Fragmentos oscuros.
Me senté y pensé...
Solo dolor, un sentimiento hondo y lacerante.
Un rincón oscuro de mi alma, sucia y vacía, clama por salir, por estallar en gritos que la multitud rehúye. Yo, desnuda, me descubro ante las miradas indiscretas.
Pienso entonces: soy el error de la ecuación, el bache en el camino que hace caer a todos en su andar dulce y soñado, manchando con barro los prístinos ropajes de un blanco inmaculado.
Anhelo dormir y conservar aquel pequeño fragmento que guardo con recelo entre mis manos: luminoso, irregular, precioso. Lo amo porque es parte de mí. Ese es mi talón de Aquiles, el que impide que brote la ira y la tristeza que palpitan en mi interior, las mismas que me consumen lentamente, de manera implacable.
¿Soy yo, o son los demás? La pregunta retumba sin descanso, rebotando en las paredes de mi mente, alimentando inseguridades que no cesan. ¿Habrá un lugar donde naufragar, o estoy condenada a este mar de soledad interminable?
No hay retorno, ya lo sé. Qué lástima que mis sentimientos no tengan peso suficiente a estas alturas. Solo queda de mí la sombra de lo que alguna vez tendría que haber sido.