Promesa Vacía
– No puedes dejarme ir Potter, si empezamos a salir, si soy tuyo, no importa las peleas que tengamos, no puedo vivir en un mundo donde ya no te tengo.
– No lo haré Draco.
– Es enserio Potter, puede que nunca reclame, que me vaya con mi orgullo, pero si me dejas ir no puedo volver a ser quien era, quien soy. Así que decide bien si esto es lo que quieres, porque una vez que sea tuyo y tu seas mio no hay marcha atrás.
– Lo prometo – insistió Harry. Solo que jamás imaginó, que su promesa era vacía, que dos años después lo dejaría.
Había sido algo estúpido sobre una alfombra, habían peleado miles de veces, esta discusión fue tonta. Al principio Draco ni siquiera quería pelear, solo estaba siendo dramático y sarcástico. Pero Harry había tenido un muy mal día. Draco ni siquiera lo sabía.
Pero aquella tarde después de gritarse en la cocina Harry le dijo que se fuera, que habían terminado, que no quería volver a verlo en la vida. Draco tembló, creía que estaban jugando, pero la voz de Harry cuando le dijo aquello ya no era sarcástica ni divertida. Ni siquiera se escuchaba enojada o furiosa, había sido seca, seria y dura.
– Harry, es solo un juego.
– No estoy de humor para tus juegos, creo que ya te he aguantado suficiente. Hace tanto tiempo que quiero deshacerme de ti – se arrepintió en el momento en que lo dijo, porque no era verdad, nada de eso era verdad. Solo había tenido un pésimo día y se estaba desquitando con Draco.
– Harry… – susurró Draco. – Mírame a los ojos y dímelo de nuevo – Tardó unos segundos, pero aquellos ojos verdes que tanto le encantaban al rubio lo miraron tan fríamente que lo hizo estremecerse.
– Estoy cansado de ti, desde hace mucho tiempo. Vete – Draco tragó grueso. Se congeló unos segundos antes de asentir y salir de la cocina. La casa se quedó en silencio.
A la mañana siguiente Harry despertó sin abrir los ojos y extendió la mano hacia el otro lado de la cama. Le dolía la cabeza por la resaca y tenía la boca seca.
– Draco, ¿estás despierto? – Palpó el lado de la cama, encontrándolo frio, ni siquiera la almohada estaba en su lugar, el corazón de Harry se estremeció al recordar lo que había pasado la noche anterior.
– No… – dijo para sí mismo mientras se levantaba en segundos. El lado junto a su cama aún estaba hecho. Anoche estaba tan borracho que solo se había acostado sobre las cobijas. Pero estaba solo.
– Amor, Draco – gritó mientras salía de la habitación.
– ¿Dónde estás? – Empezó a buscarlo en la casa.
– Lamento lo de ayer, se que fui un idiota. ¿Dónde estás? – insistió mientras entraba en la habitación de huéspedes. Vacía. Luego fue al estudio de Draco, todo seguía ahí.
– Draco, por favor, ¿Dónde estás? – cuando terminó de revisar la casa, se dio cuenta de que estaba solo.
– Eres un idiota – le dijo a la fotografía de Draco sobre la chimenea – Vas a hacer un drama y no volver a casa, pues está bien. hazlo – se quejó mientras iba a la cocina.
Ron y Hermione llegaron al día siguiente.
– Hey Harry, ¿dónde está Draco? – le preguntó la chica a los pocos minutos. – Conseguí el libro que llevaba años buscándolo. Le mandé una lechuza antier, para que fuera por él, pero no respondió.
– Él y yo peleamos – continuó Harry sintiéndose un poco culpable.
– ¿Y eso que tiene que ver?– Continuó Ron. – Siempre pelean, pero ha ignorado a Hermione por un libro, eso nunca había pasado.
– Solo está haciendo un berrinche, me lo merezco, fui cruel con él.
– Y si sabes que te lo mereces, ¿por que no lo has solucionado? – preguntó la chica.
– Bueno, eso haré. Definitivamente. Pero la verdad, esperaba que el viniera en estos días. Ya sabes, dándome miradas de odio y negándose a hablarme. Pensé que cuando llegara sería más facil rogar por su perdón. Pero se fue el día que peleamos y no ha vuelto.
– Tal vez – continuó la chica – deberías ir a buscarlo tú. Ya sabes, por que fuiste cruel con él – Harry asintió lentamente. La verdad es que le tengo miedo. – Ron empezó a reir.
– Yo te entiendo – Hermione los fulminó a ambos con la mirada.
– Lo sé, lo sé, si no regresa mañana lo buscaré.
Era martes, Draco llevaba desaparecido cuatro días Harry le había escrito una carta, la cual fue regresada. Tenía la intención de buscarlo, pero un nuevo caso le había quitado el tiempo.
– ¿Cenaremos mañana? – le preguntó Ron. – Draco le prometió a Mione una nueva receta de tarta de manzana, y está emocionada por probarla. La sangre de Harry se heló.
– Maldita sea, Draco. No he podido hablar con él. – La cena se canceló.
Había pasado una semana después de la discusión. Las cartas y los patronuns seguían sin llegarle a Draco, así que Harry tuvo que actuar. Salí del trabajo antes, después de las amenazas del mismo ministro que no lo hiciera, el caso en el que trabajaba Harry era de suma importancia, pero su pareja era primero.
Compró una caja de sus chocolates favoritos, además de un anillo precioso que sabía que a Draco le encantaría. Fue al Callejón Diagón y caminó directamente a la botica de Draco. Todo cayó de sus manos cuando miró el local.
Estaba cerrado. Las enredaderas ya no cubrían las paredes y el nombre de la tienda había desaparecido. Pero no era el único. Se asomó por los cristales, no había nada. El local estaba vacío. Corrió hacia Sortiegfos Weasley, buscando a George.
– Hey Harry, pensé que estabas ayudando a Draco con el nuevo local – le aseguró con una sonrisa.
– Debes decirme donde queda, Draco es un proveedor importante para nosotros. Nos sorprendió mucho ver que se había ido.
– ¿Desde cuándo se fue? – le preguntó nervioso George estaba confundido.
– Hoy en la mañana el lugar ya estaba desocupado… ¿Pasó algo Harry?
El moreno solo se despidió con la mano y salió del lugar.
Nueve días después de su desaparición Harry decidió pedir ayuda. Había buscado en todos lados. La mansión Malfoy, su antiguo departamento, sus otras tiendas. Nada, todo vacío, era como si a Draco se lo hubiera tragado la tierra, pero sus cosas seguían en grimmauld place. Cada túnica, sus libros, el retrato de sus padres, sus joyas, toda su investigación. Todo estaba en su lugar, menos Draco.
– ¿Estás seguro de que buscaste en todas partes? – le preguntó Ron. Estaban en la madriguera.
– ¿Andrómeda? ¿Theo? ¿Pansy? ¿Zabini? ¿nadie? – Harry negó lentamente.
– Exactamente ¿que le dijiste? – le preguntó Bill.
– Fuí cruel, muy cruel.
– ¿Qué tanto? – Harry hizo una mueca.
– Tuve un mal dia ¿de acuerdo? Había un hombre usando a niños para sus rituales de magia oscura, eran más de 20 niños, ninguno superior a los 10 años… los perdí a todos… Peleamos por una tontería, pero yo había tenido un dia horrible y me desquité con él
– No te justifiques cariño, ya pasó, no puedes cambiar el pasado, sólo dinos, ¿Qué le dijiste a Draco? – Harry soltó el aire, sintiendo el peso de su culpa.
– Terminé con él. Le dije que estaba cansado de él – pudo ver como el rostro de todos empeoraba con cada frase – le dije que se fuera … que desde hace mucho quería deshacerme de él – el silencio invadió la habitación.
– Me pidió que se lo dijera a los ojos… y lo hice – escuchó varios jadeos mientras escondía su rostro entre sus manos.
– No era verdad, nada era verdad, solo estaba mal y me desquité con él.
– Harry, Draco debe estar muy herido en este momento – le aseguró Hermione.
– No me sorprendería que no lo vuelvas a ver – continuó Ginny. – No lo digo por ser grosera, pero desde que empezaron a salir Draco se ha llevado siempre la peor parte, no por ti, si no por todos los demás.
– El ya siente que no merece la compañía de nadie – insistió Hermione.
– Si tu le dijiste algo así… bueno, entiendes lo que quiero decir verdad? Lo terminaste de romper – continuó la pelirroja.
– El sabe que lo amo más que nada en este mundo.
– Amigo, no quiero sonar grosero, pero después de lo que dijiste, y con las inseguridades que tiene Malfoy después de la guerra, no creo que pusiera sus manos al fuego por eso. – concluyó Ron.
Tres semanas después la desaparición era oficial. Nadie quería hablar de que Draco estaba desaparecido por dos razones. La primera, y Harry estaba seguro, la más importante, es que Draco era un mortífago. La segunda, es que era un adulto, que Harry había corrido de su casa. Todos los que no lo conocían insistieron en que el chico había desaparecido por la ruptura. Pero seguro, estaba bien.
A la cuarta semana buscó ayuda donde jamás lo habría imaginado. En los Malfoy. Draco tenía un cuadro de sus padres en su estudio, y a veces los escuchaba hablando con ellos, principalmente con su madre. Esa misma tarde entró y miró a Narcissa, Lucius no estaba ahí.
– Señora Malfoy, buenas tardes – dijo en un tono educado y apenado.
– Si vienes en busca de Draco pierdes el tiempo Harry, no lo sabemos.
– Pero… ¿en serio?. Ni siquiera el señor Malfoy? Tal vez tengan otro cuadro y Draco…
– Escuchamos la discusión Harry, Lucius no está aquí por que sigue furioso contigo. Se que no fuimos los mejores padres con todo lo relacionado al Señor Oscuro, pero Draco es nuestro hijo, y tus palabras fueron muy hirientes.
– Lo sé, pero ha pasado un mes y no sé nada de él.
– Nosotros tampoco. El día de la pelea estuvo en la mansión. Lloró muchísimo. Intentamos animarlo pero cubrió nuestro retrato. Hubo movimiento por otros tres o cuatro días, pero nunca nos permitió verlo o hablar de nuevo. Nuestro cuadro sigue cubierto.pero ya no hay ruido. No ha estado ahí desde hace mucho tiempo.
Tres meses después Harry aún tenía fe de encontrarlo. Había renunciado a su trabajo, no era como si necesitara el dinero. En el estudio de Draco, había cientos de regalos, al principio eran cosas que compraba por la culpa, pero después empezó a comprar cualquier cosa que le recordara al rubio.
A veces hablaba con Narcissa, Lucius aparecía pero nunca lo miraba o conversaba. Había revisado todos sus retratos, pero Draco no aparecía.
A veces visitaba la Mansión Malfoy, pasaba sus dedos por las paredes dándole varias vueltas a la casa antes de terminar en el jardín. Draco le había puesto un hechizo de mantenimiento después de la muerte de su madre, podía sentir su magia ahí, era lo único que le quedaba.
En otras ocasiones visitaba la madriguera y platicaba con Molly, muchas veces lloraba. La culpa se lo comía, pero ella insistía que era el pasado, y no podía hacer nada para cambiarlo. Pero debía enfocarse en el futuro, y cuando finalmente se reencontraráaa con Malfoy, debía asegurarse en recompensarlo.
Un año después la vida era más llevadera. Aún lloraba de vez en cuando y se sentía culpable, aún visitaba la vieja mansión y aún compraba regalos para Draco. Pero al menos ahora entendía su error. Los días malos eran menos que los buenos. Decidió no volver como auror, en su lugar paseaba por las calles, visitando los lugares que sabía que Draco disfrutaría.
En el tercer aniversario de su desaparición, Harry se encontraba en el jardín de la mansión. Esta vez no había lágrimas, solo disfrutaba del pequeño cosquilleo de la magia de Draco en el lugar, cuando esta desapareció. El pánico invadió a Harry, sólo había dos razones para que eso pasara. Había detenido el hechizo, o estaba muerto.
Si el hechizo se detuvo Draco debía estar ahí. No dudó en buscarlo por todos lados mientras gritaba su nombre. Se detuvo cuando una habitación apareció en la segunda planta. Había recorrido la casa cientos de veces y estaba seguro de que esa puerta nunca había estado ahí.
Levantó su varita y se acercó con cuidado, el pomo estaba frio al tacto y él temblaba lentamente.
– ¿Draco? – preguntó casi con un susurro cuando finalmente entró. Lo que vió lo dejó sin palabras, las lagrimas comenzaron a correr por su rostro y no dudó en correr hacia la cama.
Ahí estaba él, Draco, su Draco, pero Harry estaba seguro de que algo estaba mal. Para empezar estaba dormido ahí, quieto, silencioso, como una estatua de piedra. Cuando Harry lo tocó estaba frio, mientras un rastro de magia se evaporaba de su ser. No tuvo que revisarlo. Draco estaba muerto.
Un grito de dolor escapó de su garganta. Como si sus plegarias fueran escuchadas, unos brazos lo tomaron con fuerza, Ron abrazó a Harry, mientras Hermione observaba el cuerpo de Draco horrorizada. Lo sacaron de ahí mientras Harry luchaba por volver con Draco. Su dolor era tan grande que se necesitó de varios hechizos para poder dormirlo. Cuando finalmente perdía la conciencia, supo que había más de 10 personas en la sala.
– Draco no quería que lo encontrara, él quería que pensara que se había ido – susurró Hermione en el sillón mientras lloraba.
– Su magia se acabó, es por eso que la habitación apareció de repente. Pensó que duraría más, por eso su abogado nos había hablado hoy – continuó ella entre susurros.
– Le dejó todo a Teddy – esta vez fue Andrómeda – Dijo que se lo merecía por ser el último Black – ella también lloraba.
Harry los escuchó en el pasillo. No estaba seguro de si debía ir o no. No podía ir a la habitación de Draco, Había al menos cuatro Weasleys ahí que, estaba seguro, se lo impedirían. Pero tampoco podía seguir en esa habitación, así que había pensado en ir al jardín cuando escuchó las voces.
– ¿También le dejó una carta a él? – continuó Andromeda. – No, a todos nos deja instrucciones de como ayudar a Harry para que lo supere, incluso sugiere que deberíamos hacer que lo odie para que no lo busque más. Lo único que pide es que Harry no sepa la verdad de lo que hizo. No quiere que se sienta culpable. – finalizó Ron.
– Pero yo soy el culpable ¿verdad? – Harry avanzó por el pasillo. Los ojos de todos se enfocaron en él.
– Es mi culpa, yo lo maté – El silencio invadió el lugar. Hermione se levantó y le entregó la carta que estaba dirigida a ella.
“Queria Hermione…
Mione… já, siempre quise usar ese apodo, pero nunca creí que lo mereciera. Debo admitir que me daba un poco de celos escuchar a todos decirte así, aunque eras mi mejor amiga. Una vez lo intenté solo, y después de pronunciarlo me sentí tan mal que no pude mirarte a los ojos por casi una semana. Pero espero me lo permitas para llamarte así en esta ocasión.
Mione, primero que nada quiero disculparme, si, de nuevo, claro, aunque no quieras oírme, por todo lo que dije e hice en nuestra infancia. Pero sobre todo, por lo que viviste en mi casa durante la guerra. Fui una persona horrible y siempre admiraré la facilidad con la que me perdonaste y me abriste tu amistad. Mi vida fue más feliz gracias a eso.
Sé que de todos serás quien más se enoje por mi decisión, bueno, no más que Harry, pero si tengo suerte él nunca sabrá esto. Mi abogado te ha llamado porque he dejado un poco de dinero para los futuros Granger. Ron me dijo que sus hijos llevarán tu apellido, para iniciar su legado en el mundo mágico, y desde entonces no he podido encontrar nada más romántico que eso.
Úsalo para lo que necesiten, y no me refiero a una varita o túnicas, por Merlín no, pero si quieren una buena escoba, una biblioteca privada, su propio criadero de hipogrifos o cualquier vanidad mágica, por favor, dáselas a mi nombre.
Mi boticario sigue vivo, he tenido que cambiarle el nombre, pero existe. Toma los papeles y dáselo a quien más se lo merezca, te lo pido de un maestro de pociones a otro. Haz que mi trabajo de toda la vida tenga un buen legado.
Y Harry, oh mi Harry. Esto es lo más importante para mi, así que presta atención. Harry siempre ha sido mi todo, incluso desde que eramos niños..
Mione, Harry no puede saber esto. Por eso mi abogado te hizo hacer un juramento inquebrantable, y espero que lo cumplas, por que ya sabes, si no, te mueres. Perdón, creí que sonaría bien el sarcasmo aquí, pero no sé si soy igual de gracioso en este pergamino como en persona.
El punto es, que no quiero que cargue una culpa que no le pertenece. Jamás. Tal vez él no entiende lo importante que es para mi, pero Mione, no puedo vivir sin él.
Es obvio que lo sabes, pero Harry terminó conmigo. Fue honesto y me dijo que desde hace mucho quería hacerlo. Si no me hubiera dicho eso, si no me hubiera visto a los ojos y me lo hubiera confirmado, tal vez lucharía por recuperarlo. Pero siempre he sentido que Harry merece algo mucho mejor que yo, solo que fui muy egoísta para dejarlo ir.
Y con eso, vamos al punto principal. Mione, no puedo vivir sin él, simplemente, no puedo. Al principio pensé que me buscaría. Pero al día siguiente me di cuenta de que no era lo correcto. Finalmente había tenido el valor para terminar conmigo, pero lo conozco, y sé que me buscará porque la culpa lo corrompe. Así que seré fuerte y me alejaré de él.
Lamentablemente, no soy una persona fuerte y soy un cobarde, es por eso que tomé esta decisión. No creas que es algo impulsivo. La poción estaba lista desde hace años, de mis días de mortífago, de hecho. Y la idea me vino a la cabeza desde que empezamos a salir.
Mione, no puedo vivir en un mundo donde no le pertenezco. No después de todo lo que hemos pasado. Simplemente no puedo volver atrás. Sé que es una salida cobarde, pero te lo dije, eso es lo que soy.
A partir de aquí puedes ser creativa. Puedes decir que descubriste que lo engañaba, que me casé con un modelo asiático con el rostro de Godfrey Gao o lo que se te ocurra. Si quieres hacer que Harry me odie, hazlo. Aunque creo que no será tan necesario. El ya no me quiere, así que seguramente solo sentirá culpa por que así es él, siempre la mejor persona, siempre pensando en salvar a todos.
A veces, cuando estoy en mi hoyo de inseguridades creo que solo está conmigo por lástima, y no sabes como se lo agradezco. Pero finalmente ha tenido la voz para ser firme y elegir lo que es mejor para él. Así que no voy a molestarlo más.
Por eso te puedo que en esos momentos, cuando le de nostalgia o culpa por las palabras que me dijo lo ataquen, debes recordarle que no fue así, que él es la buena persona, yo soy el mortífago idiota que le hizo daño. De esa forma dejará de sentirse culpable y podrá seguir adelante sin buscarme.
Lamento no poder estar en el futuro. Pero debo insistir que esta decisión siempre fue mía y Harry no tiene nada que ver.
Por favor acompáñalo y sigue siendo su amiga, Ron y tu son su alma, y no puedo imaginar un mundo en que no lo sean.
Gracias por todo.
Con amor, de tu mortífago favorito, Draco Malfoy”
Harry empezó a llorar sin poder evitarlo. Se sentó en el sillón junto a ella y leyó una y otra vez cada palabra, escritas con aquella caligrafía perfecta de la que se sentía tan orgulloso.
– No lo dije enserio Mione… esa vez me equivoqué, fue mi error, yo lo amaba, lo sigo amando con todo mi ser, Mione, el murió creyendo que no lo amaba… él pensaba que estábamos juntos por lástima… el … – no punto más, siguió llorando hasta que lo hechizaron de nuevo para dormir.
Estaba en una cama cuando despertó de nuevo. Había un olor a comida en el lugar. Molly Weasley estaba sentada viéndolo.
– Te traje comida.
– No tengo hambre…
– ¿Crees que a Draco le gustaría verte así?
– Está muerto, realmente no me importa.
– Harry, Draco se odiaría si supiera que te consumes en la culpa.
– Entonces no debió morir.
– No quiero ser grosera cariño. Pero ya le hiciste suficiente daño a ese chico. En el más allá no puede cuidarte y eres lo que más amaba en el mundo, si te pasa algo, ¿como crees que se sentirá? –Harry la miró con pánico en los ojos.
– ¿Enserio planeas lastimarlo más? – Se sentó en la cama y empezó a comer. George hizo una mueca al escuchar todo del otro lado de la puerta.
– Nuestra madre me da miedo – le aseguró a Ron, quien no dudó en asentir.
– Ha convertido la culpa en una herramienta de manipulación perversa.
Cinco años después de la desaparición de Draco, Harry volvió a la mansión. Entro en el estudio y se encontró con un cuadro en particular. Su mirada mostraba un toque de diversión. Usaba sus colores favoritos, verde por Slytherin, aunque sabía secretamente que también era el mismo verde de sus ojos, la parte que más amaba de Harry. Su túnica negra estilizaba a la perfección su figura.
– Hola – le dijo al retrato. Los ojos grises brillaron al verlo.
– Potter, no deberías estar aquí.
– Lo sé, lo sé, lo prometí. Pero creo que tengo derecho a verte, al menos una o dos veces cada cuanto – el rubio hizo una mueca, pero asintió lentamente.
– Solo no quiero que te obsesiones conmigo, No soy real, solo soy un cuadro.
– Oye, lo sé, lo sé mejor que nadie, créeme.
– Está bien, una o dos veces cada cuanto, nada más. Y Hermione tendrá que asegurarme que llevas una buena vida. ¿entendido?
– Lo prometo. Pero deberías llamarla Mione cuando la veas. Siempre lo ha querido.
– Se escucha como blasfemia en mi boca.
– Pero a ella le encantará, créeme.
– Está bien – le dijo poniendo los ojos en blanco.
– Hablando de Mione, me entregó tu boticaria.
– No por favor, la vas a llevar a la ruina.
– No lo haré, lo prometo. He tomado muchos cursos de pociones, ella cree que soy quien merece tu legado.
– Seguramente cuando escribí eso pensaba en sus hijos, los de George o Neville, no en ti Potter.
– Oye, me esforcé mucho para estar a la altura. Vine para decirte eso.
– Está bien, confiaré en ti. Pero solo esta vez.
– Gracias.
– Ahora vete. Iré al retrato que tengo con mis padres.
– Si, si, ya me voy. Merlín, nunca tienes tiempo para mí. – soltó una pequeña risa y se acercó a la puerta.
– Draco… – continuó antes de salir.
– Yo siempre te amé. No importa lo que pude decir en el pasado. Siempre te he amado, y nunca dejé de hacerlo.
El Draco de la pintura le mostró una gran sonrisa.
– Lo sé cariño, yo también te amé, siempre. – le guiñó el ojo y desapareció del marco.