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Summary

Yoongi fue maldecido. Hace tiempo atrás, el dios de la noche y el dios del día tuvieron un conflicto, se enamoraron de la misma persona. Pero pronto se dieron cuenta de que le habían entregado su corazón a quien no valía la pena. Pusieron una maldición, ella y toda su descendencia perecerían cada vez que rompiera un corazón. Sin embargo, la mujer ya llevaba en el vientre el fruto de uno de ellos. El dios de la noche lo sabía, por eso busco la manera de hacer qué esta se terminará, pero la maldición no pudo ser removida. Se decía que encontrando el verdadero amor y entregando su corazón, sería capaz de que su corazón no pereciera. Lamentablemente, el hijo del dios del día se enamoró de él, pero él no lo hizo y su corazón empezó a marchitarse. Yoongi estaba a nada de morir, la noche, dio su vida para poder mantener a la maldición quieta. Yoongi ascendió al dios de la noche. Al ser un dios, no moriría jamás, pero su corazón seguiría marchitándose. A no ser que llegara la persona que lo enamorará y terminará con su maldición. Pero ¿Cómo amaría a alguien si su corazón había dejado de sentir? Tal vez aquel humano que bailaba en la oscuridad podría darle la respuesta.

Genre
Fantasy
Author
Baepsae52
Status
Complete
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Dejar de sentir

Miró fijamente como el niño de rojos cabellos le extendía una pequeña flor. ¿Cómo la había llamado? Ah, sí, girasol.

—No entiendo —confesó con confusión en su rostro—. ¿Por qué esta flor es especial? —miro como el otro pequeño, su amigo Hoseok, bajaba la mirada avergonzado.

—Mi papá le dio esta flor a mi mamá cuando le pidió que se uniera en matrimonio con él —Hoseok recordaba la mirada de amor en los ojos de su madre, aquello sólo tenía un día de haber ocurrido—, yo también quiero que te cases conmigo Yoongi.

Yoongi miró a su menor con el ceño fruncido. Él quería mucho a su amigo, pero sabía que casarse, aparte de ser algo para las personas adultas y ellos solo tenían ocho y nueve años, era para personas que se amaban más allá de una amistad.

—No, Hobi —negó alejándose del otro pequeño—. Yo no me quiero casar contigo —miro como la sonrisa de su amigo desaparecía transformándose en un puchero—, te quiero solo como a un amigo, no como para casarme contigo.

Hoseok no evitó que algunas lágrimas salieran de sus ojos chocolates, pero Yoongi que esperaba conmoción por su amigo, solo sintió una extraña falta de emoción. En lugar de sentir tristeza, se sentía vacío.

Miro como su amigo salió corriendo a su hogar “El palacio del día”, pero más intrigado por su aparente calma que por la huida de quien era su mejor amigo, se quedó quieto con la mirada fija en la nada, haciéndose consciente del vacío en su pecho.

Fue ahí cuando todo comenzó. Los cambios se notaron en ese mismo momento, pues al regresar a su hogar no pudo ni siquiera responder el cariñoso abrazo que siempre le daba su padre.

Con el paso de los años los sentimientos en Yoongi se volvían menos intensos. El gato gris con el que amaba jugar, dejó de causarle diversión o ternura. Dejó de sentir la emoción que tenía cuando escuchaba su melodía favorita.

Pero sobre todo, un dolor punzante en su corazón apareció y cada vez que no podía corresponder los sentimientos de alguien este aumentaba.

—Lo sé —hablo con un tono frío que había adoptado seis años atrás—, pero a mí no me interesa tener algo contigo, no me gustas —las palabras salieron más duras de lo que podría haber deseado, pero a esas alturas, era algo que ya no podía controlar.

—Lo siento mucho, príncipe Yoongi —susurró la sirvienta, con un claro nudo en su garganta—, yo sabía que usted jamás se fijaría en mí... —hipo—, una... sirvienta.

Las lágrimas corrieron por los ojos de la chica y Yoongi fue consciente de cómo el dolor en su propio pecho se hacía más grande. Un dolor agudo, constante. Le robó el aliento y lo obligó a perder las fuerzas, cayendo de golpe en el suelo.

—¡Príncipe! —escuchó el grito de la chica antes de que el dolor se volviera tan insoportable, que lo hizo caer en la inconsciencia.

No tardó mucho en enterarse su padre, rápidamente fue llevado a sus aposentos y de inmediato se convocaron a los mejores magos del mundo celestial.

Sin embargo, a pesar de los muchos que asistieron y que trataron de salvarlo ninguno fue capaz de encontrar la solución a la terrible agonía que estaba viviendo.

—Padre —susurro Yoongi cuando el dolor era tal que parecía agonizar—. ¿Moriré? —ni siquiera así se lograba escuchar un tinte de tristeza o miedo. Era un tono vacío.

—No, hijo —negó con la cabeza, aunque sabía que la maldición que lastimaba a su único hijo era causada por él mismo y aquel que llamaba su mejor amigo.

—Mi señor, si me permite opinar —habló un hombre desde la puerta de aquella habitación—. Entre el sol y yo creemos haber dado con la solución para aliviar el dolor del pequeño príncipe.

—Te escucho —dijo con el llanto contenido el dios de la noche, con un ligero tono de esperanza. El miedo a perder a su único hijo crecía al observar cómo la pequeña llama azul, en el respaldo de la cama, que indicaba la vida de su hijo se estaba apagando.

—Su maldición fue puesta por rencor a la mujer que tanto usted como el Dios del día amaban, la cual obviamente rompió sus corazones —camino de forma lenta hasta acercarse al agonizante príncipe—, por eso creemos que la única forma de romper este hechizo lleno de odio y rencor es con amor.

—¿Amor? —preguntó con ironía—, eso es una tontería, el único amor verdadero es el que yo le profeso como padre.

—La maldición que usted le puso narra que nadie la amaría y que cada vez que rechazara a un amor y le rompiera el corazón, el suyo se marchitaría —con un leve destello blanco de su mano, la luna, la movió hasta llegar al corazón de un ahora inconsciente Yoongi—, y en sus propias palabras, dijo que esta maldición iría de generación en generación, maldiciendo así también a su descendencia.

El destello blanco que nacía en la palma de la mano de la luna, parecía ser absorbido por una oscuridad que provenía desde el corazón del príncipe de la noche.

—¿A cuántas personas ha rechazado? —preguntó mientras entraba a la habitación el Dios del día junto a su hijo Hoseok. Ambos preocupados por las crecientes noticias de que el heredero de la noche estaba gravemente enfermo y corría el riesgo de morir.

—A seis, si contamos a la chica de hoy —la respuesta vino del heredero del día, quién miraba a su amigo con compasión. Ahora ya no sentía el amor que una vez le profesó, pero aún así lo quería como a un hermano.

—Esos ya son bastantes y solo han pasado siete años desde la primera vez que rechazó a alguien —continuó el Dios del sol preocupado por el futuro incierto del hijo de la noche.

—Y al parecer esos serán los únicos —susurró con pesar la deidad de la luna cuando miró como la llama azul que indicaba la vida del príncipe se extinguió.

Todos comenzaron a moverse demasiado rápido, acercándose al príncipe en busca de algo para ayudarlo, sin embargo, sus extremidades ya comenzaban a ponerse frías y su corazón había dejado de latir.

La decisión había sido tomada con demasiada facilidad, el dios de la noche ni siquiera lo había dudado un segundo cuando eligió dar su vida a cambio de la de su hijo.

Con ayuda del dios del día y en la presencia de la deidad de la luna, el dios de la noche hizo un hechizo donde le ofrecía la deidad suprema su vida a cambio de mantener la de su hijo.

Cuando el príncipe Yoongi despertó su padre ya se había ido a su lugar mejor y por primera vez en siete años, sintió rencor.

__________💮​__________

14 años después...

La soledad ya se había vuelto algo normal en su día a día, la falta de emociones, a excepción del rencor que se tenía a sí mismo, había hecho que decidiera aislarse de todos y como nuevo Dios de la noche era algo que se le facilitaba.

—Todos nos reuniremos para festejar el solsticio de invierno — escuchó la voz de Seokjin, a quién también llamaban “la luna”—. Hoseok está emocionado porque a partir de este día ascenderá como Dios del sol.

Yoongi, quién se encontraba sentado en su trono de obsidiana con la oscuridad alrededor, lo miró con los ojos vacíos que lo habían acompañado la mayoría de su vida.

Él realmente no quería salir, aunque ahora no moriría nunca por ser un Dios, su corazón seguía marchitándose, evitando que las emociones positivas nacieran dentro de él y que las ganas de sentirse en compañía fueran cada vez menores. Por eso, ahora solo podía soportar la presencia de pocas personas, como lo era su luna.

—No, Seokjin, no iré —desvió la mirada hacía el ventanal que tenía al lado derecho, donde se alcanzaban a ver algunas estrellas en el cielo y la silueta de algunos árboles.

Seokjin miró con pesar cómo el pequeño al que había visto crecer cada día, se veía más deteriorado, olvidado y sobre todo vacío.

—Está bien —fue lo único que dijo antes de dar vuelta y comenzar a caminar hacia la salida del recinto de la noche—, pero si no haces algo por buscar o conocer a más personas, jamás podrás sanar tu corazón —habló antes de salir por la puerta, sin mirar hacia atrás o esperar alguna reacción de Yoongi. Sabía que no habría ninguna.

A pesar de no demostrarlo, Yoongi escuchó las palabras y comenzó a pensarlas. Lo que muchos habían supuesto era que la maldición que lo acomplejaba se rompería con la llegada del amor verdadero.

Pero al contrario de lo que la mayoría pensaría, el amor verdadero debía provenir de él.

Él era quien debía entregarse en cuerpo y alma para poder romper su maldición. Pero ¿Cómo se suponía que lo haría si sus sentimientos se habían terminado? ¿Si lo único que podía sentir en ese momento era el odio que se tenía por haber matado a su padre?

Lo había intentado anteriormente. Los primeros años había intentado conocer a cuántas personas pudiera y ya había hecho de todo para enamorarse de algunas de ellas. Pero simplemente no sucedía aquello.

Nadie era lo suficientemente bonito, lo suficientemente alto o lo suficientemente “algo” para que él pudiera entregarle su corazón.

Y de esta manera solo hacía que el pensamiento de que jamás podría encontrar a dicha persona se arraigará a su mente y por ende, se resignaba a que estaría solo para toda su eternidad. Por eso, con cada año que pasaba y durante esos años que pasaron, se aisló cada vez más.

Se puso de pie cuando los pensamientos comenzaron a convertirse en algo más hiriente para él.

En ocasiones algo que le traía tranquilidad era dar un pequeño recorrido por donde se extendía su reino, la noche.

Con su soledad y convertido en lo que parecía ser una bruma oscura, comenzó a viajar por los cielos en búsqueda de la paz que prometía el silencio de la noche.

Mientras vagaba por un espeso bosque, una pequeña melodía captó su atención. No provenía de un instrumento que conociera, tampoco parecía ser el canto de algún ave o el gruñido de un animal.

Era algo suave, dulce y atrayente a su oído, sin pensarlo, comenzó a seguir el sonido hasta llegar a su fuente. En un pequeño claro, rodeado de grandes árboles y con lo que parecía ser un lago congelado en el centro, observó una silueta que se movía al compás de las bellas notas que parecían ser salidas del mismo ser.

Yoongi, con cautela, se acercó un poco más para verlo de cerca, la curiosidad, algo que no había sentido en tanto tiempo, flotó sobre su pecho y lo hizo querer ver más, haciendo que se ocultara entre uno de los árboles que estaban más cerca de la criatura.

La silueta se movía con delicadeza creando una danza que hipnotizó al dios. Parecía moverse con el viento, un suave balanceo de su cuerpo y pronto el dios de la noche quedó fascinado con la bella criatura que tenía ante sus ojos.

Yoongi no pudo evitar quedarse más tiempo de lo que esperaba observando a la criatura, a ese bello hombre de figura perfecta. Se quedó mirándolo hasta que la belleza frente a él dejó de moverse, dando por finalizado su magnífico baile.

—¿Te gustó el baile? —preguntó la hermosa criatura, dejando paralizado al dios de la noche, pues no sabía si se dirigía a él.

Una melodía aún más dulce se alcanzó a escuchar de los labios del hombre más hermoso que el Dios de la noche había visto. Era una risa.

—Vi cuando te acercaste —continúo la dulce criatura, mirando en su dirección—, casi no tengo espectadores así que tengo dudas sobre cómo lo hago.

Yoongi, al verse descubierto y no entendiendo porqué de repente se sentía... ¿tímido? Sí, por lo que recuerda así se sentía la timidez, salió de su escondite.

—Lo... lo hiciste bien —tartamudeó un poco, pero buscó ocultarlo tras una tos fingida. Inevitablemente su mirada recorrió la figura ahora más clara. La ligera tela blanca amoldaba las finas curvas que poseía el hombre—, no pude apartar la mirada de ti —dejó salir con un suspiro, al mirar el perfecto rostro que poseía unos ojos angelicales, combinados con unos labios tentadores y pomposos.

La poca luz de la luna evitaba que notara el color del Iris y definiera los rasgos, pero seguramente eran hermosos.

—Gracias —respondió la belleza encarnada, sintiendo en su ser la intensa mirada del guapo hombre frente a él—, usualmente nadie me ve —soltó una risita y tomó asiento al frente del lago, encogiendo sus piernas y abrazándolas.

—No entiendo por qué —comentó Yoongi acercándose y tomando asiento a un lado—. Eres lo más bello y hermoso que he visto —sé sincero sin apartar la mirada del... ¿rubio? No estaba seguro, la luz no le daba para definir aquello, ¿disfrutando? Sí, disfrutando de sus suaves risas.

—No sigas con eso —dijo con un tono juguetón—, o pensaré que estás coqueteando conmigo.

¿Coquetear? Yoongi no sentía que estuviera haciendo aquello pero la idea no lo molestaba.

—Y no te recomiendo eso —interrumpió sus pensamientos la dulce voz—, no sino quieres ser tachado de loco y estúpido por el pueblo.

—¿Loco y estúpido? —Yoongi frunció el ceño—. ¿Por qué sería llamado así?

—No eres del pueblo —el hombre lo recorrió con la mirada, mientras sonreía dulcemente. Yoongi casi no podía apartar la mirada de sus labios—. ¿Cómo te llamas? Yo soy Jimin.

—Jimin... —saboreó el nombre digno del ser etéreo frente a él—. Yo soy... Yoongi — decidió omitir mencionar que era el dios de la noche.

—Un placer conocerte Yoongi —sonrió Jimin, haciendo que un extraño sentimiento naciera en el pecho del dios.

Tan sólo bastaron algunos segundos en silencio, para que el dios de la noche tuviera la necesidad de querer seguir escuchando la melodiosa y dulce voz de Jimin.

—¿Bailas aquí siempre? —rompió el silencio Yoongi con suavidad, más interesado en la respuesta de lo que creía estar.

Jimin rio levemente y desvió su mirada de Yoongi hacia el cielo iluminado con una luna casi llena.

—No siempre —contestó—, solo aquellas veces cuando todo es demasiado y necesito venir a despejarme para no volverme loco. Aunque puede que ya lo esté —bromeó, causando más curiosidad del dios.

—¿Y eso te funciona? —preguntó realmente interesado en aquello que atormentaba al que ahora reconocía como el ser más hermoso que haya visto. Sintiendo un inexplicable deseo de resolverlo y asegurarse que Jimin estaba bien.

—Mm... Usualmente lo hace —fingió pensarlo un poco—, solo no funciona cuando un desconocido se esconde detrás de un árbol y comienza a observarme como si estuviera viendo a un fenómeno de circo o quizás a un unicornio rosa.

Jimin volteó a mirarlo con una sonrisa ladina, causando una ya casi olvidada emoción dentro de Yoongi. Este no pudo evitar que en sus labios se dibujara una sonrisa.

—No te veía como si fueras un fenómeno de circo o un unicornio rosa —desvió la mirada con timidez y sintiendo como sus mejillas se calentaban—, solo, quizás, te veía como lo que eres, un ser hermoso y perfecto que se movía tan preciosamente qué... — volteó a mirarlo—, no pude evitar mirarte de más. Lo siento —bajó la mirada a sus manos que, inconscientemente, estaban jugando con una hoja seca—, no sé cómo expresar sentimientos.

—¿No sabes cómo expresarte? —Jimin arqueó una ceja y sonrió de forma burlona—. Bueno lo acabas de hacer muy bien.

—Es que creo que eres tú él que hace que pueda hacerlo —confesó perdido una vez más en la mirada de Jimin, perdiendo un poco la monotonía fría de su voz y cambiándolo por un tono más tímido.

Jimin rió una vez más, pero esta vez un poco más fuerte. Claramente sentía como sus mejillas ardían ante las dulces palabras del desconocido Yoongi.

Y es que realmente a él nunca le habían dicho algo así de dulce. Dentro del pueblo, no era alguien demasiado querido, así que estaba acostumbrado a las miradas de rencor en lugar de los dulces ojos, que parecían mirarlo con adoración. Incluso, sus oídos estaban acostumbrados a escuchar palabras de desprecio, no aquellas dulces descripciones que dictaba Yoongi.

Después de veintiún años en frialdad, Yoongi por fin pudo sentir un poco de calor, su pecho, comenzaba a dejar el vacío atrás.

—¿Eso le dices a todos los qué ves bailar en medio del bosque, Yoongi? — preguntó Jimin más encantado de lo que quería o le gustaría estar.

—No, solo tú me haces sentir —confesó con las nuevas emociones que estaba experimentando en ese justo momento. Quizás estaba a nada de enamorarse—. Tu baile fue lo más hermoso que he visto y he visto cosas qué catalogan como hermosas.

—Gracias, eres muy elocuente —respondió Jimin sin querer demostrar lo mucho que le estaba afectando las palabras—. Tienes suerte porque nadie tiene el lujo de verme bailar.

Yoongi era el dios de la noche y sin embargo, aquellas palabras lo hicieron sentir realmente especial. Se sintió poderoso, algo que nunca había sentido incluso cuando se coronó como dios de la noche.

—Tienes razón, realmente soy alguien afortunado por verte —Yoongi miro a Jimin con tanta adoración en sus ojos, que el comentario burlón que estaba a punto de salir de los labios del rubio, murió cuando cruzaron miradas.

Once campanadas se escucharon a lo lejos, rompiendo la burbuja en la que los dos se habían metido. Jimin de inmediato supo que era hora de volver al pueblo, específicamente a la casa de su madrastra.

Por ello, inmediatamente se puso de pie para comenzar a caminar rumbo a donde estaba obligado a ir.

—Debo irme —hablo mientras se alejaba de Yoongi. Quién miró cómo se alejaba y de inmediato se puso de pie para seguirlo.

—Pero ¿te volveré a ver? —preguntó el dios de la noche no queriendo que se fuera.

—Vendré mañana —fue lo único que dijo antes de empezar a correr sin darle siquiera la oportunidad de responder algo a Yoongi.

El dios de la noche, al ver desaparecer al bello hombre, no le quedó de otra más que regresar a su propio castillo, sin embargo, sus pensamientos no se movieron de la bella figura y de la dulce voz que lo estuvo acompañando.

Incluso, sus sueños se trataron de un mágico baile y él junto al perfecto ser que era Jimin.