✿ . ߸ capítulo único.
ADVERTENCIAS ❗️
❥ masturbación, rough sex, dirty talk.
❥ feminización fuerte, slut-shaming, uso de pronombres femeninos.
❥ heeseung top (dom) / jake bottom (sub*)
*nota 1: jake también domina, pero solo por un corto momento.
nota 2: aclaro por si todavía no les quedó lo suficientemente claro, en este OS hay mucha feminización y cambio de pronombres.
¿no te gusta? no leas y evita comentarios innecesarios, listo.
. . .
El aire en su dormitorio olía a viaje y ropa sin lavar, su equipaje abierto a un lado de su cama pero con todas sus cosas todavía adentro. Heeseung podía sentir la fatiga creciendo desde lo más profundo de su ser. París había sido la última parada del grupo, un total espectáculo para las engenes y su adoración a no más poder, pero ahora, de vuelta en el silencio de su dormitorio, la adrenalina había desaparecido, dejando solo un cansancio vacío.
Dos años.
Dos malditos años que llevaban juntos con Jake, y su relación se había reducido ahora a solo besos rápidos y robados en los camerinos, y pequeños abrazos exhaustos sin decir nada antes de caer rendidos en sus propias habitaciones.
Heeseung se dejó caer en su cama y decidió revisar su teléfono perezosamente, deslizando el pulgar por todas sus notificaciones, hasta que un mensaje de Riki apareció en la parte superior de la pantalla.
Riki: Hyung, tienes que ver esto jajjaja. Las engenes están más locas que nunca. Mira a Jaeyun-hyung de chica. ¿Verdad que es tierno?
Habían al rededor de siete imágenes adjuntas. Heeseung suspiró, esperando que fuera algún meme tonto o alguna imagen graciosa.
Abrió el chat.
La aplicación de mensajes se abrió automáticamente y él se quedó sin aliento.
No era una broma.
La primera imagen era... algo impresionante. Era el rostro de Jake, innegablemente suyo, pero más suave, decorado por su hermoso pelo largo y negro azabache.
Sus ojos, de un suave gris azulado, miraban con una tímida vulnerabilidad que Heeseung no había visto en años. Sus labios eran carnosos y aterciopelados, tal como los suyos, ligeramente entreabiertos.
Llevaba una sencilla camisa de tirantes finos de color blanco, la delicada tela apenas podía ocultar la sutil pero definida curva de sus suaves y redondos pechos. La piel pálida de sus hombros y clavículas estando a la vista.
Automáticamente el agotamiento de Heeseung se evaporó como niebla, siendo reemplazado por una punzada de calor y una oleada de tensión en el estómago. Picó su interés. Su pene, palpitando durante lo que pareció una eternidad, se agitó con furia. Se movió.
Había más. Jake como una enfermera delicada, con el dedo apoyado entre sus labios brillantes por el gloss, Jake con un piercing atrevido en el labio, Jake con un sombrerito rústico y un vestidito de tirantes, Jake con orejas de gato y el cabello largo y rubio, luciendo increíblemente inocente y completamente follable.
Era su novio, el hombre que tanto deseaba, transformado en la mujer más hermosa que jamás había visto.
Un gemido sordo se atoró en su pecho viendo las fotografías, la presión en sus pantalones volviéndose de pronto insoportable. Ni siquiera lo pensó claramente, era una necesidad animal y desesperada que sentía. Se quitó los jeans de una patada y liberó su grueso y palpitante pene el cual saltó a su mano, ya resbaladizo por el líquido preseminal.
Apoyó el teléfono contra la almohada, manteniendo la primera imagen (la de Jake con el pelo negro y camisa blanca de tirantes) en la pantalla.
—Jaeyun-ah... — susurró con voz ronca y áspera.
Su mano empezó a moverse, su pulgar acariciando la punta de su pene mientras miraba la imagen. Se lo imaginó. Se imaginó hundiéndose en ese cuerpo suave y femenino. Se imaginó tocando esos pechos perfectos, pellizcando los pezones a través de la fina tela. Se imaginó esa bonita boca abriéndose para él, esos hermosos ojos mirándolo mientras deslizaba su pene entre sus labios.
Su ritmo se aceleró, su respiración convirtiéndose en jadeos entrecortados. Estaba tan cerca, perdido en la fantasía, en la abrumadora necesidad de su chico... que resultaba que también era la chica de su pantalla.
Justo en ese instante, la puerta se abrió suavemente.
—Hyung, creo que te quedaste con mi cargador...
Heeseung no lo oyó. Tenía los ojos cerrados con fuerza, sus caderas sacudiéndose en la cama mientras su orgasmo se acercaba. Estaba completamente perdido, susurrando el nombre de Jake como un himno de pura lujuria.
Jake se quedó paralizado en el umbral, con las siguientes palabras muriendo en sus labios.
Vio a su novio, desnudo de la cintura para abajo, con la espalda arqueada de placer. Vio la mano de Heeseung apretada alrededor de su propia polla, bombeando furiosamente. Y en la pantalla del teléfono vio su propio rostro, convertido en el de una hermosa chica.
—Mierda, Jake...— Heeseung dejó escapar un último gemido gutural.
Jake observó, paralizado por la sorpresa y con una extraña y creciente excitación, viendo como Heeseung alcanzaba su orgasmo. Calientes y espesos chorros de semen brotaron de la punta de su pene, salpicando directamente la pantalla del teléfono, cubriendo el rostro de la chica de la foto con una blanca y pegajosa capa de su semen.
La habitación quedó en silencio, menos por los jadeos entrecortados de Heeseung. Luego sus ojos se fueron abriendo lentamente y se volteó, encontrándose con Jake de pie en la puerta.
Los ojos de Heeseung se abrieron con pánico y vergüenza, buscando a tientas la cobija intentando cubrir su miembro aún húmedo, mientras su otra mano buscaba instintivamente el teléfono para ocultar la evidencia.
—Jake... — dijo con la voz entrecortada. —Yo... mierda, puedo explicarlo. Es solo algo estúpido, yo...
Pero Jake no se movió. Ni siquiera gritó o salió corriendo. En cambio, hizo algo que provocó un cortocircuito en el cerebro de Heeseung. Jake se movió hacia atrás silenciosamente para cerrar puerta de su dormitorio, el suave clic de la manija resonando como un disparo en la silenciosa habitación.
Jake no huyó; más bien los encerró.
Sus ojos estaban fijos, no en la desnudez de Heeseung, sino en la pantalla brillante del teléfono que yacía sobre la cama. Avanzó lentamente con pasos pausados y se detuvo junto a la cama, mirando el dispositivo. La imagen de su propio rostro feminizado y editado, y sin embargo, reclamado por las gruesas y perladas gotas del semen de Heeseung.
Un calor extraño se acumuló en el vientre de Jake. No era para una chica cualquiera. Era para él. Para una versión de él que Heeseung claramente deseaba con una intensidad grande y desesperada. Y lo peor, la idea no le repugnaba, más bien, hacía que su propio pene se sacudiera en sus pantalones.
Heeseung se quedó paralizado, observándolo, preparándose para la explosión.
Jake se agachó y agarró el teléfono, lo sostuvo con cuidado, su pulgar recorriendo la pantalla justo por encima del líquido pegajoso. Miró la imagen por varios segundos y luego el rostro asustado de Heeseung, y por primera vez en todo ese rato, una sonrisa genuina se formó en los labios de Jake. Es una sonrisa cómplice y peligrosa. Inclinó la cabeza hacia un lado y su voz salió en un murmullo bajo y ronco, provocándole un escalofrío en la espalda a Heeseung.
—Entonces... — empezó diciendo Jake, con un pequeño brillo en los ojos, —¿crees que soy bonita, hyung?
La pregunta desarmó por completo a Heeseung. Esperaba a un Jake molesto, acusándolo e incluso llorando. No... esto. No a este Jake curioso y juguetón, con su mirada seductora.
Solo podía mirarlo sin habla, mientras Jake acercaba el teléfono a su rostro examinando la foto como si fuera una obra de arte.
—¿Todo este tiempo... querías una novia?—continuó molestando Jake con un tono provocador.
Hundió la punta de su dedo meñique en una gota del semen de Heeseung que escurría por la pantalla, y luego se la llevó a los labios, succionándola hasta dejarla limpia con una chupadita suave, sin romper el contacto visual con él.
Heeseung dejó salir un jadeo ahogado. La vergüenza que sentía fue reemplazada al instante por una nueva e increíblemente poderosa oleada de lujuria. Su pene, que ya había empezado a ablandarse, se sacudió y se endureció de nuevo, presionando dolorosamente contra su estómago.
Jake lo vió. Notó el deseo y la excitación en los ojos de Heeseung. Jake sabía todo el poder que tenía sobre el mayor, lo que lo hizo sonreír. Lanzó el teléfono de vuelta a la cama, con la pantalla todavía encendida.
—Mira todo el desastre que hiciste, hyung— susurró Jake subiéndose a la cama y sentándose a horcajadas sobre las caderas de Heeseung, sus pantalones presionando la erección del mayor. —Y sobre toda mi bonita cara.— se inclinó hacia él, sus labios rozando con los de Heeseung. —¿Qué vas a hacer ahora?
Por una fracción de segundos, Heeseung permaneció paralizado bajo el peso de Jake, con la mente dándole vueltas. Pero entonces, algo en sus ojos cambió de inmediato. El miedo, la vergüenza, todo se desvaneció y fue reemplazado por un fuego oscuro y posesivo.
¿Jake quería jugar? Bien. Heeseung le mostraría cómo se jugaba realmente.
Su mano se extendió no para apartar a Jake, sino para sujetarlo con fuerza. Sus dedos rodearon la nuca de Jake y se enredaron en su pelo, tirándolo hacia abajo hasta que sus rostros estuvieron a centímetros de distancia. La sonrisa juguetona en los labios de Jake flaqueó, siendo reemplazada por un jadeo de sorpresa al ver el hambre en los ojos de Heeseung.
—¿"Bonita"?— la voz de Heeseung salió como un gruñido bajo y depredador. El rió — No. No eres bonita. Eres toda una maldita obra maestra. Y me perteneces solo a mí.
De un rápido movimiento cambió sus posiciones. Aterrizó el cuerpo de Jake dejándolo boca arriba sobre la cama, el suave colchón recibiendo el impacto. Con una sola mano sujetó las muñecas de Jake contra la cama, justo por encima de su cabeza con una fuerza absoluta, y con la otra lo agarró de la mandíbula, levantó su cara y lo obligó a mirarlo a los ojos.
—¿Crees que tienes el control, preciosa?— gruñó Heeseung moviendo las caderas hacia abajo, dejando que Jake sintiera la dura longitud de su polla presionando contra la tela de sus pantalones. —No tienes ni idea de lo que acabas de empezar.
Se inclinó y rozó la oreja de Jake con los labios, su aliento caliente provocando escalofríos por todo el cuerpo de Jake. —No solo me estaba masturbando, Jake. Estaba sintiéndolo. Me imaginaba a mi mismo hundiendo mi pene tan profundo dentro de mi perfecta novia Yunie hasta que ella gritara mi nombre.
Jake respiró con dificultad, su propia excitación convirtiéndose en algo agudo y desesperado dentro de sus pantalones. Esto era más de lo que podría haber imaginado. Esta era una versión de Heeseung completamente nueva y peligrosa.
Y adictiva.
Heeseung soltó su mandíbula y agarró los pantalones de Jake con movimientos bruscos e impacientes. Desabrochó el botón y bajó el ziper con un rápido movimiento, dejando al descubierto la erección tensa de Jake que ya derramaba líquido preseminal sobre la tela de sus bóxers.
—Mírate— gruñó Heeseung, su mirada alternando entre el rostro sonrojado de Jake y su pene erecto. —Tan mojada para mí. Tan lista para ser mi pequeña chica buena.
Sus manos no fueron a la polla de Jake, en cambio, subieron a su pecho, palmeando y apretando con fuerza sus pectorales planos y musculosos como si fueran las tetas suaves y grandes de las fotos. Pellizcó con fuerza los pezones de Jake a través de la camiseta, provocando un grito agudo de placer y dolor.
—Esto es todo lo que yo quiero, no a una novia cualquiera.— dijo Heeseung, con la voz cargada de lujuria mientras seguía abusando del pecho de Jake. —Cada parte de ti... hecha para mí. Para que yo la use.— se inclinó y capturó los labios de Jake en un beso brutal.
Jake sintió que Heeseung había dejado más que claro sus intenciones ahora. Justo ahora Heeseung no quería acostarse con su novio, Jake. Justo ahora Heeseung estaba a punto de tomar por completo a su nueva novia, Jaeyun. Una loca fantasía que sorprendentemente ambos querían hacer realidad.
Heeseung rompió el beso y se retiró lo justo para ver la mirada aturdida y sin aliento en los ojos de Jake, un hilo resbaladizo de saliva uniendo sus labios. La mente de Jake daba vueltas, su cuerpo ardiendo con una mezcla confusa de miedo y la excitación más intensa que jamás hubiera sentido.
Hacía mucho que ellos no se acostaban.
Jake estaba loco e impaciente por volver a sentirlo.
—Eso es...— susurró Heeseung con voz áspera. Mantuvo las muñecas de Jake sujetadas entre sí, usando su mano libre para agarrar el teléfono de la cama. Empujó la pantalla, aún manchada con su semen, justo delante de la cara de Jake.
—Mírala— ordenó. —Mira a mi hermosa chica. Eso es lo que eres ahora, Jake ya no está.— sacudió ligeramente el teléfono, obligándolo a concentrarse. —Di tu nombre.
—J-Jake...—tartamudeó por puro instinto.
El sonido de la palma abierta de Heeseung impactando con el culo de Jake fue fuerte y agudo, un sonido ensordecedor. No dolió tanto como lo aturdió, pero sabía que su huella marcaría su piel por debajo de la tela de su pantalón, lo que lo hizo gimotear.
—No.— gruñó Heeseung, con los ojos oscurecidos —Di. Tu. Nombre.
Jake se quebró.
—J-Jaeyun.— gimió, sintiendo su propio nombre extraño, cómo el de alguien más, y sin embargo, emocionante en su lengua. —S-soy tu Yunie.
Una lenta sonrisa depredadora se extendió por los delgados labios de Heeseung. —Buena chica, Jaeyun.
El elogio sacudió dentro de Jake, sintiendose embriagado.
—Ahora... hablemos de tu cuerpo.— su mano abandonó la mejilla de Jake y volvió a su pecho, amasando sus firmes pezones con crueldad. —Háblame de tus tetas. ¿Son grandes? ¿pesadas? ¿Se te ponen duros los pezones cuando piensas en mi polla?
Jake solo podía sollozar arqueando su espalda, un gemido roto escapando de sus labios. —S-sí...
La mano de Heeseung se deslizó hacia abajo sobre su vientre plano, deteniéndose justo sobre el bulto grueso en sus bóxers. No lo agarró, más bien, presionó la palma de su mano contra la polla de Jake en un gesto de desdén. —Esto está mal— murmuró, con la mirada fija en la de Jake. —Esto no debería estar aquí.
Sus dedos bajaron, trazando la costura de los pantalones de Jake entre sus piernas, presionando el sensible espacio detrás de sus testículos. —Mi Jaeyun debería tener un coño. Un coño apretado y húmedo goteando por mí.
Jake no podía más con la humillación, retorciéndose desesperado debajo suyo, sintiendo una necesidad incesante. Es cómo si su cuerpo entero fuera rehecho por las palabras sin sentido de Heeseung, su anatomía masculina siendo tratada como un defecto mientras Heeseung buscaba las partes femeninas que anhelaba tocar.
—Me hiciste ensuciar tu linda carita, Jaeyun-ah
— dijo Heeseung volviendo a acercar su teléfono a la cara de Jake, su voz peligrosamente suave. —¿Te importaría limpiarla por mí, amor?
Soltó las muñecas de Jake, su intención clara.
Jake miró fijamente el teléfono, su propio rostro editado cubierto por la semilla de Heeseung. Las lágrimas de humillación corrieron por sus mejillas y se mezclaron con el líquido pegajoso mientras se inclinaba hacia adelante, con la lengua temblorosa y comenzando a lamer la pantalla hasta dejarla limpia. Lamió hasta la última gota del semen de su novio, Heeseung observando atentamente, su propia polla contrayéndose violentamente.
—Esa es mi chica, tan obediente.— dijo junto a un gemido de satisfacción, antes de arrebatarle el teléfono y lanzarlo a algún lugar de su cama.
Tendrá que cambiar de teléfono ahora, eso es seguro.
Agarró un mechón del pelo de Jake y tiró de él para mover su cabeza hacia atrás un momento, para lograr que Jake lo mire fijamente a los ojos, los propios aterrorizados y excitados, antes de que Heeseung lo obligara brutalmente a bajar la cara hacia su ingle. No había nada de dulzura en sus acciones, y esa no era una invitación, era una orden. Jaeyun se ahogó en un sollozo al sentir su nariz y boca presionadas contra la áspera tela de sus pantalones todavía puestos, el peso caliente y pesado de su pene siendo como una presencia sofocante.
Heeseung se terminó de bajar lo pantalones y los bóxers por los muslos con un movimiento brusco, dando así la bienvenida a su grueso pene, brillante y dolorosamente duro, aún con una gota de presemen por la intensidad del momento.
No le dió tiempo a Jake de prepararse, enredando ambas manos en su pelo y agarrándole la cabeza. —Ábrete para mí, Jaeyun— gruñó. —Enséñame para qué sirve esa bonita boca tuya.
Antes de que Jake pudiera obedecer del todo, el mayor embistió sus caderas hacia adelante. La punta de su polla se estrelló contra sus dientes, forzándolo a separar los labios, y se introdujo de lleno en su boca, una invasión abrumadora. Jaeyun se atragantó al instante, su cuerpo convulsionando, pero el agarre de Heeseung era firme y no le dejó espacio para escapar.
—Eso es— gimió, sus caderas golpeando su barbilla. —Toma la polla de hyung, amor, te encanta, ¿verdad? — dejó escapar una risita cruel —Mi pequeña zorrita. Para esto es que estás hecha.
Las lágrimas y la saliva corrieron por su rostro bonito, su garganta ardiendo mientras su novio empujaba más profundo con cada embestida, intentando penetrarlo por completo. Casi no podía respirar, y definitivamente no podía pensar tampoco. En su mente solo existía el sabor espeso y salado que su boca probaba, y la sensación de ser utilizado total y completamente por su hyung. Sus manos libres ahora arañaban inútilmente sus muslos en un intento de sujetarlo, su cuerpo arqueándose en una súplica desesperada por más.
Heeseung sintió que estaba cerca mientras al mismo tiempo sentía y escuchaba los patéticos gemidos vibrando alrededor de su pene. Y eso fue lo que lo llevó al límite. Con un último gemido gutural, se introdujo hasta el fondo e inundó la garganta de Jake con un torrente de semen espeso y caliente. Lo retuvo ahí mismo, obligándolo a tragarse hasta la última gota, mientras su cuerpo se estremecía por la fuerza del orgasmo.
Se retiró lentamente, dejándolo hecho un desastre de jadeos y respiraciones asfixiadas. Su barbilla mezclada entre semen y lágrimas que goteaban sobre su camisa, estando completamente destrozado debajo suyo ymirándolo con los ojos abiertos y vacíos. Heeseung contempló el hermoso desastre que él mismo creó, el rostro de su chica de la que tomó posesión con tanto esfuerzo. Ver su semen goteando de sus labios y mandíbula, mezclado con sus lágrimas y saliva... hacía que su pene medio blando se estremeciera.
Su hermosa creación. Su Jaeyun.
—Tan bonita—. murmuró con un gruñido bajo.
De un rápido y fácil movimiento logró moverlo boca abajo sin decir palabra alguna, agarrando los bordes de sus pantalones y bóxers y bajándolos hasta sus rodillas de un fuerte tirón, dejando al descubierto las pálidas y suaves mejillas de su trasero, su propio pene aún duro y completamente ignorado por debajo de su cuerpo.
Heeseung ni siquiera lo miró. No es algo que le interesaba en este momento.
Sus ojos estaban solamente fijos en el premio: Con ambas manos, agarró sus nalgas y las separó a la fuerza, revelando su apretado y rosado ano. Se acercó lentamente, con su aliento caliente rozando su piel sensible.
—Aquí está— susurró con una pequeña sonrisa —Tu hermoso coñito esperando por mí.
Jaeyun soltó un gemido ahogado contra el colchón, su cuerpo temblando con una mezcla de pánico y anticipación. Heeseung salió de la cama un rato para recoger una botella de lubricante ya abierta en uno de sus cajones cerca de la cama. Abrió la botella apuradamente y se regó una generosa cantidad por todos sus largos y gruesos dedos. Jaeyun se estremeció al sentir el líquido frío y resbaladizo untándose directamente sobre su estrecho agujero, dándose cuenta que había echado de menos esa extrañamente agradable sensación más de lo que hubiera imaginado. El mayor recorrió su entrada con un dedo y luego empujó la punta dentro, preparándolo para lo que estaba por venir.
—Hyung te hará sentir como una chica de verdad ahora— prometió.
Luego de unos minutos preparándolo colocó la gruesa e hinchada cabeza de su pene contra su lubricada entrada, sin embestir, solamente empujando. Lentamente.
Jaeyun gritó contra la almohada al sentir aquella exquisitamente presión dolorosa que estiraba su estrecho agujero. Pero Heeseung era insaciable. Lo agarró por las caderas, sus dedos clavándose en la suave piel, acercándolo mientras se abría paso cuidadosamente.
—Eso es, bebé— gruñó, con la frente comenzando a brillar de sudor por el esfuerzo. —Toma mi pene. Tómalo todo.
Las lágrimas recorrieron por su rostro mientras el temporal dolor dió paso a una increíble y abrumadora sensación de plenitud. Heeseung estaba dentro de él. Dentro de ella. Reclamándola. Poseyéndola.
Cuando finalmente tocó fondo con un sonido húmedo de sus cuerpos conectándose, dejó escapar un gemido grave y satisfecho. Se quedó ahí un momento, enterrado profundamente en el interior de Jake, dejándolo sentir cada centímetro de su posesión.
Heeseung permaneció ahí durante un largo y tortuoso momento. Quería que lo sintiera todo: el estiramiento, el ardor, la abrumadora plenitud de su pene ocupando una parte de él que hacía tiempo no había sido tocada. La respiración de Jaeyun salió en jadeos entrecortados y superficiales contra la almohada, con los nudillos tornándose blancos al agarrar las sábanas.
Entonces, con una lentitud insoportable, comenzó a moverse.
Se apartó solo unos centímetros, la fricción de su pene contra las paredes apretadas de su agujero haciéndole gritar, olvidándose por completo de la posibilidad de que hubiera alguien más afuera que los escucharía. Heeseung se inclinó, sus labios contra su oído y su voz es un susurro ardiente y venenoso.
—¿Lo sientes, Jaeyun?— murmuró mientras se introducía lenta y deliberadamente, hasta el fondo. —Tu coñito está apretado y perfecto, estirándose para recibirme.
Siguió su mismo ritmo, una embestida lenta, profunda y posesiva. Como si quisiera que estas fueran al mismo tiempo que sus palabras.
—Fuiste hecha para esto— repitió, moviendo las caderas hacia adelante y frotándose contra su culo. —No importa realmente si vienes en un empaque masculino o femenino, sigues perteneciéndome solo a mí.— se retiró lentamente y luego volvió a entrar con un sonido húmedo que resonó en la habitación. —Mi niña bonita. Mi pequeña zorra.
A todo esto Jaeyun se estaba deshaciendo de placer. Su mente, ya rota y lavada con la idea de ser la chica buena de su hyung, se aferró a sus sucias palabras. Se sentían cómo si fueran su nueva realidad. Su propósito. Sus caderas comenzaron a moverse también, solo un poco al principio, como una respuesta tímida e involuntaria a su ritmo.
—Mmm, sí, eso es— gimió Heeseung, sintiendo su ligero movimiento. —Te encanta, ¿verdad? Te encanta tener la polla de hyung enterrada en tu culo. Es lo que siempre has deseado.
Lo rodeó con una sola mano, agarrándolo por la cadera para sujetarlo, mientras la otra se dirigió bajo su cuerpo, buscando algo. Sus dedos encontraron uno de sus pezones y lo pellizcó con fuerza.
Jaeyun gritó, un sonido que es mitad dolor y mitad placer puro. La estimulación simultánea de sus dos sensibilidades, la delantera y la trasera, una con su mano y otra con su polla, le provocó un cortocircuito total en el cerebro. Heeseung amaba ver a Jake hecho un desastre de sensaciones como en este momento.
Siguió follándolo con el mismo ritmo profundo y lento, asegurándose de que sintiera cada milímetro de su pene. Lo estaba enloqueciendo, una embestida y una degradación susurrada en el oído a la vez.
La follada lenta y rítmica dejó de ser suficiente luego de un tiempo. Heeseung necesitaba más. Necesitaba verla la cara.
—No— gruñó contra su oído, el sonido como una vibración grave que le estremeció por todo el cuerpo. —No te escondas de mí, preciosa.
Con un pequeño gruñido de puro esfuerzo, salió por completo de él, dejando solo la gruesa punta de su pene cómo un tapón en su agujero destrozado. Antes de que Jaeyun pudiera siquiera jadear ante la repentina sensación de vacío, lo agarró por las caderas y lo tiró boca arriba con un solo movimiento.
Jake aterrizó con un suave golpe sobre el colchón y un gemido ahogado de sorpresa escapando de sus labios. Sus piernas sin saber cómo acomodarse, pero Heeseung no lo dejó hacer mucho. Simplemente le empujó las rodillas hacia su pecho, separándolas por completo. La posición dejándolo total y degradantemente expuesto, su propio pene erecto, y su culo, rojo y estirado, presentándose ante él como una ofrenda.
Y entonces, antes de que Jake pudiera procesarlo, él lo embistió de nuevo.
Un gemido desgarrador salió de su garganta cuando él empujó de nuevo, enterrando toda su longitud en su estrecho agujero en una embestida agonizante. Se inclinó sobre él, sus antebrazos sujetando su cabeza, atrapándola. Su rostro estaba a centímetros del suyo, su expresión de triunfo cómo si hubiera ganado el juego, cómo si fuera un animal salvaje y acabara de lograr atrapar a su presa.
—Mírame— ordenó con voz baja.
Sus ojos, bañados en lágrimas, se abrieron de golpe y se encontraron con los de él. Y en ese instante, el mundo se redujo al espacio que los separaba. Jake lo vió todo en sus pupilas oscuras y dilatadas: su posesión, su lujuria, su control absoluto, y Heeseung lo vio todo en el también: la sumisión absoluta, la lujuria pura.
Empezó a moverse de nuevo, pero el ritmo fue diferente. Ya no era lento ni posesivo, era una embestida brutal y frenética. Ya no solo lo estaba follando por el culo; estaba follando sus ojos, su mente, su alma. Con cada embestida de sus caderas, su cabeza se inclinaba hacia atrás, pero su mirada permanecía fija en la de él, incapaz de apartarse.
—¿Sientes esto, Yunie?— comenzó, con la voz tensa. —Eres solo de mi propiedad. Mi chica buena, follada por el culo mientras me miras a los ojos.— su cuerpo se arqueó sobre la cama, intentando penetrarlo más profundamente, un gemido de puro placer mezclándose con los lloriqueos de Jake. Estaba completamente roto. Heeseung lo había destrozado.
Y eso se sentía tan malditamente bien.
El ritmo agresivo continuó, la mirada de Heeseung como una fuerza física, inmovilizándolo contra el colchón, despojándolo hasta del último rastro de lo que solía ser. Pero entonces, justo cuando sintió los primeros temblores del orgasmo creciendo en lo profundo de su vientre, su expresión se suavizó por una fracción de segundo, un destello de profundo amor posesivo brillando a través de la lujuria.
Heeseung se inclinó y juntó su boca contra la suya, dando inciso a un beso de ternura salvaje, como si no pudiera soportar que Jaeyun fuera tan hermoso. El beso era áspero, húmedo y exigente, su lengua hundiéndose en su boca, saboreando sus lágrimas, sus gemidos, todo de él. Mordió su labio inferior con fuerza buscando dejar una marca, una marca de su amor, de su vínculo único, para que los demás supieran que Jake ya estaba tomado por completo. El sabor de la sangre en su lengua no hizo nada para sacar ese pensamiento de su mente.
Interrumpió el beso tan abruptamente como lo inició. No se alejó, simplemente se deslizó hacia abajo, hundiendo la cara en la separación de sus pequeños senos, su aliento caliente rozando su piel. Jake sabía cuánto adoraba Heeseung esa parte de él, incluso antes de iniciar esta fantasía de ser una chica. Heeseung movió la cabeza y se aferró a su pezón derecho con la boca húmeda y abierta, succionándolo con una hambre desesperada. Sus dientes rozaron la piel increíblemente sensible, enviando rayos de puro placer directamente a su vientre.
Esto ya era demasiado. La brutal plenitud en su culo, la adoración intensa y eléctrica en su pecho... se sentía sobrestimulado.
—Por favor— sollozó, agitando la cabeza contra la almohada. —Oh dios, Heeseung... hyung... no puedo... por favor...
—¿Por favor qué, mi princesa?— preguntó Heeseung contra su pecho. —Pídemelo, Jaeyun. Pídele a hyung que te haga sentir bien.
—¡Por favor, haz que me corra! Por favor, hyung, voy a...
Su súplica fue interrumpida por un gemido agudo y lastimero de él mismo. Su cuerpo poniéndose rígido, su espalda arqueándose violentamente sobre la cama mientras el orgasmo tomaba poder sobre él. Su cuerpo entero convulsionando por su liberación, su pequeño pene pegándose contra su vientre, derramando unos finos chorros de semen sobre su piel mientras gemía su nombre, un sonido de puro éxtasis.
Heeseung arrancó la cabeza de su pecho, con la cara empapada de sudor y saliva. Sus ojos ardientes encontrándose con los de Jake antes de empezar a penetrarlo con una nueva furia renovada y animal, sus caderas embistiéndolo como una máquina.
Embistió una, dos, tres veces más, cada vez más profunda y fuerte, y luego permaneció quieto, con todo su cuerpo tenso mientras inundaba su culo con su semen. Esta vez no cerró los ojos, lo miró directamente a los suyos, al alma, obligándolo a presenciar el momento exacto en que lo reclamaba por dentro y por fuera como su propiedad, su novia, su todo.
El único sonido presente es su respiración agitada y desesperada. Heeseung se desplomó sobre Jake, su peso como una manta caliente y posesiva. Todavía seguía dentro de el, sus cuerpos todavía conectados. Le acarició lentamente el cuello con sus labios, encontrando la suave y pálida piel justo debajo de su mandíbula. Le plantó un beso húmedo ahí con la boca abierta, lento y lleno de afecto, y luego succionó con fuerza, dejándole un chupetón oscuro como su sello final.
Jaeyun yacía debajo de él, sintiendo tantas emociones al mismo tiempo: su cuerpo tembloroso, roto, reclamado y completamente amado.
La respiración agitada de Heeseung se calmó lentamente con el pasar de los segundos. Su pene, todavía enterrado hasta el fondo de su culo estirado y palpitante, comenzó a ablandarse, pero no mostraba ningún indicio de querer retirarse. En este momento, en su dormitorio donde cualquiera de los otros cinco miembros podría llamar a la puerta en cualquier momento, esta conexión era su mundo entero. La mordida en su cuello como un dulce y doloroso recordatorio a Jake que mañana tendrá que ocultarla con maquillaje y una camisa con un cuello largo de tortuga, si es que encontraba alguna en su armario.
Heeseung se levantó lo justo para poder mirarlo. Su rostro lucía simple y devastadoramente hermoso bajo la tenue luz que se filtraba por la ventana. Una abrumadora ola de amor tan feroz que fue casi violenta y preocupante, lo invadió. Esta ers su maravillosa obra de arte. Su Jaeyun.
—¿Quieres que tomemos un baño caliente, mi amor?— su voz ahora ers un murmullo suave y bajo, cargada de cansancio y ternura.
Jake apenas pudo reunir la energía suficiente para moverse. Logró un pequeño, casi imperceptible movimiento de cabeza contra la almohada, negando. —No... quiero quedarme aquí...— su voz salió somnolienta, sus ojos cerrándose. —...contigo.
Una sonrisa suave y satisfecha se estiró por los labios de Heeseung. Él lo entendía, claro. Jake no quería borrar este momento tan de inmediato, este sentimiento.
—Yo también te extrañé.— susurró en respuesta, lo que le hizo abrir los ojos un poco a Jake antes de sonreír ligeramente con sueño. —Está bien, amor, buenas noches.
Se agachó y con su mano libre cubrió sus cuerpos empapados de sudor con la cobija, abrigándolos del aire acondicionado. Recostó su cabeza en la almohada junto a la suya, con sus rostros separados por pocos centímetros. El aire de la habitación impregnado con el aroma a sexo y sudor, una mezcla tanto adictiva como peligrosa para el día de mañana cuando cualquiera de los miembros quiera ir a buscarlo.
Empezó a susurrar pequeñas palabras para su novio, sabiendo cuánto le gustaba a él que hiciera eso cuando estaba a punto de caer dormido.
—Mi linda novia... no importa que me haya venido tres veces pensando en tí con peluca y pechos grande, mi versión favorita de tí siempre será la de cuando solo eres tú mismo, amor. Estoy profundamente enamorado de tí.— lo besó en la frente, los párpados, la punta de la nariz. —Mi hermoso Jaeyunie, todo mío.
Jaeyun no respondió. Estaba a la deriva en un mar de agotamiento y somnolencia, con el cuerpo adolorido de la forma más satisfactoria. La sensación del pene de su novio en lo más profundo de el, sin moverse, solo estando ahí, fue lo mejor que sintió en años.
Su respiración se hizo cada vez más y más profunda, dejándose llevar por el ritmo lento y constante del sueño, sintiéndose más que seguro en los brazos de su novio.
Mi versión favorita de tí siempre será la de cuando solo eres tú mismo.— es una aseguranza que no sabía que necesitaba. No es cómo si hubiera sentido miedo de que Heeseung ya no lo quisiera por cómo es, pero no estaba mal escucharlo salir de su propia boca.
Ahora que estaba seguro de eso, nada les impedía volver a jugar este juego otra vez. Y quién sabe, a lo mejor esta vez lo hacían con nuevos accesorios.