La Última Toma

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Summary

Para Seena Thorne, audicionar para Cassian Corvo es un riesgo calculado. Es su última oportunidad para brillar, pero también es adentrarse en el territorio de un hombre conocido por destrozar actrices para conseguir la toma perfecta. Para conseguirlo, deberá soportar sus métodos crueles y su arrogante desdén. Pero a medida que se adentra en el personaje, descubre que la historia esconde una verdad perturbadora, una que Cassian guarda celosamente. Seena se da cuenta de que la historia que están filmando es un espejo del pasado de Cassian, un pasado del que nadie habla. Atrapada entre su ambición y una atracción prohibida hacia un hombre que ve en ella a un fantasma. Seena debe decidir hasta dónde está dispuesta a llegar. ¿Puede una actriz enamorarse de un director que quizá solo esté buscando a alguien a quien ya perdió?

Genre
Romance
Author
Andrea
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

01 | Última Bala

El zumbido del aire acondicionado era el único sonido en el estudio, un constante murmullo que intentaba ahogar el silencio incómodo que se producía tras la palabra «¡Corten!». Me quedé inmóvil en mi marca, con la típica sonrisa de "amiga comprensiva" pegada en mis labios, una sonrisa que llevo cargando desde hace ocho años y por la que ya ni me esforzaba; mi rostro la adoptaba por costumbre e inercia, por las cientos de veces que había interpretado a la confidente, a la secundaria, la que da el consejo y le abre los ojos a la protagonista para nunca más volver a salir en la toma... Como ahora.

Vi cómo la cámara se alejaba de mí rápidamente para buscar el primer plano de Sam. Siempre el primer plano de otra.

—¡Perfecto, Sam! —exclamó el director desde las sombras. Su mirada viajó hacia mí como si fuera un mueble del set. Ni un gesto, ni una palabra de aliento. Nada.

La sonrisa se desvaneció de mi rostro. La luz de los grandes focos se apagó, y con ello, algo dentro de mí. Agotar mi energía y mi tiempo en personajes descartables me hacía sentir que estaba enterrando mi talento.

En mi solitario camerino, sostenía un algodón empapado en desmaquillante que desprendía un olor a fracaso y dulzor. Mi teléfono vibró con fuerza en la mesa y su pantalla se iluminó por completo. Era Leo, mi manager. Mi verdugo personal, que últimamente solo me traía noticias que dejaban un sabor amargo en mi paladar.

—Leo, si es para decirme que el casting de la comedia romántica se canceló o le dieron el papel a otra, prefiero no saberlo —hablé desganada, limpiando los rastros de maquillaje que resaltaban mi belleza, la cual se había convertido en mi jaula para papeles mediocres.

—Cállate y escucha, Thorne —su voz, cortante y extrañamente seria, hizo que me quedara callada, ansiosa—. Escucha muy bien, Seena... Es Cassian Corvo.

El nombre quedó flotando en el aire atrapado de la habitación, cayendo sobre mí como una piedra en un estanque. Cassian Corvo. No era un director, era un mito. Un mito con unas críticas aterradoras. El hombre cuyas películas desgarraban el alma y cuyos métodos, según decían, hacían lo mismo con sus actores.

—Corvo está buscando a una actriz desconocida para su nuevo proyecto. Esto, Seena, es nuestra última oportunidad, es tu última bala. Lo entiendes, ¿verdad? La última. Si fallas aquí, ni siquiera las amigas de la protagonista volverán a llamarte.

Apreté fuertemente mi teléfono, una mezcla de miedo y frustración recorriéndome. Era un perder o perder en ambos casos. Quedarme sin hacer nada significaría caer en el abismo de la irrelevancia, como un cero a la izquierda al lado de todos aquellos actores que impulsaron su carrera en menos tiempo que yo; si no conseguía ese papel, sería una humillación a un nivel tal que ya no me contratarían ni para eso.

Pero, si lo lograba...

—¿Cassian Corvo? He escuchado cosas... —dejé mis palabras en el aire, cargadas de todos esos rumores que circulaban en los pasillos de los estudios. Rumores empapados de sufrimiento de los intérpretes de sus obras.

—Todos hemos oído cosas —cortó Leo, impaciente—. Que hace llorar a sus actrices para que la desesperación sea real en sus películas. Que una vez tuvo a todo el reparto de rodillas, suplicando perdón por su falta de talento. Y lo peor... —Su voz bajó a un susurro conspirativo—. Se dice que en Cicatrices de Ayer, permitió que el imbécil de su actor estrella acosara a la chica principal fuera de cámara. Para que el miedo que se viera en pantalla fuera auténtico.

Un escalofrío anormal recorrió mi espalda. No era ingenua. Sabía que en este negocio la línea entre el método y la crueldad a veces era tan fina como una cuchilla. Pero lo que se contaba de Cassian sonaba a otra cosa. Sonaba a sádico.

—¿Y por qué diablos iba a querer meter un pie en ese infierno? —pregunté, más para mí misma.

—Porque es Cassian Corvo —respondió Leo, de una manera obvia. Como si ese nombre fuera la respuesta a todo. Y en realidad, lo era. Un papel suyo no era un simple paso para ascender, no, no, no. Era un salto al Olimpo o una caída al abismo. No había término medio. —La audición es mañana. No da el guión. Quiere la reacción en crudo, dice él.

Sin tener nada más que decir, colgué la llamada, mirando mi reflejo en el espejo iluminado por las bombillas. En ese reflejo solo pude ver a la "chica de los papeles secundarios". La que creyó que estaría cerca de la grandeza pero que cada vez se alejaba más; la que entregó ocho años a la actuación y solo conseguía que la espina de la frustración se le clavara más hondo en el costado.

Esa noche, en mi departamento, me sumergí en su arte, en su mundo crudo. Volví a ver sus obras, aquellas que tiempo atrás me habían hecho llorar de emoción y que, ahora, al revisitarlas, me helaban la sangre. Podía ver cómo Corvo tiraba de los hilos de sus actores, extrayéndoles sus emociones gota a gota. Era un vampiro emocional sediento. Y yo, ¿estaba dispuesta a ser su próxima víctima?