𝗜𝗻-𝗬𝘂𝗻
“Mi respiración se agita mientras mi lengua recorre tu piel, embriagando mi garganta con las aguas de tus labios”
“La hambruna corrompe mis sentidos envenenando mi lengua con el oasis de tu boca”
“El deseo nubla mi mente”
El sabor metálico de la sangre resbala a través de la pálida piel ahogando su tráquea con el fluido que recorre sus venas, ensuciando la tela que abraza su pecho dejando escapar de su boca un leve quejido de dolor.
El espeso fluido de su sangre silencia aquella temblorosa voz dejando escapar de sus fosas nasales el torrente sanguíneo que pinta el concreto de un intenso carmesí. —Lo... lo lamento. —Las palabras que se escabullen de su boca se convierten en un simple quejido de dolor.
—¡¿Ah?! —La poblada ceja de la rebeldía se arquea mientras una risilla acompaña los hoyuelos que reposan sobre su mejilla—. ¿Qué dices? No puedo entenderte —La arrogancia de su pensamiento envenena su lengua chasqueando sus dedos de manera altanera
—Dije que lo sentía. —La voz moribunda se eleva de manera repentina dejando caer al suelo un chorro de sangre ensuciando el nuevo calzado de Yuji—. Por favor deja de golpearme
Una vena sobresale del cuello de Yuji dirigiendo su vista hacia el suelo presenciando frente a su nariz la mancha roja que ensucia sus zapatos. —¿Acabas de escupirme los jodidos tenis?
La respiración casi moribunda de Mahito se acelera contrayendo su pupila antes de terminar aquella simple oración. —Lo lamento. —El temblor de sus labios se acopla al latido de su asustadizo corazón—. Lo siento mucho Yuji, no era mi intención
—Ensuciaste mis malditos tenis con tu asquerosa sangre. —La ira comienza a recorrer su semblante dirigiendo su mano derecha hacia la melena del asustadizo sujeto sujetándola con fuerza—. Eran nuevos, ¿lo sabías?
—Se que fue un error. —La incertidumbre acompaña su agitada respiración brotando de sus grandes ojos un intenso llanto—. Pero por favor, detente Yuji
—Si que eres estúpido, ¿no Mahito? —Sobre el rostro de Itadori se refleja aquella aparente molestia contrayendo su pupila, dibujando encima de su ceja una sobresaliente vena—. Acabas de arruinar mi próxima cita
—Dime Itadori... ¿por qué haces esto? ¿no se supone que éramos socios?
—¿Qué? ¿hablas en serio? —Una risilla acompaña su enojo posicionando su cuerpo en cuclillas desviando su mirada hacia aquella inconformidad—. Solo porque golpeamos a un tipo los dos juntos no nos hace amigos
—¿Entonces porque lo haces? ¿por qué me estás haciendo esto? —El líquido rojo salpica por todo el escenario ensuciando el concreto que abraza su espalda—. ¿Qué demonios te está pasando idiota?
—Cuida tu maldita boca cuando me hables. —Itadori apretó su puño dando un golpe directo en la nariz de su victima—. ¿O quieres que te acabe de romper la cara?
—¿Por qué estas haciendo esto?
—Te metiste con la persona equivocada pedazo de mierda. —Por segunda vez sus nudillos arremetieron contra el rostro de la victima que implora clemencia—. Así que cierra tu maldita boca
—¿A qué te refieres? No te entiendo Yuji
El enojo murmura detrás de su oído adueñándose de su mente. —Sabes... alguien me dijo que estabas hablando de mi chica
—¿Tu chica? —El miedo acompaña el temblor de los labios de Mahito comenzando a balbucear detenidamente—. No... se a que te refieres
—¿Por qué mencionaste a Sora? ¿por qué dijiste que su trasero era tan jodidamente caliente?
Un recuerdo recorre la deteriorada mente de Mahito recordando con recelo sus palabras soltando una leve sonrisa, dejando a un lado el temor que recorre sus articulaciones. —¿Sora? ¿hablas de esa jodida zorra?
—¡Te dije que no hables así de mi chica! —Sus nudillos se tornaron de un intenso carmesí golpeando aquella nariz una vez más—. Así que cierra la boca pedazo de basura
—No puede ser que estés haciendo esto solo por esa jodida perra. —Mahito sonrió de manera arrogante escondiendo el dolor en el interior de su altanería—. Si que eres realmente estúpido
—Si vuelves a decirle perra una vez más te juro que voy a matarte. —Su tono de voz helado eriza su propia piel dibujando en su rostro aquella advertencia—. Así que trátala con más respeto
—Ya olvídalo Yuji, no te comportes así por culpa de esa mujer
—Me dijeron que te la pasaste hablando de ella. —La incertidumbre acaricia su mente mientras los aparentes celos adornan su helada voz—. Insinuando estupideces
—Voy admitirlo, Sora es muy sexy... su trasero es tan esquisito que me gustaría probarlo
—Ya te dije que cierres tu maldita boca, no voy a permitir que hables así de ella. —la piel de su muñeca se mantiene firme apretando con fuerza su puño, deslizando sobre su nudillos aquella sangre ajena a la suya—. Pedazo de basura inservible
—Admítelo Yuji, tú también te mueres por estar con Sora, ya sabes a lo que me refiero —Una risilla se escapa de los labios de Mahito mientras sus hoyuelos sobresalen de su piel agregando un tono de voz burlesco—. Follarla. Pero es una lástima que solo seas un jodido imbecil para ella
—¡Callate Mahito!
—¿Cuánto tiempo llevas persiguiéndola eh? ¿Dos años? ¿tres años? ¿cuatro años?
—Creo que no te he golpeado lo suficiente, comienzas hablar tonterías sin sentido
—Ya ríndete hombre, llevas detrás de ella todo este tiempo, metiéndote en problemas a propósito
—Es mi jodida vida, así que puedo hacer con ella lo que me plazca
—¿Acaso el chico malo se enamoró de una jodida perra? —La burla se hace presente en su tono de voz mientras hace un gesto con su lengua
—¡¡Te dije que no le digas perra!! —Itadori se abalanzó con fuerza sobre el cuerpo de Mahito posicionándose sobre su pecho apretando sus nudillos antes de golpear su boca—. ¡¡¡Te dije que cerrarás la puta boca!!!. —Su mano golpea de manera repetitiva el rostro de Mahito salpicando sobre su rostro aquellas gotas de sangre quitándole poco a poco el aliento.
La ira recorre su espina dorsal cegando su vista de aquellos gritos que perturban sus acciones, dejándose llevar por el disgusto de aquellas palabras.
La sirena policial acompaña el escenario iluminando con sus luces azules la agrietada pared deteniéndose al costado de la carretera; los agentes policiales sostuvieron sus armas presenciando una escena macabra donde reina el intenso color rojo.
—¡¡¡Detente!!! —Un grito ensordecedor acompañó la pelea sosteniendo con firmeza su paralizador bajando rápidamente de la patrulla—. ¡¡Detente ahí chico!!
La mente de Itadori se mantiene ocupada rompiendo los huesos faciales de Mahito ignorando todo tipo de amenazas mientras sus nudillos comienzan arder lastimando poco a poco su propio cuerpo presenciando una escena sangrienta.
“El dolor satisface el deseo de mi aliento”
Un sorpresivo golpe detrás de su espalda alerta sus sentidos perdiendo el equilibrio, cayendo al suelo alejándose escasos centímetros de su victima con sus nudillos completamente heridos
—¿Qué no me escuchaste? Te dije que te detuvieras maldición. —El uniformado sostuvo las esposas posicionando las sobre las muñecas de Yuji inmovilizando sus acciones—. Así que quédate quieto
—¡Un momento! ¡espere! —El rostro de Itadori acaricia el suelo desbordando de su boca su tibia saliva—. Aún no termino con ese maldito de hijo de perra
—¡¡Oye Hakari, llama a una ambulancia de inmediato !!
—¡Sueltame idiota! —Reclamó—. Ya déjame, necesito matar a ese maldito
—Veamos si eres tan valiente para decirle eso a un juez . —La larga cabellera del oficial alimenta la incertidumbre ayudando a levantar al victimario de un crimen atroz, guiándolo hacia la patrulla completamente esposado—. Creo que te he visto antes muchacho
—¡Maldito Hijo de perra déjame en paz!
—¿Acaso quieres que use mi paralizador eh? Así que quédate quieto
El cuerpo de Itadori caminó por la acera dirigiéndose a la patrulla antes de elevar la voz una última vez. —¡¡Tuviste suerte Mahito!!
Su oración se silencia lentamente atrayendo la atención de la localidad, escuchando su nombre entre murmullos de aquellas bocas ajenas, rodeando una extensa multitud el escenario antes de introducir su cuerpo en el interior del vehículo.
“Mi alma añora tu suave caricia”
04:00 PM.
“Tu mirada deleita mi hambruna”
La manecilla del reloj que cuelga en la pared se mueve de manera lenta manteniendo su cuerpo sentado sobre una fría silla sosteniendo sus nudillos; aquellos que arden provocando un intenso dolor sobre su mano.
Los oficiales interrumpieron su misión salvando la vida de Mahito, reprendiendo sus acciones; castigando su vocabulario, y torturando su cuerpo a una larga espera en la sala de policía.
—Vaya, Vaya. —Una voz femenina acompaña la agonía de Yuji sentándose frente a él cruzando la pierna antes de continuar la oración—. ¿Tu de nuevo?
Los melancólicos ojos de Itadori se levantan de manera repentina dilatando su pupila mientras su latido se acelera. —So.. Sora
—Me preguntaba por qué Suguro mandó a llamarme. —Una risilla acompaña su mejilla mientras sus ojos reposan sobre la piel de Itadori—. Tienes algo de sangre en en la cara Yuji
—Que coincidencia ¿no? —Su lengua relame su labio inferior dejando escapar un cosquilleo a través de su pierna—. Preciosa
—En realidad. —Su tono de voz serio acompaña su semblante—. Es la cuarta vez que vienes a la comisaría esta semana
—¿Cuarta? —Sus ojos se abrieron respondiendo con un toque de burla—. Vaya ni siquiera me había dado cuenta
—Hakari y Suguro me dijeron que atacaste a un inocente hombre, ¿eso es verdad?
—El idiota se lo merecía, no tenía porque hablar de esa manera de mi chica
—Ese tipo está en el hospital con fracturas en su rostro. Le destrozaste la nariz
—Créeme linda, valió la pena golpearlo
—¿No estás muy grande para estar peleando por estupideces? Ya no eres un adolescente
—Sora... preciosa, créeme que todo esto vale la pena, solo defendí lo que es mío
—Deja de llamarme por mi nombre. —Respondió de manera seria—. Llámame oficial, es un poco más educado
Una sonrisa acompaña los carnosos labios de Yuji acelerando su pecho. —Mi querida oficial Sora, si tan solo supieras la razón serías un poco más amable conmigo
—Ya no eres un niño, quizás una noche en prisión te sirva de lección
—Estar encerrado toda la noche en el mismo lugar que tú no parece ser un castigo
—Que tipo más engreído. —Sora sonrió de manera leve divisando cada detalle del arrestado.