Hopeless

Summary

¿Qué sentido tiene la vida? ¿La felicidad es algo que llega a tu vida o es algo que se construye? ¿Vale la pena buscarla? Esas preguntas rondaban en la cabeza de Park Jimin y no parecía haberle encontrado respuesta a ninguna así que había decidido tomar una salida extrema. Al menos, hasta que recibió aquella nota del castaño de sonrisa bonita que parecía querer entrar a su vida.

Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
16+

1. Esperanza

¿Eres feliz?

Esa es una pregunta que me hace llorar.

Por si quieres saberlo, no tengo una respuesta en realidad. O quizá verdaderamente no quiero aceptar que no puedo decir que sí.

A menudo me siento invisible, vivo como si una fuerza sobrehumana arrastrara mis pies a diario para poder llegar al trabajo y aún no sé si vale la pena hacerlo.

¿Por qué trabajar si nunca tengo dinero? ¿Por qué esforzarse si no hay nadie con quién compartirlo?

Las personas eventualmente desaparecen, ya sea por elección o porque la muerte no se apiada de nadie, pero al final nadie se queda.

No puedo decir que tengo familia porque soy una decepción para ellos. Digamos que ser un empleado de medio tiempo en K-market no era lo que esperaban para su hijo mayor, la competencia con Jaemin fue demasiado lejos así que decidí alejarme.

Teniendo en cuenta eso, no podía permitir que se enteraran de mi empleo nocturno en el casino.

Sé lo que estás pensando, ¿trabajas en un casino y no tienes dinero? Ja. Pues no estoy en un lecho de rosas, soy uno más de los valet parking que cuida de los autos millonarios de los grandes clientes y quizá, en mis tiempos libres puede que me dé una vuelta en algunos de ellos si Han me lo permite.

Lejos de eso, no sé quién soy.

Mis amigos dicen que a mi cara se le olvidó cómo sonreír, siempre estoy meditabundo, serio o molesto; mayormente molesto. Pero si te soy sincero, ni siquiera sé qué es lo que me molesta tanto.

Sólo sé que no quiero pedir ayuda, es más, no voy a pedir ayuda.

Mi amigo Tae siempre dice que ir al psicólogo no estaría mal y ya me cansé de contar las veces que lo he mandado a la mierda por el mismo comentario. Tengo 21 años y no quiero un maldito psicólogo, sólo quiero…

¿Qué es lo que quiero?

Ahora es cuando aparece la punzada en mi cabeza. Sí, ahí está. Cada vez que me esfuerzo por pensar en qué quiero hacer de mi vida siento como si mi cuerpo se negara a cooperar, me duele la cabeza, se me nubla la vista, me siento mareado y escucho un piiiiiiii… —infernal— que parece no poder terminar de salir de mis oídos junto al fuerte latido de mi corazón que parece susurrar a gran escala:

Bum Bum.

Mediocre.

Bum Bum.

Inútil.

Bum Bum.

Iluso.

¿Estoy jodido? Sí.

¿Quiero solucionarlo? No.

No tengo una razón para hacerlo por eso estuve pensando mucho las cosas y decidí que voy a dejar de dudar. Simplemente voy a terminar con este sufrimiento.

No habrá carta de despedida porque a nadie le importo y sé que Taehyung me superará. Seguro su novio podrá hacerlo olvidar con sus sonrisas los pequeños momentos que pasamos juntos.

No será un método en el que pueda quedar parapléjico o alguna cosa de esas, va a ser algo definitivo y quizá doloroso. Analicé todas las opciones y aunque suene estúpido, elegí envenenamiento.

Hace unos días lo compré, pedí al locatario una bolsa con el veneno para ratas más efectivo que tuviera y bueno, adivina. Yo soy la rata en esta ecuación.

Me tomó un poco hacer los cálculos, pero creo que estoy listo para hacerlo esta noche. Espero que Han no note mi ausencia en el casino porque jamás volverá a saber de mí.

—Disculpa.

Esa voz interrumpe mis pensamientos y me produce un escalofrío en todo el cuerpo, mi mirada se clava en el castaño que está frente a mí con ese par de ojos grandes que siempre me han parecido sumamente atractivos y al tener mi atención sonríe.

No espera a que diga algo, simplemente extiende una hoja de papel doblada hacia mí y en cuanto la tomo veo sus mejillas teñirse de rojo antes de que agache la cabeza para que su flequillo cubra sus ojos.

Estoy paralizado sujetando lo que parece ser un tríptico cuando lo escucho alejarse, la campanilla de la puerta suena y compruebo que me ha dejado ahí con una nota en la mano. Voltea a través del cristal y me gesticula ‘A-BRE-LO’ antes de darse la media vuelta y desaparecer por la calle.

Aún no proceso lo que está pasando, pero dado que es mi último día en la Tierra, voy a hacerle caso.Tengo que leer una segunda y tercera vez la nota porque sigo sin creer lo que estoy leyendo.

¿Me está invitando a una cita?

La respuesta es sí.

Trago saliva y siento mi corazón acelerarse por alguna estúpida razón.

Suelto un gruñido por lo bajo.

El veneno para ratas va a tener que esperar un día más en el estante.

Iré a verlo sólo para decirle que se deje de niñerías, que los hombres de verdad dicen las cosas de frente. Iré a decirle que no voy a permitir que venga con su maldita sonrisa y esos ojos bonitos a darme lo que no tengo: esperanza.