Oro y Terciopelo

Summary

En un mundo donde el deseo se transmite en directo y la piel es espectáculo, dos estrellas de la élite erótica online se encuentran frente a frente. Jungkook, la crudeza hecha cuerpo. Taehyung, la elegancia vuelta carne. Lo que comienza como un contrato millonario pronto se convierte en un duelo de miradas, un choque de estilos y una tensión demasiado real para fingir. Oro contra terciopelo, crudeza contra arte. En la frontera entre lo pactado y lo inevitable, ninguno está dispuesto a ceder.

Genre
Lgbtq
Author
mirisroro
Status
Complete
Chapters
9
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Prólogo

Jungkook y Yoongi estaban hundidos en el sofá como dos náufragos que habían decidido dejarse llevar por la marea. La tele escupía un programa de cocina encadenado a algún concurso de talentos, latas vacías sobre la mesa baja, una caja de pollo frito abierta y papas regadas como confetti derrotado. Era una noche sin expectativa, la clase de noche que a Jungkook le había devuelto cierta paz en los últimos meses con nadie mirándolo, nada exigido de su cuerpo salvo encogerse y reírse con la acidez de Yoongi.

—Te juro que si ese jurado le da pase de oro al tipo del clarinete voy a creer en la magia —espetó Yoongi, con la boca llena y el mando a distancia atrapado bajo el muslo.

Jungkook sonrió sin ganas pero igual estiró la mano para robarle una alita. El aceite le dejó brillo en los dedos. Se limpió de manera torpe en una servilleta y justo entonces el teléfono vibró. Una vez. Dos. Tres. Varios zumbidos seguidos, intermitentes, hasta convertirse en un temblor constante que le erizó algo que la cerveza no alcanzaba a calmar.

—¿Qué, te ganaste la lotería? —se burló Yoongi sin apartar la vista—. Dame un número y lo compartimos.

—Son mis redes sociales —dijo Jungkook, y tomó su móvil con ese reflejo de quien sabe que, cuando explota así, rara vez trae buenas noticias.

Primero pensó que sería alguna filtración indeseada, quizá un rumor inflado. Pero al desbloquear la pantalla, se encontró con algo más personal. Su cuenta de Twitter estaba explotando. Mensajes en grupo, menciones, enlaces. Fans, amigos, curiosos. Algunos con exclamaciones, otros con preguntas cortas que parecían puñales. Abrió la primera mención que encontró. Era una captura de pantalla de un tuit. El texto, apenas pocas palabras, encajó como una piedra en el estómago.

Si después de mí puedes grabar con cualquiera, ¿qué valor tiene que lo hagas conmigo?

Reconoció el texto antes que el nombre. Luego bajó la vista y la confirmación lo golpeó en seco. El corazón le dio un vuelco. Claro que no hacía falta que mencionaran a nadie; todo el mundo sabía a que iba dirigido a él, la última persona con quien trabajó.

—¿Qué cara es esa? —preguntó Yoongi, ya girado hacia él.

Jungkook no respondió. Entró al perfil. El tuit estaba ahí, reciente, con un conteo de respuestas que crecía como espuma. De reojo alcanzó a ver insultos, teorías, y también el ejército de cuentas con corazones morados y gifs donde alguien los editaba como si fueran una pareja de cine. Nada nuevo. Pero esa frase le ardía.

—¿Me muestras? —Yoongi le arrebató el teléfono con la familiaridad de siempre—. A ver. Mmm... elegante la puñalada. No te nombra, pero te atraviesa.

—Devuélveme el celular.

—Relájate —dijo Yoongi, aunque su voz se volvió más seria—. ¿Hiciste algo para provocar esto?

—Trabajar —escupió Jungkook, y le arrebató el aparato—. Subí un video anoche, eso es todo.

—¿Con quién?

—Un chico nuevo. Novato. Nada especial.

Yoongi alzó una ceja, sabiendo que “nada especial” en la boca de Jungkook podía significar que el video estaba reventando números. Se puso cómodo, una rodilla sobre el sofá, el cuerpo torcido como gato curioso.

—¿Y por qué crees que el chico de terciopelo vino a desatar el Apocalipsis en tu vida profesional?

—Porque es un estirado —murmuró Jungkook, molesto, y volvió a la pantalla.

—Mira tú —Yoongi se inclinó hacia él para espiar la pantalla—. El príncipe de terciopelo ha decidido lanzar su maldición personal. Dramático el cabrón. — Jungkook entrecerró los ojos, molesto.

—¿Qué príncipe de terciopelo, de qué mierda hablas?

—VelvetV, quién más. —Yoongi rió bajo, dándole un trago a su cerveza—. Nadie escribe así de pomposo salvo él. Es como si quisiera que le pusieran música de violines detrás de cada frase.

Jungkook apretó la mandíbula, bajando el celular solo un instante. No sabía qué lo irritaba más: el tuit en sí o el hecho de que Yoongi se lo tomara a broma.

—No es gracioso.

—Claro que lo es —insistió el mayor, encendiendo un cigarrillo y dejándolo colgar entre los labios—. Tú estás aquí con pollo frito en la mano, y el otro en su torre de terciopelo declarando la Tercera Guerra Mundial porque grabaste con un chico que, sinceramente, ni se movía. — Mencionó tomando su propio teléfono en la mano y viendo el último video que había subido su amigo.

Jungkook lo fulminó con la mirada, pero Yoongi siguió tranquilo, sacudiendo la ceniza en una lata vacía.

La línea de comentarios bajo el tuit se retorcía en una mezcla de alabanzas a Taehyung, acusaciones dirigidas a él y preguntas que ardían. ¿Eran o no eran exclusivos? ¿El ship se rompió? ¿Había traición? ¿Qué significaba “cualquiera”? También había quienes le pedían a VelvetV que no se rebajara a dramas. Todo eso era un caos. Jungkook pasó del enojo a la incredulidad en dos toques de dedo. Empezó a leer mensaje privado tras mensaje. Seokjin con un “llámame”. Hoseok con un “¿YA LEÍSTE? POR FAVOR NO HAGAS NADA HASTA HABLAR”. Algunos colegas mandaban ojos redondos, emojis de fuego, chistes privados. Y, entre todo, varios fans con capturas de su último video, “el regreso a las raíces”, los mismos comentarios de siempre sobre su intensidad, la forma en que dirigía sin dirigir, la electricidad que no se podía editar.

—Y bien, GoldenDick —carraspeó Yoongi—. ¿Te vas a hacer el muerto o vas a ladrar?

—No tengo que ladrar —espetó Jungkook, el pulso ya acelerado—. Solo voy a hablar con él.

—Ay, por favor, con esa voz de camionero enfadado que te sale cuando frunces el ceño. ¿Vas a hablar o a incendiar el edificio? Porque si vas a incendiar, apaga la tele que me distrae. ¿A dónde vas? —preguntó el mayor, medio divertido.

—A ponerle los puntos a ese cabrón.

—Oh, claro. Nada como una llamada furiosa para resolver un drama de telenovela. —Yoongi alzó la voz mientras Jungkook ya se alejaba—. ¡Asegúrate de gritarle cosas bonitas, que esas duelen más!

Jungkook no rió. Se puso de pie y el sofá devolvió un quejido. Caminó un par de pasos, pero regresó sobre sus pasos, tomando otra cerveza, la dejó sin abrir. El teléfono vibraba en su mano abierta como un animal. Repasó, por pura inercia, lo que habían sido los últimos meses con Taehyung. No eran amigos en el sentido tradicional. No compartían secretos ni vacaciones, pero en el set se reían, fuera de cámara habían compartido comida, coordinado entrevistas, celebrado cifras. Algunos días se enviaban videos absurdos o memes sin contexto. Había sido fácil, contra todo pronóstico. Había sido cómodo.

—¿Te vas o te quedas? No puedes estar soltando espuma por la boca con esa cara de funeral? —preguntó Yoongi—. Porque si te duele algo, dilo. Duele. Punto. No me hagas jugar a adivino.

—Me jode que sin siquiera hablarme directamente y lo haga público —respondió Jungkook, apretando tanto el teléfono que le blanquearon los nudillos—. Me jode que lo haga sonar como si yo lo hubiera usado. Me jode que hable de “cualquiera”, como si la gente con la que trabajo fuera basura. Y me jode que piense que puede decirlo y yo voy a quedarme en silencio.

—Ahí está —Yoongi chasqueó la lengua—. Ahora sí pareces tú. Llámalo, pero no grites al principio. Pregunta, que te diga qué le duele. Luego gritas. Mientras yo preparo las palomitas.

Jungkook lo ignoró. Se encerró en su habitación, apretando el teléfono en la mano. Respiró hondo, pero no sirvió de nada. Marcó directamente el número de Taehyung. El tono de llamada apenas sonó un par de veces que parecieron eternos antes de que Taehyung finalmente contestara.

—¿Qué demonios significa ese tuit? —disparó Jungkook, con una furia tan clara que no necesitó saludo.

Hubo un segundo de silencio al otro lado. Lo escuchó suspirar como quien se prepara para una tormenta.

—Significa exactamente lo que dice. Me pregunto qué valor tiene para ti grabar conmigo si luego vas y grabas con cualquiera.


Hola por aquí, ¿cómo han estado?

Nos volvemos a encontrar con una nueva historia corta en lo que termino las más largas que están en proceso. Es sencilla, pero la escribí con mucho cariño, espero que les guste.