Carta.
28 de agosto 2022.
Una tarde me paseaba por toda la habitación pensando en miles de cosas, de un momento a otro volví a pensar en ese día. La brisa soplando cerca de las dos de la tarde, donde los rayos de luz iluminaban la ciudad. Te veía en la lejanía.
Cruzábamos miradas, escuchábamos día con día la melodía de los carros transitar, pasaban los segundos. Tu mirada y la mía seguían conectadas. Te encontrabas junto a un enorme roble donde solían reunirse adolescentes a conversar. Yo al otro lado de la acera recargada en la pared de una casa, fingiendo no conocerte.
Han pasado largos años, nos volvimos a encontrar. Una ola gigante regresa lo que ya estaba enterrado. Es momento de aceptarlo. Me gustas, lo admito, mis mejillas se encienden, mi corazón late sin control, el sentido de mi alrededor desaparece.
Mis sentimientos se encuentran guardados en un baúl, sellados con doble candado.
No soy lo suficientemente valiente para acercarme.
Espero algún día verte a los ojos y poder decirte que eres el motivo de mis escritos.
Mi más grande musa.