CRISÁLIDA [YoshiKaru/HikaYoshi]

Summary

Colección de mini-fics de El verano en que Hikaru murió ^^ No es necesario leerlos todos o en orden. Cada uno es una historia independiente c:

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Aceptación | Parte I [YoshiKaru]

Solo quiero estar contigo. Es lo único que necesito.

Tenía tantas cosas que decir y, al mismo tiempo, un montón de silencios que callar.

Pasado el impacto inicial de escuchar esas palabras, las cosas tenían la obligación de tornarse diferentes. Él mismo quería que todo fuera diferente.

Hikaru se había ido y ese... ser... ocupaba su lugar, parasitando la vida de alguien que-

-¿Ya no me odias? -La pregunta llegó bañada en lágrimas. Si de emoción o miedo no sabría decirlo. Todavía se sentía demasiado confuso.

El recuerdo de ser invadido por esa extraña presencia el día anterior continuaba estando bien adherida a su piel. Era sin duda escalofriante. Aunque, para su total consternación, al final se había sentido... bien.

-No -contestó con simpleza.

Es un niño. Un niño inmaduro e ingenuo al que debo enseñarle cosas.

Ese pensamiento seguía repitiéndose en bucle mientras observaba aHikarullorar, ahora sí, de alegría.

-¡No volveré a hacerlo! ¡Lo prometo! -gritaba Hikaru; jurando y perjurando que se mantendría a raya, que aprendería, que sería un niño bueno, un amigo ejemplar.

-Lo sé. Lo entiendo. Tranquilo. -Aun algo cohibido, acercó su mano al cabello blanco para enterrar los dedos en su esponjosa suavidad. Un gesto sencillo que siempre acaba con la cabeza de Hikaru semi aplastada en su mano, pero que ahora solo pretendía ser de consuelo.

O algo así. Todavía no decidía qué deseaba hacer exactamente.

-Estás muy cerca -dijo Yoshiki, al notar que la distancia de sus cuerpos se había reducido a menos de un cuarto a lo largo de la conversación. Sentía las rodillas de Hikaru rozando el interior de sus muslos.

Ninguno se movió. Seguía teniendo la mano alzada, los dedos aferrados al cabello ajeno.

Cuando el calor de la charla se enfrió por completo, solo quedaron los restos de una cercanía, de un recuerdo. Si iba a asumir que Hikaru,suHikaru, no iba a regresar, tenía que comenzar a sentirse cómodo con este otro. Al menos, por el bien de su salud mental. Si es que le quedaba alguna.

-Lo siento. -Hikaru intentó retroceder, darle su espacio, pero no se lo permitió. No podía quitarse la sensación de que este era un momento precioso y de que sería una pena que fuese desaprovechado.

-Tengo una pregunta -comenzó, tanteando el terreno.

Se sentía algo valiente luego de haber logrado establecer alguna clase de tregua con su propio corazón.

-Dímela. Responderé lo que sea que preguntes -el entusiasmo en la voz de Hikaru era genuino. Se sentía culpable. Quería remediar el intento de- lo que sea que fuese que sucedió el día anterior.

-Dijiste que tienes sus recuerdos. Que son como sensaciones, pero que a la vez es como si nunca los hubieras vivido.

-Así es.

-¿Qué hay de sus pensamientos? -Allí estaba, la bomba que de estallar de la manera incorrecta acabaría por causar tal estrago que quizás no podría recuperarse.

Hikaru dudó. Sus ojos rodaron aquí y allá durante unos segundos que parecieron eternos.

-¿Qué quieres saber exactamente?

Creo que sabes la respuesta, pensó; para haber hecho esa expresión, creo que entiendes muy bien a lo que me refiero.

-¿Qué pensaba Hikaru de... mi?

-Am... Bueno...

Era un error, evidentemente, hacer ese tipo de preguntas. De repente se dio cuenta de que no quería oír la respuesta. Fuera cual fuere, no quería saber. Dolería demasiado, sin importar el camino.

No se movió. A pesar de todo, se quedó allí, quieto, muslo propio junto a muslo ajeno. Una presa indefensa atrapada en la trampa que puso para sí misma. Todo pesaba mucho de golpe. El aire, la ropa, la mirada deHikarurecorriendo su rostro de arriba abajo sin cesar.

Si quisiera, podría besarlo. Encontró la idea allí mismo, donde siempre la guardaba. En ese rincón polvoso que poco a poco convirtió en un desván en el cual guardar todos los pensamientos incorrectos.

-No estoy seguro de entender la pregunta. -Mentiroso, gritó su mente, pero estaba bien. Podía perdonarlo.

Podía perdonar tantas cosas siempre y cuando estuvieran revestidas de esa piel.

Un revuelo de imágenes tomó entonces posesión de su mente. El torbellino de recuerdos que lo asaltaba cuando estaba al borde de las pesadillas. Una de esas memorias se congeló y expandió, ocupando todo el espacio visible: el experimento de exploración de días antes.

-Yoshiki... ¿Ya puedes soltar mi cabeza?

¡Cierto! Seguía sujetándole el cabello. Suavizó el agarre, deslizando los dedos hacia abajo para contornear ese rostro prestado. No. Robado.

Como sea, olvídalo.

-¿Quieres entrar en mí de nuevo? -preguntó Hikaru y el cuerpo de Yoshiki se congeló.

La mano suspendida en el aire, la respiración en pausa, la punta de un pensamiento enganchada, colgándole de la lengua como un anzuelo.

-Puedes hacerlo si quieres -dijo Hikaru, comenzando a desprenderse la camisa-. Por tu mirada, parecía que eso era lo que buscabas. No te preocupes, no me molest-

Esto era...

Exactamente...

Todo lo que había intentado evitar...

Los labios de Hikaru eran suaves. Ya lo sabía. O sea, lo imaginó tantas veces que la idea de que fuese de otro modo resultaba terrible. Comprobar que tenía razón le supo a gloria.

-Y-Yoshik-ki. -Salió a duras penas y muy mal pronunciado.

Los labios de Hikaru eran suaves y estaban temblando. No sabían qué hacer. Normal, él tampoco tenía idea, así que se quedó allí, uniendo sus bocas sin otro fin más que el beso en sí mismo.

Se sintió íntimo. Tan personal que le dio vértigo. La cabeza comenzó a darle vueltas a toda velocidad. Más rápido que el día anterior, cuando quisieron extirparle el alma. Ahora era diferente. Porque estaba besando a Hikaru. Porque era tal cual lo que creyó que sería y más.

Y el subidón de alegría se cortó de golpe al darse cuenta de que en realidad-

Hikaru tomó sus manos y se las llevó al pecho. Sus palmas abiertas encontraron piel cálida y el latido ansioso de un corazón embravecido. Pudo sentir el miedo ajeno como si traspasase su propio cuerpo. Estaba tan asustado como él mismo. Sin embargo, tampoco rompió el beso.

-Yo también quería hacer eso -susurró Hikaru, algo agitado, cuando finalmente se separaron. Poco, apenas tres centímetros-. Pero pensé que me golpearías y dejarías de ser mi amigo.

-¿E-En serio? -Le dolía el corazón. No. Más adentro. Le dolía el alma, la existencia.

Mantuvo las manos en el pecho de Hikaru. Todo en él era suave. El impulso de echar un vistazo le carcomía las venas.

-Sí y no a la vez. Es decir, sus recuerdos son mis recuerdos, sin embargo, los deseos son míos. Si es que eso tiene algún sentido. Nacen de él, pero yo les doy significado. Es confuso. Ya te lo dije, Yoshiki, me gustas mucho. Y creo... Creo que a él también le gustabas.

El mundo estalló en pedazos que comenzaron a caer, para al mismo tiempo construir unos temblorosos cimientos ruinosos sobre los cuales descansar. Era un mundo frío, cubierto de nubes que dejaban entrever trémulos rayos de sol.

Era suficiente. Esa mínima caricia de calor debería bastar para poder seguir adelante.

Hikaru lo miraba con fijeza, claramente ansioso por recibir alguna clase de respuesta de su parte. La que fuera, la recibiría con entusiasmo. Incluso si fuese una negativa.

Volvió a besarlo. Ningún sentido había en continuar pretendiendo que no quería hacerlo. Los labios de Hikaru eran suaves y temblaban y eso le gustaba cada vez más y más a cada momento.

Sus manos viajaron hacia la cabeza de Hikaru para sostenerla. Se deslizaron lentamente de su cabello al rostro, de ahí al cuello, a los hombros, a...

-No hay razón para que te detengas. No tengo miedo -dijo Hikaru, con la respiración entrecortada saliendo a duras penas entre el ir y venir de sus labios.

Yoshiki tenía hambre. Parecía que quién iba a ser devorado era otro.

Con manos firmes, Hikaru se deshizo de su camisa, arrojándola a un lado. Le siguieron los pantalones. Cayendo sobre Yoshiki, pataleó como pudo para deshacerse también de esa prenda, llevándose de pasada la ropa interior.

El beso paró de golpe cuando las manos de Yoshiki encontraron piel desnuda.Muchapiel desnuda. Más de la que creyó poder encontrar nunca.

-¡E-Espera! -Detuvo a Hikaru de su incursión para desabrocharle el cinturón. A diferencia suya, se mostraba mucho más compuesto.

Las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes lo distrajeron durante un breve momento.

-Esto era lo que querías aquella vez, ¿cierto? En el gimnasio. Entraste en mí, pero no de la manera que deseabas hacerlo. No me di cuenta. Ahora sí lo sé.

-¿C-Cómo...?

-Vi un video. Internet tiene muchas cosas entretenidas. -Hikaru sonrió como si no acabara de sugerir que pasaba sus ratos libres viendo porno.

¿Qué carajo hacía ese niño cuando no lo estaba mirando? Quizás no debería juzgarlo por eso.

-Y-Yo nunca...

-Tampoco yo, obviamente, pero quería estar listo para cuando llegara el momento.

¡¿Listo?!

Yoshiki se enderezó de golpe, alterado. Hikaru no pudo evitar reír al ver su cara de consternación.

-¿Demasiada información? -preguntó con inocencia, recuperando el equilibrio. Seguía sentado sobre las caderas de Yoshiki, quienes comenzaban a tener su propia opinión al respecto de la poco decorosa revelación-. Mira, te mostraré lo que aprendí y si no te gusta, paramos. ¿Te parece?

Yoshiki asintió, más por inercia que por otra cosa. Aunque mentiría si dijera que esto era algo con lo venía soñando desde hacía demasiado tiempo.