PrĂłlogo
Me llamo MarĂa JosĂ© LĂłpez Cárdenas, pero en mi casa casi nadie me llama asĂ. Para mi papi soy minha filha, para mi mami soy mi chiquita, para mi tĂa Mery soy mi niña consentida, y para Mirnold… bueno, para Mirnold siempre soy la dueña de su corazĂłn, porque aunque es de peluche, yo sĂ© que Ă©l tambiĂ©n siente.
Tengo 10 años, pero a veces me gusta ser una bebé. Lo digo sin pena, porque yo no siento que ser bebé sea una vergüenza. Al contrario, es algo bonito: que te carguen, que te abracen, que te hagan dormir en brazos, que te digan “te amo” cada 5 minutos y que tu papi te mire como si fueras lo más importante en el mundo. Eso es lo que yo siento. Y por eso me gusta.
Yo no sĂ© si a los demás niños les pasa lo mismo. Algunos de mis amigos de la guarderĂa ya hablan de cosas de grandes: que los videojuegos, que los celulares, que quiĂ©n tiene más juguetes. Yo los escucho, me rĂo, juego con ellos… pero en el fondo yo solo quiero volver a casa, abrazar a mi papi y que me diga: minha filha, ven aquĂ.
Mi papi se llama Jhon LuĂs LĂłpez MĂşjica. Para mĂ Ă©l no es solo mi papi: Ă©l es mi hĂ©roe, mi refugio, mi mejor amigo y mi cĂłmplice de travesuras. Él me dice que desde que nacĂ, su vida cambiĂł para siempre, que todo lo que hace lo hace pensando en mĂ. Yo no lo entiendo del todo, porque soy niña y todavĂa hay cosas que me quedan grandes, pero lo que sĂ sĂ© es que sus abrazos son el lugar más seguro del mundo.
Siempre me llama minha filha. Cuando me levanto con el cabello enredado, cuando me enojo porque no quiero comer verduras, cuando le enseño mis dibujos torcidos, cuando me quedo dormida en su cama, cuando lloro y cuando rĂo. Para Ă©l siempre soy minha filha, y yo siento que esas dos palabras son como una magia que me protege de todo lo malo.
Mi mejor amigo, despuĂ©s de mi papi, es Mirnold. Él no es un niño de carne y hueso, pero sĂ es alguien muy especial: es un osicornio, mitad oso y mitad unicornio. Desde que lo tengo, nunca me he sentido sola. Él escucha mis secretos, aguanta mis berrinches, y aunque no habla, yo sĂ© que me entiende. Cuando duermo, pongo su orejita de oso cerca de mi oĂdo, y me gusta imaginar que me cuenta historias con su voz suave. A veces sueño que Mirnold cobra vida y que me lleva volando por el cielo de IbaguĂ©, la ciudad donde vivo con mi papi.
A mĂ me gusta IbaguĂ©, aunque no conozco muchos lugares todavĂa. Lo que más me gusta no son las calles ni los parques, sino que aquĂ está mi papi. Él siempre está ocupado trabajando, pero nunca deja de hacerme sentir que soy lo primero en su vida. Cuando lo espero, yo juego con mis peluches o me invento aventuras con mis amigos de la guarderĂa: Harold y su leĂłn Futobi, Laura con su conejito Fory, Violeta con su osita Nina… cada uno tiene su compañero de peluche, porque sin peluches la infancia serĂa aburrida.
En la guarderĂa me cuidan mis tĂas: la tĂa Fabiana, que es la jefa, la tĂa Yale, la tĂa RubĂ, la tĂa Reina, la tĂa Derly, la tia Zory… pero sobre todo la tĂa Mery, que siempre dice que yo soy “su niña preferida”. Yo sĂ© que ella no deberĂa tener favoritos, pero igual me gusta que me lo diga. Cada vez que me voy, ella me abraza fuerte y me dice: “cuĂdate, mi amor”. Yo le respondo: sĂ, señora, porque yo siempre digo señora, asĂ sea un hombre el que me hable. No sĂ© por quĂ© lo hago, pero ya se me volviĂł costumbre.
A veces me pregunto por quĂ© soy asĂ. Mis primas, como MarĂa y LucĂa, ya quieren maquillarse o ponerse tacones de juguete. Mis amigos de la cuadra ya hablan de ser futbolistas o cantantes famosos. Yo no. Yo solo quiero ser la bebita de papi. Quiero que me cargue, que me arrulle, que me dĂ© besitos en la frente y que me diga: minha filha, nunca voy a dejarte sola.
Y aunque sĂ© que algĂşn dĂa crecerĂ© más, que tendrĂ© que aprender muchas cosas de grandes, dentro de mĂ hay una certeza: no importa cuánto tiempo pase, yo siempre voy a ser su niña. La de sus brazos, la que le dice papi, la que duerme con Mirnold, la que responde “señora” y la que todavĂa se siente bebĂ© aunque ya tenga 10 años.
Esta es mi historia. La historia de una niña que no quiere dejar de ser pequeña, de un papi que siempre me llama minha filha, de un osicornio que guarda mis secretos, y de un mundo que a veces me pide crecer más rápido de lo que yo quiero.
Y aunque sĂ© que vendrán momentos difĂciles, tambiĂ©n sĂ© que mientras mi papi me abrace fuerte, todo estará bien. Porque al final, yo no soy solo MarĂa JosĂ©. Yo soy minha filha.