a descubrir quΓ© hacΓ­a temblar a un alfa como Jun. Y ahora que encontrΓ³ la fΓ³rmula exacta para quebrarlo... ΒΏQuiΓ©n podrΓ­a detenerlo? Al fin y al cabo, los fans siempre dicen lo mismo. "Eres mi idol favorito". Pero a veces, no lo dicen por amor. ActualizaciΓ³n cada 2 semanas!!!!

Genre
Fantasy
Author
bibimbap
Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

CapΓ­tulo 1

Debutar no habΓ­a sido una casualidad ni el resultado de un simple golpe de suerte. Jun lo sabΓ­a mejor que nadie. Si algo le habΓ­a enseΓ±ado su vida β€”esa que habΓ­a comenzado en la esquina olvidada de una ciudad donde los nombres no importaban y los sueΓ±os tampocoβ€” era que las oportunidades no caΓ­an del cielo. Crecer siendo un alfa en un barrio obrero no habΓ­a tenido nada de glorioso. El instinto, la fuerza y la responsabilidad, sΓ­, pero gloria... jamΓ‘s. ο»Ώ

Porque los alfas, donde Γ©l habΓ­a nacido, no eran lΓ­deres ni estrellas; eran la mano firme en la fΓ‘brica, el soldado al frente del batallΓ³n, el hombre que se rompΓ­a la espalda para llevar pan a casa. Su vida ya tenΓ­a una lΓ­nea trazada; trabajar, obedecer, formar un hogar con alguna omega dispuesta y repetir el mismo ciclo hasta que el tiempo se lo tragara. Pero Jun habΓ­a decidido β€”con la terquedad amarga de quien se niega a ser nadaβ€” que eso no iba a pasarle.

Por eso habΓ­a salido de casa sin nada mΓ‘s que una maleta y una voluntad que le costΓ³ todas sus fuerzas. Por eso se habΓ­a metido en un mundo donde los alfas sin apellidos valΓ­an menos que una sombra. Por eso habΓ­a soportado audiciones donde ni siquiera le preguntaban el nombre, entrenamientos que parecΓ­an diseΓ±ados para quebrarlo, miradas que le recordaban a cada paso que nadie apostaba por un alfa sin padrinos.

Y aun asΓ­, sobreviviΓ³. Se quedΓ³ cuando otros cayeron. AprendiΓ³ a bailar con los pies heridos, a cantar cuando ya no le quedaba voz, a levantarse antes de que el sol tocara el suelo y a acostarse cuando ya no podΓ­a mΓ‘s. Durante tres aΓ±os, su ΓΊnica compaΓ±Γ­a fueron los espejos del salΓ³n de prΓ‘ctica y los latidos sordos de un corazΓ³n que se negΓ³ a rendirse. Hasta que, una tarde cualquiera, el llamado llegΓ³. No con fanfarrias. No con promesas. Solo con un frΓ­o vas a debutar.

Jun no sintiΓ³ alegrΓ­a. SintiΓ³ vΓ©rtigo. Porque debutar no significaba Γ©xito. Debutar era poner el cuello bajo la espada y saber que ya no podΓ­a permitirse ni un paso en falso. A partir de entonces, su voz, su rostro y su cuerpo ya no le pertenecΓ­an. Eran de la empresa. Del pΓΊblico. De la imagen perfecta que debΓ­a mantener al costo que fuera. Y si fracasaba... entonces todo su esfuerzo, toda su vida, se habrΓ­an desvanecido en nada.

El primer showcase fue su prueba final. Las luces le quemaban la piel, los gritos reventaban sus oΓ­dos y los ojos del pΓΊblico se sentΓ­an como cuchillas afiladas sobre su espalda. Pero Jun sonriΓ³. InclinΓ³ la cabeza como le habΓ­an enseΓ±ado. SaludΓ³ con la reverencia exacta, se mantuvo firme bajo las cΓ‘maras, y se aferrΓ³ a la mΓ‘scara que habΓ­a aprendido a usar. Era un alfa rookie, el centro de atenciΓ³n en un mundo donde la perfecciΓ³n se exigΓ­a como una deuda. Y Jun cumpliΓ³.

No fue inmediato, pero tampoco tardΓ³ demasiado. En cuestiΓ³n de semanas, las presentaciones en vivo comenzaron a multiplicarse. Primero fueron pequeΓ±os programas, luego showcases en centros comerciales, y antes de que pudiera procesarlo, el grupo estaba encabezando eventos de rookies, consiguiendo fansigns con cupos agotados y grabando contenido promocional para las redes.

Jun se acostumbrΓ³ a los gritos, a las luces, a las multitudes coreando su nombre. A las manos temblorosas de los fans que le entregaban cartas, a las miradas llenas de emociΓ³n, a la adrenalina cortante que le recorrΓ­a la espalda cada vez que pisaba un escenario. El nombre del grupo empezaba a resonar, no como un fenΓ³meno masivo, pero sΓ­ como una promesa de la industria. Y con esa promesa, la presiΓ³n se volviΓ³ una segunda piel.

Jun pensΓ³ que podΓ­a soportarlo todo. El cansancio. La fama repentina. La responsabilidad.

Lo que nunca pensΓ³ fue que, entre las miles de miradas que lo buscaban en cada presentaciΓ³n, habrΓ­a una que no lo admiraba ni lo deseaba. Una que simplemente... parecΓ­a analizarlo.

Fue en su primer showcase abierto al pΓΊblico cuando la sintiΓ³ por primera vez. No fue una mirada como las otras. No fue un grito, ni un aplauso, ni una pancarta llamativa. Fue una punzada sorda, un roce helado recorriΓ©ndole la columna mientras saludaba al pΓΊblico. Un escalofrΓ­o tan real que casi se estremeciΓ³ en medio del escenario. GirΓ³ la cabeza, siguiendo un impulso que no entendΓ­a, y allΓ­ estaba.

Estaba entre la multitud, casi al borde del grupo, como si no perteneciera a la algarabΓ­a que vibraba alrededor. No llevaba cartel, ni coreaba su nombre. Solo estaba ahΓ­. De pie. Las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, el rostro impasible, los ojos clavados en Γ©l. Era un omega. Jun no supo cΓ³mo lo supo, solo que lo supo. Algo en la manera en que lo observaba, en la calma antinatural de su mirada, en la quietud con la que parecΓ­a mirar a travΓ©s suyo, se lo gritΓ³ sin palabras. Y por un segundo, un segundo largo y punzante como un filo, sintiΓ³ que esa mirada lo arrancaba del escenario y lo desnudaba de todo lo que fingΓ­a ser.

No durΓ³ mΓ‘s que un parpadeo. Alguien gritΓ³ su nombre, los flashes se mezclaron en su visiΓ³n y, cuando Jun volviΓ³ a mirar... el chico ya no estaba.

Quiso pensar que habΓ­a sido un error. Una casualidad. Un rostro entre cientos. Una alucinaciΓ³n provocada por el estrΓ©s. Lo pensΓ³ mientras se desmaquillaba frente al espejo esa noche. Mientras escuchaba los aplausos grabados en la cΓ‘mara del manager. Mientras los otros miembros reΓ­an en el asiento trasero de la furgoneta.

Y quizΓ‘s lo habrΓ­a creΓ­do...

Si no hubiera vuelto a verlo.

No una vez. Ni dos. Una, otra y otra mΓ‘s.

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Al principio, Jun pensΓ³ que todo era una coincidencia. La primera vez, podΓ­a atribuirla a la casualidad. Una mirada fugaz entre cientos. Un rostro afilado, sin emociΓ³n, que emergΓ­a y se desvanecΓ­a entre la marea de gente. La segunda vez... tal vez tambiΓ©n. DespuΓ©s de todo, habΓ­a fans que seguΓ­an a los grupos rookies con una devociΓ³n casi enfermiza, repitiendo cada evento como si fuera el ΓΊltimo. Pero la tercera vez... y la cuarta... y todas las que vinieron despuΓ©s, comenzaron a dibujar un patrΓ³n imposible de ignorar.

AparecΓ­a en los lugares justos, en los momentos exactos. Una presentaciΓ³n en un centro comercial al otro lado de la ciudad, y ahΓ­ estaba, al fondo, junto a la salida de emergencias, observΓ‘ndolo en silencio mientras el pΓΊblico coreaba su nombre. Una grabaciΓ³n a puertas cerradas en una radio local, y al salir, Jun lo vio cruzar la calle con las manos en los bolsillos, la misma chaqueta negra, el mismo paso tranquilo, como si pasara por ahΓ­ por pura coincidencia.

Un evento promocional improvisado en la entrada de la compaΓ±Γ­a, anunciado apenas un par de horas antes, y entre la pequeΓ±a multitud apretada contra las cintas de seguridad, lo reconociΓ³... a medio metro de distancia, sin cartel, sin sonrisa, sin la mΓ‘s mΓ­nima intenciΓ³n de mezclarse con los otros fans.

No hacΓ­a nada.

Solo estaba.

Siempre allΓ­.

Jun intentaba convencerse de que era una exageraciΓ³n, un juego de su mente cansada, pero la sensaciΓ³n se clavaba en su pecho cada vez que esa mirada se encontraba con la suya. No habΓ­a sorpresa, ni emociΓ³n, ni siquiera esa chispa de deseo que algunos omegas dejaban escapar al verlo. Solo... calma. Una calma que se sentΓ­a mΓ‘s violenta que cualquier grito.

EmpezΓ³ a preguntarse si era parte del personal. O un conocido de algΓΊn miembro. Tal vez alguien del equipo de producciΓ³n, un bailarΓ­n, un tΓ©cnico. Alguien que debΓ­a estar allΓ­. Se aferrΓ³ a esa posibilidad durante dΓ­as, hasta que la mentira comenzΓ³ a resquebrajarse. Porque lo habΓ­a visto en eventos pΓΊblicos y en lugares donde los fans tenΓ­an acceso... sΓ­. Pero tambiΓ©n lo habΓ­a visto salir de una cafeterΓ­a a la que Jun solΓ­a ir despuΓ©s de los ensayos. Lo habΓ­a visto al doblar una esquina cerca de la sala de prΓ‘cticas. Incluso, una noche, lo vio apoyado contra la verja de la entrada trasera del edificio de la compaΓ±Γ­a, justo cuando el manager detuvo la furgoneta frente a la puerta.

Siempre solo. Siempre en silencio. Siempre con esa mirada que no buscaba conocerlo... sino algo mΓ‘s. Algo que Jun no terminaba de comprender.

No hablaba. No sonreΓ­a. Ni siquiera intentaba acercarse. Solo se dejaba ver. Como si supiera exactamente cuΓ‘ndo hacerlo.

Jun intentΓ³ ignorarlo. De verdad lo intentΓ³. Al principio, esa presencia extraΓ±a entre la multitud le parecΓ­a apenas un detalle sin importancia, una anomalΓ­a que podΓ­a explicarse con el cansancio acumulado o el estrΓ©s de la rutina. Durante dΓ­as, incluso semanas, se dijo a sΓ­ mismo que no debΓ­a darle espacio en la mente, que no era mΓ‘s que un fan mΓ‘s, un rostro cualquiera entre miles, un espectro sin relevancia. Pero con cada apariciΓ³n, esa voz interna que insistΓ­a en negar su propia realidad comenzΓ³ a perder fuerza frente a una sensaciΓ³n que se anidaba en su pecho, pequeΓ±a y persistente.

No fue algo inmediato ni dramΓ‘tico. No se dio cuenta de un dΓ­a para otro. Fue un proceso lento, casi imperceptible, como si ese omega sin nombre se fuera colando en sus pensamientos por rendijas que Jun no sabΓ­a que existΓ­an. Al principio, era solo un reflejo fugaz. Un barrido rΓ‘pido con la mirada al salir del escenario, intentando sin Γ©xito localizar esa figura en la marea de cuerpos. Una mirada distraΓ­da mientras firmaba un Γ‘lbum, mΓ‘s para cumplir que por interΓ©s real, pero que terminaba encontrando el mismo rostro estΓ‘tico, con esa expresiΓ³n impenetrable que lo desarmaba. Una vuelta de cabeza casi automΓ‘tica cuando bajaba de la furgoneta despuΓ©s de un ensayo, buscando confirmar que, efectivamente, allΓ­ estaba esa sombra silenciosa, invisible para todos menos para Γ©l.

Pero poco a poco, ese reflejo inconsciente se convirtiΓ³ en una necesidad muda. Jun no querΓ­a admitirlo ni siquiera ante sΓ­ mismo, porque aceptar ese impulso significaba reconocer que algo dentro de Γ©l estaba cambiando, que el control que siempre habΓ­a ejercido sobre su mundo se le escapaba lentamente. La necesidad se volviΓ³ una pregunta muda, una urgencia sin palabras, un ansia de asegurarse de que esa presencia seguΓ­a ahΓ­, de comprobar una y otra vez que esa figura estaba esperΓ‘ndolo, observΓ‘ndolo. No era un deseo racional ni un capricho pasajero; era una fuerza silenciosa que lo arrastraba, sin que pudiera resistirse.

Y, sin falta, lo hacΓ­a.

Cada vez que buscaba esa mirada entre la multitud, ahΓ­ estaba. Inmutable. Firme. Imperturbable. Sin nombre, sin voz, sin historia. Solo esa sombra que parecΓ­a haberlo elegido desde el primer instante, una sombra que se aferraba a Γ©l sin importar cuΓ‘nto intentara alejarla.

Como si Jun no fuera un Γ­dolo mΓ‘s, sino el ΓΊnico motivo por el que esa sombra existΓ­a.

Y, sin embargo, Jun sentΓ­a que deberΓ­a decirle algo. Romper el silencio. Interrumpir esa distancia que parecΓ­a protegerlo y retarlo al mismo tiempo. Pero, ΒΏquΓ©? No tenΓ­a pruebas, no tenΓ­a razones mΓ‘s allΓ‘ de esa extraΓ±a certeza que se habΓ­a instalado en su pecho. Era una presencia incΓ³moda, sΓ­, una sombra que lo acechaba, pero no sabΓ­a quiΓ©n era ni quΓ© querΓ­a. Ni siquiera sabΓ­a si esa mirada significaba peligro o algo peor.

AsΓ­ que permanecΓ­a en su silencio, observando sin ser visto, atrapado en un juego en el que no sabΓ­a si podΓ­a ganar.