Protocolo Número Zero

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Summary

Hace un siglo, Grenward se partió en dos: de un lado los magos con su maná, del otro los humanos con su tecnología. El frágil equilibrio pende de un hilo y está a punto de romperse. Nadia, una princesa bruja que huye el día de su boda, desata la chispa de una guerra que podría acabar con todo. Ahora, junto a N07, un rastreador humano marcado por la traición, deberá viajar hasta el fin del mundo para poder salvarlos a todos. ¿Podrán salvar Grenward o terminarán destruyéndolo? ©Todos los derechos reservados

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo I: Otra vez

Dedicado a mi pareja: C. C., gracias por todo.


—¡Princesa, no huya!

La pequeña princesa Nadia corría sin parar, su figura parecía perderse entre la espesura del bosque. Los guardias reales, con sus inquietantes máscaras de animales, le seguían los talones ferozmente, susurrando entre los árboles como depredadores al acecho. La escena evocaba la imagen de un ciervo huyendo de una manada de lobos. Su vestido, delicado y ornamentado, se enganchaba en las ramas circundantes, dejando tras de sí pequeños cristales que brillaban bajo los rayos del amanecer.

—¡Apresúrense! ¡Se dirige al barranco!

—No llegará lejos; adelante hay un pantano —murmuró el capitán de los soldados, quien portaba una ostentosa máscara de conejo. Su voz era calmada, casi indiferente, mientras sus hombres corrían como si su vida dependiera de ello.

Tal como predijo el capitán, la visión de un pantano se presentó ante Nadia. Sin vacilar, dejó atrás sus tacones, hundiéndolos en el fango con un movimiento brusco que sorprendió a todos los soldados. Nadie imaginó que sería capaz de actuar con tanta determinación.

El avance de la caballería se detuvo abruptamente. El pantano era demasiado denso para los caballos, y para cuando lograron sortear el obstáculo, la princesa ya les observaba desde la punta del barranco. Su postura era tranquila, casi desafiante, y su mirada parecía perderse en el horizonte. Dos soldados corrieron hacia ella, pero justo cuando estaban a punto de atraparla, Nadia simplemente se dejó caer hacia atrás.

Una sonrisa melancólica se dibujó en su rostro mientras se precipitaba al vacío. Desde hacía mucho tiempo soñaba con ese momento.

El escuadrón entero estaba en problemas: su misión era llevar a la princesa a la capital del reino vecino para su boda al día siguiente. Ahora, con su desaparición, su fracaso era inevitable.

—Capitán, ¿qué haremos? —preguntó uno de los soldados, su voz temblorosa por el miedo.

El mayor, aunque mantenía una expresión seria, no ocultaba su desinterés.

—Afortunadamente para ustedes, sabemos que ella no tenía ni un ápice de magia. Buscarla sería inútil... ya debe estar muerta —dijo, observando el abismo con cierto nerviosismo. Aunque no lo admitiera, el capitán sabía que esto podría costarles caro—. Y si no lo está todavía, seguramente morirá.

Mientras tanto, Nadia seguía cayendo como una bala de cañón. Su corazón latía con fuerza; estaba feliz, lo había conseguido. Sin embargo, la realidad la golpeó de repente: el suelo se aproximaba a una velocidad aterradora.

—¡No puedo morir aquí! —gritó desesperada, mientras intentaba flotar. Era su única habilidad mágica, pero a esa velocidad parecía imposible.

Entre lágrimas y sollozos, su vista se despejó y, entre las nubes, divisó un río de aguas cristalinas que serpenteaba entre los árboles. Con esfuerzo, se deslizó en el aire como si nadara, tratando de dirigir su caída hacia el agua. Finalmente, impactó contra el río, salpicando violentamente y alarmando a un joven que estaba en la orilla.

El chico, que estaba ocupado lanzando sedantes al agua, se sobresaltó por el ruido. Rápidamente se apresuró a investigar, saltando entre las piedras del río con agilidad.

—Gema, secado —ordenó al asistente de su traje, y su ropa quedó seca, limpia y cálida en cuestión de segundos.

Nadia apenas pudo salir del agua; estaba agotada y al borde del ahogamiento. Antes de que pudiera reaccionar, el joven la sacó y la arrastró hacia el otro extremo del río.

—Gra… —intentó agradecer, pero él le colocó un dedo en los labios y la escondió entre unos arbustos.

Fue entonces cuando Nadia se dio cuenta de quién era. Su rostro se llenó de pavor. Él era uno de ellos.

Nunca había visto a uno de cerca, pero conocía sus trajes: blancos, largos y con un número marcado en negro en los costados. En su reino, se decía que si uno de ellos encontraba a un mago, lo capturaban y nunca más se le volvía a ver. Se asumía que morían, y se les realizaba un funeral simbólico. El número de su salvador era N07.

—¡Los sensores de MOTHER detectaron una señal anómala en este sector! ¡Búsquenla! —gritó una figura que apareció entre los árboles.

Era S37, el supervisor de la zona. Su presencia imponía respeto: un hombre alto, musculoso y de piel morena, cuya apariencia era tan atractiva como intimidante.

—¿Qué ocurrió, supervisor? —preguntó N07, intentando mantener la calma.

—Todos los rastreadores recibieron la notificación esta mañana. ¿Ahora resulta que usted no la recibió? —espetó S37, su tono cortante.

—Señor, estaba recibiendo la reinserción de información KP —respondió N07, tratando de justificar su aparente descuido.

—¡Rastreador, estoy hablando! —gritó el supervisor, interrumpiéndolo con autoridad—. La princesa de Lunabi escapó anoche y se dirigía a esta zona. ¡Y ahora detectamos una señal extraña aquí, en la frontera! ¿Está claro?

—¡Sí, señor! —respondió N07, aunque su mente estaba en otra parte. ¿Podría ser aquella chica la princesa bruja? Al mirar entre los arbustos, ella ya había desaparecido.

Tras escanear la zona con los droides y no encontrar nada, N07 fue relevado y enviado a los vehículos de extracción. Su turno había terminado, y era momento de regresar a MOTHER para descansar.

Mientras conducía su moto voladora, otras cuatro motocicletas se acoplaron a su lado. Eran los miembros de su escuadrón, el Escuadrón DELTA, conocido por ser el más capacitado de toda la Federación.

—¿Cómo les fue hoy, chicos? —preguntó N08, una joven alta de cabello corto, lacio y negro, cuyos ojos azules expresivos destacaban incluso bajo el tenue brillo de las luces de la carretera aérea.

—Bastante bien —respondió N14, un pelirrojo robusto con una sonrisa constante que parecía no borrarse nunca.

—Tuviste problemas hoy, ¿verdad, 07? Parece que un sensor falló —dijo N32, un chico rubio y delgado, con un tono amable que intentaba aliviar la tensión.

—Lo de siempre —contestó N07, el de cabello celeste. Aunque quisiera compartir lo que pasaba por su mente, sabía que no lo comprenderían.

—¡Vaya! Qué mal no capturar una presa así de buena. Imagínate: te dejarían en la cámara virtual de vacaciones, ¡una semana sin perder créditos! —se quejó N08, inclinándose hacia atrás en su moto mientras observaba el cielo con colores pastel.

—¡Anímate, podrás hacerlo en unos meses! —dijo N32, dándole unas palmadas en la espalda.

—Yo solo quería entrar para comer de todo otra vez. ¡Estoy harto de la comida del comedor! —añadió N14, sacando la lengua en señal de disgusto.

La conversación siguió animada hasta que llegaron a MOTHER, la gigantesca instalación que funcionaba como base central de la Federación. El lugar era imponente, con estructuras metálicas que se extendían hacia el cielo y un sinfín de luces que parpadeaban constantemente.

Al descender en la zona de descarga y bodega, el ambiente se llenó de voces y movimiento. Rastreadores y soldados entregaban su carga diaria: personas encapsuladas en tubos de cristal, inmersas en un líquido verde que parecía absorber su energía vital.

—¡Miren y lloren! ¡Yo capturé tres hoy solo! —presumió un hombre, señalando a los tubos que contenían tres figuras humanas inmóviles.

—Con eso solo tendremos energía para una semana. No celebres tanto, ni siquiera llenas tu cuota del mes —replicó la encargada de registro, ajustándose sus gafas de montura de gato con gesto impaciente.

N07 evitó la bodega. No había cazado nada ese día, y además, ese lugar le resultaba profundamente desagradable. La visión de las personas atrapadas en esos tubos siempre le causaba repulsión, aunque nunca lo admitiera en voz alta.

Decidió caminar por los pasillos hasta la sala de recepción, donde un grupo de niños y su maestra estaban reunidos frente a una pantalla gigante. La pantalla mostraba una caricatura animada que explicaba la historia oficial de la Federación.

—Hace muchos, muchos años, ocurrió un evento llamado “El Cataclismo” —decía la figura animada en la pantalla, con una voz infantil que buscaba captar la atención de los pequeños—. El mundo se dividió en dos, y nuestros fundadores fueron amenazados por los temibles brujos, quienes hacían que nuestros fundadores enfermaran. Nos cazaban y nos obligaban a servirles, hasta que uno de los nuestros inventó el “desmactivo” y creó una fuente de energía viva que nos permitió ahuyentarlos.

La caricatura continuó, mostrando imágenes simplificadas de humanos luchando contra magos:

—Desde entonces, brujos y humanos firmaron un pacto. Ellos nos dan magia, y nosotros, tecnología. Nada de esto hubiera sido posible sin nuestros útiles habitantes, que siempre pusieron de su parte. Recuerden: “Más vale una mano útil que cien cabezas inútiles”.

Al terminar, apareció un mensaje en la pantalla:

“Produced by: MANAGUA INTELLIGENCE”

N07 observó cómo los niños se marchaban, emocionados por lo que acababan de aprender. Si él hubiera crecido como ellos, también creería en esa caricatura, pensó. Pero la realidad era mucho más oscura y terrible de lo que la pantalla mostraba.

Se dejó caer en uno de los asientos del recibidor, cerrando los ojos por un momento para descansar. Sin embargo, apenas había relajado su cuerpo cuando sintió un toque en el hombro.

—Oye, es hora de la cena —dijo N08 con una sonrisa amable.

Ella siempre parecía sincera con él, aunque su personalidad no lo mostrara de forma evidente. Caminaron juntos hacia el salón de ejecución desde donde salían hacia la Zona Roja, el área residencial de los cazadores ubicada en el segundo nivel de las instalaciones de la Federación.

Antes de salir, un superior llamó a N08 para resolver un papeleo pendiente sobre su asignación de procreación. N07 odiaba esos trámites y todo lo que implicaban. Pensó, con cierto desdén: Ojalá nunca me toque. Para él, esos experimentos y procedimientos tan inorgánicos carecían de sentido.

De pronto, un ruido proveniente de la bodega llamó su atención. Era extraño: después de las cinco (según el Horario de la Estrella Mediana), nadie debería estar allí. Decidió investigar; podría ser un espía o algo peor, y no podía permitirse ignorarlo.

Mientras tanto, Nadia se encontraba en la bodega, completamente anonadada por lo que veía. Decenas de personas estaban encerradas en tubos de cristal, con cables insertados en sus cuerpos, sumergidas en un líquido verde viscoso. La escena era aterradora y desgarradora.

Eran su pueblo.

Las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas al comprender lo que sucedía. Les estaban robando su fuerza vital, su maná, y sin ello, morirían inevitablemente. Las señales de vejez en la piel de los prisioneros eran evidentes; sus cuerpos parecían estar siendo consumidos lentamente por el proceso.

Fue en ese momento, mientras Nadia intentaba contener el llanto, que sus miradas se cruzaron.