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Siempre supe que eras el amor de mi vida UNICO Yoonmin|

Summary

Un relato íntimo donde Jimin y Yoongi construyen su amor en lo cotidiano, pero bajo la aparente calma, un secreto amenaza con cambiarlo todo. Una historia de amor, recuerdos y la lucha por seguir adelante.

Portada echa por mi 🙄 (lo sé no es la mejor, siempre hago mis portadas pero bueno)
Historia completamente de mi autoridad 
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Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

UNICO

El aroma a café recién hecho llenaba la pequeña cocina, envolviendo a Jimin en una cálida sensación de hogar. Era su rutina favorita: preparar el desayuno mientras Yoongi, todavía adormilado, murmuraba algo incomprensible desde la mesa. Las tazas de cerámica estaban rayadas por el uso, pero Jimin nunca se había atrevido a reemplazarlas. Habían sido un regalo de su primer aniversario, cuando apenas comenzaban a construir una vida juntos.

-¿Dormiste bien?- preguntó Yoongi, su voz ronca por el sueño. Llevaba puesta la camiseta negra que Jimin adoraba, esa que abrazaba su figura delgada y le quedaba un poco corta en la cintura. Sus dedos tamborileaban distraídamente sobre la mesa, mientras su mirada seguía a Jimin como un gato perezoso observando el movimiento de una hoja.

Jimin se giró y le sonrió, sosteniendo una sartén en una mano y un par de huevos en la otra.

-Como un bebé. Aunque creo que tú roncaste más fuerte de lo normal anoche-

Yoongi frunció el ceño, fingiendo indignación, pero una sonrisa traviesa se asomó en sus labios. Esa sonrisa, esa pequeña curva en su boca, era el motivo por el que Jimin había caído perdidamente enamorado hacía tantos años. Era una sonrisa que prometía cosas simples y eternas: tardes tranquilas, conversaciones en susurros y abrazos que siempre llegaban en el momento justo.

El desayuno era sencillo, como siempre: tostadas con mantequilla, huevos revueltos y una pequeña porción de fruta. Sin embargo, en la simplicidad había un ritual, una conexión. Jimin siempre cortaba la fruta en trozos pequeños, porque sabía que a Yoongi le molestaba morder algo demasiado grande. Y Yoongi, sin siquiera pensarlo, siempre dejaba el último bocado para Jimin, aunque él nunca lo tomara.

-Hoy hace cinco años- dijo Jimin de repente, rompiendo el silencio cómodo que se había instalado entre ellos.

Yoongi levantó la vista, fingiendo no entender.

-¿Cinco años de qué? ¿De soportarte?-

Jimin rodó los ojos y le dio un suave golpe en el brazo.

-Cinco años desde que nos mudamos juntos, tonto. ¿Recuerdas? Llegaste con esas cajas llenas de vinilos y una planta que no sobrevivió ni una semana-

Yoongi dejó escapar una risa baja, esa risa grave que hacía que el pecho de Jimin se sintiera cálido.

-Ah, sí. La famosa planta. Creo que tú la mataste-

-¡Yo no fui!- protestó Jimin, aunque sabía que probablemente era cierto. Las plantas nunca habían sido su fuerte, pero aún conservaban la maceta vacía, como un pequeño símbolo de sus inicios.

Después del desayuno, Yoongi lo sorprendió con una salida. Habían planeado un día sencillo en casa, pero él insistió en que necesitaban aire fresco. Caminaron hasta el parque donde habían tenido su primera cita oficial. El lugar estaba lleno de árboles altos que dejaban filtrar pequeños rayos de sol entre las hojas. El aroma a tierra húmeda se mezclaba con el dulzor de las flores que crecían alrededor, creando un paisaje que parecía salido de un sueño.

Yoongi sacó una pequeña cámara de su mochila, una reliquia analógica que había comprado en un mercado de segunda mano. Amaba capturar momentos, y Jimin era su modelo favorito, aunque siempre se quejara.

-Sonríe- dijo Yoongi, apuntándole con el lente mientras Jimin hacía un gesto de fastidio.

-Siempre tomas fotos mías cuando no estoy listo-

-Es cuando eres más hermoso- respondió Yoongi sin pensar, y Jimin sintió que su corazón se detenía un instante.

Ese día se convirtieron en niños otra vez, riendo mientras corrían por el césped, manchándose los dedos con helado de vainilla que compraron en un carrito y robándose besos tímidos cuando pensaban que nadie miraba.

Cuando regresaron a casa, Jimin colocó la cámara de Yoongi sobre la mesa, junto al ramo de flores que habían comprado en el parque. El atardecer pintaba el cielo con tonos anaranjados y rosados, y una suave brisa acariciaba sus rostros.

Jimin fue a preparar té. El aroma a jazmín llenó la sala mientras el agua hervía. Colocó dos tazas en la mesa del salón y miró hacia el sofá, donde Yoongi solía sentarse con su guitarra. Pero él no estaba allí.

Jimin frunció el ceño, confundido. Caminó hacia el dormitorio, llamándolo.

-¿Yoongi?-

Silencio.

Abrió la puerta y encontró el cuarto vacío. Solo estaban las fotos enmarcadas en la pared y un par de libros desordenados sobre la mesita de noche. Jimin sintió un nudo formarse en su garganta mientras volvía a la sala, donde la cámara de Yoongi seguía en el mismo lugar.

Sus manos temblaron mientras la tomaba. Miró a través del visor, esperando encontrar algo, cualquier cosa, pero solo había vacío. Cerró los ojos y dejó que el peso de la realidad lo alcanzara.

Yoongi llevaba seis meses muerto.

El apartamento estaba lleno de rastros de él: las fotografías, la ropa que Jimin nunca había tenido el valor de donar, la guitarra que descansaba en el rincón junto al sofá. Pero Yoongi no estaba allí. Todo ese día, cada sonrisa, cada beso, había sido un eco de los recuerdos que Jimin no podía soltar.

Se dejó caer al suelo, abrazando la cámara contra su pecho. Las lágrimas comenzaron a brotar, silenciosas al principio, luego con la fuerza de una tormenta. Había pasado seis meses reviviendo su vida juntos, negándose a aceptar que Yoongi ya no estaba.

-Perdóname- susurró, su voz quebrada -No puedo dejarte ir-

El té sobre la mesa se enfrió, el aroma a jazmín se desvaneció, y el apartamento quedó sumido en un silencio que solo era interrumpido por los sollozos de Jimin. En su mente, Yoongi seguía allí, con su sonrisa tranquila y sus manos cálidas. Pero en la fría realidad, lo único que quedaba eran recuerdos.

Horas después, cuando la oscuridad cubrió por completo el apartamento, Jimin permanecía sentado en el suelo, abrazando la cámara. Su mirada estaba perdida en un punto indefinido, pero su corazón parecía atrapado en un torbellino de recuerdos y dolor. Fue entonces cuando algo llamó su atención: un sobre pequeño, escondido bajo la guitarra de Yoongi. Era de color blanco, ligeramente amarillento por el paso del tiempo, y llevaba escrito su nombre con la letra característica de Yoongi.

Con manos temblorosas, lo recogió y lo abrió. Dentro había una hoja de papel doblada cuidadosamente. Reconoció el aroma al instante: una mezcla de café y el perfume amaderado que Yoongi siempre usaba. Contuvo el aliento mientras comenzaba a leer.

>>“Para Jimin, mi persona favorita en el mundo.Si estás leyendo esto, significa que ya no estoy contigo. Sé que, de alguna forma, siempre encontrarías esto, porque conoces cada rincón de nuestro hogar mejor que yo.

Quiero que sepas que mi mayor felicidad fue amarte. Nunca hubo un día en que no sintiera que mi vida era mejor por el simple hecho de que tú estabas en ella. Todo lo que soy, todo lo que hice, siempre fue por nosotros.

Sé que esto es difícil, más difícil de lo que puedo imaginar. Pero quiero pedirte una última cosa: vive, Jimin. Vive por ti, no por mí. Hazlo porque el mundo necesita más de tu risa, de tu ternura, de tu luz. Prométeme que seguirás adelante, que encontrarás un nuevo sueño, una nueva razón para despertar cada mañana. No dejes que mi ausencia apague tu brillo.

Te amo con todo lo que soy, y siempre estaré contigo. En cada canción, en cada atardecer, en cada taza de café. Siempre serás mi hogar, Jimin.

Con todo mi amor,Yoongi”>>

Las lágrimas de Jimin cayeron sobre el papel, creando pequeñas manchas que borraron parte de las palabras, pero ya no importaba. Las había memorizado en su corazón.

Se levantó del suelo, aún temblando, y caminó hacia la ventana. Afuera, la nieve seguía cayendo suavemente, cubriendo las calles con un manto blanco. Miró hacia el cielo y, por primera vez en meses, dejó escapar un suspiro profundo. Cerró los ojos y dejó que el frío del cristal en su frente le recordara que todavía estaba vivo.

-Te prometo que lo intentaré, Yoongi- susurró al viento, con la voz rota pero llena de determinación.

La cámara seguía en sus manos, y por un momento, pensó en tomar una última fotografía del cielo. Pero no lo hizo. En lugar de eso, dejó la cámara en la mesa junto al sobre y se permitió algo que no había hecho en mucho tiempo: abrir la puerta del apartamento y salir.

La nieve crujía bajo sus pies mientras caminaba sin rumbo, dejando que el aire helado llenara sus pulmones. A cada paso, sentía que algo dentro de él cambiaba. El dolor seguía ahí, como una sombra constante, pero junto a él había una pequeña chispa, un eco de la voz de Yoongi, que le decía que podía seguir adelante.

Cuando Jimin regresó al apartamento después de caminar por horas bajo la nieve, encontró la cámara de Yoongi sobre la mesa, tal como la había dejado. Algo dentro de él le pedía abrirla, revisar el carrete. No sabía qué esperaba encontrar, pero sus manos se movieron casi por inercia. Tomó la cámara, sacó el carrete cuidadosamente y lo llevó a la tienda de revelado del vecindario.

Mientras esperaba las fotografías, su mente estaba llena de preguntas. Sabía que Yoongi había usado esa cámara en innumerables ocasiones, pero... ¿qué quedaría allí ahora? Cuando finalmente recibió las imágenes reveladas, comenzó a revisarlas con el corazón latiendo fuerte. Las primeras eran recuerdos felices: risas en el parque, su figura capturada en momentos desprevenidos. Pero la última imagen lo dejó sin aliento.

Era una foto de él mismo, tomada en el parque esa mañana, sentado bajo los árboles. Tenía una expresión serena, con la cabeza ligeramente ladeada, como si estuviera perdido en sus pensamientos. Pero no recordaba que Yoongi hubiera tomado esa foto... no recordaba que alguien la hubiera tomado en absoluto.

El aire se volvió pesado mientras sus ojos se clavaban en el reverso de la fotografía. Había algo escrito con la inconfundible caligrafía de Yoongi:“Hoy y siempre, contigo.”Y debajo, una fecha: el día exacto de su aniversario, meses atrás.

Jimin sintió un escalofrío recorrerle la espalda. ¿Cómo era posible? Yoongi ya no estaba con él en aquel entonces. Las lágrimas comenzaron a nublar su vista mientras guardaba la foto en su bolsillo. Algo más fuerte que la lógica le susurraba que Yoongi había dejado ese mensaje para él, como un último regalo. Un recordatorio de que siempre estaría presente, incluso en los momentos más oscuros.

Cuando salió de la tienda, la nieve seguía cayendo, fría y silenciosa. Por primera vez en mucho tiempo, Jimin sintió un pequeño atisbo de paz. La ausencia de Yoongi dolía tanto como siempre, pero ahora, con esa foto en su bolsillo, sabía que no estaba realmente solo.

Fin

Hola sé que es cortito pero realmente lo escribí deprimida 😔

Como siempre comenta comparte y vota 💜💜

Gracias...

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