Prólogo
Prólogo
Tres años antes del canon
El Distrito 4 era un lugar que se decía inhabitable para los ghouls, pero aun así, ellos se escondían entre la gente normal. A sus quince años, Naruto sabía que el mudarse constantemente de distrito en distrito estaba relacionado con él. Desde que nació, no había sido consciente de ello hasta que a los ocho años, encontró extraño que ya habían recorrido la mitad de los distritos de Japón. A partir de ese momento, su vida dejó de ser normal. Vivía con sus padres y, a pesar de ser ghouls pacifistas, nada podía quitarles esa felicidad.
Más tarde, mientras caminaba tranquilamente por el centro del distrito, fue atacado. Ahora, estaba siendo perseguido. No sabía qué querían de él, pero la herida en su hombro, que se estaba regenerando a un ritmo acelerado, le decía que no lo querían con vida, o al menos eso era lo que había escuchado decir a algunos de ellos. De un momento a otro, estaba rodeado por un grupo de sujetos con gabardinas y sombreros negros.
Necesitaba llegar a donde estaban sus padres para que lo ayudaran.
Sabía que eran ghouls fuertes. Por algo su madre era conocida por el nombre de "La Asesina Carmesí" y su padre por "El Segador Amarillo". Ellos dos podrían protegerlo, e incluso podría verlos pelear. Ya estaba cerca, solo necesitaba girar en la esquina y estaría enfrente de la casa de sus padres.
Pero al doblar la esquina, no esperaba ver lo que estaba pasando. Su hogar actual estaba en llamas. Sus padres yacían en el suelo, mutilados y siendo atravesados una y otra vez por extrañas armas que los atacantes portaban. Estos sujetos no eran como las personas que lo seguían. La mayoría vestía ropa blanca y gris. Los cuerpos de sus padres estaban en charcos de su propia sangre, pero también había personas, unas muertas, otras heridas y algunas inconscientes.
Detrás de él, se escucharon los pasos de los sujetos que lo seguían, pero él los ignoró. Estaba en shock. La escena frente a él era desgarradora. Cayó de rodillas, con sus ojos vacíos, libres de toda la inocencia que tenía. Estaba llorando sangre. Sus ojos lentamente se transformaron. En su ojo derecho, el kakugan normal apareció con el iris rojo sobre un fondo negro. Sin embargo, en el ojo izquierdo, la transformación era diferente. En lugar de un kakugan normal, este se estaba coloreando en un iris de un morado oscuro. Las lágrimas de sangre no paraban de caer de sus ojos.
En este punto, la gente que lo venía persiguiendo se detuvo detrás de él, también observando la escena. El sonido de más pasos resonó y llegó a los oídos de los que habían asesinado a sus padres. Escuchando a la gente que lo seguía, Naruto escuchó que unos los llamaron "palomas", otros los llamaron "investigadores" y, por último, unos pocos los llamaron por el nombre de la organización CCG. Ahora, en la mente confusa de Naruto Uzumaki, todo tenía sentido. Pero una pregunta seguía sin respuesta: ¿por qué a ellos? ¿Por qué a quienes nunca habían matado por diversión o por necesidad? ¿Por qué, de todos los ghouls asesinos, ellos tenían que ser atacados por estos humanos miserables, pero también por los de su propia especie?
¿No se suponía que todos éramos de una misma especie, que debían estar unidos? Sin embargo, ahora incluso su propia gente tenía que matarse entre sí.
El ambiente era denso. Los investigadores de la CCG se percataron de los ghouls que perseguían a Naruto, y estos a su vez se dieron cuenta de que tendrían que luchar. Pero a Naruto poco le importaba. Su mente estaba rota, incapaz de procesar la tragedia que acababa de presenciar. Lo que se sintió como horas, en realidad fueron solo segundos.
Justo cuando los ghouls y los investigadores estaban a punto de enfrentarse, una inmensa y poderosa intención asesina y una terrible sed de sangre se apoderaron del distrito. El aura era tan densa y pesada que muchos vomitaron, mientras que otros quedaron paralizados por el miedo y la repugnancia que generaba. Aquellos que pudieron mover la cabeza buscaron el origen de esa presión, y lo vieron.
Naruto, con las piernas temblando, se levantaba lentamente. Mientras lo hacía, tanto los investigadores como los ghouls vieron una silueta de un ser gigante, hecho de sombras, cerniéndose sobre él. La increíble cantidad de intención asesina se multiplicaba hasta que se detuvo de golpe. El aire se hizo pesado, casi irrespirable, y el silencio fue absoluto.
En la cabeza de Naruto, una única palabra resonaba con una fuerza atronadora, una que borraría cualquier rastro de la inocencia que una vez tuvo: venganza.
De la parte baja de su espalda, en la región lumbar, un tentáculo largo y retorcido empezó a brotar. Quienes lo vieron pensaron que su kagune era un bikaku, con su apariencia robusta y serpentina. Pero la suposición duró poco. Apenas el primer tentáculo se extendió, un segundo salió justo al lado, y después un tercero. Así, uno tras otro, hasta que un total de ocho tentáculos emergieron. A diferencia de los kagunes normales, este era más grande, más grueso y con una fuerza visible en cada uno de sus músculos retorcidos. La cantidad de apéndices para un kagune tipo rinkaku era impresionante, casi una aberración.
(Referencia)
Un grito desgarrador, que contenía todo el dolor, la tristeza y el odio que sentía, brotó de lo más profundo del ser de Naruto. Con una velocidad brutal, se abalanzó contra los investigadores de la CCG. Estos, reaccionando por instinto, activaron sus quinques y empezaron a disparar.
Para sorpresa de todos, a pesar del enorme tamaño de su kagune, el ghoul se movía con una agilidad impresionante, esquivando la mayoría de las balas mientras usaba sus gruesos tentáculos para desviar el resto. Cuando llegó a estar cerca de ellos, atacó sin piedad. No le importaba que algunas balas lo hirieran, la ira y el odio eran un potente catalizador para la masacre.
Sin embargo, no contó con que los ghouls que lo perseguían se unieran al ataque. Solo se acordó de ellos cuando uno le clavó su propio kagune en la espalda. La herida fue profunda, pero no duró mucho. Con un tentáculo de su kagune rinkaku, Naruto lo mandó a volar, estrellándolo contra un edificio.
Así empezó una carnicería total. Los tentáculos protegían su espalda, mientras él se lanzaba al frente. Recibía daño, pero también mataba a todo lo que tenía enfrente. Ya no le importaba si era humano o ghoul. El odio había nublado su juicio y lo había convertido en una fuerza imparable, un torbellino de sangre y carne.
Minutos después, tras haber masacrado a la mitad de ambos grupos, su kagune desapareció. En el lugar, el silencio era total, roto solo por las respiraciones agitadas de los pocos supervivientes. Muchos, ahora aliados por la circunstancia, pensaron que sus células RC se habían agotado
.
Pero el horror real apenas comenzaba.
Detrás de él, yacían los cuerpos mutilados de sus padres. En su estado de ira, dolor y hambre, no los veía como su familia, sino como carne. Con un movimiento lento y robótico, se acercó a los restos y, sin vacilar, procedió a devorarlos. La visión de ese ghoul consumiendo a los suyos dejó a los enemigos paralizados. El shock y el absoluto asco eran tan grandes que no podían moverse, no podían detenerlo, mientras veían a Naruto devorar por completo los cadáveres de sus padres.
Cuando terminó de devorar los cuerpos de sus padres, Naruto permaneció en cuclillas, una mano apoyada en el suelo para no perder el equilibrio. De su boca caía sangre, mezclada con un vapor denso que se alzaba en el aire helado. Los investigadores y ghouls, observándolo con una mezcla de horror y cautela, vieron en su postura un intento fallido de recuperar sus fuerzas. Pensaron que era su momento de atacar y empezaron a acercarse, sus siluetas moviéndose con cautela entre los escombros y los charcos de sangre.
Pero justo en ese instante, de la espalda de Naruto, a la altura de sus hombros, surgió violentamente un segundo kagune. La fuerza con la que apareció fue tanta que desgarró su camisa, haciéndola volar en jirones. Con un estruendo brutal, dos alas emergieron, empapadas en sangre fresca que escurría por sus extremos. Estas alas eran de un rojo intenso y vibrante, como la sangre misma, y en el centro de cada una se distinguía un patrón circular de color naranja y amarillo que parecía una estrella o un sol ardiente. Los bordes de las alas eran afilados y dentados, como púas o plumas, dándoles un aspecto agresivo. De la parte superior e inferior de cada ala, se extendían unos látigos largos y delgados que se curvaban en el aire, y todo el kagune parecía desprender un polvo o unas chispas de energía incandescente, como si estuviera hecho de fuego.
Poniéndose de pie, con sus fuerzas renovadas, Naruto atacó con una furia inmensa y una velocidad que duplicaba su ataque anterior. En esta ocasión, el asalto fue una danza de destrucción. Usando su kagune ukaku, arremetió con una velocidad deslumbrante, sus alas afiladas cortando el aire y a sus enemigos con una precisión mortal. Uno a uno, tanto los ghouls como los investigadores cayeron, sin poder hacerle frente a su poder dual. La masacre continuó hasta que no quedó nadie con vida.
En medio de la carnicería, Naruto se encontró jadeando, cubierto de sangre, aún envuelto en el dolor y la pérdida. Con las pocas fuerzas que le quedaban, se tambaleó y empezó a caminar lentamente.
Sin que él lo supiera, un solo investigador había sobrevivido, oculto entre los escombros. Con la mirada perdida, el hombre lloraba en silencio la pérdida de su amada, a quien Naruto había matado. El sobreviviente vio cómo el demonio, con el rostro inexpresivo, se alejaba del lugar.
Horas más tarde, en la fría oscuridad de un callejón en el Distrito 4, Naruto estaba sentado, la cara sin expresión, el cuerpo cubierto de la sangre de sus enemigos y de la de sus propios padres. Ya no tenía la mirada vacía, ahora la luz de su conciencia había regresado. La lucidez lo golpeó con la fuerza de un rayo, y por primera vez en toda la noche, hizo lo que en su estado de locura no pudo hacer.
Lloró.
Las lágrimas de sangre cayeron de sus ojos, manchando el piso. En un solo día, se le había arrebatado a su familia, su tranquilidad, su inocencia y, sobre todo, había cometido el acto más atroz que nadie, ni siquiera los de su propia especie, se atrevería a hacer: comerse a su propia familia. Y esa sería la primera y la última vez que el Demonio de los Distritos, o más conocido como el Demonio de Tokio, lloraría.
Fin del prólogo.