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Dorian esta contundentemente confundido.
Al abrir sus ojos lo primero que vio fue un perro del tamaño de un elefante encima de un hombre que gritaba, rápidamente se pego al tronco del árbol con el aire faltándole en los pulmones mientras miraba toda la situación.
No sabía que hacer, le empezó a temblar todo el cuerpo y castañeaban sus dientes hasta que aquel animal se giro hacia el, con la cabeza de un viejo entre sus dientes, siendo aplastada.
El perro lo mira, lo huele y se acerca con cautela, como si esperase algún movimiento del hombre de complexión media, alto y cabeza con una fina capa de cabello negro.
— Tranquilo— susurro Dorian, intentando calmar las aguas pero estaba jodidamente nervioso.
— ¿A quien quieres calmar?— escucho una voz femenina a sus espaldas— No gires.
Dorian se quedó pasmado esperando, no sabía muy bien que hacer y su vida ahora dependía de un milagro, porque el perro gigante le quería arrancar la cabeza del cuerpo.
Vio una silueta negra pasar por encima de su cabeza y una mujer de complexión pequeña se poso entre él y el perro, la chica empezó a ronronear, haciendo que el perro gigante retrocediera cada vez más hasta reducirse.
Escondido entre todo ese pelaje había un hombre que se veía enorme pero débil ante el ronroneo de lo mujer, tan sumiso que eso impresionó a Dorian, mientras se acercaba lentamente.
La mente de Dorian casi explora, estaba relacionando todo con aquella película super famosa sobre el vampiro super atractivo que brilla y la muchacha super delgada que se odia a si misma por ser un ser humano común y corriente.
A la nariz de Dorian llegó un olor dulzón, como a dulce de durazno y se dio cuenta que provenía de la chica, que aún estaba ronroneando.
— Huele dulce— pensó Dorian mientras se acercaba más a la espalda de la mujer.
Antes de poder acercarse más, la chica se mueve con rapidez al lado del hombre desnudo en el suelo y con un movimiento casi que imperceptible le rompió el cuello.
Dorian jadeo llamando la atención de la chica que lo miro.
— Huele dulce porque soy licantropo— respondió la chica volviéndose a poner de pie— Los lobos y los vampiros son los únicos que pueden sentir ese olor.
— ¿Soy un perro gigante?— pregunto Dorian asustado, mirando a la chica con temor.
— No lo creo, no reaccionaste al llamado— pensó la chica, se acercó a Dorian analizado su cuerpo hasta que su mirada de detuvo en su clavicula— Eres vampiro.
— ¿Existen?— la pregunta salió de manera abrupta de los labios de Dorian y la chica arqueo un ceja, mientras los miraba como juzgandolo.
— ¿Existes?— devolvió la pregunta la chica.
— Si fuera un vampiro brillaria o me quemaría ante el sol— apunto el chico, mirando su piel y dándose cuenta que esta intacta ante los débiles rayos de luz solar.
— No estamos en crepúsculo ni en ningún mito humano sobre nosotros— puntualizó la chica, tomando el brazo de Dorian con sus manos.
Empezó a andar por el bosque jaloneando al recién creado, el cual estaba demasiado confundido. Habían muchas preguntas en su cabeza y muy pocas respuestas salían de los labios de la lican que lo jalaba de manera brusca.
— ¿Odias crepúsculo?—
— No, soy fan de Robert Pattinson— respondió la chica mientras seguía caminando— Los lobos son igual de idiotas tanto en la realidad como en crepúsculo.
— ¿Somos enemigos naturales?—
— No—
La chica no quería seguir hablando, sentía que cada pregunta que Dorian escupía de su boca era tremendamente boba pero entendía el porque.
Los mitos humanos sobre los seres sobrenaturales eran increíblemente estúpidos. Tan estúpidos como los lobos.
Les sacaban las debilidades y formas de morir más estúpidas a los seres sobrenaturales, como si ellos no se murieran por una jodida indigestión.
— Te llevaré a un lugar seguro— la chica se giró y le dijo, haciendo que la mire con los ojos bien abiertos— Ahí puedes hacer las preguntas que quieras porque sé que tienes muchas, pero este no es el momento, estamos demasiado cerca a la frontera y si los reyes se enteran, nos matan.